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MODO FONTEVECCHIA
Perspectivas económicas

Juan Courel: "Casi el 70% no le cree a Caputo ni a Milei sobre el futuro de la economía"

El consultor político analizó los resultados de distintos estudios de opinión y sostuvo que gran parte de la ciudadanía ya evalúa la situación actual en función de la gestión del Presidente. Advirtió que las promesas sobre una mejora futura ya no alcanzan por sí solas para generar confianza.

Milei y Caputo
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El escenario social y económico en Argentina muestra un deterioro de las expectativas y de la credibilidad del Gobierno de Javier Milei, en un momento en el que incluso parte de sus propios votantes expresa escepticismo frente a las promesas oficiales de recuperación. Según Juan Courel en Modo Fontevecchia, por Net TV, Radio Perfil (AM 1190), “casi 70% no le cree a Caputo ni a Milei sobre el futuro de la economía”, y advierte que la falta de resultados concretos debilita el principal sostén del discurso oficialista, abriendo el debate sobre posibles alternativas dentro del propio espacio político.

El consultor político y especialista en comunicación política argentino, Juan Courel, se formó como periodista y desarrolló gran parte de su carrera asesorando campañas electorales y gobiernos, especialmente dentro del peronismo. Se desempeñó como secretario de Comunicación Pública de la provincia de Buenos Aires durante la gestión de Daniel Scioli y también presidió el Consejo Consultivo de los Medios Públicos de la Argentina. En el ámbito electoral, dirigió o coordinó estrategias de comunicación de numerosas campañas nacionales, provinciales y municipales. Actualmente dirige la consultora Alaska Comunicación.

Estábamos prestando atención al informe que recién enviaste sobre expectativas de la economía, con un gráfico que le voy a pedir a la producción que coloque en pantalla de manera completa. Es la evolución mes a mes de la expectativa económica, donde se ve con claridad cómo vuelven a crecer las expectativas negativas, llegando incluso en abril al 61%. En noviembre habían caído al 40%. También es paradójico ver que ya venían creciendo antes de las elecciones y pasaron del 52% al 40% negativo en el momento en que Milei gana las elecciones. Es decir, parecería que la sociedad tiene expectativas negativas cuando supone que Milei va a perder y positivas cuando Milei gana. ¿Es una interpretación peripatética de mi parte?

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Habría que ver qué es primero: el huevo o la gallina. Porque también hay, en este indicador de expectativas económicas, una suerte de anticipación de lo que después termina siendo la evaluación del Gobierno.

En el caso puntualmente de las elecciones del año pasado, la recuperación de las expectativas es un poco anterior a la elección y capaz se puede atribuir a aquella actitud que tuvo Donald Trump poco antes de las elecciones nacionales, que le dio un poco de respaldo y aire a un gobierno que en ese momento, a nivel financiero, estaba bastante ahogado.

Si uno compara estas líneas con las de aprobación de gestión o imagen del presidente, encuentra una correlación muy directa. Y si después uno lo investiga más cualitativamente, a nivel de grupos focales, diría que primero aparece cierto pesimismo económico y después un deterioro de la imagen y la credibilidad del presidente y del Gobierno.

Pero, paradójicamente, la ayuda de Bessent y de Trump quitó la posibilidad de que ganase la oposición también. Entonces, pareciera que este es el dilema de gran parte de la sociedad argentina. Quiere que al país le vaya bien, lo que implica que a Milei le vaya bien. Quiere creer que le vaya bien porque, si hay una devaluación o una crisis, obviamente sale todo el mundo perjudicado. Y, al mismo tiempo, le gustaría un plan económico diferente, por decirlo de alguna manera. Ahí está el nudo de lo dilemático.

Sí, es un dilema que suele resolverse, en gran medida, en función de esta pregunta sobre las expectativas y la confianza en el futuro.

Hay un viejo paper de la década del 90, cuando Menem estaba llevando adelante su proceso de estabilización, que explicaba cómo, en Argentina y en otros países del mundo, los procesos de ajuste, donde la gente puede estar pasando penurias económicas o malestar económico, podían contar en algunas ocasiones con apoyo social si se daban dos condiciones.

La primera condición era la posibilidad de echarle la culpa al que estaba antes. Este sacrificio que estamos haciendo es responsabilidad de los que nos antecedieron. Y la segunda condición era la expectativa de que este sacrificio de hoy iba a traer un beneficio futuro. Que este sufrimiento no es porque sí, sino para obtener un objetivo ventajoso. Durante los dos primeros años del gobierno, Milei pudo mantener estos dos factores de una manera que le permitió obtener consenso respecto de sus políticas.

Partiendo de la base de que la enorme mayoría de la gente, cerca de dos tercios de las personas, responde que está peor que cuando asumió Milei. Pero existía confianza. “Estamos peor, pero vamos por el rumbo correcto”. “Estamos peor, pero es culpa de Alberto Fernández, de Cristina o de Macri”.

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El mes pasado preguntamos a quién le atribuyen la responsabilidad de la situación económica actual y eso se terminó. Ahora la responsabilidad ya no recae en los antecesores de Milei, sino que cae casi exclusivamente, también por encima del 60%, sobre el actual Gobierno. Entonces ahí se le desmorona a Milei uno de los argumentos que necesita para sostener su plan de estabilización. Y el otro argumento, que es el de las expectativas, lo vemos acá.Tal vez respondiendo a eso es que el ministro de Economía, Luis Caputo, en los últimos meses está bastante obsesionado con decir: “Acá no corre riesgo el modelo. Se vienen los mejores 18 meses de nuestra historia”.

Hoy dijo algo respecto de que puede caer un meteorito en la Argentina o haber una invasión extraterrestre y, de todas maneras, no va a volver el kirchnerismo al poder. Cuando Caputo dice eso, puede estar intentando revertir las expectativas y volver a generar confianza en el modelo económico, pero la gente no se lo cree.

Ahí están colocando otro de los gráficos de tu estudio respecto de si le creen a la palabra del ministro. Creo que más del 60%, eso que está en rojo, dice que no le cree al ministro. Casi el 70%.

Cuando Caputo dijo hace unas semanas que los próximos 18 meses iban a ser los mejores en décadas, buscó que la gente volviera a confiar, volviera a tener expectativas. No lo está consiguiendo. No se lo creen.

Y a medida que un Gobierno, un ministro de Economía o un presidente dicen cosas que a la gente le resultan inverosímiles, la pérdida de confianza se acentúa y se profundiza.

Y esto no ocurre solamente entre votantes opositores. Los propios votantes de Milei y los propios votantes de Patricia Bullrich, que hoy acompaña al Gobierno, están también muy poco predispuestos a creer en estas promesas presidenciales.

No solamente no le creen al ministro de Economía casi el 70%, sino que creo que después tampoco le creen a Milei. O sea, el problema ya es estructural. Le voy a pedir a la producción que coloque ese gráfico que viene después del de Caputo, que es el de Milei. Tampoco le creen a Milei. No sé si hay diferencia, pero me parece que los dos están parejos entre el 60% y el 70% de “no le creo”.

Yo diría que lo que está en crisis y lo que perdió credibilidad es la promesa económica, que fue el principal factor por el cual Milei llegó al Gobierno y el principal factor por el cual la gente decidió respaldarlo en la elección de medio término. Está en crisis también.

Acá tenemos otra pregunta sobre Caputo y después hay otras preguntas que hicimos. Cuando Milei dice que va a pulverizar la inflación, ya no es creíble. Entre el 60% y el 70% dicen que no le creen. Cuando Milei niega la destrucción de empleo, cerca del 70% tampoco le cree.

Hay una crisis de credibilidad importante. ¿Cómo puede revertirla el Gobierno? Creo que no puede hacerlo haciendo promesas ni negando la realidad. Va a tener que tomar decisiones que, más que palabras, sean realidad: mejoras concretas y materiales en el bolsillo.

La pregunta es si tienen en su programa económico la intención de hacerlo y si inyectar plata en el consumo no termina perjudicando el principal activo de este Gobierno, que era ir reduciendo la tasa de inflación.

En ese contexto, de cara a 2027, en la medida en que el Gobierno no tenga formas de producir mejoras sustanciales en la capacidad de consumo de la mayoría de la población, ¿cómo creés que eso va a orientar las preferencias electorales? Parecido a lo que vimos en octubre del año pasado: que la gente se aliviaría si encontrase que la estabilidad económica puede mantenerse buscando una alternativa superadora de Milei, pero dentro del mismo rumbo. O un cambio de rumbo, como podría significar Kicillof.

Creo que el problema que tocamos hoy, que es el de la credibilidad, afecta sobre todo a Milei.

Si dentro de esa misma esfera ideológica pudiera emerger un candidato alternativo, como sucedió con Massa respecto de Alberto Fernández en el gobierno anterior, tal vez ese otro candidato podría ser más competitivo, generar una expectativa nueva y una renovación de expectativas.Ese escenario todavía no pasó.

Si eso no sucede, salvo que las mejoras materiales se sientan, ya pasó la hora de la promesa. Ese es el gran problema que le atribuyo al Gobierno para sostener su modelo económico.

La promesa funcionó. Ahora ya no está funcionando más. Hacen falta resultados.

Siguiendo tu metáfora, ¿Patricia Bullrich podría ser para Milei lo que fue Massa para Alberto Fernández?

Podría serlo, sin lugar a dudas. Patricia Bullrich aparece consistentemente con mejor imagen que Milei en muchos estudios. Se mantiene así. Creo que está teniendo la habilidad de, a pesar de marcar matices y diferencias con el presidente, no terminar de aparecer en la vereda de enfrente, porque entiende que cualquier aspiración personal tendría que contar con el apoyo de quienes también votan a Milei.

No digo que lo esté trabajando, pero por ese lado podría llegar a haber una propuesta hoy más competitiva con esta situación económica,

¿Podría ser el plan B? Recordá que en 2019, cuando se veía que Mauricio Macri tenía riesgo de perder las elecciones con Alberto Fernández, se hablaba del plan V con V corta, que era Vidal. Podría ser el plan B con B larga de Bullrich. ¿Podría volver Patricia Bullrich a ser la candidata que represente un sector de alianzas donde tenga al PRO como primus inter pares?

Ella, con mucho cuidado, creo que trata de decir que no.

Pero me parece que es una decisión inteligente porque falta mucho para la elección.

Ahora, yo sigo sosteniendo que uno de los grandes problemas de Milei, más allá de los resultados de su gestión, es que ya no se le cree.

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Y eso, reemplazándolo por otro candidato —en este caso una candidata que ya esté posicionada en la opinión pública, que tenga imagen propia, reputación y cierto lazo afectivo con ese sector de votantes— podría darle una oportunidad que de otra manera podría faltar.

Mi pregunta es: ¿vos creés que Macri querría? ¿Vos creés que ella querría?

Yo creo que Macri está haciendo estos movimientos para generarse una nueva oportunidad para sí mismo, según se comenta. Ahora, él no está fortalecido en la opinión pública como sí lo está Patricia Bullrich.

Patricia Bullrich es hoy mucho más competitiva que Mauricio Macri a nivel electoral.

MV / EM