Malvinas es el último “nosotros”, casi el único pegamento social que atraviesa cualquier grieta. En una Argentina extremadamente fragmentada, Malvinas conserva una característica excepcional: permite pronunciar la primera persona del plural. No somos libertarios, peronistas, radicales, macristas o kirchneristas: somos argentinos. El fútbol cumple episódicamente la misma función. Durante un Mundial suspende —nunca elimina— las fracturas sociales y políticas y produce una comunidad emocional.
Precisamente durante el último Mundial reapareció con fuerza Malvinas cuando los jugadores argentinos tras ganarle al seleccionado inglés exhibieron la bandera “Las Malvinas son argentinas”. Una vez más, la causa de soberanía por Malvinas es utilizada políticamente por un Gobierno para intentar resolver los problemas políticos que su propia gestión genera. Y sucede cuando el capital político individual de un gobierno comienza a desgastarse necesita recurrir a un patrimonio simbólico que pertenece a todos. En la actualidad, Milei, pasó de manifestar el derecho a autodeterminación de los kelpers en las islas y su admiración a Margaret Thatcher, a proclamarse un defensor de la soberanía nacional en tema Malvinas impulsado en unas declaraciones de Trump. Sucede que el presidente norteamericano planteó que Estados Unidos podría revisar su apoyo a Inglaterra en el conflicto. Entonces, debido a la revitalización del tema tras el gesto de la bandera del seleccionado nacional en el triunfo contra la selección inglesa, Milei trata de recuperar terreno político con puro fuego de artificio. Veamos el tweet que lanzó ayer por el tema tras anunciar una cadena nacional hoy a la noche en la que se harán anuncios al respecto.

Es increíble este tuit. No se entiende concretamente contra quién está tuiteando, no queda claro quién había criticado la cadena nacional, el insulto subido de tono y repetido en cada párrafo y el cambio de posición. Ahora la causa Malvinas es “SAGRADA” con mayúscula y es importante defender “la soberanía nacional”. Del cosmopolitismo libertario al nacionalismo del presidente ideológicamente menos nacionalista de la democracia argentina reciente. Malvinas pertenece exactamente al universo conceptual contrario. De aquello que se está dispuesto a empeorar económicamente por sostener la dignidad. Y Milei que llegó al poder destruyendo los consensos, ahora descubre que necesita uno. Y para encontrarlo debe recurrir precisamente a Malvinas, quizá el último cemento simbólico que todavía une a los argentinos. En relación al uso de la cadena nacional, gran parte del periodismo lo criticó durante el gobierno de Cristina Kirchner, no hay ningún aspecto personal en ese sentido sino general. Obligar a todo el país a escucharte interrumpiendo la transmisión, en general se hace cuando hay una urgencia nacional. Si no, se obliga a los medios privados a hacer proselitismo político partidario y a la población, a escucharlo.
Pero intentaremos aclarar algunos puntos. En primer lugar, el tema Malvinas no estaba en la agenda por parte de la política, lo instaló la sociedad. Fueron hinchas del seleccionado los que hicieron la bandera y el seleccionado argentino el que la tomó. Evidentemente, el reclamo anidaba con mayor fuerza en ese momento en la sociedad porque la imagen de los jugadores con la bandera corrió como un reguero de pólvora por todo el país y luego, por todo el mundo. Esto generó inclusive que en el medio británico The Guardian, haya una nota que afirmara que era hora de que Inglaterra empiece negociaciones para devolver las Malvinas a Argentina. Esta instalación del tema de parte de la sociedad argentina y a través de su seleccionado nacional atravesó dos obstáculos, la organización de la FIFA y el Gobierno de Milei. Recordemos la posición de la ministra Monteoliva al respecto " 'Las Malvinas son Argentinas' son un mensaje político y provocador", dijo nuestra ministra de Seguridad.
No, ministra, “Las Malvinas son Argentinas” no es un mensaje político, ni una provocación, es una verdad geográfica.
Ahora vamos a escuchar al presidente, luego del partido, de alguna manera criticando a los jugadores que levantaron esa pancarta, diciendo que es "nacionalismo berreta".
El presidente señaló todo el trabajo diplomático que se viene haciendo en relación a Malvinas, pero omitió que durante los actos del 2 de abril tuvo una posición que rompió históricamente con el reclamo de soberanía de Malvinas al plantear que la solución pasaban por que los kelpers quieran ser argentinos. Escuchemos lo que dijo en el acto del año pasado.
En ese acto, Milei planteó que teníamos que ser una potencia internacional a tal punto que los colonos que hoy viven en Malvinas quieran ser argentinos. ¿Y si nunca quieren ser argentinos? Es decir, esa es la posibilidad más real. La posición del presidente en los hechos es superar a Inglaterra como potencia, algo que no está en el horizonte histórico, es decir que no se ve con claridad. Luego de superar a Inglaterra, ¿deberían los kelpers, querer ser argentinos. ¿Por qué sería esto así? Tienen una historia común con el Reino Unido. La posición del presidente, en los hechos, era prácticamente abandonar el reclamo. Ahora bien, ¿por qué Trump cambiaría de posición con respecto al apoyo histórico que Estados Unidos tiene hacia Inglaterra por ser aliados estratégicos en la OTAN? Hay una hipótesis que vincula la postura de Donald Trump sobre las Islas Malvinas con una estrategia para obligar al Reino Unido a incrementar su gasto militar en la OTAN. Esta surge de filtraciones periodísticas del Pentágono y del análisis de diversos especialistas internacionales. El diario británico The Daily Telegraph fue el primero en revelar planes que sugerían la posibilidad de revisar la neutralidad diplomática de Washington respecto a la soberanía de las islas como un mecanismo de presión para exigir a Londres un aumento de su presupuesto defensivo hasta alcanzar metas cercanas al 5% del producto interno bruto.
El analista internacional Mauro Enbe, señaló que estas maniobras representan una presión directa de Washington no solo para definir el financiamiento militar en la alianza atlántica, sino para forzar un alineamiento irrestricto del gobierno británico con la política exterior norteamericana. Por su parte, el periodista de The Guardian, Robert Tait, explicó que la administración de Trump apela a disputas territoriales históricas y a la sensibilidad británica sobre el Atlántico Sur como una herramienta de negociación para un reparto de cargas más equitativo. Desde la óptica militar, el excomandante de la Royal Navy, Alan West, coincidió en que el asunto se utiliza como chantaje diplomático, aunque restó peso operativo real a un cambio en el respaldo estadounidense. Finalmente, fuentes anónimas del Pentágono confirmaron a la prensa que no se descarta ninguna opción estratégica para acelerar la inversión defensiva del Reino Unido. Además, la gestión laborista del Reino Unido le prohibió a Trump que ataque a Irán desde la Isla Diego García, en el Océano Índico, en África, pero muy cerca de Irán. Otro de los territorios de ultramar bajo dominio inglés. Si bien hay una base militar norteamericana, el entonces primer ministro Starmer argumentó que el ataque pretendido por Trump no era “defensivo”, como se había establecido en los acuerdos bilaterales entre el Reino Unido y Estados Unidos. Todo esto está en la cabeza de Trump cuando hizo la declaración acerca de las Malvinas.
Es una jugada de beneficio mutuo entre Trump y Milei. Mientras el presidente norteamericano puede presionar a Inglaterra, Milei puede salir a disputar a dos flancos. Del lado del peronismo, su perfil soberanista y las movilizaciones callejeras asociaron el tema Malvinas a la llamada Ley de Extranjerización de Tierras y le provocaron una dura derrota política al Gobierno. De repente se vivió una suerte de “fervor nacionalista pop” en el que artistas como Tini y Emilia Mernes, quienes nunca se habían manifestado políticamente, hicieron posteos en redes contra esta ley, haciendo alusión a la bandera de Malvinas. “Las Malvinas son Argentina y el resto del territorio también”, decían varios posteos vistos por millones de personas. La tipografía utilizada en la bandera fue catalogada como Malvinas Sans por la tipografía creada por el diseñador Juan Manuel Pelillo y actualmente se descarga para hacer varios reclamos contra el Gobierno de Milei. Desde “Las Pymes son Argentinas” por el mal momento de las empresas locales hasta “El Puerto es de Tierra del Fuego”, veamos esta imagen.

Esta imagen la posteó el propio gobierno provincial peronista de Tierra del Fuego en referencia a que hay un barco británico amarrado al puerto de Ushuaia, lo que, según el gobierno provincial de Gustavo Melella viola la ley provincial del Gaucho Rivero que prohíbe que barcos británicos amarren en su puerto. Esta operación sucedió luego de que el Gobierno Nacional interviniera el puerto y quede bajo jurisdicción nacional. Entonces, todo tema Malvinas y bandera, representa un tema recurrente problemático para el Gobierno por el lado del peronismo, pero también por otro lado, el de su vicepresidente, Victoria Villarruel. Sucede que Villarruel, además de tener una postura nacionalista de derecha, su padre fue el teniente coronel retirado Eduardo Marcelo Villarruel, quien se desempeñó como segundo jefe de la Compañía de Comandos 602, uno de los más gloriosos durante el conflicto. Esto genera que haya tenido más reflejos a la hora de reivindicar el tema Malvinas que el Gobierno y genere un espacio de derecha alternativo a La Libertad Avanza. Todo esto tiene una importancia fundamental de cara a las próximas elecciones. Si Villarruel presentara una lista aparte y alcanzara un resultado entre el 3% y un techo del 10%, Milei podría perder en primera vuelta. Vamos a escuchar a Sabino Vaca Narvaja, que estuvo ayer en este programa hablando sobre el tema.
Bueno, Vaca Narvaja explica varias cosas, pero es interesante que hay como dos formas de reclamo. Uno es por la vía de juntar la mayor cantidad de países a favor y la otra es por seguir a Trump. El problema de seguir a Trump y aislarse internacionalmente, es que no hay forma de garantizar de que Trump, si consigue que Inglaterra aumente los gastos militares en la OTAN, no nos suelte la mano. Y tampoco hay manera de garantizar de que si efectivamente se consiguiera un avance en Malvinas, no deseara que Estados Unidos se quedase con los resultados en materia de explotación petrolera, pesquera e importancia geoestratégica de Malvinas, como ha hecho por ejemplo en el caso de Venezuela. Pero, esperemos a lo que diga el presidente al respecto hoy en la Cadena Nacional. Al comienzo de esta columna decíamos que otra vez un gobierno utiliza el tema Malvinas para intentar resolver los problemas políticos que su propia gestión genera. Obviamente estamos hablando de la dictadura militar, quien también, salvando las enormes diferencias, la utilizó contra el periodismo, el 95% de "mierdas humanas", como dice el presidente, somos nosotros. Antes de la Guerra, en el semanario antecesor a Noticias que impulsamos desde la Editorial Perfil, publicamos un artículo de investigación de un premio Pulitzer que explicaba por qué era imposible ganar la guerra, cuando recién había comenzado. La dictadura primero nos amenazó con fusilarnos, clausuró la revista, luego dictó, directamente en mi caso, la orden de prisión acusado de espía inglés por “traición a la patria”.
Obviamente, las distancias son insalvables, pero probablemente gran parte del problema del reclamo de Malvinas es que cuando se levanta sea para atacar a adversarios internos, en vez de para impulsar un genuino reclamo de soberanía. Y las "mierdas humanas" son las mismas para el presidente Milei que para el presidente Galtieri. Antes nos amenazaban con fusilarnos, nos censuraban y nos detenían, ahora solo nos tratan de “mierdas humanas”, al menos fuimos mejorando. La historia empieza como tragedia y se repite como parodia una vez más. Como siempre decimos, esperemos estar equivocados, esperemos que realmente el hecho de acompañar a Trump en cada uno de sus planteos, al menos nos ayude en algo con el reclamo de Malvinas. Las Malvinas son Argentinas y es bajo nuestra soberanía donde deben estar. Mañana se cumplen mil días del Gobierno y haremos un análisis de lo sucedido hasta aquí.
Producción de texto e imágenes: Matías Rodríguez Ghrimoldi.
LMM/LT