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INTERNACIONAL / Contra el presidente
jueves 2 mayo, 2019

El vicepresidente de Brasil es acusado de conspirar contra el gobierno de Bolsonaro

El vicepresidente brasileño, Hamilton Mourão, viene siendo desde el inicio del gobierno acusado públicamente de conspirar contra Jair Bolsonaro.

Ignacio Pirotta, desde Brasil

Brazilian Vice President Hamilton Mourao Interview Foto: Bloomberg
jueves 2 mayo, 2019

El vicepresidente brasileño, Hamilton Mourão, viene siendo desde el inicio del gobierno acusado públicamente de conspirar contra Jair Bolsonaro. Los ataques de Olavo de Carvalho y los hijos del presidente, en especial Carlos, se han incrementado en las últimas semanas hasta llegar al punto de que por primera vez en cuatro meses Bolsonaro pidió el fin de ese tipo de declaraciones a través de un comunicado leído por su portavoz oficial.

Días antes el diputado Marco Feliciano había presentado un pedido de impeachment contra el vicepresidente con el argumento de que este conspiraría contra el presidente. El pedido, cuyo objetivo era más llamar la atención que una efectiva realización del juicio político, fue rápidamente archivado por el presidente de Diputados. Pero el cuestionamiento permanente al vicepresidente en un supuesto intento de cuidar a Bolsonaro, pone en cambio de manifiesto las propias debilidades del presidente brasileño y su forma de hacer política.

La interna de alto voltaje tiene su origen en la composición heterogénea del gobierno, el cual reúne, entre otros, a militares y “olavistas”, y la dificultad para administrar las divergencias de intereses existentes. Si desde el lado de los “olavistas” existe la acusación de conspiración desde el inicio del gobierno, el ala de los militares se ha opuesto a varias medidas impulsadas por aquellos, centralmente en el ámbito de la política exterior.

De ese modo, la falta de coordinación del propio gobierno ha hecho que iniciativas y posicionamientos anunciados por el propio presidente hayan sido posteriormente revertidas. La decisión de no trasladar la embajada brasileña de Tel Aviv a Jerusalén es una de ellas y ejemplifica cómo de un lado se encuentra la postura de los olavistas, que proponen un alineamieto total con Estados Unidos, y de otro el ala militar, más pragmática, menos ideológica y que presionó también para defender los intereses del sector rural.

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A ese fondo de divergencias entre militares y olavistas, hay que sumarle que el exgeneral Hamilton Mourão ha trabajado para crear su propio espacio de poder: “no seré un vicepresidente decorativo”, había dicho apenas electo. Una vez en el gobierno esa promesa tomó forma con una agenda llena de reuniones con políticos, empresarios, sindicalistas y representantes diplomáticos de otros países, además de un vínculo estrecho con la prensa.

No sólo eso, sino que además Mourão se diferenció de Bolsonaro de manera notoria en el contenido de sus declaraciones. Mourão pasó de ser radical y polémico como Bolsonaro, a ser moderado y políticamente correcto. Incluso en las primeras semanas llegó a desautorizar a Bolsonaro, diciendo por ejemplo que este a veces dice cosas que no reflejan exactamente la realidad. Sin embargo, desde entonces Mourão ha sido cauto con sus declaraciones y ha aprovechado todas las oportunidades para demostrar alineamiento y lealtad con el presidente. 

Olavo de Carvalho, el gurú antiglobalista de Jair Bolsonaro, ataca al vicepresidente desde las redes sociales desde hace tiempo. Pero el último episodio lo tuvo atacando a los militares en general, al aparecer en un video diciendo que “no han hecho más que porquerías, arruinaron a los políticos de derecha y lo único que sobró [luego de la dictadura] fueron los comunistas”. El video llegó a ser compartido en la cuenta de Twitter de Jair Bolsonaro, que suele ser administrada precisamente por Carlos Bolsonaro. 

El día martes el portavoz oficial de la Presidencia leyó un comunicado de Bolsonaro en el que expresó que deseaba poner punto final a la discusión entre el vicepresidente y el consejal Carlos Bolsonaro. Sin embargo, respecto a su hijo Carlos dejó en claro que siempre lo defenderá ya que, en palabras del presidente: “es sangre de mi sangre”.

Carlos Bolsonaro inició hace dos meses la que fue la mayor crisis del gobierno y que terminó con la salida de Gustavo Bebbiano, hombre de los más cercanos a Bolsonaro, luego de acusarlo de mentiroso publicamente. Ahora, a pesar del pedido de su padre, Carlos continúa enfrentando al vicepresidente. En cambio Mourão mantuvo siempre una actitud de no confrontación que se puede sintetizar en la frase que él mismo utilizó: “cuando uno no quiere, dos no se pelean”. Lejos de confrontar, según la revista Veja habría declarado recientemente que, si el presidente se lo pide, renunciaría a su cargo. 

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Tanto Carlos como los otros dos hijos de Bolsonaro, al igual que Olavo de Carvalho y sus seguidores, se han apresurado en acusar a  Mourão de conspirador desde el primer día de gobierno. Ese apuro termina por poner de manifiesto las propias debilidades de Jair Bolsonaro. Existe quienes han mencionado la mejor preparación de Mourão respecto a Bolsonaro, o el hecho de que aquel tuvo una mejor carrera militar que este (uno general y el otro capitán).

Es evidente que Mourão se desenvuelve de otra manera, más formal que Bolsonaro, por ejemplo ante la prensa o conferencias en general. Sin embargo, esas son apreciaciones más subjetivas respecto a las cualidades de uno y otro. El fuerte recelo en que el vicepresidente tenga afición por los flashes y el protagonismo, como ya han relatado varias crónicas que sobre el detrás de escena de la presidencia, tiene que ver con la debilidad política de Bolsonaro.

La falta de aproximación a otras fuerzas es lo que lo ha situado en una posición un tanto vulnerable. Es por eso, y siempre con el fantasma del impeachment de fondo, que acusar a  Mourão de conspiración desde el primer día cumple la función de defender a Bolsonaro mucho antes de que una conspiración real tenga lugar. Se introduce la idea de que Mourão está conspirando y se comienza a deslegitimar desde el minuto cero esa posibilidad, que tal vez podría tener lugar en otro momento pero no con el gobierno recién iniciado. 

Acusar a Mourão de conspirar pone  de manera indirecta el acento en las debilidades de Bolsonaro. Pero este tiene sus fortalezas personales y políticas. Tiene carisma y tiene un “ismo”, el bolsonarismo. La paradoja es que su carisma aparece cuando se comporta con soltura y naturalidad, al tiempo que es cuando suele entrar en polémicas que disgustan a los brasileños más moderados. El carisma de Bolsonaro, de lenguaje directo y simple, asertivo y firme, que por momentos ríe con una naturalidad envidiable para muchos políticos, es central en la construcción de ese “ismo” que comenzó a gestarse pocos años atrás

La paradoja de que ese carisma al tiempo que refuerza su vínculo con el bolsonarismo genera a veces polémicas que o apartan de los moderados, se puede proyectar de manera más general al gobierno. Existe una tensión entre reforzar su propia base y ampliar los apoyos del bolsonarismo más allá de ese núcleo radicalizado. Esa tensión se ve en la confrontación con el resto de la dirigencia política (que lo ha privado de tener una coalición de gobierno) y permanentes intentos de aproximación (que siempre se basan en negociaciones que pueden ser asociadas a “la vieja política” que el bolsonarismo ataca).

Se ve también en las formas de la comunicación: Bolsonaro inició su mandato diciendo que su canal de comunicación serían las redes sociales, el contacto directo con el pueblo sin intermediarios (dicho sea de paso, esa comunicación directa que es propia del populismo según varios autores), pero luego de algunas polémicas se instaló el debate respecto a si el presidente debía o no usar las redes sociales. En palabras de Carlos Bolsonaro, quienes quieren al presidente lejos de las redes sociales lo quieren débil y sin apoyo popular para así poder chantajearlo. Esa visión de Carlos es representativa de cómo ven la cuestión los bolsonaristas, mientras los más moderados consideran que el presidente debe cuidar más su comunicación en las redes para no generar polémicas en vano.

También las declaraciones a la prensa se vieron envueltas en polémicas y contradicciones, por ello acertadamente luego de las dos primeras semanas caóticas colocaron un portavoz que otorga coherencia e institucionalidad a la comunicación de presidencial. Bolsonaro también revió su estrategia de enfrentamiento permanente con la prensa, organiza desayunos con periodistas cada tanto al tiempo que redujo los ataques, los cuales continúan ahora partiendo de sus hijos y los olavistas y hacen eco entre los bolsonaristas. 

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Hamilton Mourão, en cambio, ha sido moderado desde el primer día, con un trato fluido con la prensa y los demás actores de la vida política brasileña. Por eso mismo, la vicepresidencia, si fuera considerada un aliado y no un enemigo, podría ser un lugar desde donde el gobierno de Bolsonaro expandiese su base de apoyo. Si se dejaran de lado los cortocircuitos, los entredichos y las acusaciones, si se dejara de lado todo ese ruido, podría tener lugar cierta armonía. Armonía entre una nota más bolsonarista y otra más moderada. 

Bolsonaro es el punto de unión de una heterogénea alianza de gobierno que él mismo articuló con inteligencia. Alianza que entre sus elementos tiene a los olavistas y los militares y en donde cada grupo representa a su vez a diferentes sectores de los brasileños. Sin embargo, esa alianza no ha sido bien gestionada y hoy uno de los aspectos que más sobresalen del gobierno de Bolsonaro es el ruido y el desorden. La cuestión para el gobierno sería no renunciar a las fortalezas del propio Bolsonaro mencionadas más arriba, y conjugarlas con las fortalezas y el estilo del vicepresidente. Además, aún debe mejorar la convivencia de los heterogéneos grupos en el gobierno y los procesos de toma de decisión, de modo de evitar el fuego amigo.

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Por último, articular apoyos en el Congreso, como bien hizo la semana pasada para votar la reforma previsional en la Comisión de Constitucionalidad y Justicia. Son tareas que requieren de habilidad política y de esa habilidad dependerá el rumbo de Brasil. Durante sus largos años como diputado Bolsonaro se movió como un político individualista, saltando de partido en partido y peleándose con casi todos. Pero cuando se propuso ser presidente hilvanó con audacia la heterogéna alianza que hoy está en el poder. Ese es el único gran logro de construcción política que ha tenido, ni más ni menos. Así, queda en duda qué tan capaz es, y qué tanto interés tiene, de equilibrar la balanza entre negociaciones y enfrentamientos, mejorar apoyos y construir poder. Hacer política.

Mientras Bolsonaro comienza su gobierno con tropiezos, se le dan algunas buenas noticias a Lula da Silva. Primero, la Corte decidió que puede dar entrevistas a medios, cosa que le había sido prohibida a inicios de la campaña electoral. Segundo, la reducción de su pena podría beneficiarlo con el régimen semiabierto a partir de septiembre. Vandeck Santiago, editor del Diario de Pernambuco, señaló que la peor pesadilla de Bolsonaro sería un Lula libre, ya que hasta aquí el gobierno ha carecido de un antagonista.

Sin embargo, apunta Santiago, la aparición de “el” antagonista en la escena pública podría reducir el fuego amigo que caracteriza al gobierno. Los cañones del gobierno se dirigirian entonces a Lula, el enemigo número uno por lejos. Pero también se direccionarian hacia el expresidente las luces del espectáculo. Si la política brasileña fuera una novela, sería de aquellas que resultan demasiado exageradas y poco creíbles. 

JDO CP


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