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INTERNACIONAL / planificacion familiar
sábado 28 julio, 2018

Cambiar para no envejecer: China busca cerrar la etapa del hijo único

Poco a poco, el Estado disuelve su histórica política de control natal. Preocupan la cantidad de ancianos y el desequilibrio entre los dos sexos.

por Facundo F. Barrio

Cuidados. Una madre vacuna a su bebé en un hospital de la región de Guanxi, en el sur de China. Foto: afp

Desde Beijing

 

El sentido común occidental sigue asociando a China con la prohibición de tener más de un hijo por familia, pero esa imagen atrasa. El Estado chino va hoy en la dirección exactamente opuesta y disuelve poco a poco su histórica política de control natal, para contrarrestar desequilibrios demográficos que pueden ser un obstáculo para los objetivos económicos del país.

Según las proyecciones del Consejo de Estado chino, un cuarto de la población tendrá 60 años o más hacia 2030. Eso es un problema para una nación cuyo boom económico se construyó sobre la base de una enorme oferta de mano de obra. Para China, el desafío actual es cambiar para no envejecer.

Luego del triunfo del maoísmo en 1949, los esfuerzos del gobierno revolucionario en materia de salud pública lograron que se desplomara la tasa de mortalidad. La contracara fue una tasa de crecimiento de la población que se disparó durante los años 50 y 60, a pesar de los primeros intentos oficiales de alentar la planificación familiar. Tras el período de escasez y hambrunas de los años 70, Deng Xiaoping decidió establecer el límite de un hijo por pareja, salvo excepciones.

Problemas demográficos.

La política de control natal dio resultado: desde entonces, la tasa de natalidad se mantuvo en niveles manejables y la cultura del hijo único ganó un fuerte arraigo en las familias chinas. Aunque el camino para conseguirlo fue traumático. Se aplicaron altísimas multas a los matrimonios con segundos hijos. Éstos se vieron en situación de desventaja para conseguir matrícula educativa o buenos puestos de trabajo. Y organizaciones de derechos humanos denunciaron la práctica de millones de abortos compulsivos y esterilizaciones.

Cuatro décadas después, las necesidades demográficas actuales de China son muy diferentes a las de aquella época. En 2016, el Partido Comunista abrió el camino hacia la paulatina disolución del control natal y reemplazó la política del hijo único por la de dos hijos por pareja. Las nuevas reglas surtieron efecto solo al principio: según la Oficina Nacional de Estadísticas de China, en 2016 hubo 18,5 millones de nuevos nacimientos, dos millones más que el año anterior; pero, en 2017, la cifra volvió a caer un 3,5% hasta 17,2 millones. Así, el país sigue al límite de lo que se conoce como “trampa de la baja tasa de natalidad”.

Ahora la gran pregunta es si el gobierno de Xi Jinping está dispuesto a avanzar en una eliminación total de los límites a la cantidad de hijos. La agencia Bloomberg publicó en mayo que el Consejo de Estado habría encargado una investigación para saber qué efectos tendría la implementación de una política de “fertilidad independiente”, que se aplicaría desde fines de 2018 o principios de 2019. El gobierno chino no confirmó ni desmintió esa información.

Por ahora, lo que hay son gestos de relajamiento. En marzo pasado, la vieja Comisión Nacional de Salud y Planificación Familiar fue reemplazada por una nueva Comisión Nacional de Salud a secas. El término también desapareció de los principales discursos e informes oficiales en los últimos meses. A nivel local, varias provincias y regiones introdujeron medidas propias para estimular mejoras en la tasa de natalidad, según destacó la semana pasada el diario oficial Global Times.

Al mismo tiempo, el Partido monitorea cuál es el sentir de las nuevas generaciones de padres sobre este tema. Una reciente encuesta nacional realizada por la Liga de la Juventud Comunista reveló que menos del 5% de los chinos de entre 19 y 35 años quieren tener más de dos hijos. La cultura de la familia mínima es difícil de erradicar en un entorno social en el que tener hijos conlleva altos costos económicos y profesionales. En el sector privado, por ejemplo, es frecuente que las empresas rechacen a candidatas mujeres que “aún” no fueron madres.

Además del envejecimiento poblacional, el país necesita resolver el desequilibrio entre sexos. En China hay 106 hombres cada 100 mujeres, por encima del promedio global de 102 cada 100. En la época del hijo único, la preferencia tradicional de las familias chinas por los varones llevó a que se naturalizara la práctica del aborto selectivo de fetos femeninos. Una parte de la herencia demográfica que hoy se quiere enterrar.


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