Un parecido físico fue el punto de partida de Sarmiento, la clase, la obra escrita por Juan Francisco Dasso y protagonizada por Juan Leyrado. El proyecto comenzó cuando al actor le señalaron su semejanza con Domingo Faustino Sarmiento, presidente argentino entre 1868 y 1874, y aquella observación terminó convirtiéndose en una investigación teatral sobre su pensamiento y sus contradicciones.
“Alguien le metió en la cabeza: ‘Sos igual a Sarmiento, vos tenés que ser Sarmiento’”, contó Dasso en +Perfil al recordar cómo Leyrado llegó con la propuesta. Después de comenzar a investigar por su cuenta, el actor entendió que necesitaba una estructura dramática que permitiera llevar ese material al escenario.
Una clase para traer a Sarmiento al presente
“Sin el libro, como dicen en el teatro industrial, es muy difícil avanzar”, explicó Dasso sobre la necesidad de transformar la investigación inicial en una obra. La clave apareció cuando decidió imaginar a Sarmiento trasladado al presente y frente a un auditorio, como si estuviera ofreciendo una clase magistral.
“Esa idea de que Sarmiento esté dando una clase transportado como al presente me organizó mucho”, señaló el dramaturgo. Como referencia tomó Master Class, de Terrence McNally, y construyó una estructura prácticamente monologal en la que el personaje puede confrontar sus propias ideas con el mundo contemporáneo. La puesta efectivamente presenta a Sarmiento regresando al presente para ofrecer una clase sobre educación y progreso.
Una investigación imposible de abarcar por completo
“Hay tanto de Sarmiento. Crónica, periodística, un montón sobre teatro. Totalmente imposible abarcarlo. Tratados, viajes”, reconoció Dasso. El trabajo comenzó con obras conocidas como Facundo y Recuerdos de provincia, pero rápidamente se amplió hacia una producción mucho más extensa.
El acceso a documentos históricos profundizó todavía más esa búsqueda. “¿Quién puede tener una opinión completa y certera de Sarmiento? Bueno, para empezar es muy difícil”, reflexionó el autor, que encontró una figura atravesada por múltiples actividades como la política, el periodismo, la escritura y la educación. La amplitud de esa producción está documentada también en las recopilaciones oficiales sobre su trayectoria.
Evitar una mirada única sobre el personaje
“No tender al Sarmiento vil ni tampoco al Sarmiento totalmente negativo”, explicó Dasso sobre uno de los criterios que guiaron la escritura. La intención fue evitar una representación cerrada que redujera al personaje tanto a una celebración sin matices como exclusivamente a sus frases y decisiones más controvertidas.
“Es muy difícil” alcanzar una mirada definitiva, insistió el dramaturgo, precisamente porque las distintas facetas de Sarmiento obligan a convivir con contradicciones. Ese problema terminó transformándose en uno de los motores de la obra, que confronta distintas lecturas sobre una de las figuras más discutidas de la historia argentina.
Del archivo al escenario
“Hay tanto de Sarmiento”, repitió Dasso al describir la cantidad de materiales que aparecieron durante la investigación. Crónicas, textos periodísticos, tratados y relatos de viajes comenzaron a alimentar un personaje que debía funcionar teatralmente sin convertirse en una reconstrucción académica.
“Esa idea de que Sarmiento esté dando una clase transportado como al presente me organizó mucho”, resumió. Con Juan Leyrado sobre el escenario, la obra convierte esa enorme producción histórica en una clase teatral desde la cual Sarmiento vuelve a discutir con su época y, al mismo tiempo, con el presente.