Cuba reiteró su disposición a dialogar con Estados Unidos, aunque advirtió que no aceptará presiones ni condiciones previas, en medio de una escalada de amenazas del presidente estadounidense, Donald Trump, y de una grave crisis energética en la isla. “Cuba está dispuesta a dialogar con Estados Unidos sobre cualquier tema, pero sin presiones ni precondiciones”, afirmó el presidente Miguel Díaz-Canel en un mensaje transmitido por medios estatales. El mandatario subrayó que cualquier acercamiento deberá darse “desde una posición de igualdad, con respeto a nuestra soberanía, independencia y autodeterminación”, y sin injerencias en los asuntos internos del país.
Desde Washington, la respuesta fue inmediata. “El gobierno cubano está en las últimas y a punto de colapsar”, declaró la portavoz de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, quien advirtió que las autoridades de la isla “deberían ser prudentes” en sus declaraciones dirigidas al presidente de Estados Unidos.
Trump ha instado a La Habana a “alcanzar un acuerdo” o enfrentar las consecuencias, y sostiene desde mediados de enero que mantiene conversaciones con altos dirigentes cubanos que desembocarían en un entendimiento. El gobierno de Díaz-Canel, en cambio, asegura que “no existe un diálogo” formal entre ambos países y que solo se mantiene con Washington un “intercambio de mensajes”.
Desabastecimiento y ayuda humanitaria. Para justificar su política de presión, Trump alega que Cuba, ubicada a solo 150 km de Estados Unidos, representa una “amenaza excepcional” para su país, principalmente por sus estrechas relaciones con Rusia, China e Irán, aliados de La Habana.
Por su parte, La Habana acusa a la administración estadounidense de querer “asfixiar” la economía del país, bajo un embargo que Trump reforzó como ningún otro inquilino de la Casa Blanca durante su primer mandato (2017-2021).
En medio de las tensiones, el Departamento de Estado anunció el jueves que envió ayuda humanitaria adicional por valor de seis millones de dólares a través de la Iglesia católica cubana, con la que Washington coopera.
Un primer envío de ayuda, valorado en tres millones de dólares, llegó en enero destinado a los damnificados del huracán Melissa, que azotó el este de la isla en octubre. La Habana califica la ayuda de “manipulación política”.
Cuba atraviesa una severa crisis económica y energética. Durante años dependió del petróleo venezolano, suministro que quedó interrumpido luego de que Estados Unidos impulsara una operación militar que derrocó al gobierno de Nicolás Maduro el mes pasado. Posteriormente, Trump aseguró haber tomado el control del petróleo venezolano y reiteró su intención de privar a la isla de ese recurso estratégico bajo amenaza de imponer aranceles a cualquier otro país que interviniera para ayudar a La Habana.
Díaz-Canel dijo que la presión bajo la que se encontraba Cuba resalta la importancia de su impulso hacia una energía más verde y la reducción de la dependencia de otros.
Las autoridades cubanas culpan a las sanciones estadounidenses de la peor crisis económica de Cuba en décadas, marcada por la escasez de combustible, alimentos y medicinas.