El dramaturgo Ignacio Apolo repasó sus comienzos en la escritura teatral y recordó que formó parte de una de las primeras generaciones dedicadas específicamente a esa disciplina. En aquella etapa compartió formación con nombres como Florencia Aroldi y Alejandro Tantanian, mientras comenzaba a construir un recorrido que con el tiempo también quedaría profundamente ligado a la docencia.
“Yo soy de la primera generación de dramaturgia junto con la joven Aroldi. Fuimos compañeritos en la primera edición del curso de dramaturgia”, contó Apolo en +Perfil al recordar aquellos primeros años. Ese espacio de formación reunió a autores que luego desarrollarían trayectorias propias dentro de la escena teatral argentina.
De la formación a la enseñanza
“Yo heredé de él, después me llevó a dar dramaturgia en la EMAD. Hoy soy titular ahí”, relató Apolo al referirse a Mauricio Kartun, una de las figuras centrales en su formación y en su posterior ingreso a la enseñanza. La experiencia como alumno terminó así transformándose en un vínculo profesional y en una continuidad dentro de la formación de nuevos dramaturgos.
“Juan fue alumno mío. Ya somos otra generación”, destacó al hablar de Juan Francisco Dasso, quien pasó por sus clases antes de consolidar su propio trabajo como autor y director. Para Apolo, esa relación muestra cómo “ya somos otra generación”, en una cadena en la que quienes fueron estudiantes terminan acompañando a nuevos escritores.
El hombre de acero y el trabajo sobre el monólogo
“Es una idea que él empezó a trabajar cuando estaba en la materia conmigo”, recordó Apolo sobre El hombre de acero, obra que Dasso comenzó a desarrollar durante su etapa de formación. El trabajo se concentró especialmente en uno de los problemas estructurales del monólogo: cómo construir un interlocutor cuando solamente hay un personaje visible sobre el escenario.
“Es decir, a quién le habla el personaje que está solo en el espacio”, explicó Apolo sobre aquella búsqueda. Para el dramaturgo, esa pregunta resulta fundamental porque permite establecer una relación dramática aun cuando el protagonista no tenga físicamente a otra persona frente a él.
La incomunicación entre un padre y su hijo
“Ese padre que le está hablando a un chico, que le está hablando además a un interlocutor que no puede entender todo lo que el otro le está diciendo”, describió Apolo al referirse al corazón emocional de la obra. La imposibilidad de que ambos personajes se comprendan plenamente se convierte, según su lectura, en uno de los elementos que sostiene la tensión del relato.
“Es muy conmovedora la obra. Está muy bien”, afirmó al valorar públicamente el trabajo de su antiguo alumno. Para Apolo, la construcción de ese diálogo incompleto demuestra cómo “a quién le habla el personaje” puede convertirse en una herramienta central para organizar un monólogo.
Una tradición que continúa entre generaciones
“Fuimos compañeritos en la primera edición del curso de dramaturgia”, recordó Apolo al volver sobre una etapa en la que él mismo comenzaba a aprender el oficio. Décadas después, aquella experiencia se proyecta en su actividad docente y en autores como Dasso, que pasaron de las aulas a desarrollar sus propias obras.
“Ya somos otra generación”, sintetizó Apolo sobre ese recorrido entre aprendizaje, enseñanza y creación. El dramaturgo confirmó además que continúa trabajando en su propia producción literaria y adelantó que prepara “la segunda novela”, un proyecto que lleva varios años desarrollando.