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INTERNACIONAL / CONFLICTO HISTÓRICO
jueves 24 enero, 2019

El 23E de 1958, la otra rebelión popular que sacudió a Venezuela

Aquel 23 de enero de hace 61 años, como el de ayer, hubo muertos, presos políticos, represión, luchas internas: la historia de Venezuela cambió poco.

En febrero de 1955, la revista Time honró a Marcos Pérez Jiménez con su portada. Junto a la foto podía leerse: "El capitán del barco del ensueño". Foto: Cedoc
jueves 24 enero, 2019

Lo que para Nicolás Maduro iba a significar una efemérides bien revolucionaria, terminó siendo una jornada trágica. Trece personas -según cifras oficiales- murieron este miércoles en el marco de las violentas manifestaciones entre chavistas y opositores en diversas ciudades venezolanas, en el 61 aniversario de la rebelión popular y cívico-militar del 23 de enero de 1958, que acabó con la dictadura de Marcos Pérez Jiménez (1914-2001).

“Hoy podemos decir con orgullo y determinación, que las banderas de lucha del 23 de enero, jamás serán traicionadas. ¡Democracia protagónica y participativa!”, escribió exhultante el cuestionado líder bolivariano en Twitter recordando cuando los venezolanos salió a las calles para manifestarse violentamente contra Pérez Jiménez, con el objetivo de restaurar el sistema democrático.

Allá por 1958, como este 23 de enero, los partidos políticos que operaban desde la clandestinidad unieron sus fuerzas para derrocar el régimen y asumir el gobierno.

Pocos meses después del derrocamiento de Pérez Jiménez, los partidos de derecha (Acción Democrática, Unión Republicana Democrática y Copei) “traicionaron” a los de izquierda -representada en el Partido Comunista- excluyéndolos del gobierno. “Comenzó la historia de otra dictadura. Fue una traición a la voluntad y el sacrificio del pueblo y eso todos debemos saberlo", narró una vez el fallecido Hugo Chávez, el líder militar que puso fin en los años 90 a la hememonía de lo que los chavistas gustan llamar “neoliberales” y “oligarcas”.

Pérez Jiménez había llegado al gobierno a fines de 1948 tras derroca al presidente democrático Rómulo Gallegos. El nuevo gobierno disolvió partidos políticos, sindicatos obreros y, en general, a cualquier tipo de oposición, persiguió, encarceló y torturó a unos 500 opositores, eliminó los movimientos vecinales y recortó las libertades de expresión y de prensa, allanó hogares y su temida policía política, la Seguridad Nacional (SN), fue acusada de asesinar a decenas de dirigentes políticos.

Cinco años más tarde, Pérez Jiménez gobernaba el país con mano de hierro avalado por una Asamblea Constituyente de dudosa legitimidad. En 1957 canceló las elecciones presidenciales para, finalmente, solo celebrar un referéndum sobre su continuidad en el poder. Sin la participación de candidatos opositores, el dictador ganó. “Incapaz de ganar las elecciones, había desconocido los resultados cinco años antes y ahora apelaba a un subterfugio legal para evitarlas, sustituyéndolas con un plebiscito amañado”, explicó el historiador venezolano Tomás Straka.

Tras la celebración de ese polémico referéndum, los venezolanos se dividieron. Algunos apoyaban incondicionalmente al dictador, mientras otra parte de la sociedad se le oponía. Pérez Jimenes fue acusado de “usurpador” por una Junta Patriótica clandestina integrada políticos de partidos de la oposición que llamó a las Fuerzas Armadas a cumplir con su deber de defender al pueblo. El 1 de enero de 1958 los militares se alzaron infructuosamente contra Pérez Jiménez: el dictador ya no tenía poder.

El 21 de enero, la oposición comenzó una huelga general que paralizó al país. Las multitudinarias manifestaciones en toque de queda derivaron en disturbios, heridos y muertos, y el gobierno autorizó a las tropas abrir fuego en contra de cualquiera que atentara contra otras personas o bienes. "El fuego indiscriminado ha matado y herido a numerosas personas", informaba entonces el diario The New York Times, que estimó un centenar de muertos en la rebelión popular.

Los historiadores coinciden en la importancia de aquel 23E para Venezuela: los militares destituidos jamás se recuperaron del golpe, la derecha permaneció en el poder durante los siguiente 40 años y la izquierda nunca perdonó la traición a los "oligarcas". Tras la destitución de Pérez Jiménez, el nuevo gobierno liberó a los presos políticos, permitió el regreso de los exiliados y convocó elecciones democráticas. El dictador subió a un avión y escapó de Venezuela con rumbo a la República Dominicana, anunciaban las emisoras de radio mientras en las calles miles de venezolanos celebraban: "¡Ha caído el tirano. Ha caído el tirano. Viva la libertad!"

D.S.


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