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IGUALDAD / Opinión
martes 12 marzo, 2019

Trotsky: ficción o realismo socialista

La historia de un líder como Trotsky desde Netflix.

por Felipe Frydman

Trotsky Foto: Cedoc
martes 12 marzo, 2019

La serie Trotsky distribuida por Netflix ha recibido un fuerte impulso publicitario con la intervención crítica del nieto de Lev Davidovich Bronstein, Esteban Volkov, y la declaración firmada por destacados intelectuales y políticos identificados con el ideario revolucionario de la principal figura. Trotsky es una producción de Sreda empresa rusa dedicada a la producción de programas y series televisivas para diferentes canales en Rusia y países vecinos. La empresa fue fundada en 2008 y el éxito de sus series como El Método, La Langosta y Farsa permitió la relación con Netflix.

Trotsky describe los principales acontecimientos en la vida del líder a partir de sus propios recuerdos atizados por el cuestionamiento de Javier Ramón Mercader quien se convertirá en su asesino. Mercader fue un comunista español entrenado por la NKVD que logra acceder al círculo íntimo de Trotsky por su relación amorosa con Sylvia Ageloff. Los recuerdos constituyen los temas más controvertidos de su participación en la Revolución Bolchevique: el vínculo con Lenín, las diferencias con Stalin, la rebelión de Kronstad, el Gobierno democrático de Alexander Kerensky y la contrarevolución de Lavr Kornilov la relación con sus hijos y esposas, la paz de Brest Litovosk y la organización del Ejército Rojo para enfrentar los remanentes del Ejército del Tzar y las fuerzas extranjeras.

La reacción por la distribución de la serie por la cadena Netflix constituye una muestra del valor que los firmantes otorgan a los medios audiovisuales por el alcance masivo reconociendo también la atracción que puede despertar por constituir una gran producción que la convirtió en una de las obras con mayor audiencia. La trama fue escrita por tres guionistas rusos Oleg Makovichko, Ruslan Galeev y Pavel Tetersky con la pretensión de utilizar hechos reales para recrear a través de la vida de Trotsky momentos claves del proceso revolucionario incluyendo suspenso y atractivas escenas eróticas. La declaración sugiere que Vladimir Putin guio la pluma con el objetivo no solo de agraviar a Trotsky sino también desmerecer los acontecimientos para justificar la restauración del capitalismo. Resulta difícil creer que Putin como Presidente de la Federación Rusa haya tenido algún temor para dedicarle esfuerzo personal a una obra televisiva cuando no existen posibilidades de repetir una revolución similar en Rusia o en otro país que culminó en un régimen totalitario conocido como “dictadura del proletariado”. Natalia Sedova en su carta de renuncia a la Cuarta Internacional en 1951 dijo “Debe estar claro para todos que la revolución ha sido completamente destruida por el estalinismo. Son lo peor y los enemigos más peligrosos del socialismo y la clase trabajadora”. Esta descripción fue hecha antes del XX Congreso del PC y explica por qué sólo unos pocos se acuerdan de esos eventos. La Unión Soviética fue un imperio similar o más poderoso que la Rusia Tsarista.

La revolución bolchevique despierta aún admiración y añoranzas como movimiento de masas para instaurar un sistema igualitario en un país donde el 80% de la población vivía en las zonas rurales explotados por la nobleza y en condiciones de extrema pobreza. La degeneración de la revolución en un gobierno totalitario es vista como un accidente por el ascenso de Joseph Stalin y no como la consecuencia del mismo proceso. Esto presume que si Lenin no hubiera muerto de imprevisto o Trotsky hubiera asumido la conducción la revolución hubiera tenido otro destino. En realidad, todas las revoluciones de esta naturaleza terminaron de la misma forma por la dinámica propia de una jerarquía que siempre recurrió al terror para perpetuarse en el poder.

El recuerdo del origen judío de Trotsky pareciera constituir una afrenta para los intelectuales poco adeptos a mencionarlo en sus escritos. Pero el antisemitismo del pueblo ruso siempre estuvo presente en las acciones de Trotsky a pesar de sus esfuerzos por librarse de su pasado y de su familia. Los hijos de Trotsky recibieron el apellido Sedova para ocultar los orígenes y el panfleto que escribió “Sobre la cuestión judía” en 1937 dice “El antisemitismo está extendido en la Rusia Tsarista entre los campesinos, la pequeña burguesía, la inteligencia y en los sectores atrasados de la clase trabajadora”. Luego agrega “La legislación no cambia a la gente. Sus pensamiento, emociones y esperanzas dependen de la tradición, condiciones materiales y nivel cultural”. En el mismo escrito se refiere a la persecución contra su hijo con estas palabras “Querían enfatizar mi origen judío y semijudío de mi hijo” por eso lo mencionaban en la prensa con el nombre Bronstein y no el de su madre. La serie deja en claro que los hijos de Trotsky fueron asesinados por el stalinismo.

La declaración cuestiona que el personaje de Trotsky esté dibujado como una persona egocéntrica, autoritaria, inhumana, criminal y competitiva. En realidad, Trotsky está representando como una persona determinada a cualquier sacrificio para alcanzar el objetivo de una sociedad libre sin explotación utilizando para ello todos los medios a su alcance. El fin justifica los medios es una muletilla reiterada por todos los líderes que se sienten imbuidos de la fuerza para hacer historia, y si bien en el ámbito privado pueden ser diferentes, no pueden dudar ni les tiembla la mano cuando se encuentran en el ejercicio del poder. Los regímenes totalitarios con sus estructuras burocráticas y serviles no consienten las disidencias porque no están en juego las personas sino la historia.

La declaración no escapa al pensamiento totalitario de controlar el arte como herramienta de formación de conciencias. Los medios audiovisuales son una expresión del arte donde abundan obras buenas y malas dependiendo del gusto de las audiencias. Pretender que la serie Trotsky refleje la visión sesgada de intelectuales o políticos identificados con una determinada corriente es negar la libertad de expresión y la capacidad de pensar de la audiencia.. Entre este reclamo y los reclamos de la Iglesia Católica no hay muchas diferencias. Los cánones de uno son iguales a los del otro. En la Unión Soviética se aplicó el realismo socialista para adormecer al pueblo y no llama la atención que esas corrientes sigan evocando ese pasado a pesar de llamarse intelectuales.

¿Y la serie Trotsky? Es entretenida y está bien hecha; abre la puerta para muchas personas interesadas en conocer ese pasado. Las frases “Toda revolución hecha con sangre termina mal” o la que pronuncia Frida Kahlo “Acostarse con Trotsky es estar con un Dios” son elocuentes con el objetivo de la serie de alcanzar una vasta audiencia. Quizás habría que mirar después “Los caminos del calvario” una serie escrita por Alexey Tolstoy que describe la vida de dos hermanas de la burguesía a través de la revolución y las penurias de la guerra para apreciar el drama de aquéllos años.


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