Eduardo Levy Yeyati presentó su cuarta novela de ficción, Subsuelo, y reflexionó sobre los vínculos entre la literatura, la política y su propia experiencia en la función pública. En diálogo con Jorge Fontevecchia en Modo Fontevecchia, por +Perfil, Radio Perfil (AM 1190), el economista, académico y escritor habló sobre su alejamiento de la política y reconoció cierto desgaste frente a una vida pública que, según su mirada, ofrece cada vez menos margen para generar impacto.
Durante la entrevista, Levy Yeyati también trazó un paralelo entre el clima social de 2001 y la Argentina actual. A partir de su novela, ambientada en aquel período, analizó la existencia de una tensión contenida y advirtió sobre una sociedad atravesada por expectativas disminuidas, en la que el desencanto puede expresarse no necesariamente mediante una explosión, sino a través de una implosión silenciosa: el abandono de la participación política y de las expectativas sobre el futuro.
Eduardo Levy Yeyati es economista, académico y escritor, se graduó como ingeniero civil en la Universidad de Buenos Aires y se doctoró en Economía por la Universidad de Pensilvania. Fue economista jefe del Banco Central de la República Argentina durante la salida de la convertibilidad y ha sido director del ICE y también coordinador del programa estratégico Argentina 2030. Es profesor plenario de la Universidad Torcuato Di Tella, donde se desempeñó como decano de su Escuela de Gobierno entre 2017 y 2023, se desempeña como investigador principal del CONICET y ejerce como asesor regional de inteligencia artificial y crecimiento para el Banco Interamericano de Desarrollo. Presenta su cuarta novela de ficción, Subsuelo, publicada recientemente por la editorial Planeta.
Eduardo, muy buenos días. Jorge Fontevecchia te saluda, un gusto volver a tomar contacto con vos. Un gusto volver a tomar contacto con vos. Cuarta novela, pero al mismo tiempo, en un momento en el que los economistas se autoperciben candidatos a presidente o candidatos a gobernadores. Tenemos, de hecho, que los, por hoy, más posibles candidatos que lleguen a un balotaje sean el presidente, que es economista, el gobernador de la provincia de Buenos Aires, que es economista, pero al mismo tiempo tenemos a Carlos Melconian, precandidato a presidente, y tenemos también una serie de otros economistas, Hernán Lacunza, por otro lado, Brad Guy como candidato o precandidato a gobernador en la provincia de Buenos Aires. ¿Qué le motiva a un economista como vos, en el momento en que los economistas están de moda, a, por el contrario, en lugar de la economía, irse a la ficción?
Bueno, a ver, son varias razones. Yo ya hice mi prueba en el sector público. Creo que tenés que tener una vocación de fierro para hacerlo. Es muy difícil tener impacto cuando uno produce ficción o cualquier producción artística tiene mucho más control sobre el producto final que cuando uno hace función pública, sobre todo en Argentina. Creo que eso... A mí muchas veces me dicen: bueno, ¿qué diferencia hay entre tu labor de economista y tu labor o tu trabajo como novelista, como escritor? Yo siempre les digo: trabajar en la función pública o hacer políticas públicas, el proceso es bastante desgastante y es justificado por el producto final, si es que tenés ese impacto y, por lo tanto, puede ser muy frustrante. La producción artística, el proceso, al menos yo lo disfruto muchísimo y uno tiene mucho más control sobre el producto y, aparte, le permite hacer cosas que la vida pública tiene muy restringidas. Le permite volar con la imaginación, crear escenarios y mundos distintos y eventualmente también estudiar la realidad de otro modo, desde otro ángulo. Mucha más libertad. O sea que yo te diría que son complementarias, pero aparte, en mi caso particular, yo hace 20 años, un poco más, 25 años, que estoy escribiendo. Esta es mi cuarta novela, o sea que es casi como una vida paralela para mí.

¿Percibo cierta decepción con el ejercicio de la vida pública?
Decepción, no sé. Uno tiene un ciclo de vida. Entonces apuesta, cuando es joven, le dedica tiempo a una inversión que es de muy largo plazo y de resultado incierto, sobre todo en la vida pública. Yo he tenido varios pasos por el Gobierno, algunas veces siento yo que con más éxito, con más impacto, digamos, con más influencia benigna y otras veces un poco más frustrante. Hoy por hoy mi visión de la política no es la más positiva, no es de las más positivas que he tenido. Creo que la política se desgranó en sentido negativo, los economistas hablamos de selección adversa. Creo que hay mucha gente de la buena que tiró la toalla. Vos citaste algunos casos, como el de mi amigo Hernán Lacunza, que es una excepción, diría, porque es uno de los buenos que quiere insistir. Pero bueno, en todo caso sí, estoy un poco salido de la política, un poco también por desgaste. Entonces la respuesta corta a tu pregunta es sí.
Y sin ser muy freudiano, ¿Subsuelo, de alguna manera, en la ficción, la elección del título, es una alegoría de la situación en la que se encuentra la Argentina, la política o algo que te resuene más allá de la ficción?
No, es ficción. La novela tiene 20 años de proceso. Empecé a escribirla, la primera versión, la veo en mis archivos desde el 2006. Tiene sí algunos ecos, porque está situada, de hecho, a fines del 2001, tiene algunos ecos de lo que fue la eclosión de fines del 2001, que a mí me pegó muy de cerca. Y de alguna forma uso esa realidad aumentada porque la ficción te permite hacer eso. Como esta, que es medio entre un thriller y una novela de terror, te permite aumentar y distorsionar la realidad. Y entonces ese backdrop, ese marco, ese segundo plano, me sirve como metáfora de lo que está sucediendo en la protagonista. Pero yo, en general, trato de escribir fuera de lo testimonial. No hay economía, no hay economistas. Es más, si se quiere, un ejercicio de evasión en la ficción y, por lo tanto, tiene poco que ver con mi vida como economista. Y lo que rescato de la realidad en esta novela es situarla en un Buenos Aires ucrónico del 2001, pero solo para usar ese sentimiento de víspera y ese sentimiento de aprehensión que teníamos en el 2001, cuando no sabíamos cómo seguía la historia.
Eduardo, ¿te psicoanalizás?
No, me psicoanalicé cuando estudiaba. Yo estudié Psicoanálisis, yo estudié Psicología en la UBA, hace muchos años, mientras estudiaba Ingeniería, lo cual sé que suena raro, porque no seguí ninguna de las dos carreras, pero así se junta. Y mientras estudiaba Psicología, que dejé medio año antes de terminar, básicamente porque seguí estudios de posgrado en Economía, sí, ahí me analizaba. Se suponía que tenía que analizarse y era parte del ejercicio formativo. Pero fue muy breve, fue un tema muy particular que resolví y mi analista, con buen tino, dijo: «Bueno, ya está, ¿alguna otra cosa? Si no, andate a casa». Y me fui a casa.
Pero me preguntaba si finalmente hay un eco inconsciente entre el 2001 y este 2026, si aquel subsuelo del 2001 y este, si algo, aun inconscientemente, resuena detrás de que hayas decidido publicar ahora esta novela y no, por lo que nos contás, tiene más de 20 años de gestación, antes de las otras tres.
Sí, lo es, es inconsciente. Sí creo que hoy siempre hay, yo lo siento desde la ficción al menos, un sentimiento de que uno mira la realidad a través de los medios, a través de la gente cercana, de lo que puede apreciar o poco que pueda apreciar de la realidad, pero intuye que hay detrás una realidad que está como contenida y latente y que puede desequilibrarse o desbalancearse en cualquier momento. Hoy calculo que da esa sensación porque uno piensa en, bueno, mucha gente que ha quedado sin empleo, en empresas que cierran mientras hay otros sectores que suben, y decís: «Bueno, ¿dónde está guardada esa tensión? ¿Cómo se podría manifestar eventualmente?». En la realidad se manifiesta de maneras más pedestres, si se quiere. La ficción da para construir sobre eso cuestiones más simbólicas o metafóricas. Yo uso eso, no de manera realista, pero sí como disparador.
Muy interesante esa idea de que hay una tensión que está guardada y que en algún momento se produce un desencadenante. A vos, que te tocó vivir con responsabilidades la del 2001, ¿encontrás, nuevamente pregunto ahora, ya no en la ficción y no en el inconsciente, sino en el consciente y en la realidad actual, signos, síntomas de tensión guardada como las que pudo haber previamente al 2001?
Encuentro, intuyo, porque de vuelta no salgo a medir, intuyo un desgaste. Básicamente porque nosotros tenemos muchos años de dar vueltas en círculos descendientes y porque esto, no sé si llamarlo crisis, siempre estamos saliendo de la crisis, pero la última se inició en el 2018. Entonces tenemos mucho tiempo de estar saliendo de esta crisis y uno imagina, intuitivamente también, que la gente aguanta, pero el aguante tiene un efecto negativo acumulativo. Después de un año, dos años, tres años, la gente tiene... La gente, en general, la gente que sufre la crisis en su bolsillo, la crisis social, esa gente en algún momento dice: «Bueno, o pierdo la paciencia y emerjo en una protesta organizada», que es difícil que suceda en la práctica, «o tiro la toalla». Me parece que hoy, a diferencia del 2001, estamos entrando en algo que es distinto y no necesariamente mejor, que es una etapa de expectativas disminuidas en relación a lo que puede hacer la política, en relación a lo que puede ser la movilidad social, lo que me puede pasar a mí en la vida. En eso creo que hay un contraste. En el 2001 no esperaba más, me parece, de lo que espera uno de la política del país ahora.
Me estoy anotando expectativas disminuidas. Algo, creo que ibas camino a decir, que una cosa es la explosión y otra es la implosión, y que este sería el segundo, estos segundos sería lo que se estaría dando hoy.
Sí, un poco como decían los economistas del siglo... no sé, 70 años, la gente a veces vota con los pies, es decir, abandona. Abandona el voto, que es la forma visible, abandona la participación política, abandona las expectativas y acepta. En algún punto, por ahí porque nadie de los que le promete otra cosa es demasiado creíble, acepta que esto es lo que hay. Yo personalmente pienso que esto no es lo que hay para el país, te aclaro. Pero es cierto que después de muchos años, si vos me dijeras, si viniera mi amigo Hernán Lacunza y me dijera: «¿Cómo le hablás a los votantes? ¿Cómo los ilusionás?», me quedan pocas balas. No se me ocurren muchas cosas que decir que no hayamos dicho antes y el país haya fracasado, decepcionado, defraudado en esas ilusiones. Entonces se vuelve cada vez más difícil generar esa expectativa y, en algún momento, la gente puede simplemente decir: «Bueno, me dedico a lo mío, trato de zafar con lo que puedo, esto es lo que es», en vez de delegar expectativas en una clase política que, en alguna medida, ha defaulteado esas esperanzas.
Eduardo, felicitaciones. Felicitaciones porque has encontrado el camino de poder convertir la tristeza y la decepción de la vida pública en algo creativo y útil para los demás. Creo que ese psicoanálisis ayudó en algún momento también para transformar eso de manera creativa. Y bueno, volveremos a entrevistarte hablando de economía, entonces, en un futuro cercano.
Bueno, muchas gracias, Jorge, por la invitación.
Fue un gran placer.
LMM/fl