La literatura como un espacio de libertad para decir aquello que en la vida cotidiana muchas veces permanece oculto. Esa es una de las ideas que atraviesa la obra de Marcela Skiadaressis, quien sostiene que la ficción permite explorar emociones, deseos y contradicciones que difícilmente encuentran lugar en la interacción social.
En diálogo con Osvaldo Quiroga, en +Perfil, el nuevo canal de Editorial Perfil, la escritora y licenciada en Letras destacó el poder de la literatura para expresar aquello que las personas no se animan a decir en la vida real. “La literatura es una oportunidad para decir las cosas que uno no dice en la vida real”, explicó.
La autora fue incluso más allá y, a partir de conversaciones con otros escritores, sostuvo que la ficción puede alcanzar un grado de verdad que muchas veces supera al de la realidad cotidiana. “Tenemos la idea de que la literatura en realidad es más verdadera que la verdad”, afirmó.
Una forma de cuestionar los discursos repetidos
Skiadaressis consideró que la literatura también permite cuestionar aquellas ideas que se repiten socialmente hasta convertirse en lugares comunes. Para la escritora, cuando determinadas frases se transforman en consignas demasiado instaladas, pierden capacidad para explicar la complejidad de los vínculos humanos.
En esa búsqueda, aseguró que intenta deliberadamente apartarse de los discursos considerados políticamente correctos o socialmente aceptados para generar incomodidad y abrir preguntas. “Cuando empiezo a ver frases demasiado repetidas, pierdo completamente el sentido y me parece que trato de ir en contra de eso siempre para molestar un poco”, explicó.
Una relación atravesada por la violencia en Las Sombras
Uno de los ejemplos aparece en Las Sombras, su segunda novela, donde construye una relación de pareja atravesada por un componente violento. Skiadaressis explicó que el vínculo no está planteado desde el conflicto tradicional en el que una mujer busca escapar de una relación con un hombre violento.
Por el contrario, el personaje decide permanecer en esa relación, una elección que, según la autora, entra en tensión con determinados discursos contemporáneos sobre el amor. En ese sentido, mencionó como ejemplo el conocido eslogan “si duele no es amor”, al que consideró una formulación demasiado simplificada frente a la complejidad de los vínculos.
La novela propone así una mirada incómoda sobre el deseo y las relaciones afectivas, sin ajustar necesariamente las decisiones de sus personajes a las respuestas que suelen ofrecer los discursos sociales.
El amor como construcción en su primera novela
La misma preocupación aparece en su primera novela, La Felicidad, es un lugar común. Según recordó durante la entrevista, la historia comienza con una mujer joven y divorciada que establece un vínculo con un escritor mucho mayor que ella.
El personaje atraviesa un proceso de descubrimiento en el que comienza a cuestionar las ideas que recibió acerca del amor, la familia y la vida en pareja. Skiadaressis explicó que la protagonista intenta construir aquello que le enseñaron que debía ser una relación amorosa.
Sin embargo, progresivamente descubre que esa imagen idealizada no se corresponde con su propia experiencia. La protagonista intenta sostener el modelo de amor que le fue transmitido, hasta descubrir que ese modelo no funciona.