Cecilia Roth repasó su extensa trayectoria en el cine, la televisión y el teatro, y analizó el presente de la industria cultural tanto en la Argentina como en España. En diálogo con Modo Fontevecchia, por +Perfil, Radio Perfil (AM 1190), habló sobre el impacto de la serie de Moria, su experiencia en La Madre y los cambios que atravesaron los medios de comunicación a lo largo de su carrera.
La actriz también reflexionó sobre la batalla cultural, el avance de las nuevas derechas y los cambios políticos que atraviesan a la Argentina y al mundo. Además, explicó por qué considera que el cine independiente argentino atraviesa un momento crítico, comparó la situación con la industria española y compartió la mirada de su padre, Abrasha Rotenberg, sobre el mundo actual.
Cecilia Roth es una actriz consagrada de la historia del cine, el teatro y la televisión hispanoamericana. Acaba de estrenar la esperada serie biográfica Moria y, de manera simultánea, continúa presentándose sobre las tablas en la aclamada obra dramática La Madre, del autor francés Florian Zeller. En este thriller psicológico interpreta a Anne, una mujer que enfrenta la soledad y el nido vacío.
Y primero tenemos que hacer con nuestra audiencia el pacto de lectura que hacemos siempre los que venimos de la gráfica, y contar que nuestra relación con Cecilia está atravesada por el periodismo porque el padre de Cecilia, Abrasha Rotenberg, fue la mano derecha de Jacobo Timerman, una persona fundamental para el diario La Opinión. El año pasado recibió el Premio Perfil y hoy, con 100 años, está lúcido e intelectualmente brillante como ha sido siempre. Obviamente, de tal palo tal astilla, tales genes generan en Cecilia Roth esa personalidad que atraviesa todos los campos. Vamos a hablar primero de lo más popular, la serie de Moria; después de La Madre; y luego, en general, de política y del teatro en particular. Pero empecemos. ¿Qué es lo que la mayoría de la gente vio últimamente en el éxito que fue la serie de Moria? Impresionante, ¿no?
Está siendo, sí.
Y sigue siendo, claro.
Sí, me superó, realmente me superó. Sabía que en Argentina iba a haber expectativa frente a la serie, pero no este furor de locos. Y además tiene muchas lecturas la serie, la verdad. Yo creo que hay muchas Morias. Creo que la serie se mete en lugares donde, en general, las biopics no se meten. Son más edulcoradas generalmente, más fáciles para introducirse en el pensamiento idealizado de la persona a la cual se la cuenta. Y con Moria, de verdad, ella quiso —creo que es una decisión de ella y del director, por supuesto— ser verdadera y que se cuente todo. Es más, de pronto se metía y decía: «Más de esto, esto fue así, tal y cual». Cosas que te dan una amplitud para contar una vida.
¿Muchas Morias hay en la Argentina?
No. She's the one and only, creo. No solamente la one, sino la única. Se rompió el molde después. Creo que Moria representa muchas cosas en la Argentina. La mujer empoderada, sin darse cuenta, tal vez, cuando era muy joven. Esa mujer con una relación muy particular con toda la comunidad LGBTIQ+ desde toda la vida. Muy libre, tan libre que asustaba, creo. Y con una transformación a lo largo del tiempo muy particular. Yo la estudié mucho, pero desde un punto de vista como de habitarla, de alguna manera. Y sí, creo que Moria tiene esa flexibilidad que poca gente tiene a lo largo del tiempo.
Adelantó su época en algún sentido.
Creo que sí. Ella tenía conciencia, por supuesto, de su libertad, pero no sé si tenía conciencia de que estaba marcando cosas importantes. Por ejemplo, en relación a la cosificación de la mujer, lo que hacía ella en la revista, ser una capa cómica. Creo que fue la única, no sé. A mí me interesa mucho su historia. Me conecta con cosas muy potentes en ella, decisiones muy potentes. Me gusta.
¿Y cómo se pasa de hacer de Moria a La Madre?
Uf, fue al revés: primero La Madre y después Moria. De la locura a otro tipo de locura. La Madre fue una experiencia impresionante para mí, con Andrea Garrote y todos mis compañeros, Gustavo Garzón, Martín Slipak, Vicky Valdomir. Fue una experiencia de libertad impresionante, creo que la primera experiencia tan libre en el teatro. Sentía que estaba invadida por un personaje que tocaba la locura todo el tiempo. Y la cantidad de capas que encontrábamos todos, todas las noches, era maravilloso.
¿De cerca nadie es normal? Aquella frase de que finalmente todos estamos un poco locos.
Bueno, a veces se nota menos, por eso hay que estar muy de cerca. Hay que estar muy de cerca y con lupa a veces, ¿no? Yo creo que la normalidad no existe, la norma no existe. Hay necesidades institucionales de que exista la norma para responder a ciertas obsesiones.
Sí, la caracterología.
Sí, tal cual. Y no solamente eso: políticamente también hace falta la norma, lo normal, lo que está bien y lo que está mal. Pero creo que todos tenemos dentro la libertad como potencia, aunque no todos la ejercemos.
Cecilia, ayer casualmente nos visitaba un ejecutivo de Universal y nos decía que, paradójicamente, el cine está mucho más vivo de lo que se supone —obviamente estaba hablando a nivel de Hollywood—. Decía que las plataformas tipo Netflix están en discusión sobre si quedan tres, cuatro, cinco o seis, pero que de lo que no cabe ninguna duda es de que quedan los estudios de Hollywood, y que aquella plataforma que no tenga estudio tiene un problema serio de supervivencia. Por el otro lado, nos encontramos en la Argentina con el teatro como la fuente principal de trabajo de los actores, más vivo que nunca, porque Buenos Aires es la tercera plaza de concurrencia al teatro del mundo. Y por el otro lado, tenemos las series como la que acabamos de mencionar de Moria en Netflix. ¿Cuál es tu propia experiencia, tu propia vivencia de haber pasado las distintas etapas de los medios de comunicación y cuál es tu perspectiva? ¿Cómo imaginás que siga esto?
Mirá, es muy complejo, porque uno cree que en la Argentina hay mucha producción cinematográfica, y la producción de plataforma no es cinematográfica. Es otro tipo de producción; es como un estudio, de alguna manera, sin tener el estudio. Creo que las cosas están, de alguna manera, limitadas o no por la plataforma. El cine independiente en la Argentina se está quebrando, y eso es muy triste porque el cine independiente nos ha dado enormes alegrías a los argentinos y al mundo. El cine en la Argentina ha sido independiente siempre porque no hay posibilidad de tener estudios. No había grandes productoras, una o dos, pero tampoco comparables con las productoras de otros países, ni siquiera con España. Atravesar todos los medios a lo largo de un largo tiempo, porque yo empecé muy joven... Bueno, el cine para mí era la maravilla absoluta.
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El magna cum laude.
Absolutamente. Amaba el cine. Iba desde los 14 o 15 años dos o tres veces por semana al cine: al cine arte, al cine Lorraine, al Lorca, que daban películas súper interesantes, por ahí no del momento pero indispensables para un cinéfilo. Y en la tele yo era súper fan. ¿Vos te acordás de Cosas juzgadas? Cosas juzgadas era una serie de televisión que se daba una vez por semana —que era raro, porque en general se daban todos los días—. Para mí fue el primer unitario. No me dejaban verlo y yo lo veía a escondidas porque eran importantes los temas y no fáciles de entender para un niño. Estaban Marilina Ross, Bárbara Mujica, Federico Luppi, Norma Aleandro... Para mí eran mis ídolos totales, yo quería ser una actriz así y trabajar en series así. Y bueno, cuando volví a la Argentina de España, de haber trabajado mucho, sobre todo en cine allá, aquí hice televisión, bastante televisión, y me encantó como medio: Atreverse, Amores, con María Herminia Avellaneda... Me encantó, me parece que era un medio maravilloso. Ya no lo es en este país en este momento, a pesar de que existe en todos los países del mundo —no sé, la BBC—, ficción maravillosa que además se junta con las plataformas y hacen cosas increíbles. Y el teatro es lo de siempre, es para siempre. El teatro es indispensable para un actor, yo creo, porque es donde vos sos el dueño, no te editan. No queda solamente lo bueno, digamos.
Me marcabas la diferencia con que todavía en España sí existe una industria del cine, y un cine independiente que en la Argentina se está extinguiendo.
Independiente y cine de productoras también.
Nadie con más credenciales que vos para hacer esa traducción de España a la Argentina en el tema del cine. ¿Qué hace diferente España en producción cinematográfica y es consecuencia de qué?
De haber trabajado mucho para que existiera. España tuvo estudios maravillosos, hizo todas las tareas bien como para que en este momento el cine español, tanto en plataforma como fuera de plataforma, series o cine, tenga grandes directores y grandes actores. Hizo las tareas bien, los gobiernos hicieron las tareas bien; cambiando los gobiernos, se siguió apuntando al cine. Hubo un momento en el cual se pelearon con el cine en la época de Aznar, pero siempre se apostó por él y se convirtió en una industria. Se convirtió en una gran industria que no se ve solo en España, sino que ha salido al mundo. Y además hay grandes directores y grandes actores que conocemos todos: desde Saura en su momento hasta ahora Pedro Almodóvar, han trascendido.
¿Cuánto de ellos es causa y consecuencia? ¿Cuánto esas personalidades únicas potencian una industria y cuánto es la industria la que crea esos personajes?
Ambas cosas a la vez, creo. Cuando congenian en un momento hay un entendimiento, porque a veces la industria tiene miedo de aquellos distintos y a veces los distintos no quieren tener vínculo con la industria y van por otro lado. Pero cuando se juntan ambas cosas... Tiene que ver con el entendimiento. Para mí el arte, en todos sus sentidos, cuenta su época. Y cuando España empezó a contarse a sí misma...
Había mucho apetito, muchos años de franquismo.
Sí, de mucho cine también en esos años —otro tipo de cine, seguro—, pero empezó a haber una gran necesidad de mirarse a sí mismo. Ahora estamos mal.
¿Quién cuenta la época en la Argentina? ¿Cómo se cuenta la época en la Argentina? Porque vos estabas marcando que tenemos el cine independiente con muchas dificulatades.
Con muchas dificultades, pero no va a estar nunca en extinción porque hay un enorme talento y una enorme voluntad de seguir haciendo cine. ¿Cómo se cuenta la época? Se cuenta con dificultad a veces, ¿no?
Hacenos un estado del arte de ese cine independiente. Me decías: gracias a Dios no se va a extinguir nunca.
Para mí todo el cine argentino es independiente, no tiene posibilidades de tener un estudio o una productora enorme que sola produzca.
Aquella Argentina Sono Film de otra época era un protoestudio, era un estudio entonces.
Pero Argentina Sono Film. Había montones de estudios y también se impulsó mucho el cine en esa época. El cine argentino, como el mexicano, eran cines muy apoyados por sus propios Estados. Yo creo que la confusión con el cine y con la cultura en general de algunos gobiernos es creer que pueden enfrentarse a ellos, que la cultura puede ser un enemigo, que la cultura puede ser enemiga en general. Y no tiene por qué.
¿Y esa idea de la «batalla cultural» qué te resuena en los oídos?
La batalla cultural, la gran batalla, ¿no? Porque la batalla cultural para que exista este momento se ganó antes, creo. La gente votó con una batalla cultural ya ganada.
Muy interesante.
Sí, yo creo que sí.
¿Cuándo se fue ganando esa batalla cultural?
Cuando lentamente se empezó a dirigir todos los misiles hacia el peronismo y hacia el kirchnerismo, y lograron destruirlo de alguna manera. No quiero decir la palabra «destruirlo», pero sí fragmentarlo. Eso también se encargan de crearlo solos dentro de los partidos. Pero sí, creo que es un momento muy complejo políticamente. No hay un combate político más allá de la batalla cultural, entre comillas, que es: «Yo te gano esto, te pisoteo, no te dejo hacer esto y te puteo además por Twitter».
Lo que planteás es que la lógica de cosecha y siembra no es en el mismo momento. Milei es la consecuencia de algo que sucedió mucho antes.
Yo creo que sí. Ayer estaba viendo un documental sobre el 11 de septiembre de 2001, cuando las Torres Gemelas. La lógica es que, después de las Torres Gemelas destruidas, el mundo cambió absolutamente y se fue derechizando y se fue inventando una realidad. Las fake news y la posverdad son producto de esa época también. Creo que ahora estamos viéndolo en carne propia nosotros, y el mundo, porque no somos solo nosotros. Todo hecho político tiene antecedentes lejanos también. Las nuevas generaciones ya entran con todo aquello instalado dentro y sin haber vivido otra cosa. Lo digo aquí y lo digo en Estados Unidos. En el documental se hablaba de qué les pasaba a las generaciones que no habían vivido el 11 de septiembre, la caída de las Torres Gemelas, el comienzo del terrorismo internacional y la lucha contra el terrorismo. En fin.
Entrevistamos a un catedrático norteamericano que usaba la expresión «We are here to stay» («Llegamos para quedarnos») para esta nueva derecha. Hay toda una discusión respecto de los climas de época. Vos decías que el cine cuenta su época. ¿En qué estadio estamos? ¿En el medio del río, al final del río, al comienzo del río? ¿Qué te dice tu sensibilidad artística?
Yo creo que estamos empezando, y es terrible. Estamos empezando un nuevo mundo y es muy difícil. Creo que hay que estudiar mucho, porque no se parece a nada. Cuando uno dice: «Son los fascistas del...».
Cuando hablás con tu viejo, con 100 años... Hay una historia de cuando se consigue, con la Piedra de Rosetta, descubrir el lenguaje de los jeroglíficos egipcios. Se lee que en una de las pirámides decía: «El mundo no tiene futuro porque los hijos no respetan a los padres». Está la idea de que siempre uno, a determinada edad, dice que esto no sirve para nada y que el futuro es tétrico. ¿Qué te dice tu viejo cuando le planteás estas cosas?
No, yo no le planteo estas cosas, las plantea él. Él dice: «Nosotros luchamos por otro mundo y perdimos». Él está muy desilusionado de las grandes ideas, del «hombre nuevo», de aquello por lo que su generación y muchas generaciones posteriores lucharon y pelearon. A lo largo del tiempo siempre siguió ese germen de destrucción y de grandes poderes. Pero no los conocemos, además; no sabemos quiénes son, porque no son los presidentes, no son solo los ricos. Es como en las películas de James Bond: el malo que tiene el poder para destruir el mundo entero. Yo creo que hay que estudiarlos mucho, porque las cosas que dicen no son banales y no son porque sean tontos; son tremendas y hacen agujeros enormes en las sociedades.
Cuando comparás los dos lados del Atlántico, ¿encontrás diferencias entre lo que sucede en España y lo que sucede en la Argentina? ¿En qué hay similitudes y cuáles son las idiosincrasias que permiten tener diferencias?
Yo creo que el mundo es parte de la misma ola. España tuvo 40 años de franquismo; es mucho. Y ese franquismo está, porque en España lo que tienen es el recuerdo de algo concreto vivido durante muchas generaciones. Entonces, cuando se arma una nueva ultraderecha...
Está allí latente.
Estuvo latente y ahora saltó. Ahora saltó y pueden ganar las elecciones, lógicamente, porque está todo armado para que así sea. A mí me impactaba todo el tema judicial en España con Pedro Sánchez, con la mujer de Pedro Sánchez, con el hermano de Pedro Sánchez... Todo el armado político y judicial alrededor. Hay similitudes en el mundo, porque la posverdad es para todos igual. El otro día leí que el 50% de los tuits en X son trolls. Es mucha cantidad.
Un poco de optimismo. Había un Premio Nobel, Kondrátiev, que era polaco-inglés, que estudiaba los ciclos largos. En economía están los ciclos cortos, que duran entre 5 y 10 años, y los ciclos largos que duraban entre 50 y 60 años. Quizás estemos terminando el ciclo largo que a lo mejor comenzó con Reagan y Thatcher, y no con Trump ni el 11 de septiembre. Ojalá este «We are here to stay» haya comenzado hace más tiempo, porque evidentemente la humanidad se mueve con ciclos.
Sin duda.
Y esperemos nosotros ver que ese ciclo cambie a tiempo.
Lo deseamos mucho.
Y que el cine siga reflejando no solamente el humor de época, sino también el deseable humor de época, ¿no?
Por supuesto. La esperanza también.
La esperanza, exactamente. Te agradezco mucho.
Yo a vos.
En vos veo además a tu padre y me emociono. Mandale un abrazo gigante.
Se lo doy, cómo no. Y sigan haciendo esto, que es muy lindo.
Muchas gracias a vos.
LMM