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MODO FONTEVECCHIA
El futuro de las industrias culturales

Carlos Rottemberg: “Mientras haya dos personas hablando, va a haber teatro”

El productor teatral repasó sus 50 años de trayectoria, analizó la transformación del teatro y advirtió sobre la falta de nuevas figuras generadas por la televisión. Además, defendió la inversión estatal en cultura y reflexionó sobre la sociedad argentina.

Carlos Rottemberg
Carlos Rottemberg | Imagen Web

Carlos Rottemberg, uno de los productores y empresarios teatrales más importantes de la Argentina, repasó en una entrevista con Jorge Fontevecchia sus 50 años de trayectoria y analizó el presente y el futuro de la industria cultural. A partir de la publicación de su libro autobiográfico Pasen y Lean, habló sobre la transformación del teatro, el impacto de la televisión en la creación de figuras populares y las dificultades que atraviesa la ficción televisiva.

En diálogo con Modo Fontevecchia, por +Perfil, Radio Perfil (AM 1190), Rottemberg cuestionó la idea de que el teatro esté en crisis y diferenció la situación de los grandes espectáculos de la realidad de los cientos de propuestas independientes. Además, reflexionó sobre la relación entre cultura, política y sociedad, defendió la inversión estatal en cultura y recordó a su amigo Luis Brandoni, cuya muerte atravesó la publicación de su libro.

Carlos Rottemberg es uno de los productores y empresarios teatrales más importantes del país, que cuenta con una destacada trayectoria de más de cinco décadas. En la emblemática Avenida Corrientes y en la ciudad de Mar del Plata, a lo largo de su carrera ha producido más de mil obras de teatro que convocaron a más de 22 millones de espectadores. Recientemente, el Senado de la Nación Argentina entregó por unanimidad un diploma de honor, en reconocimiento a sus 50 años de aporte cultural, coincidiendo con la presentación de su nuevo libro autobiográfico, titulado Pasen y Lean.

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Y siempre, como hacemos con personas con las que tenemos una relación de muchos años, un pacto de lectura con la audiencia. Con Carlos nos conocemos hace décadas y compartimos ambos haber empezado en el Parque Rivadavia, vendiendo cosas, vendiendo revistas, en mi caso. A mí me parecía que Pasen y Lean, y la idea de leer con teatro, también me trae reminiscencias de aquel Parque Rivadavia, en el sentido de que yo insisto en que el papel es como el teatro, que va a quedar, que nunca se va a terminar, que va a quedar para menos cantidad de personas, va a ser más caro, como es el teatro. O sea, no es un fenómeno del nivel de masividad que era antes del cine, a principios del siglo pasado, pero perdura y se mantiene. Ahora me dicen que vos dijiste algo durísimo, que es: «El teatro se está muriendo». Digo, no puede ser que Carlos diga eso, ¿no?

¿Qué tal, Jorge? Un gusto estar acá. Está muy buena la introducción esta, porque yo digo lo contrario: teatro va a haber siempre. Teatro es la ficción más antigua del mundo, de los griegos. O sea, soportó todas las tecnologías, todas las modernidades a lo largo de siglos. O sea, que teatro goza de buena salud. Mientras haya dos personas interactuando, hay teatro. Por lo tanto, no. Yo digo, es otra cosa, que tiene... Es muy puntual y se tergiversa bastante. Este fin de semana vi que, con ese slogan, paraban algunos movilieros, algunas personalidades del ambiente: «Rottemberg dijo que el teatro se muere», «que el teatro está en caída», «crisis». Nunca digo eso. Lo que yo estoy planteando es una cosa muy puntual de Argentina y de Buenos Aires, que tiene que ver con nuestra Avenida Corrientes. Yo digo que nuestra Avenida Corrientes, como el teatro en las sierras en verano en Córdoba, como el teatro en las playas argentinas, que no ocurre en otro lugar del mundo cada temporada estival, se nutrió durante 60 años de las figuras de la televisión abierta, de la ficción, no importa el género: drama, comedia, telenovelas o comicidad de la televisión abierta. Y ahí sí veo un problema a futuro que está directamente relacionado con esto. Y como vos sos, además de todo lo que sos, sos historiador del periodismo, te quiero refrescar que con muchos menos teatros en la ciudad de Buenos Aires en la década del 50 hubo que crear una Ley: la Ley 14.800, que impedía a futuro que donde se demoliese un teatro no se construyese otro. ¿Por qué fue eso? Porque acá nos olvidábamos. A mí la historia del teatro me interesa mucho desde el punto de vista de mi rol empresarial, pero ligado a la cultura, porque en definitiva no dejamos de estar en las industrias culturales.

Escuela de Frankfurt.

En aquellos años, el Gran Rex era un cine, en el Luna Park había boxeo. El Ópera era un cine, el Broadway era un cine, el Metropolitan, el Premier, en Los Ángeles, por ahí había menos teatros. Y hay notas periodísticas de los años 50 mostrando cómo se demolía el Teatro Apolo en la Avenida Corrientes, cómo se demolía el Teatro Marconi en la Avenida Rivadavia, cómo una manifestación de la Asociación Argentina de Actores, que está en el diario La Nación, puso una pancarta frente al Politeama diciendo: «Basta de demoler teatros». Ahí sale la ley. La Ley 14.800, pero en realidad lo que aparece ahí a fines de los 50 es la tele abierta, la tele que nos dio la popularidad de las cabezas de compañía y es lo que nos hizo poner a Argentina, y Buenos Aires en particular, como tercera capital del mundo. ¿Por qué decimos Broadway, Nueva York; por qué decimos Londres y decimos tercera Buenos Aires? Porque acá nosotros, a diferencia de ellos, en los minutos en que bajan los teatros, en el aeropuerto Kennedy, una cantidad de aviones, acá es todo el día en Ezeiza. Ellos trabajan para el turismo nacional e internacional, por eso los musicales, porque incluso no conociendo el idioma. Nosotros acá trabajamos para los conciudadanos argentinos y la gente en Argentina consume mucho teatro.

Pasen y Lean

A ver, todo lo que decís es que en realidad el teatro se remasificó a partir de la televisión porque generó figuras que la gente luego quería ver de carne y hueso.

Desde David Stivel haciendo cosas juzgadas, estoy hablando de los años 60, donde apareció gratuitamente en el hogar de cualquier lugar del país, con la tele abierta, Norma Aleandro, Federico Luppi, Héctor Alterio, Marilina Ross, Bárbara Mujica, el Negro Carella. Quiero decir, después, si les interesaba su talento o su trayectoria, lo seguían. Hay un ejemplo que a mí me gusta dar reciente. Se acaba TV 2026, hay un documental sobre la vida de China Zorrilla, lo hizo Alejandro Massi. Y hay un testimonio que me impactó, lo puse en el libro, llegué a ponerlo en Pasen y Lean. Habla Soledad Silveyra y dice: «China Zorrilla era la gran actriz rioplatense que era, pero en el 75 aparece en una novela de Alberto Migré en el 13, Piel naranja, y a partir de ahí fue la misma gran actriz prestigiosa y convocante hasta que murió». Y así, si vos te fijás de cada una de las cabezas...

Netflix no sustituye.

No los sustituye. No solamente no los sustituye, hasta ahora, por lo menos. Si vos mirás los afiches en la calle, fijate que los cinco o seis que encabezan las propuestas son los que vienen de la televisión abierta, los nuevos no. Me pasó el otro día. A mí me gusta ser, soy empresario, me gusta ser pragmático, como lo fui también en las páginas del libro. Todos me dicen en las mesas de gente, de público, público... Pero yo no soy un propagandista del que consume teatro, nuestra clase media, que es la que consume teatro. «Qué bárbara, la actriz que hace la psicóloga en la serie Envidiosa que protagoniza Griselda Siciliani». «Bárbaro». «¿Cómo se llama la actriz?» «Es excelente», te contestan. «No sabés cómo lo hace, es buenísima, mirala». «¿Cómo se llama la actriz?» La actriz, lo digo yo, se llama Lorena Vega y hoy es más popular por otras cosas que está haciendo, pero no está anunciada. O sea, la diferencia con la gente de nuestra época, con todos los bemoles que tengan los Romay, los García, los Goar Mestre, como César Civita en Editorial Abril, potenciaban los nombres propios. De esos nombres propios apareció Porcel en El Humor, o Olmedo, o Calabró, o Altavista, o Tato Bores, que de la tele hacía teatro. Cada vez que se muere Brandoni, que se muere China, cada vez que se muere Alfredo Alcón, cada vez que dejan de circular una cabeza de compañía, nos está costando muchísimo programar teatros. Entonces, lo que dije es que en ese circuito que yo llamo industrial, la calle Corrientes, las temporadas en la costa, las temporadas en la sierra, me voy dando cuenta de que ya está costando. Y aclaré: voy a cumplir 70 años, no hablo por mí. Por mí, con la inercia de los que están, yo llego. Estoy planteándome, como miré siempre en mi actividad, 20 años para adelante. Yo creo que si celebré más de 50 en la profesión es porque a los 18 trataba de mirar 50 para adelante, perdón, 20 años para adelante.

Contale a la audiencia lo de tu papá el día que hiciste tu primera obra y el consejo que te dio al terminar la obra.

Con respecto al pelo blanco, con respecto...

Exactamente. Que te dediques a otra cosa porque...

Claro. Porque la obra fue La vida de Florencio Parravicini, protagonizada por Pepe Soriano. Marzo de 76. Con el golpe, tuvimos que debutar en abril de 76 y entonces era mi primera incursión. Yo quería ser exhibidor de cine, no conocía ni a los actores. Mi viejo se dedicaba al cuero, entonces me acompañó y nos quedamos parados en el Teatro Ateneo, hoy en Edén, Paraguay y Zipacha, y claro, veíamos todo pelo blanco, toda gente grande viendo a Pepe Soriano. Y mi viejo... Mi viejo, cuando volvemos a casa, me dice: «Vos mejor que te dediques a otra cosa, porque estuve viendo el color del cabello de la gente, es toda gente grande. Esta gente se va a morir y te vas a quedar sin público». Y a mí me asustó la... Con los años aprendí que el perfil de espectador teatral me da lo mismo que sea acá o en Times Square, es 62, 63 años, el promedio. O sea, si ponés a toda la audiencia...

O sea, hoy tenés más gente... de 62 y 63 años activa de lo que tenías hace 50 años.

Por supuesto. O sea que fue una manera de verla y se da, porque vos sabés que... Lo que aprendí con tantos años es que hay una edad que el teatro más convencional realmente se lo deja de lado, que es después de la adolescencia y hasta que son padres. O sea, la franja que más falta, salvo excepciones, en este teatro, en el teatro que yo llamo industrial, le saqué la palabra comercial, lo llamo industrial, es esa franja. Es como que hasta adolescentes te llevan los padres, infanto-juvenil, todo lo que vos quieras. Después los novios empiezan a rajarse para otro lado, incluido el teatro independiente muchas veces. Y cuando son padres, o sea, cuando ya pasaron la barrera de los 40 y más, empiezan a dejar a los chicos con alguien para volver al teatro.

Ahora, me quedo pensando en lo que vos decís, quizás mi propia experiencia de Brasil. En Brasil, Globo sigue produciendo ficción a altísima escala. La central de producciones de Globo tiene 5.000 personas trabajando en la producción de ficción. En las afueras de Río de Janeiro, producen cuatro novelas de una hora diaria. Y, sin embargo, no existe el fenómeno del teatro que tenemos acá.

Por supuesto. Por eso dije que acá, yo siempre digo que el teatro es como un dulce de leche. Es made in Argentina. O sea, acá la gente consume en varios millones por año, pero fundamentalmente consume el nombre propio.

Vos lo decís, claro, con la personificación que el argentino hace. No va a haber una obra si no va a haber una persona.

Llevándolo a la actualidad, cuando este año se anunció la obra de la novela de Kosinski, Desde el jardín, protagonizada por Guillermo Francella, me llamó un amigo y me dice: «¿Sabés que no estoy consiguiendo entradas?». Apenas se pusieron en venta. «A ver si me puede conseguir, ¿cómo hacer? Yo quiero comprar cuatro entradas para ver esta obra de Francella desde el balcón». Se lo conté a Francella y lo puse en el libro, porque es una prueba más. Lo que quiere ver el señor...

Es a Francella

Esta es la diferencia. Siempre digo lo mismo: nos sentamos en un teatro de Londres a ver El Fantasma de la Ópera y nos dicen, un papelito abrochado en el Playbill o en el programa de mano: «Hoy el personaje de El Fantasma, en lugar de Peter, lo hace John». Y nos quedamos todos. Acá llegamos a hacer una obra de Más respeto que soy tu madre con Antonio Gasalla y le decimos: «Quédense porque hoy no va a estar Gasalla, pero la obra de Casciari es la misma». Se levanta la gente. O sea, está en nuestra realidad. Por eso...

¿Cuánto de eso tiene que ver la política también? O sea, hoy más que el partido político importa el candidato. ¿Hay una correlación ahí en eso?

Y tiene mucho que ver con quién protagoniza la comedia. O sea, tiene mucho más que ver que muchas veces las plataformas, que para nosotros serían los libros. Pero vos dijiste una cosa interesante de Brasil. Vos sabés que acá se toma como que esto reemplaza aquello. No. Ni en Brasil, ni en España, ni en Colombia, ni en Estados Unidos, ni en Turquía se dejó de hacer ficción. Se dejó de hacer ficción porque existan las plataformas. Es diferente. Conviven. Si no, parecería que acá, de repente, los argentinos, que siempre fueron tan proclives a seguir a sus artistas, no quieren verlos más.

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A ver, Carlos, me parece que estamos entrando en un tema donde vos bien lo dijiste, la industria cultural, y le colocaste la palabra industria, donde todas las industrias en la Argentina están a la baja. Y vos lo planteás en términos, bueno, Corrientes. O Mar del Plata, o Villa Carlos Paz, es una industria. Es distinto al fenómeno del teatro independiente, que hasta incluso uno podría decir está floreciente con el Proteatro, y más de 100 alternativas cada fin de semana. Pues si la industria está padeciendo un problema serio, la industria de la ficción, que arranca en la televisión, va a tener más tarde o más temprano correlato en el teatro, pero arranca en la ficción la falta de televisión. Falta de ficción en la televisión. Y eso tiene que ver con un tema económico que Argentina hace 10 años que viene achicándose de manera continua y, por lo tanto, la publicidad es mucho más pequeña y no puede pagar la ficción, que sí puede pagar en España, o en Brasil, o en el resto del mundo.

Porque nos hemos reunido todos. El SAT, Sindicato de Televisión, SUTEP, me invitaron a comer a SUTEP en la calle Pasco al 100. Comí, como dicen ellos, el bife con ellos. Nos juntamos con CAPIT, Independiente, con los canales, con Adrián Suar como gran productor. Con Luis Rivera López y la cúpula de la Asociación Argentina de Actores, con Gasalla, me refiero a Martín Seefeld, a Pablo Echarri, a Jorge Marrale. Todos coinciden en el diagnóstico y me parece que lo más claro es lo que dice Suar: «No puedo hacerlo porque no me alcanza la torta publicitaria para bancarlo». Es puntual. O sea, yo no soy productor de ficción televisiva, soy productor de ficción teatral. Pero por eso marco cómo veo ese correlato con lo que fue ron los 60 años. Porque comenzó en los 60 y terminó en los 20. Esa ficción televisiva. Fueron 60 años. 60 años donde yo te invito, y vos que tenés muchos medios para hacer incluso un desglose, poné, por favor, el nombre del actor o actriz y el punto de inflexión. Y te vas a encontrar que, salvo excepciones, siempre, como en todo. No, Les Luthiers es una excepción, no es de televisión. Moldavsky no viene de televisión. Pero vos fijate en todos los nombres. Yo trabajaba en dictadura todavía, en una obra Ekus, con Carlín Calvo, era el caballo 4. Hasta que un día hizo El Rafa con Alberto de Mendoza y fue Carlín Calvo hasta su muerte. O sea, no es el mismo Suar antes o después de Poliladron. Yo tengo programas de mano con Adrián Suar y con Florencia Peña antes de Son de Diez. Martín Bossi sale de la usina Tinelli. Nico Vázquez arranca en televisión con la usina Cris Morena. O sea, todo, masivamente. Después, cada uno, dependiendo de su talento, su habilidad, su manera de llevar la carrera, a unos les fue mejor, a otros peor. Pero es un lindo ejercicio, como dije el de China, poner cuál fue el punto de arranque. Lo que a mí me preocupa, además de las empresas teatrales, a futuro, porque ahora, justamente, como vinieron de la televisión, no solamente están los actores. Fijate lo que pasa con los productores. Suar es un gran productor de teatro. ¿Por qué dejó de ser de televisión? Yankelevich es un gran productor de teatro, pero venía de la televisión. Campanella es un gran productor de teatro, pero venía del cine. O sea, yo lo recibo con ganas, pero me doy cuenta de que hace 20 o 30 años no estaban en el rubro nuestro.

¿Vos decís que están en tu rubro porque el otro se agotó?

Lo dicen ellos. Campanella, en todas sus notas, está diciendo: «Me pasé al teatro cuando vi lo que estaba pasando con el cine». Entonces, me parece que acá, la copa del teatro, no está pasando hoy un mal momento. ¿Por qué? Porque todos ellos terminan dando una ecuación importantísima. Hoy no bajó el teatro en Argentina. Hoy, este año 26, con todas las bajas que hubo de consumo, el teatro en la calle Corrientes no baja. Pero porque están todos juntos. Ahora, preguntame cómo desarmamos el número. Diez títulos, oficial AADET, Asociación Argentina de Empresarios Teatrales. O sea, que hablamos por todos los socios. Diez títulos concentran el 54% de la audiencia.

¿Sobre un total de cuántos?

218. 208 se llevan el 46%. Entonces, poneme a mí el micrófono en la puerta del Gran Rex con La Sirenita. 200.000 boletos en dos meses. Te voy a dar un panorama que a cualquier Gobierno le va a encantar. Porque es real, no miento. Llevame a la medianera de al lado. ¿Por qué no? Estoy en el 46% perdidoso. Los 208. Y también te digo la verdad. El tema, en esto siempre rescato algunos medios, Perfil entre ellos, son pocos donde nunca sé, como lector o como oyente o como televidente, con qué me voy a encontrar del otro lado. No tengo una cosa rígida que soy un cliente que me vendés lo que yo quiero comprar. No, justamente me parece lo atractivo. Lo mismo te digo de mi lado. Yo te voy a contar el éxito, no lo voy a tapar. Pero también te tengo que contar lo que no funcionó. Por eso me importa mucho hacer una... Yo hago una analogía con la macro y la microeconomía. La macro son esos 10 que se llevan el 54%, que les va mejor que nunca, incluido en dólares. La micro son los 208 que, a la hora de la elección, por llevarlo a una analogía de una votación política, te votan que les va mal.

Ahora, vos decís... El problema no está en hoy, yo estoy pensando en el futuro. Hoy estamos pasando, y aquellos que tienen la fortuna de estar entre los 10 que tienen mucho éxito, quizás es un mejor momento que nunca y, como el dólar está barato, en dólares, mejor que nunca. Pero estoy preocupado porque las próximas caras la televisión no las está generando. Podríamos decir que también en la política la generó la televisión. La sociedad norteamericana de canales de televisión, en el 2016, en la escena anual que hacen de la entrega de los... de los premios de televisión, digo que por primera vez en la historia había un presidente generado en la televisión, que era Donald Trump. Porque el presidente actor que existió antes era del cine, que era Reagan. Podríamos decir que también Milei es un fenómeno de la televisión.

Como digo siempre, incluso cuando le endilgan, no sé si es cierto o no, que tiene algo en contra de la cultura, o en contra de los medios, yo digo, ¿es de los medios? ¿Producto de los medios? Lo vemos a veces, ¿canta o baila? ¿Tiene que ver con la cultura?

Hacía una obra de teatro.

Hacía una obra de teatro.Tuvo novias actrices. O sea, es más, me parece que está mucho más ligado a la cultura y al ambiente artístico. Dicen, lo leo en los medios, que los domingos escucha ópera. O sea, todo es cultura. O sea, me parece muy bueno. Y además me parece una aclaración importantísima. Yo defiendo la inversión del Estado en cultura. Haciendo una aclaración: yo soy privado al 100%. Yo miro la cámara que me toma y digo: yo en 51 años nunca le vendí una entrada al Estado. Yo siempre fui por el público pagante. Me gusta mirarlo a la cámara, que me lo desmientan. Porque a mí mi vocación era, algo que sé que no voy a lograr nunca, entender el gusto del público. A mí mi adrenalina está puesta en apostar y acertar. Eso es lo que quiero. Y, por suerte, el público, durante más de 22 millones de boletos, me acompañó. La empresa nuestra, a partir de alquilar una sala, dije antes, en Paraguay, Zubipacha, la hicieron los 22 millones de espectadores. La única diferencia es que lo que ese producido arrojó, yo lo reinvertí en teatro. Por eso tenemos los edificios que tenemos.

O sea, sos un sociólogo.

No sé si soy un sociólogo, pero sí me defino muchas veces diciendo que, más que empresario, para dedicarse a lo mío tenés que ser teatrista. Y más, sin serlo, un psicólogo que sepa leer entre líneas.

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Enfrente del Carnegie Hall, en Nueva York, hay un restaurante que tiene como nombre La Nariz. Y son todas narices, porque parte de la idea del olfato. O sea, el olfato que tiene el creador para descubrir cuáles son los vientos del humor de época. Y a lo largo de 51 años, supongo que esa tarea de sociólogo a través del teatro, bueno, te debe haber desarrollado. Te debe haber desarrollado un olfato especial. ¿Qué estás viendo? ¿Cómo ves la sociedad argentina? ¿Cómo ves la economía argentina? ¿Cómo ves la política argentina hacia adelante?

Lo veo triste. Son poquitas letras. Triste. Triste porque mucha gente venía golpeada. Triste porque se sigue golpeando. Y me sigue pareciendo que caigo ahí en lugares comunes. Viste que las frases comunes son: «No nos merecemos», «queremos...». Pero no la veo. No la veo. O sea, voy a lo más vulgar: si hoy tuviese que entrar al cuarto oscuro, no sabría qué votar. Entonces, no la veo. Yo dije en el 23, cuando ganó Milei, no voté a Milei. Nada me gustaría más que le vaya bien para ir al 27 a votarlo. Lo dije. Y lo sostengo. O sea, porque cuando le va bien a un Gobierno, yo lo entiendo que es porque nos va bien como sociedad. A la mayoría. Y sobre todo a la mayoría. Porque, de nuevo, ¿uno de qué se queja en lo particular? Es un poco lo que te decía antes. Yo llego. Pero ¿de qué nos quejamos? ¿Cómo vivimos? O sea, estamos insertos en nuestra sociedad. Tiene que ver con todo. Tiene que ver con todo. Y a la larga lo pagamos. Y a la larga lo pagamos de distintas maneras. Desde los sustos hasta las preocupaciones. Pero también desde lo económico. Vos fijate cómo estamos diciendo que empresas que cierran significan, por ejemplo, para la ficción, empresas que no publicitarían. Significa, por lo tanto, que no se produce. Significa, por lo tanto, que a mí me preocupe la falta de figuras a 20 años. Todo está concatenado. O sea, está enganchada una cosa con la otra.

Carlos, ¿qué le dirías a los que quieren dedicarse a lo que vos hacés y tienen 50 años menos? Que, de alguna manera, es aquel que comenzó cuando tu viejo te dijo: «Mirá el color del pelo de la gente que está acá». ¿Qué le dirías? ¿Qué le dirías, si vos querés, no solamente al teatro, a todo lo que tiene que ver con la industria cultural?

Cuando recién me presentaban, contaban que mis pares me habían entregado en el Teatro Colón una distinción por la trayectoria. Fue para mí un honor. Mi papá murió hace dos años. Mi mamá, que nos está viendo. Una de las cosas por las que yo siempre digo que me encanta hacer entrevistas es porque un rato antes le digo: «Encendé el televisor». Entonces, me fijo por qué señal está saliendo ella, ya le digo, está el canal, y le digo: «Preparáte». Y ya con eso le armé el día a la vieja, que está viéndolo ahora, por supuesto. Y estaba en el palco en el Colón. Y yo dije, en estas épocas de tanto hablar de la meritocracia, que yo creo en el mérito. ¿Cómo no voy a creer en el mérito? Sería mentiroso si no creyera en eso. Pero creo muchísimo en el punto de arranque de cada uno. A lo mejor, con mi mérito, yo también estaría celebrando algo. A lo mejor estaría celebrando 20 años de trayectoria, no 50. Porque mi primer mérito fue haberlos tenido de padres. Eso lo dije en el acto que se transmitió por la pantalla de Canal 13. Fue haberlos tenido de padres. ¿Y a qué viene esto del primer mérito? Cuando yo quería dedicarme a esta profesión y no conocía a la gente del medio, me conseguí una entrevista con el empresario del cine Losuar, que se llamaba Adolfo Silverman, en Corrientes al 1700. Y me tomé el subte en Caballito, donde compartíamos Parque Rivadavia, la venta de revistas usadas. Y bajé en la estación Congreso, caminé por Callao hasta Corrientes para la reunión. Y después volví. Y el señor Silverman me dijo: «No, el cine es una mafia, pibe». Tenía 16 años. «Dedicáte a estudiar, una universidad, olvidate de esto». Yo volví muy mal caminando esas cuatro cuadras entre Corrientes y Rivadavia. Pero al cruzar Cangallo, hoy Perón, dije: «Si yo alguna vez pudiese pertenecer a ese medio al que veo con toda...». Nunca a un pibe de 16 años le diría que deje su vocación. Esto lo dije y lo escribí en un librito hace 30 años que se llamó No hay más localidades. Por suerte lo escribí. Lo dejé plasmado en letras. Porque hoy digo lo mismo a tu pregunta. Primero, de dónde venís, con qué contención familiar te pueden o no apoyar. Es importantísimo. Con la libertad... O sea, a vos te habrán dado, como a mí me la dieron. Mi viejo se dedicaba al cuero, tus viejos estaban en esta industria, pero te habrán dado la libertad que vos elijas. Esa libertad, si coincide con lo que los viejos seguían, o no, en el caso de los míos, tuvimos el mismo apoyo. El apoyo de «dale para adelante». Así que mi mensaje, y además porque no conocí en mi vida, de joven y ahora menos, otra cosa que me guste más y me apasione más, para mí venir a charlar con vos en esta mañana es una invitación que agradezco. Porque a mí me gusta hablar de esto, a mí me gusta contar de esto, compartirlo, y siempre de cada una de estas charlas yo me llevo algo como esponja. Incluso para retractarme si estoy pensando mal.

Maestro Roberto Álvarez, el célebre arquitecto que fue además el arquitecto del Teatro San Martín, nada menos, él decía siempre, paradójicamente, que el éxito es elegir bien a los padres. Entonces vos estás planteando ahí dos cosas. Por un lado, creés que hay la frase de Sartre, de que uno hace con uno lo que primero otros hicieron con uno, pero que uno hace, o sea, que hay libre albedrío.

Las dos cosas. Las dos cosas.

Entonces yo te escucho y digo, bueno, alguien que piensa, bueno, ¿por quién vota Carlos Rottemberg?, inmediatamente se está dando cuenta que claramente su pensamiento es un pensamiento, podríamos decir, antilibertario, para decirlo de alguna manera.

Llamarlo progresista, viste que el progre está... Está muy mal mirado.

Muy mal mirado.

Y a mí me parece que la palabra progresismo en todo, desde tu negocio hasta cómo llevás a la familia, es buenísimo. O sea, yo nunca entendí, esto se me ocurre nada que ver, nunca entendí por qué el dólar negro se llama blue. Nunca lo entendí. Bueno, esto es lo mismo.

Porque el progresismo está catequizado hoy de elementos negativos.

Nunca lo entendí porque desde lo etimológico me parece buenísimo. O sea, quiero progresar en todo y por qué no en esto.

Y al mismo tiempo me parece que no venís de una familia peronista.

No, no, para nada. Para nada, no, no. Vengo de una familia como eran los inmigrantes. Los inmigrantes que antes, ¿qué política? Lo que querían era que la sociedad en Mataderos, que la biblioteca popular funcione, que el club no era Chicago.

Más socialista decís vos.

Claro, más vivir en comunidad. Vivir en comunidad. Era traer de una pensión del Once a Mercedes Sosa cuando llegó de Tucumán, canjeando canto por asado. Es literal lo que estoy diciendo, no es un ejemplo. O sea, yo acompañé a mi viejo en el primer cochecito desde la calle Tapalqué hasta una pensión del Once. Se subió Mercedes Sosa, que no sabía quién era, con su marido, con su hijo y el bombo en el baúl. O sea, y con eso fuimos a la calle Andalgalá, a la biblioteca, y canjeaban un asado y vino a cambio de que al final se le cobraba la entrada a los vecinos a favor de la institución y con eso cantaba Mercedes. Por eso digo, y además así concibo el aporte, digamos, la inversión en cultura al Estado: no para Rottemberg, no para los privados, que somos 100% privados. Es más, mi amigo Brandoni hizo el prólogo, antes de fallecer, me lo entregó el 3 de abril. Es un tema del libro, y pone eso, pone que una de las cosas que en 48 años de amistad siempre me reconoció fue ese persistente tema, ya obstinado, en decir: el Estado tiene que estar, pero ¿para quiénes tiene que estar? No para que los privados hagamos negocio. Eso es muy claro. Claro, esto lo recortás y el título es: «Rottemberg vive del Estado». «El Estado tiene que estar para apoyarme». Todo lo contrario.

¿Te golpeó mucho la muerte de Brandoni?

Sí, sí. Mirá, lo cuento en dos segundos. Brandoni y yo, me llamaba Pibes. Trabajamos juntos desde el 78. La primera obra fue Posdata: tu gato ha muerto. Nos hicimos amigos, siendo él el secretario general de actores. O sea, vos pensá, ¿cómo? Bueno, siempre decimos lo mismo, con sus hijas, con Florencia y Micaela, con Saula, que estuvo en el acto leyendo el prólogo de su pareja. Parece increíble, un empresario con el secretario general de actores, el sindicalista. Nos hicimos amigos inmediatamente porque coincidíamos en el diagnóstico y coincidíamos en cómo buscábamos la actividad que queríamos desarrollar. 48 años, hasta el día 20 de abril que falleció. Concretamente, en el verano, estaba. Hicimos la última obra, Quién es quién, con Soledad Silveyra. Él no estaba para esa temporada de Mar del Plata. Entonces, en la noche de los premios Estrella de Mar, febrero, primera semana de febrero, lo invité con un coche que vaya y vuelva para que llegue a Mar del Plata y reciba un reconocimiento. Y fue. Llega a Mar del Plata y me dice: «Pibes, me dijeron que estás escribiendo un libro». Y ahí le cuento. Y me dice: «El prólogo lo hago yo». No me preguntó, ¿cómo era él? El prólogo, un honor para mí. Pero yo tenía un problema. Yo había elegido, con Editorial Losada, quién iba a hacer el prólogo. Y yo busqué que sea un periodista. Yo quería que sea una periodista y no quería que viva en la Argentina para no tener ningún tipo de vinculación. Que mañana no tenga que sentarse a hacerme una crítica a una obra mía. Y me acordé de una mujer que yo admiré mucho escribiendo teatro en La Nación, que es Laura Ventura, que vive en España hace 10 años. La llamé, se lo propuse. Dijo: «Mandame el material» y ella iba a ser el prólogo. Cuando Brandoni me dice: «Yo te hago el prólogo», ya estaba el prólogo por Laura Ventura. La llamamos a Laura. Laura dijo: «Un placer, dos prólogos». Por eso tiene dos prólogos. Concretamente, el viernes 3 de abril, lo tengo muy presente porque, además de lo que pasó, era Viernes Santo, me llama y dice: «Pibes, ¿te puedo leer el prólogo por teléfono?». Y me lo leyó. Me conmovió, me encantó y le dije a Saula: «Mandalo a Editorial». Esto fue el 3. Y el 11 tuvo el accidente en la casa que deriva en su muerte el 20. Por lo tanto, viví esos últimos días literalmente en el sanatorio hasta que falleció y por eso di la noticia, la trágica noticia, en esa misma madrugada y escribí una carta abierta que salió publicada en varios medios. Y en esa carta abierta decía que el último regalo de tantos que me hizo Beto Brandoni fue el prólogo. Así que... Esa no estaba calculada cuando se pensó en el libro.

Bueno, un mensaje a tu mamá que realmente, repito, el éxito es elegir bien a los padres. En tu caso está bien marcado. Segundo, felicitaciones por Pasen y Lean y por los 50 años de esta brillante carrera. Y un gusto tenerte acá, querido Carlos.

Gracias, gracias por invitarme, Jorge.

LMM