El presidente de Brasil, Lula da Silva, y su homólogo chileno, José Antonio Kast, se reunieron el 27 de enero en Panamá, durante el Foro Económico Internacional de América Latina, en una escena poco habitual para dos dirigentes ubicados en extremos ideológicos opuestos. Su encuentro funcionó como disparador de un debate amplio sobre el poder en la región, sintetizado en una frase del analista internacional, Juan Negri, en Modo Fontevecchia, por Net TV, Radio Perfil (AM 1190): “Kast con Lula expresa la tradición republicana chilena, mientras que la derecha argentina es populista”.
El politólogo y analista político argentino, Juan Negri, es doctor en Ciencia Política, profesor universitario y un referente académico en temas de instituciones, partidos políticos, democracia y sistemas electorales. Se desempeña como docente en la Universidad de Buenos Aires (UBA) y en otras universidades, y suele participar en el debate público a través de columnas, entrevistas y análisis en medios de comunicación. Además, su perfil combina trabajo académico con intervención en la discusión política actual, siempre desde una mirada técnica y comparativa.
Recientemente el presidente electo de Chile fue a visitar a Lula a Brasil. ¿Qué es lo que dijo José Antonio Kast de Lula? Ideológicas que pueden haber existido cuando uno ejerce una candidatura. Es distinto cuando uno representa a un país. Cada uno insta en su país y busca lo mejor para sus compatriotas. O sea, más allá de las diferencias que podamos tener. Entonces, mi pregunta es si teníamos una antología equivocada en dividir América Latina entre gobiernos de derecha y gobiernos de izquierda, cuando en realidad la verdadera característica debería ser entre gobiernos confrontativos o gobiernos conciliadores. Más allá de que uno sea más de derecha o más de izquierda, hay líderes que son consensualistas y líderes que son divisorios.
Sí, en general hemos distinguido ya en el pasado. Algunos hablan de populismo. Es decir, de líderes que utilizan esa confrontación como parte de esa estrategia populista y ya lo veíamos. Lo vimos cuando gobernaba la izquierda. Teníamos una izquierda mucho más radical, mucho más anti Estados Unidos, incluso irresponsable en lo económico.
Y Chile, por ejemplo, tenía una izquierda; Brasil también, altamente responsable; Uruguay, por supuesto, etcétera. Entonces, lo de Kast lo enmarcaría en una tradición chilena, no solamente chilena, pero en este caso chilena, de responsabilidad, partidos ordenados, este republicanismo, si se quiere, una tendencia a no inclinarse hacia el populismo, hacia la cosa más extremista, etcétera. Así que, en ese sentido, me parece una sana continuidad.
Podríamos agregar, por ejemplo, Claudia Sheinbaum en México, con la dificultad de tener que negociar, convivir con esa larga frontera con Trump. Es decir, pareciera ser que las categorías no son derecha e izquierda, sino republicanismo y populismo. En ese sentido, se puede parecer el gobierno de Cristina Kirchner al gobierno de Javier Milei, diferenciándose, y puede parecerse el gobierno de Kast o el de distintos gobiernos del Frente Amplio al gobierno de Lula. ¿Le parece entonces correcta esta categoría como principal?
Tal vez no como categoría principal, pero sí puede pensarse como un eje que cruza a la clásica división entre izquierda y derecha. De ese modo, puede haber una izquierda republicana e institucional y una derecha republicana e institucional, así como una izquierda populista y una derecha populista, algo que también se observa en otras partes del mundo.
Es decir, puede encontrarse un liderazgo como el de Donald Trump, más asociado al populismo y con menor respeto por las instituciones, frente a una derecha europea más tradicional y conservadora, como la de Ronald Reagan, Margaret Thatcher o José María Aznar. Del mismo modo, puede contrastarse con figuras como Nigel Farage en el Reino Unido o con una izquierda institucional, como la de François Hollande, frente a expresiones más cercanas al chavismo.
usted decía la tradición chilena, frente a Kast nosotros tenemos a Kaiser. O sea, había alguien que tenía un estilo más confrontativo. Hay algo en la Argentina que, más allá del resto del continente y de nuestros vecinos, nos caracteriza: nuestro famoso péndulo, donde siempre hay un elemento que es invariable, que es el populismo.
Creo que hemos tenido experiencias en América Latina y, en Argentina en particular, más populistas, que han definido definitivamente nuestro perfil político. Creo que en Argentina, de hecho, hasta hace poco por lo menos —y esto está por verse— la fractura peronismo-antiperonismo era más importante que izquierda-derecha. Es decir, uno podía encontrar al interior del partido peronista y al interior de las fuerzas antiperonistas sectores muy fuertes.
Los votantes de Kirchner en 2003 habían votado a Menem en la década del 90. Es decir, no había una preferencia ideológica, había una preferencia más vinculada a la identidad que significa el peronismo. Y yo creo que esa experiencia populista tan importante que ocurre en la Argentina, de algún modo, define cierta conducta política que tenemos, más populista, si se quiere llamar así. En particular, lo que tuvo un impacto muy claro fue la importancia de los partidos políticos. En Chile los partidos políticos son muy importantes; en Argentina, no tanto.
Me parece que la cuestión de fondo es que hay una tendencia en la Argentina a preferir liderazgos populistas, más allá de que pueda ser derecha o izquierda. El mismo que puede votar a Menem puede votar a Kirchner. Pero hay un invariable… ¿cuál es el invariable? El invariable podría ser cierta distancia del republicanismo.
En Venezuela vimos una operación estadounidense muy significativa y radical, que hace tiempo que no hacía una operación de este estilo, de entrar a un país, más allá de que no sea una invasión clásica. Lo que me parece que está claro es que Estados Unidos no tiene en la agenda un nation building, la idea de reconstruir Venezuela.
Me parece que hay un liderazgo con mucha continuidad de lo que estaba antes, mucho más amistoso hacia Estados Unidos, en lo que tiene que ver con el petróleo, pero no hay una agenda democratizadora que uno podría haber visto con la incorporación de Machado o de la oposición, una mesa de diálogo, etcétera. Vemos algunos gestos, como la liberación de algunos presos políticos, pero no más. No parece que Venezuela esté en camino a una democracia.
¿Qué pasa con los regímenes no amigos de Estados Unidos en la región, Cuba?
Yo creo que eso muestra una particular vulnerabilidad de esos países hacia la presión política de Estados Unidos.
O sea, ¿se imagina un colapso en Cuba?
Con la eliminación de Venezuela como proveedora de petróleo y de energía, yo creo que Cuba está en una situación efectivamente muy extrema. Y lo que podríamos ver este año es un incremento de las protestas y de la tensión social producto de la situación, de la falta de energía en Cuba, y que eso pueda promover, por parte de Estados Unidos —no digo una invasión, un escenario poco probable—, ejercer un ahorcamiento que produzca un cambio de régimen.
Recordemos que Marco Rubio, el secretario de Estado de Estados Unidos, es hijo de cubanos exiliados y, para él, esto es una cuestión identitaria muy fuerte.
Ahora, no podría salir una oposición desde Cuba porque, después de 70 años de revolución cubana, es imposible que se haya generado alternativas y liderazgos políticos dentro de Cuba. Tendría que venir desde fuera una implosión. Pero, bueno, ¿quién reemplaza? Porque, en el caso de Venezuela, tiene la historia de por lo menos, no hace tanto tiempo, un sistema de alternancia democrática y, en el primer proceso de Chávez, cierto respeto por las alternancias democráticas. De hecho, Corina Machado era una diputada de la oposición con Hugo Chávez. Eso no existe en la memoria de los cubanos, porque generacionalmente han pasado la suficiente cantidad de años como para que no quede ningún recuerdo de una alternancia oficialismo-oposición. ¿Cómo se imagina el surgimiento de una alternativa de gobierno en Cuba que no venga de afuera?
Hoy por hoy me parece que es un escenario difícil. Lo primero que debería ocurrir es una decisión al interior del régimen, porque en este momento lo que tenemos es una población indefensa, lo mismo que en Venezuela, frente a un régimen que tiene, digamos, el monopolio de la violencia. Entonces, lo primero que debería ocurrir es una decisión del régimen y que aparezca un sector liberalizador dentro del castrismo, y que ese sector liberalizador logre un ascendente, o sea, logre eliminar a los duros, y que ese sector, con pasado dictatorial, se encargue de ir llevando de a poco una transición más parecida a algunas cosas que podrían haber pasado en la Unión Soviética, por ejemplo.
Es decir, Gorbachov o Yeltsin, con conocidos vínculos, son los que, desde adentro, llevan adelante una transición.
La ex Unión Soviética, por lo menos en sus últimos 30 años, tenía un sistema científico. No era una persona que gobernaba o su hermano que elegía al sucesor, sino un sistema, como el de China, un poco menos personalista, para decirlo de alguna manera. Había cierto margen para la formación de líderes con cierto grado de tonalidades. Había una diferencia entre Andrópov y Gorbachov, pero no era todo lo mismo. Mientras que, en el caso de Cuba o en el caso de Venezuela, la personalización es mucho mayor. En el caso de Cuba, quizás se cree la oportunidad ahora por una cuestión biológica, pero hasta el hermano de Fidel Castro era absolutamente personalista.
Sí, tal vez el mejor ejemplo es República Dominicana. Es decir, en el postrujillismo, una figura como Balaguer, cercanamente asociada a Trujillo, que sin embargo, con ayuda de Estados Unidos y con apoyo de Estados Unidos, va de a poco liberalizando el régimen. No completamente, pero va ablandando ese régimen. Eso podría ocurrir: una persona de las entrañas del castrismo que conduzca ese pasaje, que no tiene por qué ser exitoso, por otra parte.
Sí, ahí están las dos visiones. La visión de Pareto y la visión de Marx. Es decir, si finalmente es la base la que produce la revolución o es una élite la que produce la revolución. Y si no existe una lucha de élites de arriba para abajo, finalmente eso lo tiene que cumplir una potencia extranjera, que creo que es lo que va a terminar sucediendo aquí.
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