A un cuarto de siglo de los ataques del 11 de septiembre, el aniversario número 25 dividió la agenda conmemorativa en dos escenarios paralelos. Por un lado, el silencio y las campanadas de luto en el Ground Zero de Nueva York; por el otro, un acto centrado en la actualidad militar desde el Pentágono, donde la Casa Blanca conectó el recuerdo de los caídos con la ofensiva armada que Estados Unidos sostiene hoy en Medio Oriente.
Bajo la regla neoyorquina que impide los discursos políticos en el predio donde se alzaban las Torres Gemelas, Donald Trump concentró su participación en la sede de Defensa en Washington. Allí, enmarcó el aniversario con el frente externo del país. "Saludamos a los miembros de las Fuerzas Armadas que trabajan ahora mismo para garantizar que el principal patrocinador del terrorismo en el mundo, la República Islámica de Irán, nunca, jamás, tenga un arma nuclear", afirmó el presidente tras asegurar que la nación "es más fuerte que nunca".

La postura del jefe de Estado fue respaldada por el secretario de Defensa, Pete Hegseth, quien hizo un balance de los seis meses de operaciones contra Teherán. El funcionario acusó a las autoridades iraníes de haber celebrado los atentados de 2001 y lanzó una advertencia sobre la disputa en el Golfo. "Seguimos enviando a los terroristas a donde pertenecen, al infierno, y a los petroleros al fondo del océano", sentenció durante la ceremonia.
A más de 300 kilómetros de ese estrado, la Zona Cero arrojó una postal institucional atípica. Todos los expresidentes vivos (Bill Clinton, George W. Bush, Barack Obama y Joe Biden) se alinearon junto al vicepresidente J.D. Vance en un ritual marcado exclusivamente por el sonido de las campanas. La imagen diplomática de la mañana fue el apretón de manos entre el ex alcalde Rudolph Giuliani y el actual jefe de la ciudad, Zohran Mamdani, el primer líder musulmán en el cargo, quien asistió pese a las presiones previas para ausentarse.

El esquema en Manhattan sumó este año una séptima campanada al mediodía para visibilizar una segunda cadena de fallecimientos: las víctimas del polvo tóxico. Las muertes por enfermedades derivadas del derrumbe ya sobrepasaron la cifra de los 3.000 fallecidos originales. El tema cobró peso esta misma semana luego de que la administración de Mamdani desclasificara 170.000 páginas de documentos internos, los cuales prueban que los funcionarios de la época declaraban que el aire era seguro a pesar de saber que las condiciones de respirabilidad eran nocivas.
Los reclamos en la jornada también alcanzaron la política exterior histórica de Washington. Terry Strada, viuda de una de las víctimas, apuntó contra la continua cooperación de Estados Unidos con Arabia Saudita, país del que provenían 15 de los 19 miembros de Al Qaeda involucrados en los secuestros aéreos. En paralelo, el tercer foco de los homenajes tuvo lugar en Shanksville, Pensilvania, donde familiares de los 40 pasajeros del vuelo 93 depositaron ofrendas florales acompañados por las nuevas generaciones de nietos y bisnietos.
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El impacto económico de la guerra de Irán
El enfoque del discurso presidencial choca de frente con las consecuencias internas del actual conflicto armado contra Irán. Tras más de medio año de despliegue, las tropas norteamericanas lograron neutralizar a gran parte de la cúpula de Teherán, pero el objetivo declarado de derrocar al Gobierno no se concretó. En el plano comercial, la disputa mantiene cerrado el paso en el Estrecho de Ormuz, un factor clave que paralizó el tránsito internacional de petróleo.
Ese embudo logístico se tradujo en un golpe directo para el mercado interno estadounidense. El alza sostenida en el precio de los combustibles, sumada a la política de aranceles implementada por el Ejecutivo republicano, generó un aumento general de los productos de consumo diario que impacta en los presupuestos familiares.
Frente a la escalada de costos, el conflicto militar atraviesa un marcado descenso de popularidad entre los ciudadanos. Con las elecciones legislativas de noviembre en el horizonte inmediato, el malestar por la presión inflacionaria y el estancamiento de los objetivos en Medio Oriente representa un desafío electoral de peso para las bancas del oficialismo.
TC/MSS