Para Andrés Malamud, “Trump se convirtió de activo en pasivo electoral” y “está terminando la guerra sin decir que la perdió”. En Modo Fontevecchia, por Net TV y Radio Perfil (AM 1190), el politólogo advierte que las extremas derechas enfrentan derrotas recientes, pero matiza: “son antiliberales, pero no necesariamente antidemocráticas: cuando pierden, se van”. En ese mapa, ubica a Javier Milei como un caso “distinguible del resto” y plantea que el retroceso democrático que preocupaba años atrás muestra hoy signos de reversibilidad.
Andrés Malamud es politólogo, investigador, licenciado en Ciencia Política por la Universidad de Buenos Aires y doctorado en el Instituto Universitario Europeo. Nacido en Olavarría, actualmente reside en Lisboa, donde se desempeña como investigador principal en el Instituto de Ciencias Sociales de la Universidad de Lisboa. Entre sus libros destacados se encuentra El oficio más antiguo del mundo, diccionario arbitrario de política y Adelante radicales. Ha trabajado como consultor para organismos internacionales como el Banco de Desarrollo de América Latina y el Parlamento Europeo.
Ayer entrevistábamos a Loris Zanatta, quien nos decía que Trump, para cualquier líder europeo, era como el beso de Judas y que en Europa se percibe progresivamente a Trump cada vez como un enemigo de Europa. ¿Cuál es la perspectiva que hay en Portugal mismo, teniendo en cuenta que tienen al secretario general de las Naciones Unidas saliente, pero todavía secretario general de las Naciones Unidas, respecto de esta guerra en Irán y de Trump como jefe de Occidente, para decirlo de alguna manera?
Justo estoy en Milán. Pero te contesto también por Portugal, empezando por Georgia Meloni. Georgia Meloni era la amiga más cercana de Trump, junto con Víctor Orbán, con la diferencia de que George Meloni es antiputin y Orbán era pro Putin. Y Trump se convirtió este año en un pasivo electoral, de haber sido un activo electoral el año pasado, y George Meloni y Víctor Orbán lo sufrieron en la piel. Ambos perdieron elecciones. Orbán perdió el poder y George Meloni, un referéndum que consideraba importante, muy importante, y perdió con ello el aura de invincibilidad.
En Portugal la situación es más tranquila. Portugal tuvo elecciones presidenciales hace un mes y el candidato moderado le ganó al candidato amigo de Milei, al candidato de lo que acá se llama la extrema derecha. En Portugal, Milei es visto como un rockstar, como en todos lados, pero es un país de altísima moderación.
Y vos preguntabas en particular por Antonio Guterres, secretario general de las Naciones Unidas, un cargo por el cual hay un argentino en disputa. Y esto es muy importante, porque el argentino en disputa, Rafael Grossi, es considerado un hombre de la institución, un hombre de la diplomacia y, sin embargo, es el candidato del gobierno argentino. Y acá hay algo que te quiero destacar, porque no es el único caso, aunque es uno de los que estoy habilitado para comentar, porque es público; hay otros que todavía no lo son: el gobierno argentino apoya candidatos moderados en instituciones internacionales, en muchos casos candidatos que habían sido funcionarios de gobiernos anteriores.
Una populista europea en defensa de un Papa estadounidense
Hay una retórica dogmática, altamente extremista, muy agresiva, y una práctica mucho más pragmática, una práctica diplomática que, cuando no es Milei cantando en el escenario en Israel, es el apoyo del gobierno de Milei a candidatos que en el mundo son muy respetados y son diferenciados de la retórica agresiva del presidente.
Un ex secretario de las Naciones Unidas como Guterres tiene luego la posibilidad de convertirse en un candidato importante dentro de su país. Y uno podría hacer esa especulación de que Grossi, en algún momento, un poco el Papa argentino, el nuevo Papa argentino que estamos diciendo, si llegara a ser secretario general de las Naciones Unidas, tendría la posibilidad dentro de diez años, por ejemplo, de ser candidato a presidente en la Argentina. ¿Me podés hacer algún paralelo con Guterres?
Guterres llegó tarde, porque este año se eligió presidente de Portugal. Si se hubiera elegido el año próximo, Guterres era un gran candidato. Pero en América Latina hubo un caso. América Latina tuvo un único secretario general de la ONU, Javier Pérez de Cuéllar, peruano, que intentó volver a la política nacional después, sin éxito. O sea que la respuesta a tu pregunta se divide en dos: primero, si habitualmente los secretarios generales de la ONU tienen ambiciones de volver a la política nacional; segundo, hasta ahora no hay casos de que lo hayan logrado.
Me contabas que en Portugal perdió la extrema derecha. No sé si puedo hacer un paralelo con lo que sucedió en Hungría, lo que podría suceder en España, de que pierda Vox pero gane el PP, y si encontrás algún invariable entre estos elementos que pueda ser trasladable a la Argentina, es decir, que en 2027 pierda Milei y gane una versión de centroderecha o derecha republicana.
Macri te está escuchando y aplaudiendo en este momento. Sí, no es imposible. Lo que estamos viendo es lo siguiente. Primero, lo que vos comentabas al principio: que Trump se convirtió, de 2025 a 2026, de activo en pasivo electoral. El año pasado con Trump se ganaban elecciones. Este año, con Trump se pierden elecciones: Hungría e Italia. Eso es lo primero que aprendemos. Ser amigo de Trump hoy no garpa; al contrario, pesa.
Lo segundo es que, durante mucho tiempo, hubo mucha gente preocupada por la salud de la democracia. Se pensaba que la extrema derecha había venido a erosionar la democracia y que este proceso podía ser irreversible. Hoy sabemos dos cosas. Primero, que la extrema derecha en el mundo y separo a Milei en esto, es antiliberal, pero no necesariamente antidemocrática. Inclina el campo de juego, te corre el arco, te patea fuerte, intenta limitar la competencia, pero cuando pierde se va y, sobre todo, pierde. Son regímenes que son ligeramente más autoritarios, pero siguen siendo competitivos.
Así que lo que estamos observando es una reversibilidad del retroceso democrático. Y lo que estamos empezando a sospechar es que, entonces, lo que estaba en causa no era la democracia como gobierno de las mayorías, sino el liberalismo como protección de las minorías. Estos gobiernos llamados de extrema derecha limitaban los derechos de las minorías, pero cuando la mayoría se les vuelve en contra terminan afuera, aun sin querer, porque Bolsonaro movilizó a la gente, intentó un golpe de Estado, está probado, está grabado, y por eso está preso. Trump también, y si no fue preso es porque volvió a ganar las elecciones. Esto significa que tuvieron que irse cuando perdieron, aunque no les gustara. Orbán tuvo la decencia o la inteligencia de aceptar la derrota y correrse. Esto es bueno para la democracia. Quizás no sea bueno para el liberalismo, porque los demócratas que vengan a lo mejor siguen siendo bastante iliberales.
Relación Trump-Meloni se quiebra por guerra en Irán y dichos sobre el Papa
Y por esto la distinción con Milei. Milei no se adecua bien al perfil del demócrata iliberal, porque él cree ser liberal y en muchos aspectos lo es. Trump, Bolsonaro, Orbán en parte, Vox, lo que pretenden es cerrar al país: erigir y endurecer fronteras, que no vengan ni personas ni productos, ni inmigrantes ni comercios; quieren aranceles. Y Milei es lo contrario. A pesar de que a veces se adapta al discurso de esta extrema derecha global, no tiene un discurso xenófobo, no tiene un discurso antinmigratorio, salvo algún fulbito para la tribuna, y, sobre todo, es librecambista, quiere libre comercio. Es exactamente lo contrario de lo que proponen los demás miembros de su familia política internacional. Milei es un caso diferente, y con esto no digo ni mejor ni peor, distinguible del resto.
Me dijiste que Macri podría estar aplaudiendo. ¿Podrá estar aplaudiendo también Bullrich, que en las encuestas aparece ella por arriba de Milei? ¿Ves alguna posibilidad de que no solamente Milei tenga una competencia en el arco del centro a la derecha por parte de Macri, sino también por la propia excandidata a presidente y aliada hoy del gobierno, Patricia Bullrich?
Sí, nosotros creemos saber que Patricia Bullrich tiene como objetivo la presidencia, y no porque sea un secreto que descubrimos, sino porque fue lo que ella siempre buscó. Ser jefa de gobierno de la Ciudad de Buenos Aires no es su objetivo, aunque eventualmente podría aceptarlo si no le queda alternativa, pero ella preferiría la presidencia. Y siempre mantuvo un estilo diferenciado del presidente, con absoluta lealtad, sin nunca diferenciarse en las políticas, pero sí en el estilo: mano dura, pero no agresividad innecesaria contra aquellos que pueden ser sus aliados, ni siquiera contra los opositores.
Ella es claramente antikirchnerista, pero no anda insultando. Y esto no solamente es un estilo, es también una estrategia: la estrategia de la moderación, en parte porque lo siente y en parte porque le sirve. Sigue siendo posible volver del extremo. Y en este caso quiero dejar bien claro: cuando hablamos de extremos, hablamos de extremos políticos, no estamos saliendo del margen de la democracia. Todo lo que estamos comentando hasta ahora está dentro de los márgenes de la democracia.
Queda la posibilidad de otra alternativa que erosione el campo desde el centro hacia la derecha, que es la aparición de un outsider empresario, caso bien típico de América Latina. Jaime Durán Barba, por ejemplo, dice que es lo que va a suceder, como Jorge Brito, que viene manifestando de manera primero tácita, creo que prontamente explícita, sus vocaciones de competir como presidente. ¿Ves también que hay una enorme cantidad de candidatos de centroderecha que algo indica?
Hay dos posibilidades de entrar al tema. Una es con los antecedentes del pasado y otra es como Jaime Durán Barba, que mira cosas que todavía no pasaron. Si miramos los antecedentes del pasado, hay empresarios que fueron presidentes: Mauricio Macri, Silvio Berlusconi, casos paraguayos, casos ecuatorianos. La mayor parte de esos casos, los empresarios estaban vinculados con una actividad deportiva popular: eran presidentes de clubes de fútbol, en Argentina, Paraguay e Italia. No eran solo personas dueñas de empresas, eran personas que, además de ser ricos y dueños de empresas, tenían una vinculación con los sectores populares. Es difícil imaginarse lo mismo con un simple banquero.
Un presentador de TV ruso llamó "idiota patentada" a Giorgia Meloni
Uno podría pensar entonces en un nuevo tipo de empresario: Elon Musk, Marcos Galperin, los que están vinculados con las nuevas tecnologías, que tienen acceso a sectores juveniles donde los viejos empresarios y los viejos políticos no llegan. Estoy abierto a que ese mundo me depare una sorpresa. Me cuesta mucho imaginarme que un empresario común, de una fábrica o de un banco, no vinculado con el fútbol ni con las redes, tenga chance de ser presidente en un país latinoamericano.
Quiero volver a Europa. León XIV, su levantamiento del perfil en la contraposición con Donald Trump, a un año del fallecimiento de Francisco. Finalmente, que haya un papa norteamericano, ¿es la peor piedra en el zapato para Donald Trump?
Sí, en parte porque él contó con el voto de los católicos, tiene un converso como vicepresidente y tiene el apoyo latino, o lo tuvo. Y esto de que, de repente, el Papa se le pone en contra y él se pone en contra del Papa tiene costos. Se manifiesta en dos eventos muy visibles, muy gráficos. El primero, ya lo comentamos, es el divorcio con George Meloni. Giorgia Meloni se dio cuenta, primero, de que Trump pasó a ser una mochila de plomo y, segundo, de que ella contra el catolicismo no puede ir. De hecho, en Italia no se puede ir contra el catolicismo, ni aunque seas comunista. Por eso, durante mucho tiempo, se había acuñado este concepto del catocomunismo: comunistas católicos que iban a misa, porque contra el catolicismo en Italia es impopular.
Y lo otro es que tuvo que borrar un tuit, aquel tuit donde él dice que pensaba que era un doctor y, en realidad, era alguien parecido a Jesús curando a un enfermo. Entonces, él está asumiendo, aunque no lo reconozca explícitamente, que tuvo costos este enfrentamiento. ¿Qué es lo que hace alguien con su personalidad? Dobla la apuesta, corrige el camino, busca una nueva versión, trata de no parecer que se está replegando. Exactamente lo mismo que está haciendo con Irán.
¿Cuál es la situación en Irán en este momento? Cese del fuego indefinido. Trump está terminando la guerra sin decir que la perdió. Dice: “El estrecho sigue cerrado y no vamos a negociar hasta que Irán no venga con una propuesta”. Mientras tanto, lo mismo está haciendo, o tratando de hacer, con el catolicismo: escaparse de un debate que puede perder, haciendo parecer que sale por arriba del laberinto, que lo ganó. Pero, en realidad, todo esto se paga en las encuestas. Las encuestas no importan; en realidad importan por lo que anticipan. Lo que anticipan es que el 3 de noviembre, en las elecciones intermedias de Estados Unidos, no solo está perdiendo la Cámara de Diputados, como antes de la guerra, sino que podría perder también el Senado. Así que estos escarceos que estamos viendo tienen costos, y esos costos se pagan en votos.
Me decía ayer alguien de la interna peronista que finalmente hay muchos corcoveos por parte de Cristina Kirchner y sus seguidores, pero que cada día más está instalado como el candidato a presidente del justicialismo Axel Kicillof, mucho más inclusive después de este viaje a la internacional progresista, la foto con Lula, el reconocimiento que recibe por el fallo de YPF y el hecho de que lo elija continuamente Milei como su contrincante. ¿Coincidís? ¿Parece plausible esta idea?
Habitualmente, el gobernador de la provincia de Buenos Aires es el candidato natural del peronismo a la presidencia, así como el jefe de gobierno de la Ciudad de Buenos Aires es el candidato natural del no peronismo a presidente. Pero el no peronismo tenía razones para pensar que el jefe de gobierno porteño podía ser presidente, porque De la Rúa y Macri lo habían sido. Larreta calculó y no salió.
El gobernador de la provincia de Buenos Aires no tiene razones para pensar que es un candidato natural, porque Scioli perdió y Duhalde había perdido antes. Termina siendo presidente por la Asamblea Legislativa y no por el voto popular. Así que Kicillof tiene derecho a ilusionarse, pero los antecedentes históricos no le juegan a favor. Ser gobernador de una provincia que no puede demostrar éxito ni orgullo es muy complicado de vender en el resto del país. Y sí aparece como candidato natural es porque no hay otro.
Si el peronismo se organizara, sería capaz de ofrecer una propuesta alternativa que la provincia de Buenos Aires, en este momento, no es. Y te agrego un dato: cuando Milei gana las elecciones en la segunda vuelta, gana 21 provincias, pierde tres. Una de ellas es la provincia de Buenos Aires. Así que que el peronismo la gane es lo normal; que eso le alcance para ser presidente es lo que generalmente no ocurre.
LT