INTERNACIONAL
FUE ACRIBILLADO

Asesinaron en Libia a Saif al Islam Gadafi, el último heredero de Muamar el Gadafi

El hombre murió a los 53 años, tras un ataque comando en su residencia. El hijo del dictador terminó sus días en la misma ciudad que lo mantuvo prisionero durante una década.

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Saif Al Islam Gadafi. | X @SaifFuture

El destino de Saif al Islam Gadafi encontró su punto final este martes en las montañas de Zintan, a 136 kilómetros de Trípoli, en Libia. Un grupo de hombres armados irrumpió en su residencia y lo acribilló a tiros antes de escapar, según confirmaron funcionarios de seguridad y allegados políticos. Saif murió en la misma localidad donde vivió bajo vigilancia desde su liberación en 2017, tras ser el rostro más visible del clan tras la caída del Gobierno en 2011.

La confirmación de la muerte llegó a través de su abogado, Khaled al-Zaidi, y de su representante político, Abdullah Othman Abdurrahim, quienes utilizaron las redes sociales para anunciar la pérdida sin brindar demasiados detalles sobre los autores del ataque. Mientras las autoridades judiciales libias iniciaron una investigación de urgencia, la Brigada 444 (unidad militar clave del Gobierno de Unidad Nacional) se apuró en negar cualquier vínculo con el asesinato. Saif, que alguna vez soñó con modernizar Libia bajo la aprobación de su padre, terminó convertido en un blanco en el tablero de los poderes que hoy se disputan el control del territorio.

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Saif al Islam Gadafi

Nacido en 1972, Saif al Islam se formó en la London School of Economics y durante años se presentó ante Occidente como un "reformista" que pedía respeto por los derechos humanos y una nueva Constitución. Fue el intermediario que logró que levantaran las sanciones económicas impuestas a su país tras el atentado de Lockerbie. Sin embargo, su máscara de moderación se desmoronó durante la revolución de 2011, cuando defendió el régimen familiar. Esa lealtad le generó una condena a muerte por fusilamiento en 2015 y una orden de captura internacional por crímenes de lesa humanidad.

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La caída del "heredero" fue tan cinematográfica como su final. En 2011, mientras intentaba huir hacia Níger disfrazado de beduino, fue traicionado por un hombre que lo entregó a los rebeldes. En aquel entonces, el fiscal argentino de la Corte Penal Internacional, Luis Moreno Ocampo, pidió su extradición, pero las milicias de Zintan se negaron a entregarlo. Intentó un regreso político en 2021, comparando su reaparición con un "striptease" mental para reconquistar al pueblo libio, pero las instituciones electorales bloquearon su candidatura.

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Su asesinato cierra el capítulo del único miembro del clan que mantenía ambiciones de poder real. Con Saif fuera de juego, se desvanece la última posibilidad de una “restauración dinástica”, dejando a una nación sumergida en el caos que comenzó hace 15 años con el estallido de la Primavera Árabe.

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La muerte de Saif al Islam se suma a la lista de finales trágicos para los hijos de Muamar. Tres de sus hermanos, Mutassim, Jamis y Seif al Arab, murieron durante los combates y bombardeos de 2011. El resto del clan vive una realidad fragmentada: Mohamed permanece exiliado en Argelia. Saadi, el exfutbolista que pasó por la Serie A italiana, huyó a Turquía tras años de cárcel. Hanibal sigue preso en el Líbano, donde las autoridades intentan extraerle información sobre la desaparición de un líder chií en los años 70. La madre de Saif, Safiya Farkash, observa los “últimos movimientos” de su familia desde su exilio en Omán.

Capturado en Zintán hace más de diez años, el hijo del dictador pasó de ser un prisionero de guerra a un "huésped" vigilado por milicias locales que lo utilizaban como moneda de cambio política. A pesar de haber sido perdonado por uno de los gobiernos rivales en 2017, Saif nunca pudo recuperar su libertad total. En sus últimos años se dedicaba a recibir visitas, leer y debatir sobre el futuro del país.

Antes de ser el fugitivo más buscado de Libia, Saif fue el hombre que negoció con Estados Unidos y Europa. Fue él quien admitió la culpabilidad de Libia en el atentado del vuelo 103 de Pan Am para lograr que se levantaran las sanciones económicas. A través de su fundación, se encargó de indemnizar a las víctimas del terrorismo, ganándose un lugar en la alta sociedad británica.

TC/ML