En Modo Fontevecchia, por Net TV y Radio Perfil (AM 1190), la periodista María O'Donnell se refirió a su más reciente publicación, Montoneros: una historia visual, y reflexionó sobre la forma en que se discute el pasado reciente en la Argentina, el rol del periodismo y el vínculo del Gobierno con los medios.
María O’Donnell es periodista y escritora, licenciada en Ciencia Política por la Universidad de Buenos Aires y magíster en Relaciones Internacionales por FLACSO. Actualmente conduce los programas De acá en más en Urbana Play y Tarde para nada en Radio Con Vos. Es autora de una reconocida saga de libros sobre la década del 70, entre ellos Born (2015), Aramburu (2020) y Born y Quieto (2023). Su último trabajo, Montoneros: una historia visual, propone un recorrido gráfico y documental por la historia de la organización guerrillera.
Montoneros es una historia visual, cuarto libro sobre la guerrilla peronista, el más ambicioso de todos, la más hermosa edición del libro que abarca el ciclo completo. ¿Y qué tiene esta investigación que le agrega a las tres anteriores?
Es la primera vez que trato de contar el arco completo, la historia de la guerrilla. A lo largo de este tiempo en el que me fui metiendo cada vez un poco más en la historia, me daba cuenta también que por ahí el debate actual se mete todo el tiempo iluminando acá y allá, según las circunstancias, determinados episodios. Sentí que quizás convenía tratar de hacer como una breve historia y sentía que si iba con ilustraciones, fotos y documentos de la época podía darle un poco de potencia visual también al relato, que creo que la historia lo pide.
¿Por qué el interés? Cuarto libro sobre el tema en una persona joven. ¿Qué significa eso?
Te agradezco la parte de joven, pero una cosa me fue llevando a la otra.
Empecé con un episodio que me llamó la atención en sí mismo, que tenía que ver con el secuestro de los hermanos Jorge y Juan Born, el más caro de la historia, 60 millones de dólares, un drama humano de un padre que no quiere pagar hasta que el hijo finalmente salva su vida llevándolo a pagar esa fortuna.
Después me interesó saber de Montoneros, porque yo había empezado a estudiar Montoneros para poder contar esa historia, y entonces escribí "Aramburu" sobre el origen de Montoneros. Luego me crucé con las desgrabaciones del secuestro, que era algo muy extraordinario, conseguir el material original entre el secuestrador y el representante del padre de los Born. Y luego ya me dice Nacho Iraola, un gran editor: “Ya hiciste el 74, hiciste el 70, tenés que hacer la historia completa de Montoneros”.
Y ahí la verdad es que la bibliografía que hay, hay un gran libro que es el de "Soldados de Perón", de Richard Gillespie, que es un libro de comienzo de los 80, fantástico, muy completo. Luego ha habido muchas investigaciones periodísticas, incluso como las que hice yo, y hubo mucho trabajo académico todo este tiempo, una camada de historiadores de historia reciente, y hay mucho archivo suelto.
Sentía que era el momento en el que podía intentar condensar todo eso y darle un recorrido de principio a fin.
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¿Qué interpretación le das a esta búsqueda de contar la historia completa, como plantea el gobierno, sobre los años 70?
Me parece que ahí volvemos a este péndulo de cómo se discuten los 70, respecto de si el acento está puesto en los crímenes de la última dictadura militar o cuánto espacio se le da a las víctimas que precedieron al golpe del 24 de marzo. En ese ir y venir, el gobierno no llega a un estado de negacionismo en el sentido de negar el terrorismo de Estado, si bien no lo nombra de esa manera. Pero hay algo que es verdad: cuando habla de historia completa, hay una parte que no niega, pero uno escucha el discurso de Milei, y llega cercano, por ejemplo en el debate con Sergio Massa, a la justificación de lo que fue el terrorismo de Estado.
Pero la idea de que, por supuesto, las víctimas son víctimas en sí mismas, víctimas de lo que fuese, lo que no es lo mismo es la responsabilidad del Estado frente a unas y otras víctimas. Pero la idea, me parece, de decir que hay víctimas olvidadas que empiezan a tener otro volumen, que eran las víctimas de la guerrilla, va un poco acompañada, en el caso del discurso del gobierno, de cierta justificación de lo que fue el terrorismo de Estado.
¿Por qué, como estrategia personal, hacés audiovisual y libros, y no intervenís tanto con textos en la política cotidiana?
Durante más de 15 años cerré diarios, bajo presión, con rapidez. Después me pasó que, cuando me pasé a la radio y lo audiovisual, el tiempo disponible para escribir no es todo el que quisiera. Siempre pienso en buscar un formato, es una asignatura pendiente, pero tengo que pensar un formato, pero estoy muy tomada por estos proyectos. No es algo que descarto.
La radio me permitió ordenar los tiempos, sobre todo cuando fui madre. Las redacciones terminaban muy tarde y para las mujeres que éramos madres era muy difícil compatibilizar la sección caliente con la imprevisibilidad de los horarios. La radio me ofrecía un horario que empezaba y terminaba, podía amamantar de manera previsible. Tiene esa ventaja del manejo del tiempo.
Pero en este mundo en el que vivimos, la demanda principal es informarnos en profundidad. Leer medios internacionales es inevitable hoy, tener la cabeza muy despierta y dedicarle mucho tiempo a la lectura. Es un momento de muchos cambios y eso nos absorbe mucho tiempo.
Y ponés un buen ejemplo. En lo audiovisual hay una rigidez porque hay un horario que no se puede no estar, mientras que en la gráfica siempre existía la posibilidad de quince minutos más, media hora más, y ni que hablar en las revistas, un día más. Algo que en los medios audiovisuales, por lo menos en mi experiencia de estos últimos años, tiene una diferencia de intensidad en la vida totalmente distinta a la de la gráfica.
Tiene eso, el orden de lo impostergable, que tiene que ser cuando tiene que ser, pero a la vez empieza y termina. Yo a la gráfica también le veía esa posibilidad de seguir rumiando, de ir a buscar y qué sé yo. A veces hace que el uso del tiempo no sea tan eficaz, si querés, de alguna manera, que aquello que está encajonado dentro de un horario prefijado.
Sí, me acuerdo la idea de sacarle el papel a la máquina de escribir, o sea, es ahora, ¿no? Porque el escritor podría continuamente posponer siempre en busca de tener más evidencia. ¿Te pasa eso con los libros, los editores te llaman, se acabó esa hora y cierra y no importa, no hay más corrección?
Es que con los libros soy lenta yo. Soy muy lenta. A comparación de lo que era cuando escribía…
¿Cuántos libros en cuántos años?
Pero cada dos o tres años saco un libro. Me lleva tiempo, le dedico muchísimo tiempo. La calidad de un libro está, salvo gente que tiene un talento extraordinario, muy determinada por la cantidad de horas que uno esté dispuesto a estar sentado frente a la máquina.
Bueno, se dice eso en periodismo, que la calidad es la cantidad de horas por centímetro cuadrado publicado.
Y déjame entonces llevarte a lo cotidiano. Ahora también los medios audiovisuales permiten un vértigo y esa instantaneidad que nos permite estar mucho más actualizados muchas veces de todo, aunque no específicamente el contacto directo con las fuentes. ¿Qué te dice este momento actual del periodismo argentino?
El periodismo me parece que está muy fragmentado, muy compartimentado, muy gritón, muy opinado y poco sereno. Más de hinchadas que de audiencia.
Entonces, me parece que esa situación en la cual pareciera, por momentos, que uno busca a la audiencia haciéndole caso según el momento… Cuando nos dicen “sos mi voz”, a mí me inquieta un poco. Porque digo, ojalá un día te incomode o no te guste tanto lo que estoy diciendo.
Si nos volvemos tan predecibles y tan fácilmente encasillables, quiere decir que en algún lugar no estamos haciendo bien nuestro trabajo, porque además tenemos que ser contracíclicos, ir en contra muchas veces de nuestras intuiciones.
Siento que es un periodismo muy gritón. A mí me cuesta, me expulsa, me genera falta de interés.
Estás hablando de algo que no solamente le cabe a quienes están a favor del gobierno, sino también a quienes estaban a favor de gobiernos anteriores. Y voy hacia ese camino, ¿qué opinás del “5%”?
Me parece notable el grado de enojo de Milei. Yo hago un seguimiento bastante cercano de sus redes sociales porque es muy transparente en términos de cuál es su humor. Está en un estado de frustración tremendo, de enojo furibundo, de insulto permanente.
Pero sobre todo esta idea bastante descabellada de alguien, además, que se sirvió tanto y también de los medios y de las redes sociales para llegar al poder, de que hay una cantidad de gente que está convencida de que le va mal y que no llega a fin de mes y que se endeudó, culpa de que los periodistas le inculcaron esas ideas pesimistas. Es increíble que haya llegado a esa conclusión de que es todo un problema de una campaña de desánimo muy exitosa de los medios.
Vos fuiste una de las primeras cuando Milei asumió recibir las críticas del presidente en algún momento incluso debatíamos y no tenía especial enojo con las mujeres. Pero más allá de la cuestión de género, esta obsesión con nuestra colega Luciana Geuna, ¿te parece que encierra o te parece que es plausible suponer que encierra una especie de venganza por esa gran pregunta que le hizo Geuna varias veces sobre la democracia que a mi juicio lo dejó desnudo en su carácter autoritario?
Es verdad porque Luciana es una de las preguntas que más quedan, ¿no?, y que más perduran en el sentido de si llevado el pensamiento de Milei al extremo, que es un poco lo que escuchamos ahora con Peter Thiel, esta idea de que creen que, claro, para alguien que no tiene convicciones democráticas muy fuertes, la idea de la eficiencia total o la idea de hay que hacer lo que hay que hacer, no importa qué pase con la gente, por llamarlo de alguna manera, la democracia va en contra de eso, porque en un momento la gente vota.
Entonces esos son situaciones que entran en tensión. Si vos perjudicás a demasiada gente, difícil que sigas en el poder mucho tiempo, algún tiempo quizás sí.
Entonces creo que lo de Luciana reveló algo muy profundo respecto de las convicciones de Milei. Me parece que evidentemente Milei está atento a cuando siente que hay un traspié, cuando siente que hay algo que puede aprovechar a su favor, va por todo, ¿no? Entonces convierte una discusión chiquita en un ataque que inhabilita.
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Supongamos que habría que investigar si hubo algún tipo de violación a las normas por parte del equipo de TN. Bueno, cerraste la sala de periodistas de 60 personas y la encuentra a Luciana en una situación de tener que dar una explicación y va con ensañamiento, ¿no?, que eso es algo propio. Pero por eso me pareció valioso también de parte de Luciana decir “bueno, tenemos que reflexionar”, como que uno, qué sé yo, uno se equivoca. Me acuerdo que cuando fue que alguien del Gobierno dijo algo en vivo y dicen “bueno, al final uno está…”, el propio Adorni, creo, dice “al final uno está en vivo”, y entonces estando en vivo… el mismo argumento después dicen “ah, son todos operadores ensobrados, brutos, malintencionados”. Pero es chiquitito. Es como lo de Adorni decir “se equivocaron en decir si era business o era economy plus o business o primera”. Todo mentira. No, eso no desarma que se compró dos propiedades, una camioneta y viajó a Aruba.
Es como un truco de decir “no, si encuentro la falla chiquitita o un lugar donde puedo obligar al otro a dar una explicación, lo convierto en un todo”, ¿no? Como si uno dijera “bueno, Adorni tiene propiedades que explicar, son todos chorros”.
María, primero fue en los países escandinavos, luego siguió en la mayoría de los de Europa continental, luego en los principales países más desarrollados de Asia, una tendencia en las escuelas, tanto primarias como secundarias, a reducir el uso de las pantallas y aumentar el uso de los libros. Y hay toda una discusión respecto de que el proceso educativo requiere de Gutenberg, requiere de libros.
Así que felicitarte en esta prolífica saga de libros que no solamente tienen que ver con la comunicación, sino con un tipo de comunicación profunda, que es lo que casualmente falta en las redes sociales, ni que hablar, pero en parte de nuestro periodismo. Agradecerte, mandarte un beso grande y felicitarte por Montoneros, una historia visual que además en sentido edición es un libro bellísimo, así que lo recomiendo sinceramente.
Gracias, Jorge. Te agradezco además porque parte de los que fueron generosos con sus archivos fueron ustedes con el archivo de Perfil que es tan valioso y en el epílogo hay unas fotos de José Luis Cabezas de Firmenich que te agradezco muy especialmente que hayas compartido conmigo y tu generosidad.