En Modo Fontevecchia, por Net TV y Radio Perfil (AM 1190), el politólogo Lucas Romero se refirió al escenario electoral 2027, el desgaste del oficialismo y las dificultades del Gobierno para sostener expectativas económicas y políticas.
Lucas Romero es politólogo, consultor y licenciado en Ciencia Política por la Universidad del Salvador. Es director asociado de Sinopsis Consultores, firma especializada en análisis de opinión pública, estrategia electoral y consultoría política. Entre 2004 y 2008 fue director del Observatorio Parlamentario, un proyecto dedicado al seguimiento y análisis de la actividad legislativa.
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Lucas. La última vez que lo hicimos el escenario era otro. Nadie se animaba a ser candidato para 2027. Todo el mundo daba por descontado, o mucha gente daba por descontado, que Javier Milei iba a ser electo y se planteaba un escenario como la reelección de Cristina Kirchner, donde el segundo, el tercero, estaba a 20 o 30 puntos de distancia. Todo esto cambió en el último mes y medio y vemos que florecen cantidad de candidatos a presidente para 2027, convencidos de que hay 2027 por fuera de Milei. Me gustaría tu propia evaluación de este cambio, si se produjo, por qué se produjo y qué significa.
Bueno, interesante y bien general la pregunta. Yo creo que este es un ciclo que tiene una principal incertidumbre que lo gobierna, que es su durabilidad.
Si hay algo que ha caracterizado todo este ciclo es esta pregunta que todo el tiempo nos hacemos los observadores, los agentes económicos, si esto se sostiene. Esta pregunta tiene su raíz en el origen de este ciclo, un origen bastante particular, pero para significarlo o graficarlo, un origen de un presidente que enfrentaba un desafío económico muy complejo que lo iba a obligar a producir padecimientos. Por lo tanto, allí estaba implícita la proyección que uno hacía de que iba a haber un proceso de desgaste, pero además un ciclo de un presidente que inició en una condición de fragilidad política muy notoria. A tal punto que la humorada de (Enrique "Pepe") Albistur, de los pochoclos y de las Pascuas, tenía que ver con esto, con que todos mirábamos que el proceso estaba sustentado sobre mucha fragilidad.

El gobierno logró en la elección de medio término despejar un poco buena parte de esta incertidumbre al estabilizar el proceso político con ese triunfo. Pero curiosamente nos encontramos seis meses después en una situación que parecía impensada si uno la mira desde el 27 de octubre del año pasado.
Y esta condición de generar incertidumbre sobre la durabilidad creo que lo lleva al gobierno a entrar en una suerte de trampa, porque este es un gobierno que está queriendo vender un cambio, un cambio económico hacia los agentes económicos y un cambio político hacia la ciudadanía. A esas dos clientelas les está diciendo: “Yo vine para cambiar”. Y esas dos clientelas miran con duda si este cambio efectivamente puede ser sustentable en el tiempo.
Y yo creo que en los dos aspectos, en estos seis meses, se han agregado elementos para sospechar sobre la durabilidad de este ciclo.
En materia económica hemos visto cómo la economía ha arrojado malos indicadores en términos de actividad, destrucción de empleo, pérdida del poder adquisitivo, caída del consumo. Y en términos políticos, ese intento de representación de un cambio político que ofrecía Milei se ha deteriorado mucho, con muchísimas novedades muy comprometedoras para ese intento.
Sobre todo novedades con afectación reputacional: el caso Libra, que compromete al presidente con un episodio de estafa, el caso Adorni, los créditos a funcionarios del Banco Nación.
Es decir, un flujo informativo muy desprestigioso para este gobierno en esta idea de decir “venimos a terminar con la casta, venimos a terminar con los privilegios de los políticos, venimos a que el que las hace las paga”.
Entonces, todo ese cúmulo de información negativa, tanto en materia económica como política, está produciendo el proceso de desgaste más notorio de todo el ciclo, porque tenemos al presidente en su peor momento en el vínculo con la ciudadanía argentina, si tomamos las encuestas como indicador. Me parece que lo que explica este momento es una combinación de esos dos factores que afectan los dos procesos de cambio que venía a representar este gobierno: el económico y el político.
Se repite como una especie de Sísifo esto del tercer año, el síndrome del tercer año de los últimos tres presidentes, ahora con Javier Milei. ¿Indica algo más que los errores de Javier Milei? No sé si llamarlo cierta intolerancia de la sociedad argentina en la búsqueda del cambio continuo.
Son momentos distintos. No sé si uno puede construir una ley tomando estos tres casos.
El caso de Alberto Fernández fue un proceso atravesado por la pandemia en los primeros dos años, lo que produjo un deterioro económico que luego generó mal humor social en un gobierno que no tuvo capacidad de respuesta.
En el caso de (Mauricio) Macri, hubo un intento de corrección de desequilibrios que también quedó frustrado en ese tercer año. Uno podría asociar este proceso al de Mauricio Macri porque parecieran procesos que quisieron aplicar políticas de corrección de desequilibrios sin lograr el apoyo social necesario para sostenerlas en el tiempo.
Pero en todo caso, conecto esto con lo que va a pasar esta semana alrededor del caso Manuel Adorni y los errores del gobierno en esta materia.
Cuando un gobernante no puede ofrecer resultados, puede gestionar expectativas. Para gestionar expectativas hay un recurso estratégico que es la reputación del gobernante, su autoridad para decirle a la gente que hoy no puede resolver un problema, pero lo hará más adelante. Y creo que lo que estamos viendo es una afectación muy seria de la reputación del presidente.
En otras ocasiones, el presidente tomó decisiones frente a funcionarios que omitieron declarar bienes (en referencia al caso de Carlos Frugoni, desplazado tras reconocer que poseía siete inmuebles en Miami que no informó ante la Oficina Anticorrupción ni ante el ARCA), pero no actúa de la misma manera frente a Adorni, que es un funcionario más importante y que cometió una falta similar.
Entonces hay un costo de reputación, de pérdida de autoridad y credibilidad para gestionar expectativas en un momento donde no puede ofrecer soluciones. Todo esto aumenta la probabilidad de que volvamos a caer en el síndrome del tercer año.
Y ese síndrome del pato rengo, el que se supone que no va a poder ser reelecto en un proceso de deterioro de su autoridad, ¿puede recomponerse de cara a 2027 o esto ya alcanza para prever una elección competitiva?
Es difícil hacer proyecciones sobre 2027. Van a ocurrir muchas cosas en el medio. El gobierno tiene capacidad de recuperación si puede ofrecer resultados económicos, aunque ese es el terreno más difícil. Escuchando a economistas, el corto plazo parece complicado para generar un cambio favorable en la opinión pública.
El gobierno está cayendo en una especie de "trampa", dice que hace las cosas bien pero que -lo que denominan- el riesgo “kuka” genera desconfianza. Sin embargo, esa desconfianza es producto de su propia incapacidad del gobierno de demostrar que el proceso es sustentable en el tiempo.
Son sus propios errores los que alimentan la duda sobre la durabilidad. Esto afecta la probabilidad de éxito del programa económico y aumenta la probabilidad de que Milei tenga que ir a una segunda vuelta para reelegir. Y eso es una novedad importante.
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La probabilidad de reelección en segunda vuelta es menor al 50% en la región. Le cuesta a los oficialismos reelegir en un balotaje porque es más habitual que se conforme una mayoría en contra de lo que el gobierno está ofreciendo, antes que una mayoría a favor de lo que está haciendo.
Pero además, en este caso particular, es un riesgo mayor porque se trata de un presidente que tiene alergia para hacer lo que las segundas vueltas suelen exigir: moverse al centro, moderarse, disputar los votos intermedios.
Por la baja tasa de reelección de los oficialismos y por esa alergia que tiene Milei para ampliar su base, un escenario de segunda vuelta se vuelve especialmente complejo. Además, Milei tiene dificultades para moderarse, algo clave en un balotaje. Y se está consolidando una mayoría refractaria a su propuesta.
Siguiendo esa línea, Lucas, voy al caso de Perú, donde no es lo mismo. Todavía no se decidió quién es el candidato que va a competir con Keiko Fujimori en la segunda vuelta. Hay una duda: todo parece indicar que va a ser un candidato de izquierda, para denominarlo de alguna manera y simplificar, y no el alcalde de Lima, que sería un candidato de derecha. Siguiendo esa línea, ¿te acordás que se decía que era uno el candidato que ganaba en las PASO, era otro el candidato necesario para sacar el mejor resultado en primera vuelta y era otro el tipo de candidato que era necesario para el balotaje?
Siguiendo esa lógica, obviamente a Keiko Fujimori le conviene que el candidato sea de izquierda y no el alcalde de Lima, que podría disputarle votos en su propio espacio político. Siguiendo esa misma lógica y asumiendo que hoy el escenario de balotaje, y no de primera vuelta, parece el más razonable para resolver la elección presidencial de 2027, ¿quién tendría más posibilidades de derrotar a Milei en segunda vuelta? ¿Un candidato como Macri, un candidato como Kicillof —los pongo como significantes—, es decir, un candidato más cercano a mantener ciertas políticas de Milei o un candidato más lejano y con deseos de cambiarlas?
Bajo esa lógica en la que se disputan los balotajes, que es una opción entre dos, la pregunta es dónde están posicionados esos dos contrincantes en el continuo que representan todos los electorados en cualquier democracia moderna. Hay un continuo de posiciones de los votantes, entre estar posicionados muy a la izquierda o muy a la derecha, si utilizamos ese esquema como referencia.
Entonces, hecha esa aclaración, para un candidato como Milei, que tiene posturas muy radicalmente de derecha, lo más peligroso es tener a alguien parado en el centro, incluso alguien que le dispute un balotaje en el borde moderado de las opciones de derecha, porque le barre todos los apoyos hacia la izquierda.
Entonces, el ideal para Milei es alguien que esté posicionado en el extremo opuesto. Y desde ese extremo opuesto hacia el centro, incluso hacia su propio espectro de derecha, cualquier cosa se vuelve cada vez más complicada, más difícil de superar en un balotaje.
Visto por el lado inverso, para el peronismo, Milei representaba el mejor candidato en una segunda vuelta. Por eso el peronismo lo ayudó, lo impulsó para que efectivamente llegara a esa instancia. No le alcanzó, porque eso no resuelve todo el problema: había una mayoría que quería un cambio y, cuando Milei quedó como el único representante de ese cambio, eso le permitió construir ese consenso negativo que lo llevó al poder.
Pero en este caso Milei es quien está gobernando, es quien no está pudiendo resolver problemas, y eso está construyendo un consenso mayoritario en contra suyo. Entonces, lo más peligroso sería alguien posicionado en el centro, que no le permita disputar los votos moderados, que son los votos en disputa, y lo más conveniente sería alguien que esté en el extremo opuesto.
Lucas, como siempre, un gran gusto conversar contigo.