Keiko Fujimori asumió este martes como presidenta de Perú y concretó un objetivo que persiguió durante más de 20 años: llegar al poder. La dirigente de Fuerza Popular se convirtió en la primera mujer elegida por voto popular para gobernar el país y marcó el regreso del fujimorismo al Ejecutivo casi 26 años después de la salida de su padre, Alberto Fujimori.
Su llegada a la presidencia fue el resultado de una trayectoria política atravesada por derrotas electorales, cuestionamientos judiciales y una permanente disputa por el significado de su apellido. Fujimori ganó la segunda vuelta frente al candidato izquierdista Roberto Sánchez por un margen menor a 50 mil votos, en una de las elecciones más ajustadas de los últimos años en Perú.
Javier Milei acompañó a Keiko Fujimori en una asunción que fortalece a la derecha latinoamericana
El resultado le permitió cerrar un ciclo que había comenzado en 2011, cuando disputó por primera vez la presidencia y perdió ante Ollanta Humala. Luego volvió a competir en 2016 contra Pedro Pablo Kuczynski y en 2021 frente a Pedro Castillo. En las tres oportunidades quedó a pocos pasos del poder.
De primera dama a líder del fujimorismo
La historia política de Keiko Fujimori comenzó en 1994, cuando tenía apenas 19 años y asumió como primera dama de Perú luego de la separación de sus padres, Alberto Fujimori y Susana Higuchi.
Su juventud la convirtió en una figura excepcional dentro de la política latinoamericana: acompañó a su padre durante los últimos años de su gobierno y ocupó un rol institucional que le permitió recorrer el país y construir sus primeros vínculos políticos.

Tras la caída del régimen fujimorista en el año 2000, volvió a Estados Unidos para continuar sus estudios. Sin embargo, años más tarde regresó a Perú y comenzó su propio camino electoral.
En 2006 fue elegida congresista por Lima con una de las mayores cantidades de votos del proceso electoral. Desde entonces comenzó a consolidarse como la principal heredera de su padre, ya no sólo familiarmente sino también en la política y tomó las riendas de Fuerza Popular.
El peso del apellido Fujimori
Su carrera siempre estuvo marcada por la figura de su padre. Alberto Fujimori gobernó Perú entre 1990 y 2000 y mantiene una valoración dividida dentro de la sociedad peruana.
Para sus seguidores, su gobierno fue clave para derrotar a Sendero Luminoso y al Movimiento Revolucionario Túpac Amaru (MRTA), además de estabilizar la economía después de una profunda crisis.
Para sus críticos, en cambio, su gestión quedó asociada al autoritarismo, la concentración de poder y los casos de corrupción que terminaron con su salida del gobierno.

Fujimori renunció a la presidencia desde Japón en medio del escándalo generado por los videos que mostraban a su asesor Vladimiro Montesinos entregando sobornos a políticos, empresarios y medios de comunicación.
Años después fue extraditado a Perú y condenado a 25 años de prisión por delitos de lesa humanidad y corrupción.
Keiko Fujimori buscó durante años mantener la identidad política de su padre, pero también intentó diferenciarse de algunos aspectos de su legado para ampliar su base electoral.
Tres derrotas y una larga espera por el poder
El camino hacia la presidencia estuvo marcado por varias derrotas. En 2011 perdió el balotaje frente a Ollanta Humala. Cinco años después volvió a quedar cerca del triunfo: fue derrotada por Pedro Pablo Kuczynski por una diferencia mínima.
En 2021 protagonizó otra elección extremadamente ajustada frente a Pedro Castillo. Tras ese resultado denunció irregularidades en el proceso electoral, aunque sus reclamos no modificaron el resultado final.

Además de las derrotas en las urnas, Fujimori enfrentó una investigación por presunto lavado de activos vinculada al financiamiento de sus campañas electorales y al caso Odebrecht. Entre 2018 y 2020 pasó cerca de un año y medio en prisión preventiva.
Ese episodio afectó su imagen pública, pero no eliminó su influencia dentro de la política peruana. Durante todos esos años continuó liderando Fuerza Popular y mantuvo una estructura partidaria con presencia en el Congreso.
El regreso del fujimorismo con una nueva bandera
Para esta elección, Fujimori centró su campaña en una de las principales preocupaciones de los peruanos: la inseguridad.
Su principal promesa fue recuperar el orden frente al avance del crimen organizado, el narcotráfico y la minería ilegal. Ese mensaje le permitió conectar con un electorado preocupado por la crisis institucional y la sucesión de gobiernos que atravesó Perú en la última década.
La ceremonia de asunción contó con la presencia de varios líderes internacionales, entre ellos el presidente argentino, Javier Milei, quien viajó a Lima para participar de la investidura y mantuvo una reunión bilateral con la flamante mandataria antes del traspaso de mando.

Durante su discurso de asunción, aseguró que recibió un Estado "a la deriva" y anunció una política más dura en materia de seguridad.
Entre sus principales medidas adelantó que las Fuerzas Armadas tendrán un rol central en las zonas declaradas en emergencia y que reforzará los sistemas de inteligencia contra las organizaciones criminales.
La primera presidenta elegida de Perú
Más allá del regreso del fujimorismo al poder, la llegada de Keiko Fujimori tiene un hecho histórico: es la primera mujer elegida presidenta de Perú mediante el voto popular.
Su gobierno tendrá el desafío de construir estabilidad en un país que tuvo nueve presidentes en una década y que estuvo marcado por enfrentamientos constantes entre el Ejecutivo y el Congreso.
Con mayoría parlamentaria, Fujimori buscará completar un mandato de cinco años, algo que varios de sus antecesores recientes no lograron.

Su presidencia abre una nueva etapa para Perú, pero también reactiva viejas discusiones sobre el legado del fujimorismo, el rol de la familia Fujimori en la política nacional y los límites entre continuidad y renovación.
Después de más de dos décadas de intentos, Keiko Fujimori finalmente llegó al lugar que buscó durante toda su carrera: el Palacio de Gobierno. La gran incógnita será si logra construir un gobierno propio o si su mandato queda definido por la sombra del pasado.
LB/MSS