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MODO FONTEVECCHIA
Libertad de prensa

Cómo es “Maten al mensajero”, el libro sobre los periodistas asesinados, desde Mariano Moreno hasta Cabezas

El periodista Franco Salomone reconstruyó la investigación en la que documentó casos de periodistas que figuraban como desaparecidos por la CONADEP y luego recuperaron la libertad. “Cada hallazgo fue una alegría imposible de explicar”, resaltó.

Mariano Moreno y José Luis Cabezas
Mariano Moreno y José Luis Cabezas | CEDOC

Franco Salomone, periodista y autor de "Maten al mensajero", dio detalles sobre la investigación que lo llevó a encontrar con vida a cinco periodistas incluidos en la lista de desaparecidos la CONADEP (Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas). Además, en diálogo con Modo Fontevecchia, por Net TV y Radio Perfil (AM 1190), reflexionó sobre el ejercicio del periodismo en la actualidad y dijo: "El que está en el poder siempre va a estar molesto con el periodista".

Franco Salomone es un destacado periodista y locutor. Cuenta con más de cuatro décadas en los medios de comunicación, destacándose en TN, donde trabajó desde el año 2006 hasta su retiro en 2018. Anteriormente fue conductor en el noticiero central de Telefe para cadenas internacionales como CNN y la BBC. En radio trabajó en emisoras de gran relevancia como Radio Mitre, Radio Rivadavia y Radio del Plata. Es autor del libro Maten al mensajero, investigación que le permitió encontrar vivos a cinco periodistas que figuran como desaparecidos en la lista del Nunca Más. Recientemente, la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires le otorgó el diploma de personalidad destacada en el ámbito de la comunicación social y la cultura.

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Recientemente fuiste destacado como personalidad de la Ciudad de Buenos Aires por su trayectoria y por tu libro "Maten al mensajero". Enconstraste a cinco periodistas que estaban en la lista de desaparecidos, que en el momento en que se publicó no tuvo quizás la trascendencia que merecía y que hoy sí la tiene. Nos gustaría que compartieras con la audiencia qué sentiste cuando te reconocieron por tu trayectoria, y lo que vos publicaste en el libro de estos cinco periodistas.

Una de las cosas que me dicen mis amigos, que no tienen que ver con los medios, es cómo funciona esto, cómo es que por qué te eligieron, por qué te propusieron. Entonces les expliqué que yo ignoraba también, hasta que una muy buena amiga, Inés Maldonado, periodista joven pero de larga trayectoria, sobre todo en los medios gráficos, me dijo: “Te voy a proponer como personalidad destacada de la cultura”. Le dije: “Inés, me queda grande el saco”. Y me dijo que no. Habíamos estado hablando de "Maten al mensajero" y había aparecido la investigación que duró dos años y fue muy exhaustiva. Yo armé tres grupos de estudiantes de periodismo porque a mediados de la década del 90 no había celular, no había prácticamente internet.

Además, a mediados de la década del 90 se quería dar vuelta a la página. Muy distinto al comienzo ya con el kirchnerismo, donde se puso foco en ese tema. Vos lo hiciste diez años antes.

Sin saber que iba a encontrar a nadie con vida ni con el objetivo de encontrar a nadie con vida. Pero cada uno que aparecía era una alegría que no te la puedo explicar. ¿Cómo? ¿Está vivo? ¿Pero si está en la lista de la CONADEP?

Quiero explicar cómo funciona el sistema en la Legislatura. Tiene que haber un candidato, tiene que haber alguien que lo postule y, a partir de ahí, tiene que haber un legislador que haga de puente con el resto del cuerpo y se vota en el recinto. Se hace una votación y se determina, como si fuera una ley, si esa persona recibe o no la distinción.

En mi caso, Inés lo presenta, no sé por qué motivo pierde estado parlamentario y hay que hacer la presentación nuevamente. Ahí aparece Roberto Salcedo, que fue el primer presidente de la Comuna Uno cuando empezó el sistema de comunas, y también desde la Unión Cívica Radical (UCR). Él pasa por la legisladora Fernanda Mollard, que también es de la UCR. Después votan todas las fuerzas políticas. Finalmente llegamos a septiembre, que se me otorgó. Yo no quise hacer un acto como se usa y Fernanda me entregó el viernes pasado, en su despacho, el diploma.

Salcedo me dice: “Vamos a reforzar la presentación que se hizo anteriormente. Traeme tu libro, porque tengo entendido que encontraste periodistas con vida”. Le dije que sí, que eran periodistas que me decían que no entendían por qué no los sacaban. Pensá que habían pasado 18 años cuando empezamos a hacer el libro de los primeros años de la dictadura.

¿Quiénes son?

Hugo Idelman Nario. La CONADEP había tomado "Idelman" como apellido, y no sabés lo que nos costó encontrar a Nario, porque nosotros buscábamos a Idelman hasta que finalmente pudimos dar con él. Después, Jorge Herbalejo, Carlos Alberto Costa, Marta Pérez y Rubén Gómez Quesada.

¿Y en qué medios trabajaban ellos?

Uno era de Rivera, provincia de Buenos Aires, el otro era de Tandil, el otro era de La Plata y el chileno era de Antofagasta. Marta Pérez es la única que yo no pude entrevistar. Me hicieron saber que ella no tenía interés.

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¿Figuraban en la lista de la CONADEP como desaparecidos sin haber posteriormente aparecido, para decirlo de alguna manera, pero ellos estuvieron desaparecidos en algún momento y recuperaron la libertad?

Exacto. Lo de Nario es una cosa que hasta da para la anécdota y en un momento es un poco risueño. Él tenía una casa de venta de libros en Tandil y venía una vez por mes a Floresta a comprar los libros en una casa de familia que se usaba para ese fin. Viajaba durante la noche por la ruta con su auto. Llegó muy temprano, seis de la mañana, se bajó del auto para estirar las piernas, y aparece un Falcon y lo detienen porque en esa cuadra vivía un alto jefe militar y pensaron que era un subversivo que estaba ahí haciendo inteligencia o tal vez algo peor. Se lo llevan al Departamento Central de Policía y, a los cinco días, lo llaman y le dicen: “¿Cuánto hace que estás acá vos?”. El que le hace la pregunta se pone a gritar y a decir: “¿Cómo sabés que estuviste cinco días si estuviste tabicado los cinco días?”. “Y yo conté los mate cocidos. Un mate cocido un día, cinco mate cocidos, cinco días”, dijo. Me dice Nario: “Chau, soné”. Llamó al que servía el mate cocido y le pegó un levante diciéndole que no estaban atentos, que no hacían las cosas bien, que cómo le daban la posibilidad a la gente detenida de saber cuánto tiempo llevaba, como si alguien fuera a pensar que un detenido iba a contar los mate cocidos de la mañana. Y lo dejan en libertad.

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A disposición del Poder Ejecutivo Nacional.

¿Había un decreto por el que estaban puestos a disposición del Poder Ejecutivo?

No, ellos no llegaron a saber que hubiera un decreto. Pero en el caso de Nario, Bayer lo pidió desde Alemania. Algunos estuvieron meses detenidos, otros estuvieron quince días o una cosa así. Los ponían en libertad y ellos se olvidaban. Ni siquiera sabían que estaban en una lista de periodistas. Además, algo que yo no pude comprobar, pero que me lo dijeron y yo no lo pongo en el libro, es que hay otro acápite del libro que está dedicado a aquellos que no eran periodistas y están en la lista. Este es otro hallazgo de la investigación. Hay unos diez que no eran periodistas. Entonces yo decía, ¿por qué? Porque se decía que si aparecías como periodista era más fácil que prestaran atención a reclamar por vos.

En el interior de la provincia de Buenos Aires, había uno de los primeros canales de cable que había, y un día, sin que supiera el director, un técnico que no era periodista puso una imagen que era tomada de una película del Che Guevara y de Fidel Castro, de dos actores muy famosos que ahora no recuerdo exactamente quiénes eran, y los pusieron ahí. Te imaginás, en plena dictadura, primeros años, el revuelo que se armó, y se lo llevaron y también lo pusieron como periodista.

El que peor la pasó fue el chileno porque era final del 78, cuando el conflicto por el Beagle con Chile, y lo acusaban de espía. Entonces lo tuvieron muchos meses, con mucha tortura y un simulacro de ejecución. Él en realidad estaba como corresponsal de un diario muy importante de Chile en Salta. Su historia es la única que pasa fuera del ámbito AMBA. Y él me cuenta que le dijeron: “Acá hay un precipicio y te vamos a matar”. Lo empujan y en realidad era una pendiente mínima”. Los tipos se fueron tirando tiros al aire y lo dejaron. Él logró que una familia no lo ayudara, pero que le indicara el camino a Jujuy, y caminó toda una noche hasta que llegó a San Salvador.

Viendo en retrospectiva. ¿qué reflexión podías hacer hoy para los jóvenes estudiantes de periodismo de cómo cambió la profesión?

L primero que le decía a los estudiantes de periodismo cuando iba a dar charlas: "Si no tienen vocación, no se metan en esto porque es una profesión que solamente, si la amás, te va a gustar, y son muy pocos los casos donde vas a poder vivir de esta profesión". Y en cuanto a la diferencia, es abismal en algunas cosas y no tanto en otras. En el prólogo del libro, lo menciono a Alexis de Tocqueville, cuando se va de Francia a Estados Unidos porque quería ver cómo era esto de la democracia y escribe "La democracia en América". Y él ahí dice que él apoyaba el periodismo en tanto los males que podía evitar, pero no en la totalidad de la libertad que requiere el periodismo. Lo que le digo a los estudiantes es: piensen que el que está en el poder siempre va a estar molesto con el periodista. Puede ser kirchnerismo o mileísmo.

Milei fui columnista mío en la radio en 2018 o 2019. El director de la radio me dice: “Che, tengo un tipo que sabe mucho de economía”, y sabían que era mi pata débil la economía. Y realmente te digo que Milei era un tipo para dejarlo hablar. Después ponías otros economistas que no estaban de acuerdo con él, pero que sabía, sabía. Milei tuvo un programa y un día lo vi insultar a una diputada con mucha violencia en el programa y le dije al director de la radio: “Che, ¿te parece?. La verdad que eso no me gusta. Es raro”. Pero duró poco. Fue poco tiempo porque ya después él tuvo su programa, ya no tenía tiempo y ya empezó también a moverse como alguien que podía estar en la política.

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El consejo que le dabas a los que estudiaban periodismo en los 90 era que tiene que haber vocación porque la remuneración no permite a mucha gente vivir de esta profesión solamente. Hoy, ¿qué le dirías?

Lo mismo. Una cosa es salir a la calle, porque yo estuve amenazado por los militares cuando estaba en Radio Continental. Yo entro en Continental cuando todavía estaba la dictadura, con Magdalena Ruiz Guiñazú. Me emociono cada vez que la recuerdo a Magda. Magdalena hacía la mañana y la tarde, y yo era jefe de turno de la tarde-noche. Un día, Ibérico Saint-Jean era ministro del Interior. La veo entrar a Magdalena blanca, y mirá que Magdalena tenía un valor, era una tipa muy corajuda. Tenía esos teléfonos negros grandes, y me dice: “¿Me permitís el teléfono?”. Entonces disca y dice: “Habla Magdalena Ruiz Guiñazú, quiero hablar con el ministro del Interior. Lo hago responsable por mi vida y la de mis colaboradores, porque acabamos de salir de la radio y nos siguió un coche de ustedes". Magdalena estaba temblando, estaba asustada, pero con toda la fuerza. Continental era la única radio donde se podía hablar. Nunca supe por qué. Hubo muchas versiones de por qué tuvo esa libertad Continental. Yo no voy a repetir ninguna porque ninguna me consta, y estábamos todos amenazados.

(Eduardo) Aliberti tenía un programa y a las cuatro de la mañana ya estaba en la radio. Había un ascensor que desembocaba directamente en la redacción, y a eso de las cinco de la mañana, él estaba en la mesa con todas sus cosas, trabajando. Se abre la puerta y entra un tipo, saca una tarjeta y le dice: “Yo soy el jefe de la custodia del general no sé cuanto. Lo que necesite”. Fue un susto terrible. Era alguien que llega sin avisar y con todo el aspecto de alguien que podía ser un jefe de custodia de alguien. Quiero hacer esta salvedad de que las cosas no cambiaron tanto y es que nadie ahora, supuestamente, se va a encontrar con situaciones que lo van a seguir y qué sé yo, pero siempre el hombre, la mujer que ejercen el poder, quieren que no haya periodistas.

Estoy viendo la tapa de tu libro. Ahí tenés a Rodolfo Walsh, tenés a Mariano Moreno, tenés a José Luis Cabezas. Y hay un soldado allí. ¿Quién es?

(Ignacio) Ezcurra. Era el enviado de La Nación a Corea y, en un momento, él sabía que se estaba metiendo en un lugar complicado. Igual se metió y nunca más apareció. Su cuerpo no apareció nunca. Y a Moreno yo lo pongo como asesinado porque a la viuda de Moreno, cuando Saavedra, para sacárselo de encima, lo manda a Brasil, lo mete en ese barco, recibe una caja, donde adentro había un cajón de muerto, un ataúd, eh, con una cruz y el nombre de Moreno. Lo recibe la viuda antes de que lo mataran en altamar. Moreno tenía un problema de salud que requería de emético tartárico para sobrevivir. Él viaja con Manuel, con su hermano. Sigue habiendo como una discusión de si fue asesinato o si se murió. Lo que se dice es que el capitán del barco le da una sobredosis de emético tartárico con el objetivo de matarlo, porque esto es lo que denuncia Manuel, sumado a un elemento tan importante como la amenaza de muerte antes de que muriera y que Saavedra lo calificaba de ese jacobino del infierno. Un día algunos colegas con los que hablaba me decían que a Moreno no lo mataron, y en el libro quise quedar a favor de esa otra teoría.

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