En una charla que desmenuza la contradicción entre los indicadores estadísticos y la realidad de los hogares, el sociólogo y analista económico-social Agustín Salvia analiza cómo la desaceleración inflacionaria genera un alivio nominal que no logra frenar el deterioro de la clase media. A partir de una entrevista en Modo Fontevecchia, por Net TV, explica la fragmentación de una estructura social que demanda inversión genuina para salir de la crisis y resume la paradoja del esquema actual: "Bajó la pobreza y nos estamos empobreciendo".
El sociólogo y analista económico-social argentino, Agustín Salvia, es director del Observatorio de la Deuda Social Argentina de la Universidad Católica Argentina, un centro de investigación que mide pobreza, indigencia y condiciones de vida, y también es investigador del CONICET. Su formación es académica: es licenciado en Sociología, con posgrados en ciencias sociales, y se especializa en temas como mercado de trabajo, pobreza, desigualdad y políticas públicas.
Acá me acompaña el economista Mariano Fernández. Le pedí que se quede para escuchar nuestra conversación, y vos lo anticipaste en nuestra última conversación: que en el semestre la pobreza se iba a ver mejor, pero que el último trimestre o el último bimestre ya demostraba empeoramientos en la pobreza, que se iba recién a hacer evidente cuando el INDEC dé el próximo semestre. Así que, bueno, me gustaría hoy, con los datos comprobados, hacerle una síntesis a la audiencia: lo que vos dijiste hará un mes más o menos y lo que hoy, con los datos ya comprobados, te genera como reflexión esta baja que todos dan de la pobreza cuando, paradójicamente, está aumentando.
Mirá, hay procesos que no son… cambiar procesos sociales no es magia y no es por decreto ni por decisiones. Una medida de política económica o social no puede transformar nada. Entonces, lo que estamos evidenciando es que estadísticamente la pobreza baja y eventualmente incluso empieza a subir, pero hay procesos sociales que son muy difíciles de transformar si no se transforman estructuralmente.
Es decir, la manifestación de las privaciones o las posibilidades de bienestar de la sociedad no se realizan porque efectivamente podamos tomar alguna medida en particular.
La inflación ha sido un factor importante en cuanto a que la caída del proceso de la dinámica inflacionaria generó casi el 30% de la caída de la pobreza real que hemos experimentado en este tiempo. No importa cuál sea el valor del cual partamos o al cual llegamos. La canasta básica alimentaria fue cayendo producto de aperturas en materia cambiaria y también por distintos procesos. La canasta básica alimentaria ha estado por debajo del índice general de precios y esto ha producido que los sectores más pobres, más indigentes, la tasa de indigencia efectivamente haya bajado más genuinamente a estos valores que estamos comparando del 6% o 6,3%, más allá de que en el cuarto trimestre ya empiece a subir este proceso producto de que el valor de la canasta básica alimentaria está por sobre el índice de precios.
Ahora, esto pasa en la pobreza y a esto se le suma que existen más trabajadores informales o que hay más programas sociales, porque se duplicaron en 2024 las asignaciones universales y las tarjetas alimentarias, y esto ha creado un mercado, una externalidad de economía informal, hace que los más pobres tengan alivio en forma importante.
Y ahí uno podría decir: ha mejorado la situación de este segmento. Sí, nada más que encontró un piso. Esa mejora parece encontrar un piso que es ese 6% o 7% en el sector más pobre, porque hay otras cosas que no están ocurriendo.
Pero paso al siguiente segmento, que es la pobreza. El dato estadístico de la pobreza está afectado por mejoras en la captación de los ingresos que vienen de los hogares y, al mismo tiempo, por una no consideración del cambio en la composición de los gastos de los hogares, que hoy dedican mucho más esfuerzo económico a gastos fijos que a gastos corrientes, en servicios más que en alimentación u otros bienes. Este cambio, por el sistema de precios, hace que no estemos considerando el fenómeno real del bienestar con el estadístico de la pobreza.
La estadística de la pobreza te dice: “Te cayó tanto en efecto inflacionario”, y efectivamente es cierto. El efecto no alimentario no es fiel porque no está considerando los gastos que las familias están teniendo en los mismos bienes o servicios que tenían hace dos o tres años. Es decir, una familia hace dos o tres años, consumiendo el mismo nivel de combustible, gas, luz, agua o transporte o comunicación, en realidad, con 1.500.000 pesos pasaba a no ser pobre.
Hoy no puede necesitar 1.500.000 porque, pagando todo eso al valor actual, tiene que consumir menos de otras cosas. Al consumir menos, te dice: “Pero vos me decís que bajó la pobreza y el bolsillo no me alcanza”.
Y este efecto real, que el bolsillo no alcanza, hace que pierda validez la medición metodológica del indicador de pobreza, más allá de perder fidelidad en las comparaciones hacia atrás. Entonces, este doble proceso hace que la pobreza efectivamente haya caído en el sentido de bienestar: la gente ha podido recuperar capacidad de consumo de alimentos con respecto a 2024 e incluso a 2023, pero no ha podido mejorar su capacidad de consumo en otros bienes o servicios, ni mucho menos invertir en educación, salud o vivienda.
Es decir, esta caída de la pobreza es real con respecto a un peor momento de ajuste en el primer trimestre de 2024 o en el cuarto trimestre de 2023. Eso es real. La gente está mejor, pero ¿cuán mejor está respecto de antes de esos procesos? Y ahí empieza a ser un dato menos estadístico y más analítico, más interpretativo. Y está tan mal como cuando venimos estando mal en los últimos 20 o 30 años, porque hay procesos que no cambian estructuralmente.
Seguimos teniendo un 25% o 30% de pobreza estructural en Argentina y el país, para poder sacar ese nivel de pobreza, va a requerir empleo, inversión y aumento de la inversión en pequeña y mediana empresa, tanto para la exportación como para el mercado interno. Y eso no está ocurriendo, lo cual hace que esta caída de la pobreza tenga poca sustentabilidad, independientemente de lo que pase con la inflación.
Es decir, aunque la inflación baje, va a bajar la pobreza estadística, pero esa pobreza estructural, el desplazamiento de sectores medios bajos hacia mayor precarización laboral o de sectores medios más calificados hacia segmentos más privilegiados, esa mayor desigualdad está ocurriendo estructuralmente. Y la única manera de que cambie es con más inversión, más empleo, más productividad y mejor salario.
Eso es fácil de decir, pero no lo consigue un gobierno en uno o dos años, ni solo estabilizando la macroeconomía. Es un proceso de aprendizaje introducir en la sociedad un nuevo régimen económico productivo capaz de generar empleo y bienestar. Esos son los desafíos de la política hoy en Argentina.
Si uno sale del tecnicismo estricto de indigencia y pobreza, hay otra palabra menos estricta desde lo estadístico, que es el empobrecimiento. Lo que podríamos decir es que la indigencia bajó, que la pobreza se redujo a niveles similares a los previos a momentos críticos, pero al mismo tiempo baja el consumo de alimentos, de leche, de carne, las familias están endeudadas, el nivel de no pago de deudas es el más alto en muchos años, y hay un empobrecimiento. O sea, la sociedad puede sentir que se empobrece cuando el índice de pobreza baja.
Exactamente. Pero quiero hacer la diferencia: la clase media superior profesional, técnica, no se está empobreciendo. Ese segmento sostiene niveles de vida, consumo e incluso capacidad de invertir en capital humano.
Clase media alta, sería.
Clase media técnico-profesional, los sectores dinámicos, financieros, comerciales, mineros, energéticos, servicios tecnológicos. Ese segmento mejora remuneraciones y competitividad, y no viene perdiendo, viene ganando incluso en este modelo. Pero hay otra clase media en el medio que espera mejoras y, en realidad, se está empobreciendo.
Tiene que ver con sectores tradicionales: pequeña y mediana empresa, industria, comercio orientado al mercado interno. Ese modelo está deteriorado, en crisis. El conurbano está en crisis, se pierde empleo formal asalariado y se amplían estrategias de supervivencia en la economía informal. Aparece una sociedad más fragmentada.
Una parte de esa sociedad tiene aspiraciones de ascenso y sigue luchando. Algunos luchan para subir y otros para no caer. Y el fenómeno que está ocurriendo en los últimos meses es de caída.
Y déjame hacer un conjunto, porque Mariano finalmente dice lo mismo que vos sobre la inflación.
MF: La pobreza es un fenómeno. Yo soy un economista monetario, pero hay que empezar a trabajar en serio. Como economista monetario, no puedo tomar el índice de pobreza como una línea. La pobreza es un poliedro, tiene muchas caras. Hay un tema estructural que no cambió, y no solo no cambió, sino que se agravó.
Entonces, más allá de lo que diga el índice, influenciado por la baja de la inflación, el problema persiste y se agrava.
Parámetros muy amigables con la caída de la pobreza
También se agrava la distribución del ingreso, y esto es una fuente de tensiones sociales que en algún momento van a hacer eclosión, ya sea electoralmente o de otra forma.
MV / EM