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MODO FONTEVECCHIA
La situación en Venezuela

El politólogo Manuel Alcántara comparó la detención de Noriega en Panamá con Maduro en Venezuela

Desde Panamá, el profesor emérito de la Universidad de Salamanca analizó los paralelismos históricos entre la caída del dictador panameño y la situación actual en Venezuela. “Hay una continuidad muy clara de los intereses norteamericanos”, observó.

Las detenciones de Manuel Noriega y Nicolás Maduro
Las detenciones de Manuel Noriega y Nicolás Maduro | US Marshals Miami - Truth @realDonaldTrump

El politólogo Manuel Alcántara comparó la detención de Manuel Noriega en Panamá con la de Nicolás Maduro en Venezuela y advirtió sobre la persistencia de los "intereses norteamericanos" y sus efectos en la política latinoamericana. En diálogo con Modo Fontevecchia, por Net TV y Radio Perfil (AM 1190), el director del Centro Internacional de Estudios Políticos y Sociales sostuvo que ambos episodios revelan “una continuidad" en las formas de intervención de Estados Unidos en la región.

Manuel Alcántara es un destacado politólogo, doctor en Ciencias Políticas y Sociología por la Universidad Complutense de Madrid. Fue catedrático de Ciencia Política y de la Administración en la Universidad de Salamanca desde 1993 hasta su jubilación y posterior nombramiento como emérito. Dirigió el Instituto de Iberoamérica de la USAL y ocupó el cargo de vicerrector de Relaciones Internacionales y Cooperación. En la actualidad se desempeña como director del Centro Internacional de Estudios Políticos y Sociales, con sede en Panamá.

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Quedé impresionado con el artículo que usted publicó aquí en Perfil, uniendo este cambio de época de desglobalización y regionalización. Enumera las caída de las Torres Gemelas el 11 de septiembre de 2001, la crisis de las hipotecas en 2008 y la pandemia como tres elementos que marcaron un cambio de subjetividad de la sociedad que implican un cambio en la política. Me gustaría que compartiera con nuestra audiencia estos elementos.

No solo son esos tres elementos, que son objetivos, sino también el cambio que se ha producido a lo largo de estos 25 años, prácticamente desde el comienzo, desde el inicio del presente siglo, en la propia sociedad, como consecuencia de lo que llamamos la revolución tecnológica digital, que ha tenido además un desarrollo exponencial, alcanzando a miles de millones de personas prácticamente en un tiempo inusitado. Este cambio que se nos ha introducido en nuestras vidas cotidianas, a la hora de comunicarnos con las personas queridas, de informarnos, de que otros entren en nuestras vidas, de que manejen nuestros datos y hagan muchísimo dinero con esos datos, es el gran cambio que acompaña a estos tres elementos.

Permítame agregarle desde mi propio fuero que el 11 de septiembre marcó el fin de la Pax romana que se creía con la caída del Muro de Berlín, que venía a partir de allí un único sistema democrático sin más guerras. En 2008, la crisis de las hipotecas marcó otro golpe a la globalización, que es la demostración de que la financiarización global era muy frágil y tenía efectos secundarios muy nocivos. Y la pandemia marcó cómo la globalización impedía el flujo de aprovisionamiento de las unidades de producción, que ingenuamente se había creído que era lo mismo producir en Vietnam que producir en México, y el famoso reshoring, primero nearshoring y después realshoring. Es decir, fueron tres golpes conjuntos a la globalización que se dan en los últimos 25 años, mientras que las modificaciones tecnológicas globalizaban.

Exacto. Eso mismo es lo que iba a decir. Pero además esta globalización tecnológica ha llegado a cada una de las personas. Mientras que las otras podían afectarnos como consumidores, como seguidores de determinados patrones, de modas, de consumos, esta es una revolución que cada uno llevamos en nuestro bolsillo. Y uno, cuando sube al subte, la imagen absolutamente compartida en cualquier país del mundo es la gente ensimismada viendo su celular.

¿Y cuál es su opinión de lo que está sucediendo en Venezuela y en Estados Unidos? ¿Trump está entregando Europa a Putin a cambio de Groenlandia y de todo Sudamérica?

El primero es que es un escenario que nos cuesta mucho interpretar porque nos faltan evidentemente muchos datos. Y aquí están surgiendo todo tipo de interpretaciones, a propósito de la infiltración del entorno de Maduro, a propósito de las intenciones del presidente Donald Trump de recuperar Venezuela, sobre todo el petróleo venezolano, y de no tener ningún interés en la democracia. La palabra democracia no ha salido en ninguna de las declaraciones oficiales de estos días.

Es un escenario confuso, pero a la vez tenemos la historia, y no muy lejana, que es que justo 36 años antes los Estados Unidos hicieron lo mismo en el país en el que ahora resido, en Panamá, un país muchísimo más pequeño, pero que también tenía un activo muy importante para Estados Unidos, que era el Canal de Panamá. Y la excusa fue la misma: que Manuel Noriega era un narcotraficante y que, como tal, debía ser juzgado, y así lo fue. Entonces, el golpe fue distinto, evidentemente, porque son países distintos, pero hay una serie de paralelismos bastante notables.

Uno ve cómo la historia se repite y cómo los intereses norteamericanos son un continuo constante. En ese momento era un presidente republicano, (George W.) Bush padre, el que lideró ese operativo contra Panamá, y hoy ha sido un presidente republicano muy distinto. Evidentemente no estoy comparando para nada las dos figuras de Bush con Trump, pero lo que quiero señalar es que hay una repetición.

Con respecto al otro punto, desde el pasado 20 de enero, y ya algo habíamos visto en la primera presidencia de Trump, es obvio que cuestiona el orden europeo y rompe una alianza trenzada desde la Segunda Guerra Mundial, razonablemente sólida, que ahora mismo se encuentra en cuestionamiento. ¿Y esto por qué? Primero porque Europa podría haber sido una suerte de eje confrontador o difuminador del poder de Estados Unidos en lo que llamamos el gran Occidente. Pero también porque la variedad y la complejidad de la Unión Europea son insoportables para la visión de un hombre que es monocromático, absolutamente centrado en una serie de elementos muy peculiares que rompen con la tradición de un orden internacional y que, sobre todo, rompen con una alianza como la establecida con Europa. Su posicionamiento en la guerra de Ucrania, en ese sentido, es evidente.

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Me gustaría aprovechar su condición de ahora residente en Panamá para hacerle una comparación para la audiencia de las diferencias que había entre la aprehensión de Noriega y la que hubo este sábado de Maduro. Noriega no era presidente, Maduro sí es presidente. Maduro fue sacado de su casa. Noriega estaba asilado o en busca de asilo en una embajada del Vaticano.

En la nunciatura, exactamente.

¿Qué comparaciones hay entre aquello que ocurrió hace ya más de 40 años y esto de hoy?

Noriega era el delfín de un régimen político que se había establecido en el año 68 con un golpe de Estado que lideró Omar Torrijos. Era un golpe de Estado en clave nacional-popular, en lo que podemos denominar la división de los golpes de Estado de esa época. Torrijos muere en un extraño accidente de avión, en el que se especula que Noriega tuvo algo que ver. Noriega asume el poder como hombre fuerte. Está correcto lo que has dicho de que él no era presidente. Hay unas elecciones que pierde el oficialismo, pero que el oficialismo no reconoce. Entonces, esa es una similitud con Venezuela. Noriega sigue siendo el hombre fuerte, no reconoce esas elecciones. Maduro no solo es el hombre fuerte: es el presidente de unas elecciones que son claramente fraudulentas.

Y en lo que concierne a ambos países, ambos tienen dos activos muy importantes para la economía norteamericana. El primero, en Panamá, es el Canal de Panamá, un canal que el propio Torrijos había negociado con el presidente (Jimmy) Carter, el retorno o la entrega del canal a Panamá, y que los Estados Unidos miraban con enorme recelo. Y una Venezuela que tiene las mayores reservas petroleras del mundo, unas reservas que fueron desarrolladas desde hace justo un siglo y que, en un determinado momento, concretamente en el año 1976, bajo un gobierno absolutamente democrático, el gobierno de Carlos Andrés Pérez en Venezuela, se nacionalizaron. Y esto lo dice Trump el otro día en su rueda de prensa. Él no habla de los gobiernos socialistas.

Carlos Andrés Pérez era líder de Acción Democrática, un partido que, no le falta razón a Trump, era miembro de la Internacional Socialista en ese momento. Entonces, Trump se refiere a esta nacionalización que se lleva a cabo el 1 de enero del año 1976 en Venezuela como un acto de robo. Entonces, también hay esta reivindicación, muy acorde con la lógica del MAGA, con la lógica de volver a ser grandes, de que el petróleo vuelva a quienes lo pusieron en marcha y quienes lo saben manejar, etcétera.

Por eso a Trump, en este caso, como ocurrió en Panamá, y esta también es una diferencia notable, de momento no ha invadido Venezuela. Se ha limitado al secuestro de Maduro y de su esposa y a intervenir ahora en este nuevo gobierno que se da con la vicepresidenta, con Delcy Rodríguez, a ver si ahí puede tener una capacidad de intermediación. En el caso de Panamá, los norteamericanos pusieron al presidente que había sido elegido en las elecciones seis meses antes, que era un hombre muy próximo a ellos, y no necesitaban intervenir en el país porque ya estaban en el país. Es decir, los norteamericanos estaban en la franja del Canal de Panamá, de la que no saldrían sino diez años más tarde.

Y ahí podríamos encontrar un punto de contacto entre que el Canal de Panamá fue construido por los norteamericanos y, en ese acuerdo con Torrijos y Carter, se lo estaba devolviendo, porque en realidad era un leasing, mientras que en el caso de Venezuela eran empresas privadas, no era el Estado norteamericano. Eran empresas privadas que al nacionalizarlas recibieron indemnizaciones.

Exactamente, y que siguieron teniendo un trato de favor muy grande, evidentemente.

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