INTERNACIONAL
el despertar del gran norte

La competencia por el Ártico entre las superpotencias y el rol estratégico de Groenlandia

Estados Unidos, Rusia y China disputan recursos naturales, rutas comerciales esenciales y supremacía militar en la región, donde el cambio climático, especialmente el deshielo, dejó al descubierto una oportunidad económica de tal magnitud que reavivó las lógicas de la Guerra Fría. Groenlandia es hoy un activo estratégico sumamente valioso para el futuro.

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Tensión. Fuerzas militares europeas se instalaron en Groenlandia ante el avance de Donald Trump sobre la isla. | cedoc

El Ártico ha dejado de ser una frontera periférica para convertirse en el epicentro de la geopolítica mundial. Lo que antes era un “desierto de hielo” es hoy un tablero de ajedrez donde Estados Unidos, Rusia y China disputan recursos naturales, rutas comerciales y supremacía militar.

El deshielo acelerado de la región no solo abrió nuevas vías navegables, sino que ha desatado una carrera por la soberanía que tiene a Groenlandia como su pieza más codiciada.

El conflicto por el Ártico no es solo por territorio, sino por el orden mundial del siglo XXI. Si Rusia logra imponer su control sobre las rutas comerciales y China consolida su acceso a los recursos minerales de Groenlandia, la hegemonía estadounidense en el Atlántico Norte se verá seriamente comprometida.

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La paradoja del Ártico es que el desastre climático (particularmente el deshielo) creó una oportunidad económica de tal magnitud que reavivó las lógicas de la Guerra Fría. En este escenario, Groenlandia ya no es una isla remota, sino el activo estratégico más valioso del planeta.

La fortaleza militar del Norte. Rusia posee la mayor línea costera ártica y ha sido el actor más agresivo en su reclamación. Bajo el argumento de la “Dorsal de Lomonosov”, Moscú reclama derechos soberanos sobre vastas áreas del lecho marino, extendiéndose hasta el Polo Norte.

Rusia controla la ruta del Mar del Norte que reduce el tiempo de transporte entre Europa y Asia en un 40% respecto al Canal de Suez.

En los últimos años, el Kremlin reabrió más de 50 bases de la era soviética, desplegando sistemas de defensa aérea S-400 y submarinos nucleares que patrullan bajo el hielo.

Con las sanciones occidentales persistentes, Rusia convirtió el Ártico en su principal proveedor de combustible, dependiendo de las exportaciones de Gas Natural Licuado (GNL) desde la península de Yamal.

China y la ruta de la seda polar. A pesar de estar a miles de km del círculo polar, Beijing se autodefinió en su Libro Blanco de 2018 como un “Near-Arctic State”. Su estrategia es pragmática y a largo plazo.

El gigante asiático busca diversificar sus suministros energéticos y rutas comerciales para evitar el Estrecho de Malaca, bajo control de Estados Unidos.

A través de inversiones en puertos, estaciones científicas y rompehielos (incluyendo su primer rompehielos nuclear de 30 mil toneladas), China ganó influencia sobre países como Islandia y, de forma más sutil, en Groenlandia.

El gobierno de Xi Jinping financia los proyectos energéticos rusos a cambio de acceso preferencial a la ruta comercial del norte.

Washington y la doctrina de seguridad. Para Estados Unidos, el Ártico es ahora una prioridad de seguridad nacional de primer orden. Bajo la administración de Donald Trump, la retórica ha escalado.

El gobierno estadounidense dejó claro que el Ártico no puede caer bajo el dominio chino-ruso, advirtiendo incluso sobre el riesgo de un conflicto de escala global si no se asegura la región.

La base espacial Pituffik en Groenlandia es el núcleo del sistema de alerta temprana de misiles de Estados Unidos. Su relevancia es vital para la defensa del hemisferio norte, asegura Washington.

Tras décadas de negligencia, EE.UU. está expandiendo su flota de rompehielos y aumentando la frecuencia de ejercicios de la OTAN en la región (como el reciente Steadfast Defender).

El “eslabón de oro” del Conflicto. Groenlandia, territorio autónomo del Reino de Dinamarca, se encuentra en el centro físico de esta disputa. Su valor para las potencias radica en tres pilares fundamentales.

El deshielo dejó al descubierto uno de los mayores depósitos de “tierras raras” fuera de China (específicamente en Kvanefjeld). Estos minerales son críticos para la fabricación de microchips, baterías de vehículos eléctricos y sistemas de defensa avanzados. Quien controle el acceso a los minerales de Groenlandia controlará la transición energética global.

Groenlandia es la puerta de acceso del Ártico al Océano Atlántico. El control de las aguas entre Groenlandia, Islandia y el Reino Unido (el llamado “GIUK gap”) es esencial para detectar submarinos rusos que intenten entrar al Atlántico Norte.

Por este motivo, la tensión entre Washington y Copenhague alcanzó niveles históricos en los últimos meses Mientras el gobierno de Groenlandia busca la independencia total para gestionar sus propios recursos, EE.UU. señala que la protección danesa es insuficiente frente a la “amenaza china”, planteando la posibilidad de una anexión o un control administrativo más directo.