El avance vertiginoso de la inteligencia artificial ha dejado de ser un debate estrictamente tecnológico para convertirse en el desafío civilizatorio más complejo de nuestro tiempo, un escenario donde la Santa Sede busca fijar límites éticos globales a través de la reciente encíclica del Papa León XIV, Magnifica Humanitas.
Para desentramar este cruce entre fe, razón y algoritmos, en Modo Fontevecchia, por Net TV, Radio Perfil (AM 1190), conversamos con Gustavo Béliz, miembro de la Academia Pontificia de Ciencias Sociales del Vaticano, quien desde una mirada privilegiada analiza la urgencia de un acuerdo social regulatorio, advierte sobre el riesgo de que la IA se transforme en una "asesina serial de empleos" o en un factor de desestabilización financiera global, y reflexiona, en un diálogo atravesado por el afecto y la complicidad de una larga amistad con el entrevistador, sobre el impacto de estos conceptos humanistas ante el complejo panorama político y social de la Argentina actual.
Gustavo Béliz es un abogado egresado de la Universidad de Buenos Aires, periodista y político. Fue ministro del Interior, asumiendo como uno de los ministros más jóvenes durante la presidencia de Carlos Menem, entre 1992 y 1994, cargo al que renunció en 1994 por diferencias respecto a la reforma constitucional de ese año. También se desempeñó como ministro de Justicia, Seguridad y Derechos Humanos durante la presidencia de Néstor Kirchner entre 2003 y 2004. Además, trabajó durante más de 15 años en el Banco Interamericano de Desarrollo (BID). Regresó a la política argentina para ejercer como secretario de Asuntos Estratégicos de la Presidencia de la Nación durante la administración de Alberto Fernández entre 2019 y 2022. Ha escrito y editado más de una veintena de libros sobre políticas públicas, desarrollo económico, gobernabilidad y el impacto de la tecnología.
Gustavo Béliz es un gran periodista y un amigo de muchos años, así que no voy a ser muy objetivo en las preguntas a lo largo de esta entrevista. Hecha esa aclaración de pacto de lectura, muy bienvenido, querido Gustavo. Déjame comenzar por un tema al que últimamente le estás dedicando especial interés y que tiene que ver con tu análisis de la inteligencia artificial, tu relación con el Vaticano y la última encíclica casualmente sobre la inteligencia artificial. Dijiste en una reunión de la CGT: "La inteligencia artificial va a ser lo que los seres humanos definamos que sea. Necesitamos un diálogo cuatripartito entre empresarios, trabajadores, Estado y científicos". Me gustaría que compartieras con nuestra audiencia esos conceptos.
Muchísimas gracias por invitarme, Jorge. Es recíproco el cariño y la admiración, así que muchas gracias. Es un gran gusto estar acá. La inteligencia artificial es el desafío más importante a nuestra civilización y por eso requiere un acuerdo en cuanto a su implementación. Yo diría que casi una suerte de tregua, que es lo que está planteando el Papa León XIV en la última encíclica. A mí me toca trabajar muy cerca de la Academia Pontificia de Ciencias Sociales del Vaticano, de la cual soy miembro. Comencé a trabajar con Francisco este tema y ahora se plantea la necesidad de un acuerdo social. No es algo determinístico; no es que va a surgir de una manera predeterminada, sino que requiere una serie de normas y de reglas que van cambiando todo el tiempo. Habrás visto que constantemente se van modificando las condiciones: lo que antes estaba prohibido, ahora se permite. Hay un juego geopolítico muy intenso en el mundo y eso a mí me permite verlo desde una mirada privilegiada, porque veo allí donde están los grandes jugadores mundiales, los científicos, los debates que se producen en torno a este tema y también cómo esto se puede aplicar a la región.
Dado que es un tema universal porque finalmente cada uno de los países tiene que llegar a acuerdos con otros, ¿es el Vaticano el lugar donde pueden encontrar límites las grandes tecnológicas?
A mí lo que me ha sorprendido en estos últimos años es el interés de las grandes tecnológicas por establecer un vínculo con la voz del Vaticano y con las diferentes instancias que están allí desarrollando estudios muy profundos. Lo primero que habría que decir es que en la Santa Sede hay un trabajo multidisciplinario de este tema desde hace muchos años. Yo me atrevería a decir que es uno de los pocos lugares donde se ha venido trabajando desde hace más de una década esta dimensión de la inteligencia artificial desde múltiples perspectivas: desde la Pontificia Academia para la Vida en la parte biológica; desde la cultura y la educación; en lo que corresponde al Desarrollo Humano Integral; y en la Academia de Ciencias y la Academia de Ciencias Sociales, a la cual pertenezco. Se habló del tema de la guerra y de la no utilización de armas autónomas o armas sin participación humana. Desde hace muchos años se publicaron libros sobre el antropoceno, trabajos sobre la bioética referida a la inteligencia artificial y sobre el ejercicio del poder. Es decir, hay una cantidad impresionante de conocimiento que establece un vínculo entre la fe y la razón, entre la fe y la ciencia, y sobre el cual hay mucho reconocimiento también a nivel global o internacional por parte de las grandes compañías. De hecho, un compañero mío de la Academia de Ciencias Sociales ahora está asesorando como filósofo, no como tecnólogo, a una de las grandes compañías de inteligencia artificial. Hay mucha demanda de filósofos también de parte de las grandes corporaciones. Lo que hay que tener cuidado es que no se produzca una especie de lo que llamamos ethic washing o green washing, que es una mera campaña de relaciones públicas que busca acercarse a un ámbito con cierto prestigio y preponderancia. Entonces, también hay que tener mucha prudencia y manejar las expectativas.
O sea que el Vaticano esta vez está estando a la vanguardia en el tema, como vos lo planteabas, entre la fe y la razón.
Sí.
¿Cuánto de eso tiene que ver con el legado de Francisco y cuánto con la continuidad de León XIV?
Muchísimo. Hay un gran vínculo entre la Laudato si’ y la Magnifica Humanitas. De hecho, está muy reflejado. El primer tema es la paz. La palabra más mencionada en la encíclica Magnifica Humanitas es la palabra "paz", ochenta y nueve veces. Francisco hablaba de desarmar la inteligencia artificial en dos líneas muy interesantes. Una línea era detener la carrera armamentística. Me acuerdo de que en las primeras reuniones los propios tecnólogos hablaban de una moratoria de seis meses sobre los grandes modelos de inteligencia artificial y la no aplicación para la guerra con sanciones. Fíjate el retroceso que hubo en una década con la guerra de Ucrania, Gaza y el Medio Oriente. Pero el otro tema del cual hablaba Francisco, y del que también habla León XIV, sobre todo en el punto seis de esta nueva encíclica, es el tema de establecer los adecuados incentivos para un buen y correcto uso de la inteligencia artificial. Es decir, no solo sancionar elementos negativos —básicamente la guerra, la muerte, el elemento de manipulación de nuestra conciencia—, sino establecer elementos de misiones. La inteligencia artificial necesita grandes misiones para el desarrollo humano integral, para la justicia social y para el bienestar de nuestras sociedades. Establecer incentivos, objetivos, rumbos y metas para el buen uso de esa herramienta tan poderosa.
Me pregunto, y me viene a la mente otra época de la Iglesia, donde el cardenal Bellarmino se peleaba con Galileo respecto de si la Tierra era el centro.
Es que la Academia de Ciencias la fundó Galileo. La Academia de Ciencias es la hermana de la que yo pertenezco, y la fundó Galileo.
Después creo que Juan Pablo II fue el que le pidió disculpas por el percance y toda esa idea oscurantista que nos quedó de la Iglesia en el proceso del fin del Medioevo y comienzo del Renacimiento. ¿Puede ser que esta nueva avanzada, que está siendo pionera en el análisis de unir la razón y la fe con mucho respeto en la razón, sea resultado de lo aprendido en aquel error con Galileo?
La última encíclica repasa toda la doctrina social desde 1891 hasta el día de hoy. Y hay un punto muy importante que tiene que ver con el momento que se está viviendo, que es el de Juan XXIII, el Concilio Vaticano II, en 1961 y la crisis de los misiles. En ese momento, el Vaticano no tenía una relación diplomática formal ni con Rusia ni con Estados Unidos. Es decir, no había un embajador en ninguno de los países, no había relación diplomática. Sin embargo, Juan XXIII, en el momento de la disputa entre Khrushchev y Kennedy por la instalación en Cuba de los misiles, desarrolló una serie de tareas muy por debajo del radar. Una diplomacia —que es una palabra que subraya mucho ahora León XIV— muy importante para que esa guerra nuclear, que hubiera llevado al fin de la humanidad, no se produjera. A tal punto que Khrushchev, un año después públicamente, antes de la caída del Muro de Berlín y de todo lo que ocurriría veinticinco años después, declaró que Juan XXIII había sido una luz en el mundo para la paz de la humanidad. Lo hizo públicamente ante un Vaticano que no tenía ni siquiera relaciones diplomáticas con el resto de los países.
La ventaja de que el presidente norteamericano en ese momento era católico generaba...
Había un gran respeto. Después te acordás de las visitas de Rusia, en la época también de Nixon o de Khrushchev. Pero ahí había una base y estaba la Pacem in Terris, que hablaba de otra cosa que retoma León XIV: el multilateralismo y la necesidad de un gobierno mundial en serio, las Naciones Unidas, la Declaración Universal de los Derechos Humanos; toda una serie de elementos que están mencionados en esta encíclica y que son básicos. Uno podría decir que esto es casi de la posguerra mundial, el mundo que se reordenó después de la locura de la guerra mundial, pero lamentablemente hay como una especie de retroceso. Después hay una mención a temas que son también básicos, por ejemplo lo nuclear, como te mencionaba antes. El mundo tardó veintinueve años entre que se tiró la primera bomba atómica y se generaron reglas y el primer tratado de no proliferación nuclear para la administración del tema nuclear para la paz. No nos podemos dar ese lujo con la inteligencia artificial, porque es un avance que vemos de una manera rapidísima que requiere reglas de juego a todo nivel: a lo global, a lo regional —como en el ejemplo de la Unión Europea— y también a lo nacional. Requiere reglas de juego concretas y prácticas a nivel de cada país.
Gustavo, el ejemplo que se usa siempre es que toda nueva tecnología inicialmente no está regulada porque es nueva; entonces, inicialmente se la usa para el mal. No cabe ninguna duda de que la energía nuclear es muy útil para la humanidad, pero lo que no es útil son las bombas atómicas. ¿Usted ve la esperanza de que suceda lo mismo con la inteligencia artificial, que rápidamente se la regule, quede lo bueno y se acote lo malo?
Hay una cantidad enorme de iniciativas. El Papa León XIV habla de mapas de esperanza, de constelaciones de esperanza. Dice que, aun en medio de la oscuridad, hay estrellas que pueden surgir. La respuesta a lo que me estás preguntando es sí, tengo esperanza de que esto ocurra. De hecho, hay una enorme cantidad de aplicaciones que se están dando en inteligencia artificial. En el Atlas que publiqué hace un tiempo identificamos quinientas buenas aplicaciones que se pueden generar empleando inteligencia artificial para el desarrollo humano. El principal problema es a nivel global y es la discusión de la carrera armamentística desatada por esta especie de guerra no solo armamentística, sino comercial de múltiples instancias. Pero mi respuesta es sí, y no tenemos que resignarnos a que esto se emplee inadecuadamente.
¿Qué diferencias encontrás en todos los campos que se te ocurran entre el Papa Francisco y León XIV, que además estará viniendo a la Argentina dentro de poco?
Hay una continuidad en lo esencial. Por supuesto, los estilos personales varían y cada persona es un mundo en ese aspecto, pero hay una continuidad en todo lo que es el magisterio de la Iglesia desde el punto de vista social. Hay una diferencia importante en el énfasis que se pone. Tradicionalmente, el magisterio de la Iglesia comenzó a hablar del tema de la justicia social a mediados y antes de la Segunda Guerra Mundial, sobre todo con Pío XI, que hablaba del imperialismo internacional del dinero, y había un gran énfasis en los temas sociales. Pero como principio, en una encíclica, es la primera vez que la cuestión de la justicia social se pone al mismo nivel del destino universal de los bienes, del principio de subsidiaridad, del principio de solidaridad y del principio del bien común. Entonces, es un punto muy importante a tener en cuenta. El Papa León XIV menciona en una innumerable cantidad de oportunidades la cuestión de la justicia social y es un tema definitorio para hablar de la inteligencia artificial. Te diría, Jorge, que esta encíclica no es solo de inteligencia artificial; es una encíclica sobre la política exterior y lo que representa para el ser humano en este momento donde los tambores y los ruidos de una guerra están tan presentes en la humanidad.
Y uno podría agregar también que la elección del nombre de León XIV es una continuidad con el Papa que hizo la Rerum Novarum. Entonces, uno podría decir que, evidentemente, hasta en la elección del nombre hay una reivindicación del concepto de justicia social. Justo viene a un país en el que tenemos un presidente que, como no sé si existe otro en el mundo, ha dicho de manera taxativa que la justicia social es un robo. ¿Cómo te imaginás ese conflicto conceptual cuando el Papa esté acá?
Hay que esperar primero que haya una definición oficial de alguna visita, pero desde el punto de vista filosófico es algo básico. No se está enfatizando nada más y nada menos de lo que, como vos mencionás, es una línea de hace más de ciento treinta años. Lo que pasa es que tiene otras características atravesadas por la tecnología y por eso la cuestión tecnológica es tan importante. Fíjate que hay algunos sectores que la están mezclando también con una concepción apocalíptica, pseudoreligiosa y filosófica, de lo tanto que has estudiado vos en los temas filosóficos. Hay como una mirada de los temas tecnológicos. A mí me toca verlo muy de cerca allá porque... Mirá, hay un personaje que es extraordinario, que se llama Jaron Lanier —lo ubicás, el que escribió el libro No somos una computadora—, quien es hoy el principal responsable científico de Microsoft. A mí me tocó invitarlo al Vaticano y dialogó —fíjate qué interesantes las conversaciones que se dan allá—, entre otros, con el jefe mundial del sindicato de etiquetadores de contenidos de la inteligencia artificial. Uno puede suponer que la inteligencia artificial es algo que está en la nube, etéreo, que no existe, pero tiene seres humanos detrás que están etiquetando todo el tiempo los contenidos violentos, morbosos, pornográficos y terriblemente negativos para que no estén exhibidos en las redes sociales. Estas personas, que en general son trabajadores del mundo africano muy mal pagos, están expuestos siete u ocho horas por día a ver las peores barbaridades en imágenes que tienen que eliminar de las redes sociales. Ese perfil dialoga en el Vaticano con la persona que crea los modelos de inteligencia artificial o de realidad virtual, como Jaron Lanier. ¿Por qué te menciono a esta persona? Porque, entre otras cosas, él habla de la dignidad de los datos, de la importancia de no endiosar la inteligencia artificial y va al grano de lo que me estabas consultando: cómo este tema se ha convertido en una religión en Silicon Valley para muchos. Existe la idea de reemplazar a Dios, la idea del transhumanismo, del poshumanismo, la idea de generar a la inteligencia artificial como un nuevo Dios capaz de manejar al conjunto de la humanidad. Ese concepto permea en muchos de los actores, algunos de los cuales vienen aquí a la Argentina buscando generar una especie de experimentación en nuestro país de lo que puede ocurrir con este tipo de tecnología. Pero así como ocurre esto, hay otras experimentaciones muy positivas. Hace poquito estuve con la ex primera ministra de Islandia. Los países escandinavos trabajan muy bien estos temas. Noruega acaba de anunciar que la presencia de elementos digitales en las escuelas es algo que perjudica la aventura cognitiva: hay una vuelta al papel, a escribir con lápiz y papel, sin computadoras. Hay un gran cambio y por eso es importante que Argentina no vaya en contra de lo que está ocurriendo a nivel internacional.
Ese sería el otro punto. O sea, no solamente tenemos un presidente que es abiertamente contrario al concepto de justicia social, sino que además es quien más aboga por una inteligencia artificial sin ningún tipo de regulación. De hecho, tuvo una polémica en el Financial Times con Harari sobre el tema. Entonces, la presencia del Papa aquí, con su revalorización del concepto de justicia social y con su encíclica, aunque no exclusivamente sobre la inteligencia artificial, advirtiendo los inconvenientes que puede plantear su mal uso frente con un presidente que sostiene todo lo contrario, de confirmarse —que creo que así va a ser—, va a resultar absolutamente interesante a nivel mundial. En el caso de que él viniese a Argentina, ¿vos estarías acá en ese momento?
No sabemos la fecha. Yo estoy viajando todo el tiempo y he tenido la suerte... voy mucho allá a Roma porque participo activamente de estos temas. Obviamente, en el caso de Argentina, voy a intentar estar si se concreta la visita. Sí, me encantaría.
¿Cómo te imaginás una visita así?
A mí me tocó cubrir como periodista toda la visita de Juan Pablo II. En ese momento yo era periodista de La Razón, en medio de la guerra. En la visita oficial, estaba como uno más en la Plaza de Mayo, pero cuando Juan Pablo II estuvo en Argentina le dedicó más de una semana. A mí el diario La Razón me mandó por todo el país a cubrir esa visita. Iba el avión del Papa y atrás íbamos todos los periodistas; fue un acontecimiento extraordinario. Yo recuerdo que en ese momento se generó algo que fue muy simbólico para el país, porque en el Mercado Central se reunió Juan Pablo II con Saúl Ubaldini y con la Confederación General del Trabajo. Hubo medio millón de personas en todas las actividades. Se hizo un encuentro muy lindo en la avenida 9 de Julio con jóvenes, la primera Jornada Mundial de la Juventud. A mí me tocó vivir una de las últimas en Portugal hace dos años. Después estuvo la visita a la Patagonia, a Corrientes, a Córdoba; fue extraordinario. En el Luna Park, estuvo en Obras Sanitarias con empresarios, y en ese momento me acuerdo de que era el periodo más tenso, porque la CGT estaba muy en contra de Alfonsín con los paros. Recuerdo que Juan Pablo II dijo algo que el otro día mencioné en la CGT: expresó que el rol del movimiento obrero no es solamente discutir un salario inmediato o una condición laboral inmediata al día siguiente, sino pensar un modelo de país. Ahí habló Ubaldini un poco y fue algo bastante armónico en cuanto a ese mismo elemento. ¿Cómo lo imagino? Me parece que tiene que ser una dimensión pastoral. Lo de Luján debe estar muy presente si fuera el caso, y va a ser un mensaje... Hay que seguir de cerca lo que ocurrió en España también; allí había mucha polarización, pero la visita del Papa fue muy positiva.
Me quedo pensando en Juan Pablo II. Me viene a la mente el sindicato Solidaridad en Polonia, su Polonia natal.
¿Lo conociste a Lech Wałęsa?
Lo conocí, lo entrevisté. Él es el que me dijo que, en realidad, él no fue el actor del comienzo de la caída del Muro de Berlín, sino que fue el Papa Juan Pablo II, porque cuando llegó a Polonia todos los conductores del Partido Comunista se arrodillaron y se hicieron la señal de la cruz. En ese momento en que se arrodillaron e hicieron la señal de la cruz, perdieron toda el aura de autoridad que tenían en un sistema político que combatía a la Iglesia. Sin ninguna duda, eso fue mucho más importante que todas las huelgas que realizaron. Ahora, obviamente Juan Pablo II, Solidaridad, Polonia y el sindicalismo en ese momento tenían un elemento que los unificaba, una invariable. Vos decías aquí que lo ves más pastoral, o sea, vivimos una época distinta respecto a la importancia de los sindicatos inclusive.
Tienen igual el gran desafío de reconfigurar, repensar Realizar y aplicar...
Esa representación.
Sí y a su vez, el tema del trabajo es central, tanto en su dimensión objetiva como subjetiva. Recordemos que Juan Pablo II hizo tres encíclicas sobre el trabajo: Laborem Exercens, Sollicitudo Rei Socialis y Centesimus Annus. Fueron tres encíclicas muy importantes para ese momento. Habitualmente siempre se lo ve con esta dimensión de su crítica muy fuerte al comunismo, porque lo había padecido —fue obrero minero Juan Pablo II, entre otras cosas—, pero la crítica al neoliberalismo de Juan Pablo II fue lapidaria. Y la crítica a la globalización financiera de Benedicto XVI fue demoledora, en la misma línea de Francisco con el tema ambiental. Que, dicho sea de paso, el tema ambiental y la instalación de centros de datos es el tema central hoy de la campaña de medio término de todos los legisladores norteamericanos: el impacto ambiental de los data centers, cómo puede aumentar la cuenta de la luz, cómo puede aumentar el ruido, cómo puede generar congestión de todo tipo y cómo los grandes actores que financian campañas están de un lado o del otro según los legisladores propongan más regulación o menos regulación de la inteligencia artificial. Es el tema central de la campaña de Estados Unidos de medio término. No es un tema menor y eso se vincula con Laudato si’.
Estaba pensando en el componente obrero y el componente del trabajo. La Rerum Novarum aparece cien años después de la Revolución Industrial,
O cincuenta.
Depende de cuándo uno sitúe el desarrollo pleno, si a partir de la invención de la máquina de vapor o del desarrollo ya capitalista. Evidentemente no son los plazos que hoy podría esperar la humanidad. ¿Cómo te imaginás la velocidad de la evolución de la inteligencia artificial afectando al trabajo? Dijiste textualmente en la CGT: "Que no sea una asesina serial de empleos".
Correcto.
¿Ves ese riesgo en un periodo de tiempo de qué dimensión?
En estas horas se está generando la gran paradoja. Los que están apostando a la inteligencia artificial sin un acuerdo social que involucre a trabajadores, empresarios y científicos, se dan cuenta de que la tokenización acelerada les sale más cara que tener un trabajador. Entonces, depende de los sectores y depende mucho con qué rapidez o no se aplique el ser humano. No es algo determinístico en lo que un día apretás un botón y se aplica; depende mucho de la armonía social en la cual se implemente. Yo siempre cito a Enrique Shaw.
A ver.
Enrique Shaw, empresario en proceso de beatificación al que el Papa Francisco le dio mucha importancia. Cuando él dirigía su empresa de vidrios, le dieron la orden desde Estados Unidos de que tenía que despedir empleados porque no cerraban los números. Él se negó a hacerlo. Llamó a todos los empleados, llamó a todos sus supervisores y dijo: "¿Cómo reorganizamos la empresa para que no haya una sangría de desempleo?". A tal punto ocurrió eso que, cuando se estaba por morir Enrique Shaw, hubo una cuadra y media de cola de sus trabajadores queriendo donar sangre.
Lo recuerdo perfectamente.
Es un muy buen ejemplo de cómo un empresario, puesto en el dilema de tener que reemplazar personas por máquinas, elige al ser humano. Y es un muy buen ejemplo de cómo la automatización no tiene que ser directamente una consecuencia que nos lleve a los despidos masivos. Ahora, en esto hay una coincidencia, no me gusta la palabra ni derecha ni izquierda, pero hay una coincidencia entre un sector del mundo y el otro, porque podemos hablar de que acá se quieren instalar empresas sin seres humanos como proyecto de gobierno nacional. China acaba de anunciar el desarrollo de diez mil dark factories, que son empresas, fábricas y manufacturas sin un solo ser humano. Se pueden ver en internet, no tienen un solo ser humano. Entonces, de los dos lados existe esa especie de orientación a eliminar el factor humano. Europa se para un poquito más en el medio, con una gran diferencia respecto a lo que podíamos ver hace 10 años. En Europa está la carrera armamentística producto de la OTAN y el desfinanciamiento en primerísimo lugar. Antes Europa era reacia a emplear la inteligencia artificial para la carrera armamentística, y hoy está empezando por Mistral y el resto de las compañías. Fíjate lo que ocurre en términos de la regla fiscal. Me toca participar con Mario Draghi en la Academia de Ciencias, el gran autor del reporte de competitividad europea. Me decía el otro día que está sumamente preocupado por la invasión de los autos chinos a la industria automotriz europea. Europa, que tenía la regla fiscal como una regla de oro inviolable, hoy dice que el 5% del producto bruto interno se tiene que aplicar para la industria de defensa y que, de ese 5%, el 1.5% se puede aplicar en lugar de para construir armas, para algo derivado de la industria de defensa que pueden ser caminos, hospitales o algo que pueda tener una derivada un poquito más social. Pero el sentido central de ese aumento...
¿Cuándo invertían? el 20% de eso, era poco más del 1% del producto bruto, es un cambio gigante.
Nosotros lo vivimos en momentos de renegociación de la deuda con el Club de París o con el Fondo Monetario. El propio Fondo Monetario Internacional lo advierte. Siempre cito este ejemplo que a mí me apasiona: Mythos, Anthropic, el señor que estaba sentado o uno de los dueños en el momento de la encíclica. Cuando Mythos surge el modelo este que ahora Trump habilitó una parte, la primera reunión que convoca de urgencia la Casa Blanca no fue con el Departamento de Guerra, fue con el Secretario del Tesoro americano. El Secretario del Tesoro reunió a los cinco bancos más importantes de Estados Unidos, más algunas empresas colaterales, y lo primero que analizaron fue: "Cuidado, que esta filtración de ciberseguridad puede generar una desestabilización en el sistema financiero internacional". La primera preocupación fue esa; después vino lo colateral, la coordinación de las agencias de inteligencia y todo lo demás. Pero el tema de la desestabilización financiera por el High-Frequency Trading, el algoritmo de alta frecuencia o el tradeo de alta frecuencia, lo viene advirtiendo desde la izquierda trotskista, el Fondo Monetario Internacional. En el libro hay una cantidad enorme de papers que analicé y estudié desde hace varios años que vienen advirtiendo el riesgo de la inteligencia artificial también para la estabilización financiera, y por eso se habla tanto de las criptomonedas.
¿Cómo cruzás el tema del empleo en la eventual posibilidad de que se convierta en un asesino serial de empleos en esas fábricas sin obreros en China, el país que se caracterizó porque tenía la mayor cantidad de población sobrante, de obreros y de mano de obra barata; el país que se supone que en los próximos treinta años va a perder quinientos millones de habitantes, pasando de 1.300 a 800 millones por la caída de la natalidad. ¿Cómo se relaciona desde la Academia de Ciencias del Vaticano el tema de la caída de la natalidad mundial?
Es un temazo. El tema demográfico es un temazo. El otro día hablaba con una colega china, académica también, que me decía que por más que den incentivos —ahora el gobierno chino da incentivos—, la gente no quiere tener más hijos. Ahí sí hay una unión entre lo que es Occidente y Oriente. Un tipo que vio esto claramente es Eric Schmidt. Eric Schmidt es un tipo clave para entender el tema de la inteligencia artificial: americano, de las grandes compañías tecnológicas, escribió el libro The Age of AI con Kissinger antes de que este muriera. Ese libro es importante por dos cosas: porque Eric Schmidt conoce muy bien la realidad china —Kissinger, recordemos, abrió las puertas de China al mundo capitalista— y Eric Schmidt es un tipo clave en la guerra de Ucrania. Es alguien que entiende dos cosas de esa guerra: primero, que la ha convertido en un laboratorio de los avances de la inteligencia artificial con drones. Un dron de cinco mil dólares te destruye un tanque de treinta millones de dólares; es el gran laboratorio de un lado y del otro. Pero además él habla del tema demográfico. Dice que el principal problema para la inteligencia artificial o para este tema de la producción del mundo futuro radica en dos cuestiones: la demografía por un lado y la energía por el otro. La matriz energética, el cómo alimentar todos estos centros de datos, todos estos grandes modelos de lenguaje y la capacidad de cómputo, es la cuestión energética.
Y Rusia es uno de los países que pierde habitantes de manera sistemática ya desde hace veinte años. Con la invasión a Ucrania, otro de los temas era la necesidad de tener más población, no solamente más territorio, porque territorio les sobra.
Y con niveles de salud bajísimos por el tema climático, el consumo de alcohol y el consumo de grasas. Es una dieta enormemente insalubre la que se da y eso genera una expectativa de vida muchísimo menor a la que se puede dar en otros países. Es interesante ver.
¿Qué postura tiene el Vaticano respecto a que los jóvenes no quieren tener hijos y al futuro de la humanidad?
El tema de la familia y el tema de los hijos es esencial, es una apuesta a la esperanza. Viste que muchos chicos hoy no quieren tener hijos porque dicen: "¿Qué mundo le vamos a dejar?", pero es una apuesta, obviamente, a la esperanza, aunque con buena calidad de vida. ¿Te acordás de los famosos informes de Robert McNamara en el Banco Mundial? Cuando él presidió el Banco Mundial en los años setenta, el Club de Roma y todo lo que significaba la población mundial en ese momento,
El tema nuclear era lo que amenazaba a la humanidad. Hoy lo que amenazaría a la humanidad es el futuro del empleo.
Sí, pero también los alimentos. En ese tema, te acordás de que era previo a la Revolución Verde. La Revolución Verde trajo pros y contras: alimentó a la humanidad, pero la intoxicó con los pesticidas. La inteligencia artificial puede asegurar una agricultura de precisión —lo vemos en muchos países, incluso en Argentina—; con inteligencia artificial podés envenenar menos el suelo
Y generar la cantidad de dosis necesaria de fertilizantes sin ningún exceso.
Claro. Es una cosa muy importante. Lo mismo la medicina de precisión; es algo muy importante siempre y cuando no discrimines a una persona sabiendo que en veinte años se va a enfermar de algo y le digas: "No, no la contrato como empleado".
Me quedan cinco minutos y me dicen aquí por la cucaracha: "Preguntale de política argentina". Esta orden por la que el Papa excomulgó a esta orden más, no sé cómo llamarla, conservadora, que ordenó a un sacerdote argentino, creo que desde aquí, de La Reja...
Ah, no sabía.
¿Cómo se ve desde el Vaticano?
No he seguido el tema de cerca, es un tema que me excede, pero sí han dado una indicación muy precisa. Me parece que el desafío de la unidad es clave y, si hay un desafío a la autoridad papal, bueno, está todo dicho. Creo que ahí ha habido más que comprensión frente a situaciones diferentes. El sínodo lo expresó; a mí me tocó ver el sínodo muy de cerca. No participé del sínodo en Roma, pero vi dos cosas interesantísimas. El sínodo tiene que ver con esto: la apertura a discusiones que antes parecían no abiertas, en el Amazonía. Pero a mí me tocó ver el sínodo digital. Hace dos años estuve en Portugal, coincidió con la visita de Francisco a Lisboa. A mí me impresionaron dos cosas de esa visita: dos millones de jóvenes de todo el mundo en una ciudad...
En una ciudad que no tiene más de dos millones.
Sí. No había un solo papel tirado en el piso, aunque parezca esto una frivolidad. No vi una sola escena de borrachos, ni de cerveza, ni de desborde. Una paz absoluta entre el africano, el sueco, el argentino; una armonía que parecía increíblemente extraordinaria, con el Papa Francisco dando mensajes muy claros. Pero el otro elemento que vi fue el sínodo digital. Había cien mil personas, cien mil jóvenes influencers católicos empleando los medios de comunicación y las redes sociales: desde el que había hecho la película más famosa hasta el que establecía la catequesis desde las redes sociales. Hay un gran cambio en la tarea pastoral de evangelización empleando las redes sociales. Esto no es solamente una tecnología, es una cultura, un ámbito, un hábitat en redes sociales que puede contribuir a problemas de salud mental muy fuertes, como vemos, pero también es una avenida para transitar en términos de evangelización en el caso de la Iglesia Católica.
Me van a criticar si no te pregunto por el peronismo y cómo se ve la Argentina de Milei a la distancia.
¿A la distancia vos decís cuando viajo?
Sí, el tiempo que estás fuera de la Argentina, que te permite una perspectiva.
Mucha curiosidad, mucha curiosidad por lo que consideran un experimento. También hay una línea global fuerte en el mundo tendiente a la antipolítica. Me parece que se identifica mucho al gobierno con eso, aunque con contradicciones evidentes que las vemos en estas horas, en estos momentos.
¿Y al peronismo le puede pasar algo similar a la Democracia Cristiana?
Yo creo que el justicialismo tiene una gran vigencia en términos de valores. Obviamente, requiere después dos cosas importantes: reglas de juego claras, reglas de juego democráticas —no dedos, no indicaciones o acuerdos entre algunos grupos, expresión popular— y, segundo, la cuestión programática, que es lo esencial. Sin un programa preciso y claro —pero no una plataforma, que es una cosa muy distinta—, un programa de gobierno preciso, claro y milimétrico, el ejercicio del poder tiende a acortar los tiempos y generar no resultados apropiados.
Sos optimista con la inteligencia artificial y con el peronismo.
El peronismo es un... como decía Perón: "Peronistas son todos". Es una especie de sentimiento. A mí me toca muy de cerca por cuestiones familiares. Vos calculá que le pasa a muchos argentinos: mi papá tuvo la primera copa de leche cuando trabajaba en un astillero, Astarsa se llamaba. A los quince años lo hacían soldar con plomo. Y mi mamá trabajaba a media cuadra de la Casa de Gobierno cuando fueron los bombardeos del 16 de junio del 55; trabajaba en el Nuevo Banco Italiano. La tuvieron ocho horas encerrada en un sótano por los bombardeos de la Plaza de Mayo. Se asomó al balcón pensando que era un festejo y terminaron tirando bombas. A mí me impactó mucho en la historia familiar eso y por eso soy peronista.
Gustavo Béliz, es un gran placer hablar con vos. Muchísimas gracias.
No, al contrario, Jorge. Muchas gracias por la oportunidad.