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MODO FONTEVECCHIA
Rumbo a 2027

Facundo Nejamkis: "Si Milei sigue con estos problemas económicos, pierde en balotaje"

El director de Opina Argentina advirtió que el oficialismo atraviesa un momento de fortaleza, pero con señales de desgaste en la economía. "El Presidente empieza a competir contra sí mismo", señaló.

Facundo Nejamkis
Facundo Nejamkis | Captura de YouTube

Facundo Nejamkis, director de la consultora Opina Argentina, aseguró que si Javier Milei podría perder un balotaje en 2027 si se acentúa la crisis económica. El politólogo consideró que el oficialismo atraviesa un “momento prime en términos políticos”, con capacidad para conseguir victorias legislativas, pero advirtió que el programa económico muestra “signos de agotamiento”. "La pregunta es qué va a pasar cuando aparezca un rival que tenga autoridad moral para poder discutir con el gobierno", indicó en Modo Fontevecchia, por Net TV y Radio Perfil (AM 1190).

Facundo Nejamkis es licenciado en Ciencia Política por la Universidad de Buenos Aires. Realizó estudios de maestría en Administración y Políticas Públicas en la Universidad de San Andrés. Es el director de Opina Argentina, una de las consultoras de opinión pública más consultadas por medios y dirigentes, destacada por su análisis electoral y de imagen de gobierno.

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Se cierra la semana que comenzó con las airadas expresiones del Presidente en la apertura de las sesiones ordinarias y concluye con lo de ayer. El Presidente generó una serie de interpretaciones acerca de si comienza una nueva fase del gobierno. Me gustaría tu propio balance de la semana y saber si le das esa importancia significativa que yo estoy planteando.

Sí, son hechos significativos, por supuesto. Yo no soy de aquellos que aman la idea de que cada hecho noticioso es un hecho fundacional. Ni siquiera te diría la apertura de sesiones del Congreso, que en términos de espectáculo puede haber sido muy atractiva, muy interesante. Pero más bien interpreto eso en clave de un proceso que está sucediendo y no que marque un antes y un después de algo. Yo veo un gobierno, como dirían los jóvenes, en su momento prime en términos políticos. Es decir, un gobierno muy fortalecido en términos de recursos de gobernabilidad, con muchos recursos en términos legislativos, quizás sobrado de recursos legislativos, en abundancia, empachado de recursos legislativos.

Prácticamente saca lo que quiere en el Congreso y domina la escena de la Asamblea Legislativa como no se imaginaba hace un año atrás. De un presidente que no podía ni siquiera sostener sus vetos a las leyes, pasamos a un presidente que prácticamente pareciera que puede sacar la ley que se le ocurra y de un presidente que inauguró su período de gobierno hablando afuera del Congreso porque no quería mezclarse con diputados y senadores, a un presidente que controla absolutamente la Asamblea Legislativa y habla él con los bloques sin mostrar a los bloques, sin mostrar con quién habla. Entonces, en términos políticos pareciera ser un gobierno que abunda en recursos.

Ahora, al mismo tiempo, es un gobierno que en esa escena aparece polarizando con una fuerza política que hoy aparece muy debilitada, que es la principal fuerza opositora: el peronismo. Es un peronismo que aparece fragmentado, debilitado y, dentro del peronismo, con quien ha sido el espacio hegemónico de ese partido político en los últimos 20 años, que es el kirchnerismo. Es un espacio que tiene las diferencias internas que todos conocemos, su líder detenida y sin posibilidad de ser candidata a nada, y con mucho desprestigio ante la sociedad hoy. Lo que veo es la escena de un gobierno que busca polarizar con un espacio político que está debilitado y que genera rechazos en sectores de la sociedad que han apoyado al gobierno, pero que quizás hoy no están tan contentos y satisfechos con el estado actual de cosas.

Así como te digo que el gobierno está en un momento prime en términos políticos, no veo lo mismo en el plano de lo económico. Veo un programa económico que muestra signos de agotamiento parecidos a lo de la previa de la elección del mes de octubre, con la diferencia de que en ese momento el recurso político del apoyo de los Estados Unidos tapó una situación de mucha precariedad, sobre todo en relación con el valor del dólar. Hoy, en todos los indicadores de opinión pública, aparece una certidumbre alrededor del valor del dólar, pero todos los demás índices son negativos.

La gente cree que los precios están aumentando en relación con la estabilidad como valor que había conseguido Milei en su primer año de gobierno. Crece 12 puntos la cantidad de personas a las que no les alcanza el ingreso para llegar a fin de mes. Crece de cinco a 15 la cantidad de personas que cree que la inflación vuelve a ser una preocupación principal. Después hay índices objetivos que tienen que ver con el crecimiento o la morosidad que muestran un programa económico heterogéneo en su rendimiento, y que no impacta positivamente, por lo menos por el momento, en la vida cotidiana de las personas.

El Gobierno ha utilizado la Asamblea Legislativa como un recurso político para confrontar con un rival que todavía la permite acumular políticamente, pero no se hasta dónde va a poder sostener ese recurso cuando empiece a competir contra si mismo, como les pasa a todos los gobiernos después de las elecciones de medio término.

¿No hay una relación entre una cosa y la otra? ¿El espectáculo del domingo y esa exhibición de fortaleza política es necesaria o consecuencia de la debilidad en materia económica?

Sí, política y economía funcionan casi solapadamente. Déjame ir a un hecho anterior, que es plantear el programa económico, el programa de transformaciones estructurales, desde una dimensión moral. En ninguna discusión académica ni en ninguna discusión política, si hay déficit o no hay déficit es un tema de orden moral. Si el Estado gasta o no gasta, no es un tema de orden moral. El Gobierno, yo creo, inteligentemente, plantea esas cuestiones como una cuestión de índole moral. Entonces descalifica eso, descalifica a cualquier adversario que quiera plantear algo diferente en ese plano. Entonces el Presidente puede darse el lujo de no hacer obra pública durante dos años y ningún adversario le puede decir: “Es una barbaridad”. Porque el que quiere hacer obra pública aparece como un delincuente, como alguien que quiere robar, como alguien que quiere corromperse.

Entonces, la pregunta es si eso funciona con un rival que carece de autoridad moral para cuestionarte, en este caso, el peronismo kirchnerista, por decirlo de alguna manera. Pero la pregunta es qué va a pasar cuando aparezca un rival que tenga autoridad moral para poder discutir con el gobierno. Puede ser alguien de ese mismo espacio reciclado o alguien de otro espacio que pueda discutir. Y la relación con eso va a tener que ver con el rendimiento del propio gobierno.

Entonces yo creo que hoy Milei cree que pelea contra el kirchnerismo. Está bien que lo use como recurso, me parece inteligente, pero en realidad hoy Milei pelea contra sí mismo y contra el rendimiento que vaya a tener su gobierno de acá a las elecciones del año que viene. Porque yo soy de la idea de que, ojo, por ahí él está peleando contra el kirchnerismo y es cierto que la gente, entre kirchnerismo y él, en un hipotético balotaje puede preferirlo mayoritariamente a él. Pero la pregunta es si va a terminar peleando contra eso o si va a aparecer otro rival.

Doy un ejemplo. Yo sé que la historia nunca se repite, pero, como decía alguien que ahora no recuerdo, a veces rima. Vamos a un ejemplo inmediato anterior, que es el gobierno de Mauricio Macri. Macri creía que peleaba contra Cristina Kirchner y, en un movimiento, en una jugada, menos sofisticada que quizás la que se requiere hoy, Cristina (Kirchner) se corrió del centro de la escena, puso a Alberto Fernández y Macri perdió con Alberto Fernández, que nunca en su vida había encabezado una lista electoral para ningún cargo en ningún lado y no era un líder con características carismáticas extraordinarias que se llevara puesto cualquier elección. Perdió porque Macri perdió contra sí mismo, por el rendimiento económico de su gobierno.

Entonces, la pregunta es qué va a pasar de aquí en adelante con la economía. Y yo creo que eso va a ser definitorio para entender la dinámica de la política también de aquí en adelante. Entramos en una etapa donde Milei empieza a competir contra sí mismo y donde gobernar con el espejo retrovisor suele ser mucho más difícil que en los primeros dos años de gobierno. Dicho de otra manera: echarle la culpa a la herencia recibida o agitar los fantasmas del adversario empieza a carecer de eficiencia en tanto y en cuanto a vos no te va bien.

Por ahí, con un rendimiento regular, Milei puede zafar, porque quizás la experiencia anterior ha quedado tan mal grabada en la memoria que con un rendimiento regular alcanza. La pregunta es si Milei va a llegar al año que viene con un rendimiento regular. Yo veo muchas señales de alerta de que esto podría no ser así en ese sentido.

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¿Volvemos a septiembre? ¿Volvemos a un momento en el que al Gobierno la economía no le está dando la posibilidad de demostrarle a la sociedad las mejoras esperadas después de un optimismo generado a lo largo del segundo semestre de 2024 y el primer trimestre de 2025, cuando empezó aquel problema cambiario? En este caso, los síntomas son de la economía real. La inflación está más cerca del 3% que del 2%, y la crisis económica permite que se califique la situación actual de esta inflación. ¿Te parece que hay como un regreso o un fin de esa luna de miel que tuvo el presidente tras el triunfo de octubre hasta marzo de este año?

Si lo mirás en términos de imagen, sí. En el mes de septiembre, cuando el Gobierno sufre diversas crisis de índole político, la expresión más alta es la derrota en la elección de la provincia de Buenos Aires, la imagen del Gobierno y del propio presidente rondaba los 40 puntos. En algunos casos llegó a caer casi cerca del 35. El efecto Scott Bessent, en mi opinión, fue definitorio para entender el curso que toma la opinión pública y el posterior resultado electoral de octubre. Es decir, si bien es cierto que la elección en la provincia de Buenos Aires en muchos votantes tiene un efecto despertar en términos de “no quiero que gane el peronismo, entonces voto a la opción menos mala”, y eso es un argumento válido, también es cierto que cuando el dólar en la Argentina empieza a crecer y se vuelve muy inestable, ese también se convierte en un argumento que es neutralizable por la situación económica en Argentina.

Lo que pasó entre septiembre y octubre fue que apareció el prestamista de última instancia que dijo: “El valor del dólar lo garantizo yo”. Entonces todos entendimos que ahí había una situación de respaldo al funcionamiento del sistema cambiario argentino de una magnitud a la que nunca habíamos asistido. Eso generó un efecto rebote en la imagen presidencial que lo volvió a llevar a niveles de 50 puntos, 51 puntos, 52 puntos. Eso duró octubre, noviembre y, a partir de diciembre, nuevamente la imagen comenzó a descender y otra vez hoy, en el mes de marzo, está en los mismos niveles que estaba en el mes de septiembre.

Es cierto: hoy los presidentes de ningún país del mundo funcionan con imágenes de 60 o 70 puntos como era antes, cuando eran personajes respetados y que incluso gente que no los votaba tenía buena imagen de ellos. Hoy la dinámica, la polarización, la antipolítica y demás tienen efectos devastadores sobre la imagen de los políticos. Entonces es muy difícil sostener imágenes altas, pero no podemos dejar de prestar atención a esta caída porque con estos números el presidente necesitaría ganar en primera vuelta, porque si no corre el riesgo de ir a un balotaje donde hay una mayoría social que no está dispuesta a votarlo. Lo vimos en la elección de octubre: sacó 41 puntos y el 59% de la gente votó otras cosas, otras opciones, sin contar el ausentismo, que también es un signo que hay que tener en cuenta porque también te habla de una cierta distancia y de decepción de una parte de la sociedad con la política.

Pero al mismo tiempo hay que sumarle que una situación económica agravada podría funcionar como techo. A mí me gusta robarles ideas a mis colegas, así que lo voy a hacer en este momento. Creo que le escuché a Cristian Buttié el otro día señalar que el Presidente, más que caer en su piso, ha caído su techo. Y eso es un problema para un presidente que quiere enfrentar un balotaje, porque el techo puede terminar siendo una dificultad mayor. Y si no, preguntémoselo a Sergio Massa, que se encontró con esa dificultad y lo dejó afuera de la carrera presidencial en el año 2023. Y ese quien encarne ese sentimiento diferente, y que hoy por hoy todavía no haya aparecido.

¿Creés que hay tiempo para que la sociedad, de demandarlo, cree una oferta a tiempo para 2027? Algo tan rápido como lo que vos mencionabas en el caso de Alberto Fernández, pero en aquel momento ungido por alguien que tenía un poder que hoy pareciera no tener nadie.

Claro, ese es el problema. Hoy ese poder no lo tiene nadie y al mismo tiempo el peronismo está mucho más dañado hoy que en ese momento. Porque en ese momento, no te olvides que Macri había ganado el balotaje por un punto, no como Milei por diez. Y el peronismo, si bien estaba atravesado por los signos de la corrupción, porque ya estaba la causa Cuadernos y las causas que lo afectaban, no estaba afectado por algo que para mí es mucho más dañino para el peronismo que esa dimensión, que es la de hacer un gobierno desordenado, desprolijo y con un presidente que da la imagen de que no maneja los recursos del poder y del gobierno.

En ese sentido, la historia del peronismo hasta el 2015 era una. Todos presidentes fuertes, salvo la experiencia breve de María Estela Martínez de Perón; todos los demás presidentes fuertes. A alguien lo pueden acusar de corrupción o de abuso de poder, pero nunca de desgobierno. En el caso de Alberto Fernández, él se va con ese estigma de desgobierno. Entonces eso para el peronismo se convierte en un peso diferente.

Entonces, yendo a tu pregunta, uno tiende a pensar que, no estando el peronismo en su mejor momento para ofrecerle una alternativa a la sociedad, parece difícil que en poco tiempo pueda surgir algo diferente, algo nuevo, algo distinto, algo disruptivo.

Ahora, dicho esto, también te quiero decir que cuando las sociedades se cansan buscan cualquier alternativa. Y si no, veamos qué es Milei. Independientemente de que hoy haya gente a la que le pueda gustar. Cuando uno tiene un gran presidente, la realidad es que, en el 2021, cuando ganó Juntos por el Cambio, no pensábamos que la alternativa era Milei. Pensábamos que era (Horacio Rodríguez Larreta) Larreta o (Patricia) Bullrich o Macri, era alguien de Juntos por el Cambio. Sin embargo, la sociedad se cansó del peronismo y eligió una alternativa totalmente diferente y distinta.

Entonces hoy es cierto que no aparece una figura como en ese momento, aunque ya Milei asomaba, pero va a depender de la velocidad de la crisis. Es decir, si el gobierno de Milei sufre un proceso de descomposición de la situación económica, eso acelera y la sociedad busca cualquier recurso que tenga a mano. Si Milei hace un gobierno regular, probablemente tenga más chances de ganar una elección en primera vuelta. Incluso para la sociedad será más difícil encontrar alternativas que puedan articular una mayoría social como para ganar.

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Otra hipótesis es que hay tres escenarios: la polarización, que es lo que sucedió entre Macri y Alberto Fernández y Macri y Scioli; tercios, que es lo que sucedió en 2023; o fragmentación, que es lo que sucedió en 2003 cuando no había PASO. ¿Le asignás alguna probabilidad a este último escenario? Imaginemos que haya tres peronismos, que la propia derecha esté dividida entre una candidatura de Milei y una de un candidato del PRO, Nacho Torres, el gobernador de Chubut, respaldado por Macri, y por ejemplo otra inclusive de Victoria Villarruel, aunque saque 4 o 5%, y del otro lado también el peronismo dividido, derecha e izquierda, con Axel Kicillof como candidato natural, Juan Grabois a la izquierda y un gobernador representando lo que representó Massa o un exgobernador como Gerardo Zamora, y luego un pastor como Dante Gebel? ¿Te imaginás la posibilidad de que se pueda llegar a un balotaje con candidatos que no lleguen al 30%?

Te agrego un escenario más a esos tres, que es el escenario de 2011, que es el oficialismo fuerte y toda la oposición fragmentada. Me acuerdo de que un encuestador en ese momento lo describió como "Blancanieves y los siete enanitos", porque, si te acordás, creo que el candidato inmediatamente anterior fue Hermes Binner, pero no llegó al 20%, y Cristina sacó el 54%. Aquí vuelvo a plantearte el rendimiento del Gobierno. Si al Gobierno le va muy bien, supongamos que esto es una tormenta pasajera, aparece una explosión de consumo, de crecimiento y demás, y llega a 2027 con la economía a fondo, es muy posible que veamos un escenario donde el Gobierno se fortalece y la oposición se fragmenta, porque el peronismo va a carecer de incentivos también para ir todos juntos. Entonces cada uno aprovecha y por lo menos se presenta nítido y auténtico.

Después, si al Gobierno le va mal, entonces ahí sí se puede fragmentar la derecha. Porque para que se animen a armar propuestas alternativas a Milei y que esas propuestas a Milei sean competitivas, ese espacio que confluye hoy alrededor de Milei, que lo votó en el balotaje, tiene que carecer de incentivos para votar a Milei y que las otras propuestas sean atractivas. Entonces ahí le tiene que ir mal al Gobierno. Ahora, por otro lado, eso podría ser también un incentivo para que el peronismo presente otras opciones y ver quién llega a un balotaje con Milei, que se fragmente en una opción más a la izquierda de Grabois y una más peronista clásica liderada por Kicillof.

Creo que la variable central es el rendimiento del Gobierno. No creo que en esto la política sea una dimensión autónoma que adquiere una dinámica propia independientemente de cómo le vaya al gobierno con la economía. Agrego que tampoco hoy el rendimiento de la economía depende exclusivamente del gobierno, porque el conflicto que se acaba de desatar en Medio Oriente, que como todos sabemos se sabe cuándo empieza ese tipo de conflicto, pero no cuándo termina y qué impactos puede tener en términos económicos, también puede terminar complicando el desafío del propio gobierno en términos de la gestión de su programa económico. Estoy hablando de aumento de precios por aumento del precio del petróleo, de los commodities y demás. Entonces creo que es una situación harto compleja, como diría una amiga chilena.

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