Paula Bistagnino, periodista y cronista, analizó en “Ronda de Investigadores” (RDI), en diálogo con +Perfil, el nuevo canal de Editorial Perfil, el trabajo del Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) y la importancia de seguir buscando e identificando a las personas desaparecidas durante la última dictadura militar. En La Perla, el centro clandestino de detención que funcionó en Córdoba entre 1976 y 1978, fueron hallados 35 restos humanos y 30 ya pudieron ser identificados.
El trabajo del Equipo Argentino de Antropología Forense continúa casi medio siglo después de la última dictadura militar y permite reconstruir las historias detrás de cada identificación. Entre los casos más recientes aparece Alejandro Ernesto Jesús Jerez Borderau, un trabajador cordobés de 22 años y padre de una niña, mientras que la falta de muestras genéticas todavía dificulta completar otras identificaciones.
La búsqueda de las personas desaparecidas continúa
“Se logró hacer eso cuatro décadas después de que Adolfo Pérez Esquivel iniciara una causa para que se pudieran hacer estas excavaciones y se identificaron 35 cuerpos”, mencionó Bistagnino.
Entre las identificaciones más recientes aparece Alejandro Ernesto Jesús Jerez Borderau, un trabajador cordobés de 22 años y padre de una niña. Para Bistagnino, cada identificación permite recuperar mucho más que un nombre. “Se suma a las otras 29 historias que se conocieron en mayo”, explicó, y destacó que se trata de “historias impresionantes”.
Por qué todavía faltan identidades
La periodista explicó que la ausencia de muestras genéticas continúa siendo uno de los principales obstáculos para completar las identificaciones. Muchas desapariciones nunca fueron denunciadas por sus familiares durante la dictadura, por miedo o por vivir en zonas rurales y aisladas. “Todavía el Banco Nacional de Datos Genéticos no tiene todas las muestras de sangre que hacen falta para contrastar, chequear y lograr identificar”.
Por eso, el EAAF mantiene una campaña para que familiares de personas desaparecidas puedan aportar muestras de manera gratuita y confidencial. “Me parece que es importante dar este mensaje”, sostuvo Bistagnino, quien llamó a acercarse a quienes puedan tener un familiar desaparecido cuya identidad todavía se desconoce.
Una historia nacida en un pequeño cuarto
El EAAF nació en 1984, impulsado por el antropólogo forense estadounidense Clyde Snow y un grupo de jóvenes estudiantes argentinos, cuando todavía no existían las herramientas genéticas actuales.
“Pensemos que no había todavía desarrollo de la ciencia genética”, recordó Bistagnino. “Todavía vos no podías pensar en que la manera de identificar era tan simple como esa muestra de sangre y ese análisis porque no era accesible”.
La periodista también reivindicó La voz de los huesos, la crónica de Leila Guerriero que reconstruyó los primeros años del equipo y que obtuvo el Premio Gabo de Periodismo en 2007.
“Se formó desde la sociedad civil”, señaló Bistagnino, y destacó el compromiso de sus integrantes: “A lo largo de muchísimos años se sostuvo en base a esa especie de espíritu que lucha por la verdad más allá de sus profesiones”.
Para la periodista, esa tarea convirtió al EAAF en una referencia internacional capaz de “haber devuelto la identidad a miles y miles y miles de restos en todo el mundo”.