El sociólogo Atilio Borón analizó el escenario político internacional y nacional y cuestionó el profesionalismo de la Cancillería argentina. A nivel local, aseguró que la fragmentación opositora le permite al oficialismo sostenerse pese al alto nivel de desaprobación. “Milei enfrente tiene un archipiélago de fuerzas que no logran plantear un programa de gobierno”, dijo en Modo Fontevecchia, por Net TV y Radio Perfil (AM 1190).
Atilio Borón es un sociólogo, politólogo, catedrático y ensayista. Cuenta con un doctorado en Ciencia Política por la Universidad de Harvard. Se desempeña como profesor consulto en la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires y también es investigador del CONICET. Fue secretario ejecutivo del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (1997-2006). Ha sido galardonado con el premio Rodolfo Walsh por la Facultad de Periodismo de la Universidad Nacional de La Plata y el premio Libertador al Pensamiento Crítico.
¿Cuál es su reflexión general sobre la política mundial, la norteamericana, la Argentina y cómo se cruzan una y otra?
Lo veo con mucha preocupación. El escenario internacional es un escenario caótico. Se ha derrumbado el orden mundial de posguerra. Ya algunos lo veníamos anticipando, pero incluso ahora, en la Conferencia de Seguridad de Munich, que se hizo hace menos de dos semanas, el documento base elaborado por los organizadores habla de que estamos bajo los escombros y tenemos que reconstituirnos, Europa fundamentalmente. Porque a esa conferencia de seguridad Estados Unidos asiste, pero cada vez más de lejos, un poco marcando este distanciamiento de Estados Unidos y Europa y el debilitamiento del pacto transatlántico, que fue lo que originó la OTAN y todas las políticas de la posguerra.
Entonces, en ese momento veía que estamos en una situación muy peligrosa: la ley del más fuerte, el fin del orden mundial. Hoy en día tenemos un genocidio en Gaza ante la indiferencia de Naciones Unidas, que debería estar ahí desde el primer momento, o lo mismo con el genocidio en Ruanda. Gaza es el que está siendo transmitido en tiempo real y usted ve la impotencia de Antonio Guterres, que es una buena persona, pero que no tiene instrumentos como para poder parar la situación, mandar los cascos blancos, pedir una detención obligatoria del conflicto o la habilitación de la entrada de alimentos y medicamentos. Están esos camiones ahí esperando en la puerta de Rafah para empezar a darle estos elementos fundamentales para la vida y no lo puede hacer.
El otro hecho es la captura de Nicolás Maduro, el ataque a Venezuela, cuestiones que eran impensables antes. Aunque hay que decir que no es la primera vez que Estados Unidos secuestra un presidente. Secuestró a (Manuel Antonio) Noriega en 1989 en Panamá. Pero bueno, Noriega era un presidente muy peculiar, aparte de todo se había convertido en un informante de la CIA y después se metió con el narcotráfico. Y ellos van y lo buscan en Panamá. Pero en 2004, usted recordará Jean-Bertrand Aristide, que era un cura en Haití, lo capturan. Era un hombre que había traído un poco de democracia en ese país maravilloso que es Haití y lo secuestraron, lo mandaron a Sudáfrica.
El caso de Maduro es diferente. Lo secuestran, lo tienen ahí en un juicio que van a hacerle en Nueva York. Ahora, lo sorprendente de todo esto es que el argumento fundamental por el cual se había puesto precio de 50 millones de dólares a la cabeza de Maduro, resulta que ahora nos dicen que el Cártel de Los Soles no existe, con lo cual vemos una situación de violación de soberanía nacional, secuestro de personas, personas que están protegidas por las convenciones de Viena y de Ginebra. La Convención de Viena protege las figuras presidenciales. Son "very special people", dice textualmente. Entonces no es que se pueden secuestrar así, se ha hecho ahí.
¿Y Argentina?
Se sabe que tenemos un déficit muy grande nosotros en cuanto a la calidad de nuestro establishment de política exterior. Es, lamentablemente, un personal que no está realmente actualizado, no está siguiendo los acontecimientos con profesionalismo, donde proliferan afirmaciones retóricas, ideológicas, etcétera. Es una Cancillería de segundo o tercer nivel comparado, por ejemplo, con lo que para mí son las dos más importantes, que es Itamaraty y la Cancillería mexicana. Uno puede discutir después la orientación de esas cancillerías, pero evidentemente que la nuestra no está a la altura, no hay una producción teórica como sí hay, por ejemplo, en Itamaraty y en Tlatelolco, que es la sede de la Cancillería mexicana. Y luego, en un segundo o tercer rango venimos nosotros, pero realmente muy mal, muy atrás, con desconocimiento de realidades contemporáneas.
Es cierto, el mundo cambia muy rápido, pero no hay una sintonía de lo que está pasando. Se ha ignorado durante décadas, por ejemplo, el ascenso de China como gran potencia económica mundial. China es hoy la economía más importante del mundo. Esto no quiere decir que yo suscriba todo lo que hace China, para nada. Pero cuando veo que es el país que tiene relaciones económicas privilegiadas en lo comercial, lo financiero o en inversión con más de 150 países de la Tierra, digo: "Caramba, acá hay un fenómeno nuevo, inesperado".
Hace apenas 25 años, en un seminario en Buenos Aires, un gran economista norteamericano, Lester Thurow, que escribió varios libros muy importantes, como "La sociedad de suma cero", dijo: “Vamos hacia un mundo tripolar”. Y el mundo tripolar era Estados Unidos, Japón y Europa. Un gran economista no lo supo ver. Alguien le preguntó cómo veía a China y dijo: “China hasta el 2030 no va a tener ninguna gravitación importante en la economía mundial”. Se equivocó el hombre. En nuestra Cancillería todavía no se enteraron de eso.
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Atlas Intel, la empresa brasileña que más ha acertado las elecciones de Latinoamérica en los últimos cinco años, publicó un informe sobre la desaprobación del gobierno de Milei, que crece de manera prácticamente continua. Simplemente tiene un pico en que baja la desaprobación después de que gana las elecciones de octubre, pero vuelve a subir. Lo que se percibe es que hay un cambio de tendencia a mediados de año. Hoy, si llegara un candidato a un balotaje medianamente racional, la situación sería complicada para el gobierno. Ahora, no hay ningún candidato que pueda hoy aparecer como triunfante. ¿A qué atribuye esta especie de disonancia entre la cantidad de personas que desaprueban al gobierno, pero que no aprueban a ningún otro?
Es uno de los grandes temas. Creo que el nivel de desaprobación es alto, pero aun así le permite ganar elecciones porque ha habido un proceso de fragmentación y de disolución de grandes formaciones políticas tradicionales. El radicalismo es una confederación de situaciones locales y nada más. No hay una identidad, no hay una línea ideológica. Ojo, línea ideológica no quiere decir fanatismo, si no si usted se ubica ya en un lado o en otro. El peronismo ha estallado en mil fragmentos. Ni siquiera en la provincia de Buenos Aires, que fue el bastión tradicional del peronismo. Usted tiene ahí una entidad unificada que pueda jugar. Enfrente suyo, Milei no tiene nada. Milei enfrente tiene un archipiélago de fuerzas que no logran plantear un programa de gobierno.
Algunos candidatos en otra época hablaban de reconstruir el sistema económico de la Argentina o hacer una reforma tributaria. Este país es un escándalo tributario, a mí me da vergüenza. El Estado nacional vive fundamentalmente del IVA, el impuesto más regresivo, que lo paga usted, lo pago yo y lo paga la señora que está ahí en Retiro vendiendo chipa. Y todo esto además en medio de un aparato de confusión, en donde se le dice a la gente cosas que realmente no tienen ni pies ni cabeza. Por algo él dice que detesta a los periodistas. Por ejemplo, se habla de la fortaleza externa de la Argentina. Brasil tiene reservas del orden de los 332.000 millones de dólares. Chile, 50.000 millones de dólares. Pero nosotros tenemos reservas negativas en dólares por valor de 14.000 millones. Y sin embargo a la gente se le dice que estamos bien, que la Argentina está reconstruyendo su economía y que ahora tenemos condiciones como para enfrentar con éxito los desafíos del momento. Yo creo que eso no es así, pero hay de parte de la población un engaño muy grande, incluso sobre el tema de la pobreza, porque las cifras reales son muy superiores a las que maneja el Gobierno.
Entonces, no hay una alternativa política delante. Seguramente la gente va a decir: "Dejemos que siga, no interrumpamos esto, dejemos que haga su programa y después vemos". Yo noto ese componente de resignación. El papa Francisco lanzó aquella consigna que es muy importante, cuando dijo: "Hagan lío". No era que decía que rompan todo, sino que protesten. Vemos una sociedad en donde la protesta hasta ahora se canaliza en el plano meramente individual, hasta familiar, pero que no tiene una expresión en una unidad política o un sujeto político que pueda proponer un país en donde la justicia social, que está absolutamente aborrecida por este gobierno, siga siendo lo que decía John Rawls, "la virtud primera de las instituciones sociales". Lo decía apoyándose en Platón, no es que se le ocurrió allá en Harvard porque sí.
¿Cómo vamos a reconstruir la justicia social en la Argentina? Nos dicen vamos hacia Perú, y miren lo que ha sido Perú con ocho presidentes en nueve años y 5% de sindicalización. La pobre gente no tiene quien lo defienda, es horrible la situación. Pero la responsabilidad no es solo de Milei. Milei está ejecutando un programa que es muy aplaudido internacionalmente por los grandes factores económicos internacionales, pero que está destruyendo a la sociedad y a la economía argentina. 23.000 empresas cerraron sus puertas en los últimos dos años. Estamos con niveles de desocupación fenomenales y sin embargo no hay respuesta que empatice con esta situación de grandes sectores de la sociedad argentina. Por eso me preocupa mucho.
TV/ff