La disputa por las Malvinas se inserta hoy en un escenario de competencia global por recursos estratégicos donde el alineamiento diplomático del país resulta determinante para sostener el reclamo de soberanía. Al respecto, en Modo Fontevecchia, por Net TV, Radio Perfil (AM 1190), Daniel Filmus advierte sobre los riesgos de las alianzas automáticas y recuerda la lección histórica del conflicto: “Galtieri pensó que Estados Unidos nos iba a apoyar y así nos fue”.
El sociólogo, docente y político argentino, Daniel Filmus, durante el gobierno de Néstor Kirchner, fue ministro de Educación entre 2003 y 2007, etapa en la que impulsó la Ley de Educación Nacional y programas de inclusión educativa. Se desempeñó senador nacional por la Ciudad de Buenos Aires y también se desempeñó como diputado. Acto seguido, ocupó el cargo de secretario de Asuntos Relativos a las Islas Malvinas, donde trabajó en la estrategia diplomática argentina sobre la soberanía. Desde 2021 fue ministro de Ciencia, Tecnología e Innovación.
Entrevistamos a Carlos Pérez Llana, que consideraba que ve serias posibilidades de que, en las próximas décadas, bajo un modelo como el de Hong Kong, Argentina pueda recuperar las Malvinas. Lo enfocaba en dos elementos centrales: uno es el Brexit, la salida de Inglaterra de Europa, y dos, la ruptura de las relaciones entre Estados Unidos y Europa, incluso con la propia Inglaterra. A partir de las declaraciones de Donald Trump, enojado porque Inglaterra no acompañó a Estados Unidos en la guerra contra Irán, vos que tenés antecedentes en el tema relacionado con Malvinas, ¿cuál es tu opinión de lo que está pasando y si te parece verosímil la posibilidad de que, no sé, en 10 o 20 años Argentina pueda recuperar las Malvinas por vía de negociación?
Seguro que sí. Argentina desde 1833 viene reclamándolo. Las Naciones Unidas y el concierto de países a nivel internacional le dan la razón a Argentina mayoritariamente. ¿Cuáles son los plazos, los tiempos para que nuestra bandera vuelva a flamear en las islas? Esto, ciertamente, no lo podemos decir, pero está claro que esta presión internacional de tantos años y con tanta fuerza, y esta condena del colonialismo en el siglo XXI, tiene que dar sus frutos. Argentina, más allá de que el gobierno de turno lo tiene planteado como el artículo primero de la cláusula transitoria primera de la Constitución, así que es imprescriptible esa demanda. Esperamos que así sea.
También concuerdo con Pérez Llana en que, principalmente, la cuestión del Brexit, como ha pasado en la última reunión entre la CELAC y la Unión Europea, por primera vez la Unión Europea toma nota, por lo menos, de la demanda argentina, más allá de que algunos países en particular nos habían apoyado. Pero no me parece que en el segundo aspecto haya una ruptura entre Estados Unidos y el Reino Unido. Y te voy a dar un caso concreto.
Hace dos semanas, el Reino Unido tenía que devolver a Mauricio el archipiélago de Chagos. Sabés que lo había usurpado ya hace mucho tiempo. Después de que, en varias ocasiones, la Corte Internacional de Justicia y la Asamblea General de Naciones Unidas le habían reclamado al Reino Unido que acepte las resoluciones, el año pasado, ante el asombro de todos, aceptó devolverle el archipiélago de Chagos y, en particular, la isla Diego García, donde hay una base militar norteamericana, a Mauricio.
Hace dos semanas, Trump le exigió al Reino Unido que no se la devuelva. Tenía que devolvérsela ahora: ya estaba firmado y solo faltaba el acuerdo del Parlamento británico, y el Reino Unido dio marcha atrás.
Más allá de este chantaje que le está haciendo Trump al Reino Unido, no lo veo como una cuestión en la que Estados Unidos abandona al Reino Unido en esta posición. El último que creyó que, de un momento a otro, Estados Unidos podía apoyar a Argentina en contra del Reino Unido fue Galtieri, y así no fue.
Así que me parece, más bien, que esto es un chantaje hacia el Reino Unido que nos viene excelentemente bien a nosotros, porque coloca nuevamente en el tapete el tema de Malvinas y se está discutiendo en el mundo. A nosotros, a la Argentina, le conviene muchísimo que este tema no pase desapercibido, que se sepa que hay una situación colonial, pero de ahí a que el camino sea este, el de la presión de Trump, la verdad es que lo dudo. Ojalá que así fuera.
Imaginándolo siempre en décadas: Argentina ahora pasa a ser socia de la Unión Europea, junto con el Mercosur, y no lo es Gran Bretaña. Eso también creo que puede crear una relación con Europa de manera distinta y constante.
Más que nada, el Brexit. Hay que recordar que una vez que fue efectuado y se hizo el Tratado de Libre Comercio entre la Unión Europea y el Reino Unido, Malvinas, Georgia y Sándwich del Sur textualmente quedaron afuera.
Europa está tomando nota de eso y, más allá de la posición de Italia y España, que históricamente nos han acompañado, empieza a ver que hay una situación colonial, ya sin el Reino Unido como parte de la Unión Europea. Como sabemos, Europa condena este tipo de situaciones.
Ahora bien, vuelvo al caso de Chagos. Da la casualidad de que Chagos es la resolución 2066. Se aprobó en el año 1965, el mismo día que se aprobó Malvinas. Argentina fue amicus curiae en el caso de Chagos y nos fue muy bien.
Y realmente, esta vuelta atrás, a pesar de que la condena en Naciones Unidas no sumaba ningún voto más allá del Reino Unido y Estados Unidos, muestra que no había apoyo para que esta base en el Índico quedara en manos británicas. Bueno, acaba de dar marcha atrás. Insisto, es muy bueno, pero el Reino Unido tiene un espíritu colonial.
El Atlántico Sur, como hemos visto, dejó de ser un problema entre Argentina y el Reino Unido para convertirse en un tema a escala global, donde la disputa entre las dos grandes superpotencias se da todos los días.
Malvinas es la cabeza de puente para entrar a la Antártida. Es el control del paso bioceánico, el único natural entre el Atlántico y el Pacífico. Al mismo tiempo, están explorando hidrocarburos en Sea Lion, en la cuenca norte de Malvinas, y ahora ha entrado una empresa israelí muy fuerte a poner capital para que esto ocurra.
También sabemos que la plataforma continental argentina, que hace al país dos veces más grande, con riquezas no solo hidrocarburíferas, sino también pesqueras, minerales y de biodiversidad, hace que para el Reino Unido no sea tan fácil venir a negociar. La condena internacional al colonialismo va a hacer que se tenga que sentar en la mesa.
¿Agrega un elemento, no sé qué ponderación le das, la eventualidad de que, a fin de este año, sea electo como secretario general de las Naciones Unidas un argentino como Rafael Grossi?
Sería buenísimo, no solo por conocerlo a Grossi y saber la altura que él tiene y el papel que ha desempeñado a nivel internacional, y que representa, en buena medida, un desarrollo que, hay que decirlo, el gobierno de Milei viene golpeando fuertemente, que es el desarrollo nuestro en tecnología nuclear.
Grossi sería, sin lugar a dudas, un paso importante. ¿Por qué? Porque Naciones Unidas, al mismo tiempo que le dio la resolución 2065, le encomendó al secretario general de Naciones Unidas que haga una gestión de buenos oficios. Esta es la tarea del secretario general.
Hay que decir que casi ningún secretario general lo ha hecho. Yo me he entrevistado, como secretario de Malvinas, varias veces con secretarios generales que no han hecho eso. ¿Qué es lo que debiera hacer un secretario general? Ir a las dos capitales y llamarlos a entablar negociaciones. Eso condicionaría mucho. Eso pondría en marcha la resolución que, hasta ahora, como todos sabemos, cuando se vota a fin de año, el canciller Robert Michael Maitland Stewart viene a la Argentina a iniciar las negociaciones para transferir la soberanía, y todos los años Argentina y el Reino Unido elevan un informe de cómo están avanzando en la transferencia de la soberanía.
Tal es así que, durante la década del 60 y hasta los 70, Argentina construye el aeropuerto como parte de este proceso. Argentina lleva por primera vez petróleo y gasolina a las Malvinas, lleva carbón. Argentina hasta maestras lleva para que empiecen a aprender español. La resolución de Naciones Unidas, por la firma de los dos cancilleres de aquel momento, empezó ese camino. Naciones Unidas ha dado esa posibilidad muchas veces de llevar adelante tareas de pacificación y de descolonización. Sin embargo, cuando empezó el comité de descolonización, en el mundo existían cerca de 50 colonias; hoy solamente quedan 17 y la más importante es, sin lugar a dudas, Malvinas.
¿Otro elemento es el propio debilitamiento militar del Reino Unido? Trump dijo que los portaaviones que tenían eran de juguete y es probable que la continua pérdida de significancia de lo que fue el Imperio Británico hace un siglo, 40 años después se siga profundizando. ¿Es posible que en algún momento Inglaterra no tenga capacidad de defender militarmente Malvinas, como no la tenía para defender Hong Kong?
No imagino un horizonte, y así lo dice la Constitución Argentina, donde el diferendo se resuelva desde el punto de vista militar. Aun cuando Argentina fuera superpoderosa, la Constitución Argentina y también la resolución de Naciones Unidas son muy claras en que la única vía que Argentina va a adoptar para resolver el diferendo es la vía diplomática. Tendremos toda la paciencia del mundo, pero ya hemos perdido jóvenes argentinos y también británicos, hay que decirlo.
Al mismo tiempo, tengamos en cuenta lo siguiente: para el caso de Chagos le hizo firmar el Reino Unido a Mauricio un arrendamiento por 99 años de la isla Diego García, porque de esa isla y de esa base aeronáutica salen los vuelos que van, por supuesto, a Irán, a Afganistán, a Yemen. Entonces juega un papel estratégico. No creo que fácilmente cedan. Hay que aclarar que la base de Malvinas no es una base de la OTAN, pero es una base de un país de la OTAN. Entonces me parece muy difícil que rápidamente se desactive esa base, teniendo en cuenta lo que señalaba antes respecto de la importancia geopolítica para las grandes potencias que tiene el Atlántico Sur.
Hoy es estratégico y lo vemos con los envíos que hace Estados Unidos, uno tras otro, de los jefes del Comando Sur a Ushuaia, y la preocupación que tuvo en el momento en que Argentina se parecía, o se comentaba —cosa que no fue así—, que iba a hacer un puerto de aguas profundas, de cabecera logística para la Antártida, y que lo iba a hacer China.
Ahí realmente se vio que hay un interés más allá del interés nacional, hay intereses de las grandes potencias respecto de la región y Argentina tiene que mantenerse prescindente en esa dirección. Pero el interés y la mirada de que haya una base militar de un país de la OTAN ahí me parece que también juega un rol importante.
No me refería directamente a una resolución militar, pero, bueno, siguiendo el axioma de Clausewitz, al derecho y al revés, de la continuación de la guerra y la política, uno lo que podría imaginar es que juega un papel disuasorio. Si Gran Bretaña no tiene los recursos para mantener una base y una defensa militar costosa, puede ser un elemento que también los lleve progresivamente a ceder en la negociación.
Es muy interesante eso, porque esa es, en general, la mirada que, por lo menos, tengo yo y que muchos expertos —los más importantes de la Argentina— plantean: que la estrategia de Argentina tiene que aumentarle los costos al Reino Unido de estar en Malvinas. Costos geopolíticos con toda América Latina, porque está claro que la región nos apoya; costos políticos con todos los países del mundo que respaldan la causa anticolonial, y también costos materiales.
Y ahí, perdoname que diga, es lo contrario que hizo este gobierno cuando firmó el acuerdo Mondino con el canciller británico, facilitándole la explotación de los recursos naturales, que son de 50 millones de argentinos, a los británicos.
Argentina, lo que tiene que hacer —y las encuestas lo muestran así en el Reino Unido— es que un país con muchas dificultades económicas, cuya población es reacia a pagar cada vez más impuestos, sepa que mantener esa base militar allí tiene un costo muy alto. Salvo que —y esto es una preocupación, y por eso el gobierno argentino debía tener una política más activa— realmente logren pasar de la etapa de exploración del petróleo a la etapa de explotación.
Esto parecía imposible hace seis meses, porque el costo en medio del océano y el riesgo ambiental que tiene esa explotación es enorme. Sin embargo, si los precios siguen aumentando, como está pasando por el conflicto bélico, pueden pensar que realmente es una oportunidad. Y hay que decirlo: si en algún momento logran explotar hidrocarburos en la cuenca norte de Malvinas, ahí en Sea Lion, que es donde más avanzados están, va a ser bastante más complejo recuperar las islas.
Uno puede leer que, en este contexto, la verdadera forma de recuperar Malvinas es ser amigo de Estados Unidos, en un realineamiento internacional en la idea de América para los americanos, independientemente de la utilización que se le hace, desnaturalizándola. Pero digo que la competencia de Estados Unidos con China y el sur global ha hecho menos importante a Europa para Estados Unidos y más importante a América Latina, y que, en ese punto, la manera que tenemos de recuperar Malvinas, aumentándole el costo a Gran Bretaña, es que no cuente con el apoyo de Estados Unidos, porque a ese país le sobran recursos para poder sustentar cualquier respaldo a Gran Bretaña. Si no tuviera ese apoyo, la situación sería más difícil.
Por supuesto. Vuelvo a la figura que te decía antes: el último que pensó eso fue Galtieri.
Sí, le salió mal.
Pensar que Estados Unidos va a ser más amigo de Argentina que de un país de la OTAN, que además históricamente está tan vinculado y que es una de las potencias mundiales, aunque esté en decadencia como el Reino Unido, es complejo. Y que confíe más en que Argentina tenga esa base militar y no los británicos también es bastante difícil. Ojalá.
Hay varios países de América Latina que también tienen bases norteamericanas, como sabemos. Pero lo que quería plantear es que hay una confusión, porque todo lo que tenemos hasta ahora es un rumor sobre un cable, sobre un mail, eso es todo lo que hay. Pero al minuto siguiente, el Departamento de Estado salió a decir que Estados Unidos seguía siendo neutral.
En todas las votaciones de Naciones Unidas, Estados Unidos fue neutral, salvo en las de 1982, cuando, en el conflicto, apoyó decididamente al Reino Unido. En las votaciones de Naciones Unidas votó con el Reino Unido contra Argentina. Esto de que vuelve a ser neutral es que vos lo señalaste en algún momento: Estados Unidos tiene una contradicción con Malvinas. Por un lado tiene su principal aliado, que es el Reino Unido, pero por el otro tiene la Doctrina Monroe o América para los americanos. Entonces eso lo obliga a ser neutral.
El único lugar donde Estados Unidos vota respecto de Malvinas, salvo Naciones Unidas, es en la OEA. Y en la OEA se vota todos los años una declaración y Estados Unidos, como se vota por consenso, entonces no necesita votar.
A ver, algunas veces hasta puso lo que se permite, una reserva, una nota al pie, pero mayoritariamente se abstiene. Es decir que Estados Unidos, en este sentido, sigue siendo lo que era antes de este rumor, que es teóricamente neutral, pero el antecedente que tenemos es que cuando hubo una situación difícil se volcó para el lado de su aliado histórico.
De cualquier manera, insisto, no es nada desdeñable y estoy de acuerdo con vos en que ser amigo del grandote en el contexto internacional nos puede ayudar, pero hoy en día lo que más nos perjudica es que Argentina está votando en contra de todas las naciones que están en contra del colonialismo, y eso nos pone en una situación muy compleja, y lo estamos viendo todos los años cuando vota el comité de descolonización.
Una vez que vos votaste contra los 55 países africanos, siendo uno de los tres países que votó en contra del tema del esclavismo, es muy difícil. Ahora Brasil acaba de firmar, sin anunciarnos a nosotros, un acuerdo muy importante con el Reino Unido, porque si nosotros estamos votando en todo contra ellos, ¿por qué ellos van a votar a favor nuestro?
Y te quiero decir que en el concierto internacional, más allá del poderío militar, en todos los organismos intergubernamentales lo que decide es el voto mayoritario, porque es un país, un voto. Argentina está votando todo contra el G77, que son 133 países. Entonces, a la larga o a la corta, estas situaciones nos las van a cobrar.
Y es que Argentina no vuelve a lo tradicional, a la idea de un mundo multipolar, donde en cada votación analizamos cuál es la mejor posición argentina y no el alineamiento automático. Porque, te insisto, las políticas de Milei, incluso esta posición de mudar la embajada a Jerusalén, que realmente, como lo han planteado incluso ahí mismo en Israel, es casi una cuestión de justificación de la intrusión y la usurpación británica, son temas centrales.
Para Pérez Llana, “es cada vez más probable recuperar Malvinas bajo el modelo de Hong Kong”
Los miran todos los países del mundo y, a la hora de tomar decisiones, las van a tener en cuenta en algún momento.
MV