Con motivo de las ceremonias conmemorativas, la ciudad de Nueva York y la organización del Memorial y Museo del 11/S introdujeron un cambio histórico en su protocolo: la incorporación de un séptimo momento de silencio.
Mientras que las seis pausas tradicionales recuerdan los impactos de los aviones y el derrumbe de las Torres Gemelas, este nuevo toque de campana buscó honrar a una cifra estremecedora revelada por los registros: unas 7.000 personas murieron a consecuencia de enfermedades vinculadas al desastre. Esta cantidad supera con creces a las casi 3.000 personas que perdieron la vida en los atentados del mismo día.
Durante las labores de rescate, extinción de incendios y desescombro en el Bajo Manhattan, tanto los bomberos, policías y rescatistas como los residentes de la zona respiraron una densa nube compuesta por una mezcla tóxica de polvo de cemento aplastado, amianto, fibra de vidrio, dioxinas, metales pesados y residuos de combustibles pulverizados.
Durante semanas, las autoridades aseguraron a la población que el aire era seguro, restando importancia a los riesgos de inhalación. El tiempo demostró todo lo contrario.
De acuerdo con los informes epidemiológicos y los criterios de cobertura médica del Programa de Salud del World Trade Center (WTC Health Program) de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC), las patologías sufridas por los sobrevivientes y rescatistas implicaron categorías críticas que deterioraron irreversiblemente su calidad de vida y condujeron al deceso de miles
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Cáncer. La exposición prolongada a potentes agentes carcinógenos provocó una incidencia desproporcionada de tumores malignos. Los registros médicos del programa incluyen decenas de tipos de cáncer reconocidos oficialmente, entre los que destacan, los de pulmón, colon, riñón, tiroides, mamas, leucemias y mieloma múltiple.
Afecciones respiratorias. El sistema respiratorio fue el principal receptor de las partículas finas suspendidas. Entre las afecciones crónicas más diagnosticadas figuran EPOC, fibrosis pulmonar y asma crónico.
Salud mental. El impacto psicológico severo de presenciar la catástrofe dejó secuelas profundas que afectaron la salud integral de los afectados. Los diagnósticos predominantes incluyen trastorno de Estrés Postraumático, trastornos de ansiedad generalizada, depresión mayor y trastornos de pánico.
La cifra de casi 7.000 fallecidos documentada por programas sanitarios (y que continúa incrementándose mes a mes con nuevos diagnósticos en decenas de miles de pacientes) evidencia que el 11 de septiembre no fue un evento circunscrito a un solo día, sino una catástrofe de salud pública de largo aliento cuyas consecuencias letales se siguen cobrando vidas un cuarto de siglo después.