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opinión

Qué hay detrás del conflicto

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Río. La sabana Rupunini, parte del Esequibo, cerca de la frontera con Venezuela y Brasil. | afp

América Latina es una región con muchísimas adversidades, pero los conflictos armados no son una característica frecuente. De hecho, nos deberíamos remontar a 1995 para encontrar el último enfrentamiento bélico por razones territoriales: la Guerra del Cenepa entre Perú y Ecuador. Si bien hay constantes conflictos de baja intensidad en la zona ninguno llega al punto de un choque de tropas entre Estados soberanos. Sin embargo, esta estadística podría modificarse debido a la disputa del territorio denominado Esequibo entre Venezuela y Guyana. La zona tiene una superficie de unos 159.500 kilómetros cuadrados y equivale a dos terceras partes del territorio de Guyana. Además, dicho territorio es rico en petróleo y recursos naturales. El conflicto es de larga data y se remonta a 1897 puesto que esa región estaba bajo jurisdicción venezolana durante la colonia española. Para Guyana la disputa fue resuelta con el Laudo Arbitral de París de 1899 que determinó los límites de lo que entonces se conocía como la Guayana Británica. Pero los venezolanos no participaron en aquel laudo y alegan que existe evidencia que demuestra que hubo complicidad entre los jueces para fallar en contra de Venezuela. Por eso consideran la decisión del tribunal como nula y sin efecto. Poco antes de que Guyana se independizara en 1966, los gobiernos de Reino Unido, la Guayana Británica y Venezuela firmaron el Acuerdo de Ginebra, que reconoce el reclamo y que busca encontrar soluciones para resolver la disputa. Sin embargo, y a pesar de los esfuerzos para resolver el conflicto de manera diplomática, Venezuela no reconoce la jurisdicción de la Corte Internacional de Justicia en el asunto y sostiene que el río Esequibo, al este de la región, forma una frontera natural que ha sido reconocida históricamente. 

A pesar de las discrepancias, durante años el desacuerdo se mantuvo sin controversias hasta que en 2015 la empresa ExxonMobil descubrió petróleo en Esequibo, lo que intensificó la disputa. Sin embargo, la situación no había tomado un impulso tan significativo hasta el mes de agosto de este año, cuando el gobierno de Georgetown comenzó a subastar bloques petroleros en el Esequibo, generando un malestar en la administración de Nicolás Maduro. 

Fue en ese momento que el gobierno bolivariano convocó a un referéndum que se llevó a cabo el domingo 3 de diciembre a pesar de la protesta de Guyana y la definición del máximo tribunal de la ONU, la Corte Internacional de Justicia (CIJ) que ordenó el viernes 1° a Venezuela que se abstenga de cualquier acción que pueda “modificar la situación que prevalece actualmente en el territorio en disputa”. En dicho referéndum, que consistía en cinco preguntas, el 95,93% votó a favor de la quinta pregunta donde se consulta si estaban o no de acuerdo con anexionarse el territorio en disputa al mapa de Venezuela y crear allí una nueva región llamada Guayana Esequiba. “Hemos dado los primeros pasos de una nueva etapa histórica en la lucha por lo que nos pertenece, por recuperar lo que nos dejaron los libertadores”, afirmó Maduro finalmente. 

Después de un resultado tan contundente el gobierno de Guyana considera que el referéndum venezolano es un paso hacia la anexión y enfatizó que se mantendrá “vigilante” ya que, más allá del referéndum, existe un litigio en curso entre ambos países ante la Corte Internacional de Justicia (CIJ) de La Haya para definir las fronteras bilaterales en esa zona. 

Sin embargo, las implicancias de dicho conflicto no se limitan solo a Venezuela y a Guyana y detrás del referéndum existen motivaciones adicionales que están lejos de mencionarse en los discursos públicos. 

En términos de política interna, el gobierno venezolano está mirando más allá del territorio en disputa, sino que principalmente, entiende este conflicto como una plataforma para el 2024, momento en el que debería llevarse a cabo la elección presidencial. Para el presidente, el referéndum, más que una votación en torno a la percepción del pueblo venezolano sobre el Esequibo, es una manifestación de apoyo a su gobierno y también una demostración al extranjero de que Venezuela puede desarrollar comicios transparentes y pacíficos como cualquier otro país. Sin embargo, esto no fue tan así. La cifra de 10,5 millones de votos junto con  la participación más alta jamás registrada en una elección venezolana anunciada por Elvis Amoroso, presidente del Consejo Nacional Electoral, despertó sospechas. Frente a esto la oposición venezolana, encabezada por Marina Corina Machado denunció que la cantidad de electores es exagerada y que este despliegue es un plan de Maduro para ganar popularidad con una causa patriótica y mejorar su imagen de cara a las elecciones presidenciales de 2024. Inclusive no sería de extrañar que Maduro utilice la excusa de una guerra para la suspensión de las elecciones en 2024. La resolución del conflicto de manera favorable a Maduro le traería múltiples beneficios: por un lado apoyo popular para seguir manteniéndose en el poder y por otro apoyo económico para sostener sus estructuras gubernamentales.  

Pero al ser Venezuela un país estratégico para la región, el conflicto también despertó interés fuera de las fronteras de la nación bolivariana. Lula Da Silva, en su intención de continuar consolidándose como el líder regional por excelencia, y ante los movimientos militares en la frontera entre Brasil y los dos países, insistió en la Cumbre del Mercosur de está semana en que “lo único que Su-damérica no necesita en estos momentos es confusión” y recalcó la necesidad de trabajar en conjunto “para mejorar la vida de la gente” sin “pensar en peleas ni inventar historias”. 

Y por supuesto, Estados Unidos no pudo ser ajeno al conflicto. Para el país del norte Venezuela no puede resolver su disputa territorial con Guyana por el Esequibo con un referéndum y le instó a respetar las fronteras actuales, hasta que haya un acuerdo definitivo. “Pedimos a Venezuela y a Guyana que sigan buscando una solución pacífica a su disputa. Esto no es algo que se pueda resolver mediante un referéndum”, dijo el portavoz del Departamento de Estado, Matthew Miller, en una rueda de prensa. Sin embargo, la intención de una solución pacífica quedó desdibujada cuando el pasado jueves Guyana dio autorización al Comando Sur norteamericano para que se instale en la zona disputada y así demostrar que Estados Unidos lo apoya y protege. Maduro frente a esto dijo que está actitud está “amenazando la zona de paz que se ha delineado en esta región”. A su vez, estas acciones de Guyana son en respuesta a las acciones del venezolano que en la noche del martes lanzó un plan de acción sobre el Esequibo que incluye el otorgamiento de licencias para explorar y explotar petróleo, la creación de una provincia venezolana en el área litigiosa y despliegues militares en localidades cercanas al área, sin anunciar, de momento, una incursión armada en la zona. 

Incluso, el conflicto se ha extendido fuera de las fronteras continentales ya que China, principal acreedor de Caracas, pero a su vez aliado de Guyana, llamó también a la calma. “China siempre ha respetado la soberanía y la integridad territorial de todos los países”, afirmó el portavoz de la cancillería, Wang Wenbin.

¿Habrá un nuevo conflicto armado en la región? ¿Por qué a Maduro le interesa precisamente ahora este territorio? ¿El interés de Maduro por el petróleo esequibano será para seguir sosteniendo su régimen con dólares frescos? ¿O Maduro recurre a la antigua estratagema de una movilización patriótica, para ganar popularidad frente al escenario de elecciones que enfrentará teóricamente en 2024?

*Licenciado en Relaciones Internacionales (UCA)