Pablo Juliano, diputado nacional de la Unión Cívica Radical, cuestionó la reforma de la Ley de Glaciares de Argentina aprobada por el Senado. En diálogo con Modo Fontevecchia, por Net TV y Radio Perfil (AM 1190), advirtió que modificar la normativa ambiental podría generar una competencia entre provincias por flexibilizar normas para atraer inversiones. “Se pretende romper ese presupuesto mínimo y eso abre la puerta al dumping ecológico”, señaló.
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Pablo Juliano es un abogado y político perteneciente a la Unión Cívica Radical. Fue presidente de la Juventud de la UCR entre 2016 y 2018. Actualmente se desempeña como diputado nacional por la provincia de Buenos Aires, cargo que ocupa desde diciembre de 2023.
La reforma de la Ley de Glaciares que se aprobó en el Senado pasa a Diputados. Tengo entendido que vos en particular estuviste recorriendo los glaciares para tener una experiencia vívida. ¿Qué sentiste y qué pensás?
En primer lugar, creo que tiene que ver con una definición que nosotros entendemos que es estar en el tema, meterte en el tema. Hay una cuestión de proximidad que a mí me parece que se ha instalado últimamente en la Argentina y, en realidad, en la política global, que es esta cuestión muchas veces de estar construyendo piezas de oratoria para las redes. Y eso te establece una diferencia enorme, una distancia tan prolongada entre los temas que se tratan y el abordaje que se da. Entonces nosotros dijimos: "Cambiamos la dinámica". ¿Por qué? ¿Por qué realmente no mostrar la dimensión de eso?
Realmente es difícil acceder a las zonas periglaciares que están en cuestión en este proyecto que presentó el Gobierno, y básicamente serían cinco en las que estaría el interés de poder derogar o modificar la ley anterior de protección de glaciares, porque habría explotación minera. Las zonas periglaciares son un escudo térmico. Es decir, la Ley de Glaciares tiene una mirada amplia, pero tiene una mirada amplia que se sustenta en el artículo 41 de la Constitución, se sustenta en los artículos del Código Civil. Es decir, hay un conjunto de normativas que generaron no solo la ley de glaciares para protegerlos, sino, para mí humildemente, un estandarte único en el mundo. Porque también digamos lo siguiente: no es que en la Argentina la actividad minera queda prohibida, sino que sí queda con una mirada restrictiva o con una mirada amplia sobre el cuidado del agua. Se crea un instituto y se relevan 16.000 glaciares en cuencas que atraviesan 12 provincias. Esto no está puesto arriba de la mesa y tampoco tiene que ver con que esté en la demanda de la sociedad.
Las provincias afectadas son tres: Catamarca, San Juan y algún que otro emprendimiento en algunas zonas muy minoritarias de Mendoza. Entonces, desarmar todo un andamiaje de protección ambiental, viendo el contexto global en el que estamos, me parece que no es prudente, no es inteligente y en el fondo no es sabio. Dentro del bloque de Provincias Unidas se incorporó ahora en diciembre la exministra de Medio Ambiente de Jujuy. Diez años tuvo una experiencia ella vinculada a estos temas. Le pregunté si tuvo casos en donde se le haya pedido eso, y lo pudo resolver con la plena aplicación de la norma actual vigente.
A mí me parece que la agenda del Gobierno se terminó construyendo a los apurones de octubre. El Gobierno se encontró con un triunfo electoral y tuvo que empezar a levantar pedidos, una especie de entrar al almacén de las necesidades políticas para conformar una mayoría de prepo, y esto es lo que estamos viendo en el Congreso.
¿Concretamente, que los votos de estas tres provincias fueron esenciales para aprobar las reformas?
Sí, por ejemplo, la reforma laboral, la baja de imputabilidad y exhibir al Gobierno en un verano con una mayoría que a mí me parece que dista mucho de una mayoría inteligente.
Jair Bolsonaro, por ejemplo, se quejaba en la pelea con la Unión Europea, antes de que estuviera aprobado el acuerdo Mercosur-Unión Europea, que le pedía que pusiera límite a la deforestación del Amazonas. Y él decía que Brasil no tenía por qué ser gratis el pulmón del mundo y que tenía todo el derecho de explotar la soja y no pedirles a los europeos mantenerlo en el otro. Mencionó que nuestra Ley de Glaciares es un hito que presenta a la Argentina como único, por ejemplo, en América Latina. Entonces, ¿por qué determinadas provincias tienen que pagar el costo de la mantención de esa especie de cinturón hídrico para todo el país o para toda América Latina?
En el año 1994, cuando se produce la reforma de la Constitución, hubo un debate interesante sobre si los recursos son de las provincias, sobre si son administrados por la Nación y sobre si son una competencia concurrente. Y terminó primando esta mirada en donde el Congreso es quien da los presupuestos mínimos desde la mirada federal y son las provincias las que administran estos recursos. Esto tiene que ver con un principio: que en la Argentina se consagró que un catamarqueño y un tucumano, o un mendocino, tengan los mismos mínimos estándares vinculados al derecho ambiental. Esos presupuestos mínimos son los que se pretenden romper acá. Se pretende romper ese presupuesto mínimo. Y yo creo que es peligroso porque abre la puerta al dumping ecológico. ¿Y esto qué quiere decir? Aquellas provincias que rompan todas las barreras de protección de sus propios recursos serán las destinatarias mayoritarias de determinados recursos, pero eso rompe toda una esencia.
Está bien esta pregunta porque algunos se preguntan por qué determinadas provincias tienen que pagar caro el agua. Son garantes. Yo creo que tiene que ver con la esencia, hasta incluso geopolítica, de nuestro país. Cuando uno observa los distintos escenarios que se están viendo y vos ves el Cono Sur y nuestro país preservándose, pareciera hasta planificado. No sale tan mal que ese desarrollo durante toda la cuenca de los Andes, porque es una cuenca. Es decir, es impresionante verlo y la magnitud que eso tiene, y la sorpresa que uno se lleva muchas veces, porque obviamente requiere información técnica que a veces el debate político no nos permite poner arriba de la mesa, sobre el relevamiento de cerca de 16.000 glaciares.
Algunos intentan esta cuestión casi de comunicación de decir que el cambio climático es de la agenda woke, pero no. Yo recuerdo muy bien que el canal Crónica tenía una transmisión prácticamente permanente de cuando se derrumbaba ese puente que transmitía iconográficamente el Perito Moreno. Hasta hace poco lo teníamos en la moneda de un peso. Hay una cuestión ahí hasta, si se quiere, paracultural. ¿Qué Argentina se busca? ¿Qué Argentina buscamos? Y dejo en claro que yo no soy para nada antiminero, porque vengo a decir también que con la actual ley de preservación de glaciares la minería en Argentina puede desarrollarse con total tranquilidad, y lo hace. No lo ha hecho por otros impedimentos que responden, si se quiere, más a la macroeconomía, no a una mirada ambiental. Me parece que el Gobierno construye una mayoría, entra al almacén de las necesidades y hoy nos tiene discutiendo esto, que para mí no es inteligente.
¿Está fuerte el Gobierno? El “almacén de las necesidades”, ¿qué es lo que plantea? Se percibe un Gobierno omnisciente, pero finalmente contrasta con el almacén de las necesidades.
Sí, está fuerte en un plano y débil en el otro. Fuerte en el plano de la apariencia y débil en el plano de la realidad diaria. Yo lo veo enajenado, lo veo divorciado. Cuando vi al Presidente el otro día, el primero de marzo, me pareció una escena que, más allá de la vulgaridad y demás, construyó una distancia innecesaria en la Argentina. Es decir, el Presidente que se tomó un taxi al pasado de vuelta. Yo decía: cuando un campeón del mundo en el boxeo le gana a uno, puede volver a darle la revancha, pero no va por una tercera pelea porque ya pierde gracia. Milei le ganó dos veces al kirchnerismo, a esa etiqueta del pasado que él gusta tratar de traer al presente y tenerla en el futuro, porque si no se desconfigura. Milei solo tiene motivo de existencia en tanto y en cuanto ese miedo esté latente, de un regreso al pasado. En la calle la gente lo manifiesta de manera más simple.
Yo creo que el Gobierno está bien en un plano aparente, en el plano que incluso no pudo verlo venir al Gobierno. Los analistas políticos, el periodismo, el empresariado no lo veían. Milei estaba en una dimensión casi como un holograma político que no era detectable por el establishment o por los sectores de poder, los círculos rojos o los analistas políticos. A mí no me gusta tener miradas facciosas sobre los componentes en total de una sociedad, pero Milei está batalladito en ese nivel. Yo estoy convencido de que ese espacio lo abandonó. Abandonó, con Libra, a los gamer, a un submundo casi muy complejo de entender para parte de la política. Ha abandonado a sectores que particularmente apostaron por él.
El argentino que es oficialista, el que votó a Alberto Fernández, votó a Maurico Macri y vota a Milei, hoy prácticamente ya está desencantado. Eran los que, el típico que se sentaba en un asado y decía: “Al Gobierno realmente lo acompaño porque viene a terminar con la casta”. Yo lo veo a Milei reproduciendo el pasado, lo veo ya formando parte del pasado. No me sorprende nada, no le vi gracia. No lo veo a Milei, desde esa perspectiva, fortalecido. Y sí me divierte mucho ver a la política arrodillarse ante eso. Son como plebeyos que se arrodillan rápido ante un rey que para mí es un bastardo. Y esto decirlo de esa manera casi épica.
¿El rey está desnudo?
El rey está desnudo y también muestra las debilidades intrínsecas de un sistema político tan barato, tan falto de nociones, de ideas. El mundo está cambiando.
¿Ese almacén de las necesidades tiene productos de precios bajos?
Sí, están muy a la baja. Es decir, en realidad es por un emprendimiento menor, menor en el concierto de lo que necesita Argentina para salir adelante. Yo lo veo desconfigurado al Gobierno, lo veo enajenado. Coninagro sacó un informe la semana pasada de la trágica realidad de las economías regionales. ¿Y por qué lo traigo a la mesa? Porque yo no formo parte de la oposición que tiene un termo en la cabeza. Hay temas que a mí me parecían trascendentales que se pongan arriba de la mesa y que continúen. El equilibrio fiscal para mí vino para quedarse, y aquel político, de la facción que sea, que intente desajustar ese tornillo, le va a ir mal. ¿Por qué? Porque para mí es un principio bastante interesante que las cuentas ordenadas, que el orden público empiece por las cuentas.
Ahora, no profundizó nada el presidente Milei. La mirada macroeconómica se cae en una zanja de una mirada de una sola característica, que es financiera. Es muy empobrecida la mirada del Gobierno en lo económico. Arranca con una relación tensa con Brasil y, por otro lado, sale corriendo a aplaudir en Paraguay el convenio de la Unión Europea con el Mercosur. Es decir, es un volantazo, pero un volantazo improvisado, casi payasesco. Para poder usufructuar esto en el contexto global que está atravesando el mundo, estratégicamente, nuestras economías regionales son protagonistas.
¿Cuáles son las anteojeras que hacen que sus colegas ahí en el Parlamento se arrodillen frente a lo que usted no mira como un bastardo y lo vean como un rey, y usted pueda no verlo? ¿A qué asigna esa seguida paradigmática?
Creo que hay una esterilización preventiva. Muchos llegan ahí al Congreso de la Nación esterilizados, con una mueca. Ven la política como una mueca, la ven desaprensiva de una idea. Y esto fue clave desde el comienzo, en mi caso, de mi experiencia parlamentaria. Es decir, uno mira una ley y uno tiene que ver a quiénes está representando. Una ley es evocar un pedazo de la sociedad para darle un rumbo, un destino, una situación previsible, y acá es a los bolsazos. Por eso digo: están esterilizados de manera preventiva. Llegan ahí y después vemos que se tiran agua y se desenchufan los micrófonos, toda una situación que es grotesca. Están esterilizados de la idea, porque no tienen una noción de país, un proyecto para una propuesta.
Las etiquetas del pasado no nos van a poder ayudar para poder explicar lo que queremos en la alternativa a Milei. Si yo quiero explicar cómo se comportan los partidos tradicionales, como el peronismo o el radicalismo, no puedo. Queda en falsa escuadra el planteo. Hay radicales que están desesperados por subirse a un avión con el presidente de Estados Unidos y radicales que estamos desesperados por entrar de vuelta en la escena. Están concatenados a lo que yo llamo los retazos de realidad. Muchos me dicen: “No, pero se parece mucho al planteo que hacía Alfonsín”. Sí, porque yo creo que quedó trunco ese planteo, no se pudo desplegar en su totalidad. Evidentemente, como Hansel y Gretel, nos fue dejando migas, nos fue señalizando una necesidad de romper etiquetas del pasado que nos habían divorciado y que la Argentina, en definitiva, prácticamente no se escucha en esto de estar unidos.
Cuando uno viaja al interior de la provincia de Buenos Aires, lo que necesita es que la política esté unida. No juntos y mezclados, como el tango, unificados en criterio. Yo no puedo ser enemigo de alguien si tengo que revitalizar las economías regionales, que son estratégicas. No las puedo tirar a la borda y ser desaprensivo de una mirada hasta de infraestructura. ¿Cómo un gobierno de un economista, del primer economista presidente de la Argentina, es desaprensivo de esto que es el ABC?