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‘Defensa en mosaico’, el sistema iraní para seguir lanzando misiles

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Almacenamiento. Miles de misiles de distintas potencias se acumulan en las “ciudades subterráneas” construidas en las montañas. | cedoc

A pesar de la magnitud de la ofensiva conjunta lanzada por EE.UU. e Israel, una operación que según el Pentágono neutralizó el 86% de la capacidad balística estratégica de Irán, el cielo sobre el Golfo Pérsico sigue siendo testigo de lanzamientos intermitentes.

La pregunta que desvela a los analistas en Washington y Tel Aviv es simple: cómo es posible que un ejército cuya estructura de mando fue descabezada y cuyas bases fueron declaradas “arrasadas” conserve tal capacidad de reacción.

La respuesta no se encuentra en la superficie, sino en las profundidades de las montañas de Zagros y en una doctrina de supervivencia denominada “Defensa en Mosaico”.

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Ciudades subterráneas. El principal factor que explica esta resiliencia es el vasto sistema de “ciudades de misiles” subterráneas que viene construyendo la República Islámica desde hace tiempo.

En un informe técnico reciente, el JewishInstituteforNational Security of America (JINSA) señaló: “La arquitectura de túneles de Irán no es solo un depósito, es un sistema de lanzamiento endurecido que utiliza la geografía como escudo cinético; atacar la superficie es, en muchos casos, golpear una cáscara vacía mientras el núcleo operativo permanece intacto a cien metros de profundidad”.

Estas instalaciones, como el complejo Pickaxe Mountain, están diseñadas para ser inmunes incluso a las bombas antibúnker más potentes (como la GBU-57). Los ataques de febrero lograron sellar entradas, pero la estructura central sobrevivió.

La Doctrina del Mosaico. Más allá de la infraestructura física, Irán implementó una descentralización radical de su mando y control. El Instituteforthe Study of War (ISW) advirtió en su última actualización de seguridad que “la degradación de los nodos centrales de comunicación en Teherán no ha resultado en la parálisis esperada, ya que la Guardia Revolucionaria (IRGC) delegó la autoridad de lanzamiento a comandantes de brigada regionales, permitiendo una respuesta fragmentada pero persistente”.

Esta “Defensa en Mosaico” garantiza que las unidades de misiles en provincias como Kermanshah no necesiten luz verde de una capital bajo asedio para ejecutar represalias programadas.

Otro pilar es el uso de Lanzadores Erectores Transportadores (TEL). Se estima que Irán aún conserva aproximadamente cien lanzadores funcionales. Según un análisis de JINSA, “el verdadero desafío para la coalición no es el número de misiles, sino la movilidad de los TEL, que pueden emerger de búnkeres civiles o túneles de rutas, disparar en menos de diez minutos y desaparecer antes de que un satélite de órbita baja pueda confirmar las coordenadas de impacto”.

Reconstrucción bajo fuego. Informes satelitales recientes del instituto ISIS muestran una actividad logística frenética. Irán está utilizando maquinaria pesada para despejar túneles sellados por los bombardeos y reforzó las entradas restantes con muros de protección para desviar la onda expansiva de los misiles de crucero.

“Observamos un esfuerzo de ingeniería de combate sin precedentes; Irán está utilizando ‘unidades de reparación rápida’ para despejar bocas de túneles selladas en cuestión de horas tras un impacto, manteniendo activos los corredores de salida hacia los puntos de lanzamiento”, destaca el ISW.

Si bien la cadencia de fuego ha disminuido –pasando de salvas masivas a ataques selectivos–, la estrategia de Teherán es clara: mantener una “guerra de desgaste” que demuestre que el costo de la victoria total para Occidente es prohibitivo.

La capacidad industrial de Irán, aunque golpeada, demostró una velocidad de recuperación mayor a la prevista, reponiendo existencias mediante una red de suministros descentralizada que EE.UU. e Israel no lograron cortar por completo. En definitiva, la devastación de las bases en la superficie fue un golpe táctico demoledor, pero la infraestructura invisible y la autonomía de sus unidades aseguran que, por ahora, el “puño de hierro” del régimen siga teniendo capacidad de impacto.