Gastón Taratuta, CEO y fundador de Aleph Group, repasó su recorrido desde la Argentina hasta la creación de una compañía global y sostuvo que el país cuenta con el talento y los recursos necesarios para dejar de “administrar escasez” y empezar a pensar en términos de abundancia. También analizó los desafíos estructurales de la economía argentina y advirtió sobre la necesidad de construir consensos para que cualquier proyecto de transformación pueda sostenerse en el tiempo.
En diálogo con Jorge Fontevecchia, en Modo Fontevecchia, por +Perfil, Radio Perfil (AM 1190), el empresario recordó que se fue a Estados Unidos con 300 dólares, contó cómo construyó Aleph hasta llegar a operar en 130 países y planteó su preocupación por la posible brecha que puede generar el acceso desigual a la inteligencia artificial.
Gastón Taratuta es el CEO y fundador de Aleph Group, un gigante global de marketing y publicidad digital valuado en más de 2.000 millones de dólares, lo que la posiciona en el selecto grupo de los unicornios argentinos. Su historia se destaca a nivel mundial al convertirse en el primer argentino en ganar el prestigioso premio al Emprendedor del Año 2022 en el Mundial de los Emprendedores. Su historia de resiliencia y éxito empresarial inspiró una serie documental original en la plataforma de streaming Prime Video.
Gastón, un gusto tenerte acá en nuestro programa, aprovechar tu estadía en la Argentina. Me gustaría que compartieras con la audiencia qué te trae a la Argentina teniendo tanto éxito en Estados Unidos.
Bueno, tengo mi familia acá. Tengo también una oficina grande con casi 200 personas, de las 1.500 que somos. Siempre es gratificante andar por las calles de Buenos Aires, que es donde uno creció y se desarrolló, y ver cómo está un poco el país, entender la dinámica y qué es lo que la gente está sintiendo. Estoy hace 30 años afuera, pero estoy muy compenetrado.
¿Por qué tenés 200 personas trabajando en la Argentina cuando supongo que la Argentina debe representar el 1% de la facturación de Aleph? Hay algo que tiene que ver con tus raíces, para decirlo de alguna manera.
Sin ninguna duda. Como volví a comprar el bono a la Argentina a pesar de que hicimos once defaults... seguir confiando. Uno tiene su corazón en la Argentina. Y también la Argentina es mucho talento: tiene 7 millones de personas que hablan inglés y es un país de generación con muchísimos recursos, así que siempre la Argentina, fuera de la parte del corazón y la familia, es un lugar interesante.
O sea, con el mismo huso horario de Estados Unidos, es el país con más personas que hablan inglés en proporción a su población total.
Sí, correcto. Cuando yo viví en Brasil y fui mucho a México, me di cuenta de que un país donde 7 millones de personas hablan inglés puede pensar en exportar servicios. De hecho, bien lo dijiste vos al comenzar el programa, hoy de toda la facturación de Aleph, la Argentina representa entre el 2% y el 3%. Quiere decir que es posible. A pesar de que yo arranqué la empresa en Estados Unidos, en Miami —la historia es larga y la televisión es tirana con el tiempo—, este caso demuestra que la Argentina tiene el talento necesario como para poder ir a agrandar la torta. Agrandar la torta es muy importante. La Argentina exporta el 18% del PBI, podría exportar mucho más.
El doble.
O el triple, si querés. Tiene recursos, tiene talento. Mirá otros casos en el mundo: marca país Italia, marca país Alemania... por lo cual podría llegar hasta el 40% o 50% del Producto Bruto. Eso ya empezaría a ser algo, Jorge, que se llama no administrar escasez todo el tiempo, sino empezar a administrar abundancia. Que es lo que yo hice con Aleph, una empresa donde mi primera orden publicitaria fue de 3.000 dólares y hoy Aleph va a hacer en volumen casi 5.000 millones de dólares. No lo digo como se dice en inglés, grandstanding, no elevándome, sino para mostrarle a toda esta audiencia que está mirando que es posible pensar en algo grande cuando tenés mirada global.
¿Por qué Aleph?
Ah, Aleph es muy lindo. Bueno, primero porque vengo de una familia judía...
La primera letra del alfabeto.
Y también del...
Cuento de Borges.
Del árabe. Y por Borges. Y aparte, desde el punto de vista del marketing, a cualquier evento grande que vas, Aleph va primero y después JPMorgan.
Por el tema del orden alfabético.
Y es simple decirlo, simple de usarlo. Tenemos muchas marcas en todo el mundo, así que decidimos ir por ese lado.
Contale a la audiencia tu recorrido: tu papá, qué hiciste en la Argentina, cómo te fuiste a Estados Unidos. Hagamos el clásico camino del héroe, contale a la gente cómo fue eso.
¿Tenemos tiempo?
Se puede resumir en tres minutos, dale.
Bueno, voy a entrenarlo entonces. Mi papá era un industrial del calzado en los 70. Yo nací en una familia de clase media, pero mi papá después tuvo un secuestro extorsivo en la época...
Casualmente lo que veníamos hablando recién.
Yo estaba llegando al canal y vi el último pedacito. Después crecí en una familia de clase media en la Argentina, pero un día decidí... fui becado a mi gran escuela en Villa Crespo, les mando un abrazo, y decidí que no era para mí estar acá. Yo quería salir, tenía 300 dólares, tenía una amiga en Estados Unidos y me fui, literalmente con 300 dólares, a lo que se dice hacer la América. En Estados Unidos decidí estudiar, lo cual me fue duro porque había que pagar la universidad y tenía que trabajar, así que era doble turno. Mi día arrancaba a las 8 de la mañana y terminaba a las 10 u 11 de la noche. Cualquier argentino me dirá: "Ese es mi día también", pero allá estaba solo, con amigos... después vino quien fue mi mujer, mi esposa. Fue muy dura la transición inicial. Después tuve un golpecito de suerte cuando tuve la oportunidad de empezar a trabajar en un gran grupo de medios, lo conocés bien: Universo Online (UOL). Ahí me pagaron, Jorge, para aprender marketing digital. Un día —historia larga, corta— mi jefe me dijo: "Tengo dos noticias, una mala y una buena. La mala es que estás despedido; la buena es que vas a ser emprendedor". ¿Y qué significa ser emprendedor? "Bueno, a partir de ahora tenés tu negocio". ¿Y qué me va a dar el negocio? "Nos vas a representar al Grupo Folha en el mundo, fuera de Brasil". Tenía 5.000 dólares, unos clientes que ya estaban en la casa, y con eso arranqué la compañía. Después, bueno, toda la historia.
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¿Y la pandemia qué te cambió?
La pandemia fue interesante para mí a nivel personal porque me sucedieron muchas cosas. Primero, a nivel negocio, fue un gran signo de pregunta: "¿Qué va a pasar?". Ya teníamos 1.300 o 1.400 personas. ¿Cómo iba a impactar esto? No se sabía si duraba una semana, ¿te acordás? Pero duró. Al final la gente se quedó en las casas y el negocio hizo así, fue exponencial. Fue muy interesante. También fue un momento de mi vida en el que me separé, así que vino todo junto con la pandemia: qué iba a pasar con el negocio y me encontré un poco solo en ese momento, si querés. Dije: "Esto de la pandemia puede ser una gran oportunidad". Empezamos a tomar riesgos e hicimos unas adquisiciones en Europa, que es comprar empresas similares.
Vos tenías de socio en ese momento a Sony, a los japoneses.
Sí. En esas semanas tomamos dos decisiones de altísimo riesgo: recomprar la parte de Sony y terminar de comprar una empresa en Europa con el capital nuestro que habíamos construido con mi socio y hermano, Ignacio Vidaguren. Tomar la decisión de ir hacia adelante y hacer esas dos inversiones entrañó un riesgo, ahí hubo un verdadero riesgo.
Querías ser una compañía global. ¿En cuántos países están hoy?
Aleph hoy opera en 130 países, tiene 1.500 empleados y administra entre medios y pagos aproximadamente 5.000 millones de dólares.
¿Cómo afecta la inteligencia artificial a la prospectiva?
Mirá, te voy a dar mi visión. Todos los productos que nosotros representamos en el mundo ya están invirtiendo en inteligencia artificial, por lo cual lo que vendemos ya viene articulado con IA para que llegue un anuncio mejor a la audiencia correcta, vamos a decirlo de esa manera. Pero hay algo más preocupante que creo que vale la pena comentártelo a vos y a tu audiencia: durante 25 años vos, yo y todo el mundo buscábamos en Google y la respuesta para una persona en Camboya, en la Patagonia o en Nueva York era la misma, ¿coincidís? Hoy en día, cuando usamos IA, eso consume energía, consume servidores, tiene un costo. Creo que todo este asunto de la IA y de los tokens... Esto que va a generar, si no se universaliza el acceso, puede provocar una brecha mayor entre naciones desarrolladas y no desarrolladas. Te doy un ejemplo simple: imaginate un estudio de abogados en Camboya, ¿puede comprar OpenAI, Claude o Anthropic y pagar las licencias? No puede. Un estudio en Nueva York sí lo puede hacer, cosa que antes no sucedía. Ese es un signo de pregunta a resolver. Aleph está aquí presente también para universalizar de alguna forma el acceso a la IA. Geopolíticamente hay dos modelos, Jorge: el chino, donde esto es un servicio público como el gas y el agua, que lo administramos nosotros, no es gratis pero tiene que estar en la mano de todo el mundo; y el modelo americano, que es diferente, donde hay venture capital o private equity por detrás, con 30 jugadores de los cuales 5 terminan siendo los ganadores y se vuelven empresas trillonarias.
Hablame de la Argentina entonces. Me decís que uno de los elementos de por qué estamos acá es porque van a tratar de ayudar a que no exista esa brecha en inteligencia artificial entre países desarrollados y subdesarrollados. ¿Qué querés devolverle a la Argentina?
Bueno, yo creo que viendo a la Argentina desde afuera y desde adentro hay problemas primarios a resolver antes de ver cómo un chico en Lomas de Zamora o un adulto en la Patagonia van a usar IA. Hay problemas estructurales que no son de esta gestión, sino de diez gestiones anteriores. Hablábamos el otro día de que en algún momento la Argentina dejó de crecer y continúa decreciendo hace muchos años. Es mi hipótesis, no mi conclusión final: la Argentina es un enfermo crónico de cuatro elementos. El primero es que es bimonetaria. Ayer escuchaba hablar de créditos en dólares, en pesos, pesos, dólares... bimonetario. El segundo: no hay un proyecto federal. El tercero: las instituciones son débiles. Y el cuarto es político, la pista política es corta. Milei a los dos años tuvo un desafío cuando asumió la presidencia, va a tener otro a los dos años, la campaña empieza un poco antes y va a tener otro ahora. Mi visión sobre eso es que no importa quién sea el médico: si al enfermo de estas cuatro cosas le vas dando un antibiótico donde muchas veces el efecto colateral (dolor de estómago, etcétera) hace a la bacteria un poco más fuerte... porque te dicen que lo tomes diez días, lo tomás cinco y eso genera anticuerpos. Tuvimos distintos remedios: la tablita, el uno a uno, los otros procesos con el gobierno anterior y este proyecto de shock de política fiscal cero.
Déficit cero, si querés pensar.
Déficit cero. Yo no creo en eso, porque si vos necesitás que la gente te acompañe le tenés que dar herramientas, y estas herramientas para mí son cuatro: salud, educación, jubilaciones/seguridad social y seguridad jurídica. Hasta que no haya un pacto social real donde le puedas dar a toda esa gente que precisás que te acompañe lo básico para recibir esa medicina, en mi opinión va a ser difícil que cualquier plan aguante. No porque Javier Milei sea bueno o malo, sino porque hay un conjunto de gente que no consigue aguantar el remedio. ¿Me expliqué?
Clarísimo. Álvarez Agis hace un ratito planteaba lo mismo: si finalmente no se resuelve la guerra de clases entre los que votan el beneficio inmediato de sus sectores en un momento o en otro, y si no se descubre que tienen que haber consensos más tarde o más temprano, el que es remedio es bacteria y el que es bacteria es remedio, lo que me parece una buena síntesis. Gastón, felicitarte por lo que hiciste. Yo quería darles a los jóvenes un ejemplo con tu caso: alguien que se fue con 300 dólares a Estados Unidos y construyó una de las grandes startups del mundo, una de las grandes empresas de comunicación. Se puede, y la Argentina puede. Así que muchas gracias por estar acá, por preocuparte por la Argentina y por mantener un buen trabajo. Seguimos en contacto.
Gracias por invitarme, Jorge.