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MODO FONTEVECCHIA
Editorial de Jorge Fontevecchia

Día 986: Siete preguntas para el próximo presidente

Frente a la tendencia de las campañas a refugiarse en slogans abstractos y enfrentamientos estériles, surge la urgencia de exigir definiciones concretas a los candidatos sobre economía, recursos naturales y convivencia democrática.

Día 986 editorial JF
Día 986 editorial JF | NET TV

Según un promedio de cinco de las más importantes encuestadoras, de cada 10 argentinos, seis desaprueban la gestión de Javier Milei, tres la aprueban y uno sigue indeciso, aunque la proyección lo ubica como futuro opositor. Es decir, si fueran hoy las elecciones, es probable que el presidente perdiera en la mayoría de los escenarios posibles. Esta situación nos hace pensar en cuáles son los debates que tenemos por delante de cara a una posible Argentina postmileísta. Creemos que quienes consideran que los problemas de este país empiezan y terminan en Javier Milei se equivocan. Milei es apenas un emergente de un conjunto de taras y límites que tiene nuestro país y el sistema político que sería bueno debatir.

Cada vez que alguien se presenta como precandidato, plantea que es importante debatir los grandes temas que tiene nuestro país; sin embargo, muchas veces no se avanza más allá de la mera formulación y declamación de algunos de los problemas. Proponemos siete preguntas que los candidatos a presidente deben responder concretamente para poder discernir con claridad qué proyecto de país tienen en la cabeza y con qué facultades —tanto personales como profesionales— cuentan para hacer frente a la enorme tarea de sacar este país adelante.

Actualmente, cuando votamos, ¿sabemos exactamente lo que piensan los candidatos? El economista Anthony Downs formuló el concepto de ignorancia racional. Para el ciudadano promedio, el costo en tiempo y energía de investigar a fondo cada propuesta detallada supera con creces el impacto individual que su voto tendrá en el resultado final. En su lugar, el electorado recurre a heurísticas o atajos cognitivos: la marca del partido, la afinidad ideológica general, el carisma del líder o la pertenencia a un grupo socioeconómico o cultural. Además, desde la teoría de la elección pública, los políticos suelen utilizar la ambigüedad de manera deliberada (blurring). Adoptar posiciones extremadamente específicas y detalladas corre el riesgo de alienar a sectores del electorado. Por ello, las campañas priorizan discursos basados en valores abstractos (cambio, orden, justicia, libertad) en lugar de hojas de ruta compuestas por medidas concretas. Por todo esto, desde el periodismo tenemos que ayudar a clarificar todo lo que se pueda para que nuestra audiencia haga la elección con la mayor cantidad de información posible.

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Empezamos y nos metemos de lleno en el debate del futuro económico del país. La madre de todas las discusiones es cómo aprovechar la bendición de los recursos naturales que tenemos para desarrollar el conjunto de la economía. “Sin Vaca Muerta no se puede y solo con Vaca Muerta no alcanza”, lo sintetizó con genialidad la colega Luciana Vázquez en la conferencia Por una Argentina productiva. Es decir, Vaca Muerta como significante de todo lo que tiene que ver con los dólares que ingresan e ingresarán por energía y minería, sumados a los que ya lo hacen por las exportaciones agropecuarias.

Tenemos ejemplos de aprovechamiento de los recursos naturales, como lo hizo Noruega que, se podría decir, descubrió una "Vaca Muerta" debajo del agua. El país nórdico extrae petróleo que se encuentra debajo del agua y creó el Fondo Global de Pensiones de Noruega, un fondo soberano creado en la década de 1990 para transformar las ganancias temporales del petróleo y del gas del Mar del Norte en una riqueza permanente para las futuras generaciones. Administrado por una división de su Banco Central (NBIM), invierte exclusivamente fuera de Noruega para evitar la inflación local, distribuyendo su capital en acciones de más de 7.000 empresas globales, bonos y bienes raíces.

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Bajo una estricta regla fiscal, el gobierno noruego solo puede retirar cerca del 3% anual de su valor —equivalente a su rendimiento real estimado— para financiar el presupuesto público, garantizando así que el patrimonio nacional siga creciendo y protegiendo la economía contra la volatilidad de los combustibles fósiles. El gobierno no permitió que las multinacionales extranjeras simplemente extrajeran el crudo y se fueran. El Estado exigió por ley que las empresas extranjeras se asociaran con firmas locales y compartieran su tecnología. Esto provocó un fenómeno de transferencia. Todo esto funciona bajo la empresa Equinor, en la que el Estado noruego controla el 67% de las acciones.

En el lado opuesto, aunque también exitoso, tenemos Australia que construyó su prosperidad económica liberalizando su mercado y aprovechando su inmensa riqueza geológica para convertirse en la principal cantera de materias primas (hierro, carbón, gas y litio) del desarrollo industrial asiático, especialmente de China. A partir de las reformas de desregulación financiera en los años 80, el país optó por atraer masivas inversiones de multinacionales privadas y apostar por un modelo de inmigración altamente calificada que expande continuamente su mercado interno. Aunque este enfoque de libre mercado deprimió la manufactura local debido a la apreciación de su moneda, le permitió encadenar 28 años de crecimiento ininterrumpido, financiar un sólido Estado de bienestar con altos salarios y posicionar a sus ciudades entre las de mayor calidad de vida del mundo.

Australia logró desindustrializarse sin generar desempleo masivo gracias a una transición estructural masiva hacia el sector de servicios, el boom de la construcción y una explosión del gasto en la economía pública. El declive de las fábricas no ocurrió de golpe, sino que fue un proceso gradual a lo largo de cuatro décadas, lo que dio margen a la economía para reabsorber a los trabajadores.

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Los argentinos, según se estima, tenemos una nueva Pampa húmeda, que es energética en materia de ingresos de dólares; esto hace que el país tenga una nueva oportunidad exportadora. La vivió una vez junto al resto de los países exportadores de materias primas a principios de siglo, y el kirchnerismo nos legó una economía subsidiada que tenía una tendencia redistributiva pero que nunca transformó la matriz productiva del país. Es decir, el campo subsidió a la industria, pero no se avanzó en el desarrollo de una industrialización sustentable del país.

Paralelamente otro Vaca Muerta y otra Pampa húmeda es la minería que aunque sus exportaciones están desplazadas en el tiempo porque la grandes inversiones están recién comenzando, solo el cobre podría llegar a producirse tantas exportaciones como las de Chile con alrededor de 60 mil millones por año en minería de las cuales el cobre es su gran mayoría.

Según datos del INDEC y de la Secretaría de Trabajo / SIPA, la suma del sector agropecuario, la minería y los hidrocarburos representa entre el 3% y el 4% del total de la población ocupada a nivel nacional, alcanzando un 7% si se mide exclusivamente sobre el empleo privado formal registrado.

Si se computa la cadena extendida de valor (servicios derivados, logística, industrialización de insumos, metalmecánica y proveedores), estos sectores elevan su impacto laboral directo e indirecto a un rango de entre el 17% y el 22% del total de los empleos del país. Esa estimación se conoce cruzando los microdatos de empleo de la Encuesta Permanente de Hogares del INDEC y del SIPA con las Matrices de Insumo-Producto y los estudios de cadenas de valor de FADA, los cuales miden matemáticamente los multiplicadores de trabajo que cada actividad demanda en transporte, insumos, servicios e industria procesadora.

Entonces, a grosso modo, con los sectores dinámicos hay 2 de cada 10 trabajadores argentinos ocupados en empleos formales de buena calidad. Aproximadamente hay un 18% que trabaja en el Estado y un 40% que es informal. Con lo cual, la pregunta al próximo presidente sería:

1.En concreto, ¿cómo se genera un derrame desde Vaca Muerta, la Pampa húmeda y la mineria al resto de la economía, que concentra la mayor cantidad de mano de obra?

La deuda externa es un tema central en la economía de nuestro país. Hay sectores de izquierda que plantean que hay que desconocerla total o parcialmente. Esto tiene un problema concreto: la relación con los mercados, provocaría una huida de los activos y, por consiguiente, un disparo del dólar y de la inflación, además del bloqueo de los créditos internacionales. Por otro lado, los vencimientos que tenemos de acá a los próximos cuatro años, incluyendo al FMI y a los bonistas, ascienden a 80.000 millones de dólares, dinero que no tenemos; por lo cual hay que renovar la deuda. Es decir, adquirir crédito para pagar la deuda y seguir postergándola. Entonces, la pregunta al próximo presidente sería:

2.¿Enfrentaría la deuda externa intentando generar quitas, desconociéndola o mejorando las calificaciones financieras para rollearla?

Por un lado, la corrupción de los diferentes gobiernos genera un profundo descrédito en la política y, por el otro, las causas que avanzan contra los expresidentes alimentan difíciles grietas en la sociedad. Las mediciones de opinión pública sobre la situación judicial de Cristina Fernández de Kirchner muestran una polarización marcada en la sociedad, donde la postura de si su condena es injusta o responde a una persecución política oscila entre el 37% y el 44% de la población. Javier Milei y su hermana están involucrados en diferentes investigaciones por casos de corrupción como Libra y ANDIS. Conociendo la defección estratégica de la justicia argentina, que tiende a avanzar en las causas de los políticos cuando pierden el poder:

3.¿Dejaría que se meta preso a Javier Milei si así lo decidiese la justicia? ¿Indultaría a Cristina Kirchner? ¿A los dos? Es decir, concretamente, ¿qué es lo que más valora: que la sociedad pueda votar a estas personas o que la justicia actúe independientemente del grado de representatividad que tengan?

A nivel mundial, la adopción de la Inteligencia Artificial está transformando el mercado de trabajo mediante una reestructuración profunda que combina desplazamiento y creación de empleos. Proyecciones de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y del Foro Económico Mundial (WEF) estiman que para 2030 se desplazarán 92 millones de puestos de trabajo —principalmente en tareas administrativas, soporte de nivel junior y procesos automatizables—, aunque la aparición de 170 millones de nuevos roles vinculados a la tecnología, el análisis de datos y la ciberseguridad arrojará un saldo positivo neto de 78 millones de empleos.

Este proceso no implica únicamente la eliminación de puestos, sino también la transformación estructural de las tareas del 22% de los empleos existentes, afectando de forma directa a las contrataciones iniciales de los jóvenes e imponiendo la necesidad de reconvertir las habilidades de 4 de cada 10 de las plantillas laborales en las empresas de todo el mundo. Entonces, le preguntamos al próximo presidente:

4.¿Qué ideas tiene en lo concreto respecto de la regulación o no de la IA? ¿Considera que el manejo de la IA debe enseñarse en el colegio o no? ¿El Estado debe ayudar a empresarios y trabajadores a afrontar esta revolución tecnológica? ¿Cómo?

Fundamentalmente en Estados Unidos, pero también hay ejemplos de otros lugares del planeta, el progresismo mundial empezó a instalar la idea de “tax the rich”, es decir, impuesto a los ricos. Cambiar el sistema impositivo y de esta manera redistribuir la riqueza que se viene concentrando fuertemente hace años.

El 1% más rico de la población mundial posee casi el 45% de la riqueza neta global, mientras que el 50% más pobre de la humanidad (aproximadamente 4.000 millones de personas) retiene apenas un 0,75% del patrimonio global total. En las últimas décadas, el crecimiento del capital privado ha superado con frecuencia al crecimiento del producto interno bruto, lo que consolida la acumulación patrimonial por encima de los ingresos derivados del trabajo.

En Argentina, dentro del propio 1% hay una hiperconcentración: el 0,1% superior (aproximadamente 25.000 a 30.000 personas en el país) concentra más riqueza neta que el 60% más pobre de la población. Este segmento no depende de un mercado de trabajo ni de la coyuntura local, sino de la rentabilidad del capital globalizado y de sectores primarios/estratégicos de la economía.

Ahora, cobrarle más impuestos a estos súperricos es muy difícil, por la naturaleza misma del capital contemporáneo, que puede mover sus acciones, bonos y en definitiva su riqueza a países con menores cargas fiscales.

Entonces, en ese sentido, le preguntaríamos al próximo presidente:

5.¿Pretende avanzar en impuestos para los más ricos cómo proponen otras figuras del progresismo mundial? ¿Cómo puede ejecutarse realmente en las condiciones actuales?

Probablemente el tema de mayor relevancia mundial tenga que ver con el enfrentamiento geopolítico entre China y Estados Unidos. El actual gobierno de Javier Milei tiene un alineamiento muy claro con Donald Trump y Estados Unidos. Tal es así que el embajador norteamericano en Argentina, Peter Lamelas le exigió a una cooperativa electrica en Neuquén que no incorpore tecnología de la empresa china Huawei.

Por todo esto, le preguntaríamos al próximo presidente:

6.¿Cómo piensa plantarse en la disputa entre China y Estados Unidos?

De las diez entrevistas más vistas en YouTube de este programa, solo una fue a un político: Rodolfo Tailhade, quien hizo una denuncia puntual sobre los excesivos gastos diarios de la esposa del exjefe de Gabinete Manuel Adorni. Luego, son todos analistas y economistas: Horacio Verbitsky, Emmanuel Álvarez Agis, Jaime Durán Barba, Jorge Asís o Diego Giacomini. Probablemente esta realidad tenga que ver con que muchas veces los dirigentes políticos no logran intervenir con ideas nuevas y claras en el debate nacional.

Los analistas, al no tener que ser votados, probablemente sientan más libertad para decir lo que piensan, y esto genera ideas más frescas que llaman la atención del público. Fíjense en los nombres que di, más allá de las virtudes discursivas de todos ellos, ninguno insulta ni dice barbaridades. Todos llaman la atención con lo novedoso de sus planteos.

La política dejó de convocar a la sociedad y esto tiene que ver con la idea, posiblemente falsa, de que a la sociedad no le interesan las ideas. Es cierto que el hecho de que 200 mil personas en nuestro programa quieran escuchar ideas elaboradas de un analista no es prueba de lo contrario, pero inclusive que Javier Milei, al plantear soluciones concretas al problema del país, haya ganado, algo debe querer decir. Obviamente estas ideas nos parecen por momentos bizarras y delirantes, pero la realidad es que fueron las únicas nuevas que se presentaron, me refiero a las de Milei. Todo lo demás sonaba a un discurso prefabricado que ya no había dado resultado en el pasado.

Quizás estas siete preguntas puedan ser un pequeño aporte para que la clase política vuelva a interesar a los argentinos, entre las estructuras partidarias que generan una verticalidad que a veces es contraria a la velocidad con la que avanza el debate público y la constante lectura de las encuestas por parte de los dirigentes, que terminan condicionando las respuestas y haciéndolas algo coacheadas.

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Por otro lado, el debate de ideas en la política se ha suplantado por las agresiones y descalificaciones que se incrementan desde el kirchnerismo. Se podría decir que desde la crisis con el campo hasta la actualidad, la llamada grieta ha explicado gran parte de las críticas en ambos bandos. Si de un lado se planteaba el problema fiscal y la corrupción, se argumentaba que era un intento de Clarín y el establishment por desestabilizar un gobierno popular; y si del otro bando se criticaba el ajuste o el enfriamiento de la economía, se advertía un intento de golpe de Estado del peronismo para defender sus privilegios de casta.

Esta forma de discutir política ha vaciado el debate y, evidentemente, ha desinteresado a buena parte de la sociedad. Gran parte de la misión de la política es cambiar esta práctica, analizar los problemas planteados y ofrecer una alternativa de solución con claridad.

El triunfo de Javier Milei en 2023 es la muestra de un fracaso de la clase política argentina. Un hombre con una motosierra que afirma que no es político y dice que la decadencia del país empezó con el nacimiento de la democracia con la Ley Sáenz Peña es, en esencia, el auge de la antipolítica. Esto configura la triste paradoja de que a 40 años de la democracia se votó a un presidente que ni siquiera cree en la democracia, como se lo dejó en claro a la colega Luciana Geuna.

Y de la mano con todo esto le haría una última pregunta al próximo presidente, quizás la más importante y la única cuya respuesta debería considerar si se lo vota o no.

7.¿De qué manera cree que se puede frenar la polarización política y el enfrentamiento entre los argentinos?

¿Por qué creemos que esta pregunta es fundamental?: porque creemos que gran parte de nuestra tragedia nacional inició cuando creímos que el problema del país se reduce a la existencia de una mitad de la población que no piensa como nosotros. De un lado, la oligarquía, la corpo mediática y el establishment; y del otro, el peronismo, los planeros y la gente que no quiere trabajar. Ninguno de los bandos puede explicar cómo el país funciona con el cincuenta por ciento de oligarcas o el cincuenta por ciento de planeros y corruptos.

La persistencia de una discusión que se ha vuelto estéril como repetitiva hace que estemos girando en falso en una polarización de dos mitades de país que se dejaron de escuchar. Tal vez Milei sea el último capítulo de una saga de presidentes que jugaron a sobrevivir gracias a esa división del país, el que lo hace de manera más violenta y decadente. Tal vez tuvimos que descender a este nivel para entender que simplemente estamos viendo el problema nacional desde diferentes perspectivas y eso no nos hace enemigos, y de seguro un nuevo presidente no debería seguir en este juego maniqueo de reducir el problema a la existencia del otro.

Si efectivamente hay candidatos que piensan esto, la respuesta a las otras preguntas casi que no interesa. Porque obviamente la otra mitad del país va a seguir existiendo y todos los esfuerzos por neutralizarla, silenciarla o negarla lo único que hicieron fue agravar el problema.

Esperemos que esta forma populista y maniquea de ver el país quede en el pasado.

MEG