El interés de Donald Trump por Groenlandia va más allá de la adquisición de un territorio estratégico en el Ártico. La isla concentra potenciales recursos naturales, ocupa una posición clave para la defensa de América del Norte y Europa y se encuentra en una región cada vez más relevante para la competencia entre Estados Unidos, China y otras potencias.
En diálogo con Santiago Llull, conductor de Ronda de Editores, por +Perfil, el nuevo canal de Editorial Perfil, la politóloga, licenciada en Relaciones Internacionales y periodista Cecilia Degl'Innocenti analizó los objetivos de Washington y las implicancias de una estrategia que combina explotación de recursos, presencia militar y control de rutas comerciales. Durante la conversación, también abordó la relación de esta disputa con el Atlántico Sur, las Islas Malvinas y los corredores bioceánicos de América del Sur.
Los recursos naturales, en el centro de la estrategia de Trump
Degl'Innocenti señaló que el mensaje publicado por Trump sobre Groenlandia refleja el interés estadounidense por los recursos naturales de la isla. Según explicó, el presidente habló de una exploración a gran escala de petróleo, gas y otros minerales que estaría preparada para comenzar.
"Creo que tiene que ver con la búsqueda de recursos", sostuvo la especialista en +Perfil, el nuevo canal de Editorial Perfil.
En el mensaje al que se refirió durante el programa, Trump también presentó a Groenlandia como una pieza fundamental para la seguridad y la defensa de Estados Unidos y Europa. El mandatario argumentó que cualquier ataque futuro contra territorio estadounidense podría involucrar a la isla y destacó su importancia para la vigilancia y la capacidad militar.
Sin embargo, la posibilidad de explotar rápidamente los recursos petroleros fue cuestionada por las autoridades groenlandesas. Degl'Innocenti explicó que el gobierno autónomo señaló que no existe información científica disponible que permita afirmar que ese petróleo pueda extraerse de inmediato.
"Le están marcando un poco la cancha a Trump, como diciendo: 'Bueno, espera, esto es un montón'", resumió.
La especialista recordó que Groenlandia forma parte del Reino de Dinamarca, aunque cuenta con un amplio régimen de autonomía. Además, integra el espacio de defensa de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN).
En ese marco, Estados Unidos y Dinamarca acordaron ampliar la cooperación en materia de defensa, lo que permite una mayor presencia militar estadounidense en la isla. No obstante, según señaló la analista, ese entendimiento no incluyó un acuerdo específico sobre la explotación petrolera.
Groenlandia y su importancia para la defensa de Estados Unidos
La ubicación geográfica de Groenlandia es uno de los factores que explican su relevancia estratégica. La isla se encuentra entre América del Norte y Europa, en una región clave para la vigilancia militar y el seguimiento de posibles amenazas provenientes del Ártico.
Durante el programa, Llull destacó sus dimensiones: alrededor de dos millones de kilómetros cuadrados y una población de aproximadamente 56.000 habitantes. También planteó que su posición podría contribuir a reforzar el control estadounidense sobre el Atlántico Norte.
Degl'Innocenti coincidió en que la isla ocupa un lugar central en la proyección militar de Washington, aunque advirtió que el interés no puede reducirse a una cuestión territorial.
La competencia geopolítica actual, explicó, incluye el acceso a materias primas, la protección de rutas comerciales y la capacidad de limitar la expansión de otras potencias.
En ese sentido, el interés por Groenlandia forma parte de una estrategia más amplia de Estados Unidos para preservar su influencia internacional frente al crecimiento de China y, en menor medida, de Rusia.
"Hace rato ya que Estados Unidos, más allá de Trump, viene estableciendo esta estrategia que tiene que ver obviamente con la competencia estratégica que está llevando a cabo con potencias emergentes como China y en menor medida Rusia", afirmó la especialista.
El control de los pasos bioceánicos y el Atlántico Sur
La conversación también se extendió a América del Sur y al valor estratégico de los corredores que conectan los océanos Atlántico y Pacífico.
Degl'Innocenti sostuvo que Washington presta atención a los puntos que permiten controlar o condicionar el comercio internacional. Entre ellos mencionó el canal de Panamá, los pasos marítimos del extremo sur del continente y la región de Magallanes, en Chile.
"Quien controla los pasos bioceánicos puede meter mano en el comercio global y generar cierto factor de desestabilización", explicó.
La analista vinculó esa preocupación con la presencia de China en distintas regiones del mundo y con la posibilidad de que una potencia rival adquiera influencia sobre infraestructuras estratégicas para el transporte de mercancías.
Llull, por su parte, señaló que el canal de Panamá depende de un sistema de esclusas que requiere tiempo para el tránsito de los barcos y planteó que los corredores del sur ofrecen una alternativa estratégica para conectar ambos océanos.
El intercambio también incluyó una referencia al estrecho de Ormuz, una vía marítima fundamental para el comercio energético mundial. Para Degl'Innocenti, los principales pasos marítimos tienen un peso decisivo en el funcionamiento de la economía internacional, especialmente cuando por ellos circulan grandes volúmenes de petróleo.
"Me parece que no solamente Donald Trump, sino las élites políticas de Estados Unidos están pensando de acá a 20, 30 años", sostuvo.
La especialista relacionó esa mirada de largo plazo con las discusiones sobre el Tratado Antártico, el acceso al agua y la competencia por los recursos naturales. Desde esa perspectiva, el control de los pasos marítimos y de los territorios estratégicos adquiere una importancia que trasciende los gobiernos de turno.
La conexión con Malvinas y las bases militares
Durante la entrevista, Llull trazó un paralelo entre Groenlandia y las Islas Malvinas, al considerar que ambos territorios ocupan posiciones relevantes para la estrategia militar y el control de los espacios marítimos.
El conductor recordó la presencia militar británica en Malvinas y la existencia de instalaciones estadounidenses en Groenlandia. También planteó que la ubicación de las islas del Atlántico Sur puede ser determinante para las operaciones aéreas y navales en la región.
Degl'Innocenti señaló que la disputa geopolítica en torno a los recursos y las rutas marítimas también tiene consecuencias para la Argentina. Como antecedente, mencionó la controversia por el proyecto de instalación de un radar de la empresa LeoLabs en Tolhuin, Tierra del Fuego, que fue frenado por la Justicia.
La especialista sostuvo que el interés estadounidense por el extremo sur del continente debe analizarse en el contexto de su competencia estratégica con China. El objetivo, desde esa perspectiva, es evitar que otras potencias consoliden posiciones que puedan condicionar el comercio y la movilidad militar.
Así, Groenlandia y Malvinas aparecen vinculadas por su valor estratégico, aunque se trate de territorios con historias, situaciones jurídicas y contextos políticos diferentes.
Una disputa que excede a Trump
El análisis de Degl'Innocenti apuntó a una conclusión central: el interés de Estados Unidos por Groenlandia no debe interpretarse únicamente como una iniciativa personal de Donald Trump.
Aunque el mandatario utiliza un discurso confrontativo y presenta sus objetivos en términos de seguridad y explotación de recursos, la especialista remarcó que la competencia entre potencias responde a procesos de más largo plazo.
La búsqueda de minerales, la defensa de las rutas comerciales, la presencia militar y las discusiones sobre los territorios estratégicos forman parte de una misma disputa por la influencia internacional.
En ese escenario, el Ártico y el Atlántico Sur adquieren una relevancia creciente. Para Estados Unidos, asegurar posiciones en regiones clave puede ser una forma de limitar el margen de acción de China y proteger sus intereses económicos y militares.
La discusión sobre Groenlandia, por lo tanto, no se limita a la posibilidad de explotar petróleo o minerales. También pone en evidencia cómo la geografía, los recursos naturales y el control de las rutas marítimas se convierten en factores centrales de la política internacional.