A metros de un regimiento militar donde soldados montan guardia, decenas de cocaleros acampan en protesta pese a que rige un estado de excepción que lo prohíbe: en el Chapare boliviano, los movimientos sociales le disputan el control territorial al gobierno.
En esta región selvática y pobre del centro de Bolivia se refugia el expresidente Evo Morales, fugitivo de la justicia y protegido por pobladores que desde hace semanas conforman el núcleo más duro de manifestaciones contra el presidente de centroderecha Rodrigo Paz.
Morales anunció durante la semana una tregua en los cortes de rutas que desabastecieron de alimentos y combustibles por casi dos meses a ciudades bolivianas, en medio de la peor crisis económica en cuatro décadas. Pero los manifestantes permanecen en vigilia a la vera de las precarias rutas del Trópico de Cochabamba, conocido como Chapare, listos para volver a la acción.
Paz, en un intento por demostrar firmeza y control de la situación, amenazó con intervenir la región cocalera y detener a Evo Morales, acusado de supuesto abuso de menor. La Fiscalía lo acusa por una supuesta relación con una adolescente de 15 años con la que habría tenido una hija cuando gobernaba, con el consentimiento de los padres a cambio de beneficios.
“Que Paz venga si es machito, aquí nos vamos a alzar para cuidar al Evito porque con él hemos vivido 14 años de felicidad”, dice una de las líderes de la protesta, Rosalía Vilca. “La lucha sigue hasta que se vaya este maldito gobierno”, agrega.
Morales ya dijo que no se va a entregar. “No me voy a rendir, el que negocia su sobrevivencia no es digno”, dijo esta semana. El exmandatario tiene su base de operaciones políticas en Lauca Eñe, un poblado de 900 habitantes dentro de Shinahota donde está la sede de las Seis Federaciones del Trópico de Cochabamba, estructura sindical de los cocaleros.
Allí sólo se puede ingresar con custodia de los asesores de Morales, tras atravesar una barricada de madera y paja con torres de vigilancia y hombres pertrechados con lanzas, escudos de chapa, explosivos y ‘walkie-talkies’.
Las fuerzas de seguridad ya están en Cochabamba, pero temen un baño de sangre si ingresan al núcleo de Evo.