En el análisis de Martín Schapiro, Venezuela e Irán aparecen como “países tan distintos, pero al mismo tiempo con elementos tan iguales”, atravesados por crisis económicas, protestas sociales y respuestas estatales marcadas por la represión. Ambos, señalo el el abogado, comparten “economías que no funcionan” y un “deseo frustrado de ser actores regionales”, pero las diferencias son determinantes a la hora de pensar la intervención estadounidense. Mientras que Venezuela se mueve en una región donde “el grado de poder que ejerce Estados Unidos sobre el continente americano” es central y convierte a América Latina en una prioridad de la estrategia de seguridad norteamericana, Irán se inserta en un Medio Oriente “mucho más problemático”, con alianzas activas con China y Rusia y una capacidad de desestabilización regional que hace a su régimen “disruptivo, pero previsible”, explicó en Modo Fontevecchia, por Net TV y Radio Perfil (AM 1190).
Martín Schapiro es un abogado argentino especializado en relaciones internacionales y análisis político. Se desempeña como consultor y comentarista sobre temas de ecopolítica global, con especial énfasis en la política exterior de Estados Unidos, Brasil y Medio Oriente.
No sé por dónde empezar, si por Irán o por Venezuela, pero elija usted.
Creo que una buena primera marca es efectivamente el modo personalista y muy, muy autocentrado en el cual Trump ejerce la política exterior estadounidense. La discrecionalidad con la que lo hace, que me parece que es un nivel de ruptura con otros presidentes estadounidenses. Estados Unidos no es un actor que reconozca habitualmente al multilateralismo, pero sí en el personalismo y en el grado, si se quiere, de dramatismo y poco convencional en el cual ejerce las acciones norteamericanas. Digo, imprevisibles, por lo menos en los métodos.
Y, en cuanto a cada uno de los países, en la problemática propia que ellos mismos generan, podríamos también encontrar un elemento común: economías que no funcionan, tanto en Venezuela como en Irán.
No solo economía, creo que particularmente el problema iraní es más profundo que el problema económico. Hay un problema, por supuesto, económico, vinculado también a las sanciones occidentales, pero que tiene que ver con el modo en el cual Irán ejerce su rol como potencia regional, que es un rol muy disruptivo, con grados de enfrentamiento no solo con Israel, sino con el resto de las naciones del Golfo. Que tiene un programa nuclear, es decir, es un país que ha sido apuntado por distintos motivos durante bastante tiempo. Que tiene una sociedad civil muy activa, que contrasta con el nivel de imposición de las autoridades del régimen clerical-militar en el que viven. Pero bueno, efectivamente sí, también hay problemas económicos, son los que desencadenaron las últimas protestas.
Y en Venezuela lo mismo: efectivamente hay una economía muy dañada, pero está acompañada con una disfuncionalidad en la organización social que llevó a lo que fue el fraude electoral en las elecciones de 2024, la represión y la supresión de la oposición. Entonces, es verdad que son países que tienen crisis más grandes y que, en algún punto, eso lleva a cierta justificación, en distintos sectores de las sociedades civiles y los gobiernos occidentales, de las intervenciones estas tan poco convencionales con las que ejerce Trump.
En la Argentina y no en Venezuela se medirá el éxito de Donald Trump
Países tan distintos, pero al mismo tiempo con elementos tan iguales. Los dos tienen un problema de legitimidad frente a protestas y a cómo responden a las protestas, y falta de respeto a los derechos humanos. Los dos tienen un sistema económico que tambalea. Los dos tuvieron el deseo frustrado de ser actores regionales: en el caso de Venezuela, con Cuba, ayudando a países con ideologías latinoamericanas, con ideologías similares; en el caso de Irán, combatiendo a aquellos países, no solamente Israel, sino aquellos otros países árabes de, podríamos decir, orientación religiosa distinta. Los dos además tienen petróleo y los dos además tienen a Trump como actor.
Dos países totalmente distintos, uno milenario y otro nuevo, finalmente comparten el centro de la escena mundial porque tienen en común todos estos elementos, que me haría sospechar que todos estos elementos deben significar algo más. Pongo petróleo como un elemento, pero como significantes de algo más, de también países que, en su deseo de crear cierto grado de influencia regional, disputaban con Estados Unidos la influencia en esos lugares en los que ellos querían intervenir. O sea, muchos parecidos, ¿no?
Sí, pero me parecen interesantes pensar las diferencias. La primera tiene que ver con la región, el grado de poder que ejerce Estados Unidos sobre el continente americano y el modo en el cual además Trump lo ha puesto como una prioridad en su estrategia de seguridad nacional. Me parece que no tiene un paralelo con Irán, que es un país que está en una región, en Medio Oriente, en la cual hay otros intereses además del estadounidense. Es un proveedor importante del mercado chino, tiene una alianza con Rusia que no es de hierro, pero no es un alineamiento puro, pero tiene una alianza que funciona bastante.
A su vez, Venezuela tiene poca capacidad de desestabilizar el vecindario, digamos, más de lo que lo hizo. No existe la posibilidad de que un ataque de Venezuela, por ejemplo, tenga repercusiones en Colombia, en términos militares, por ejemplo. Venezuela no va a atacar Colombia o no va a atacar Brasil o lo que fuere. Irán puede responder contra Israel tranquilamente a un ataque estadounidense. Quería decir esto como un ejemplo.
En general, la desestabilización de Venezuela vino por la migración en la región. La desestabilización que genera Irán es muy diferente en ese sentido. Y además, me parece, Venezuela está rodeada de democracias, rodeada de países con otros sistemas y con sociedades más o menos homogéneas. Irán, en cambio, es un probable factor de desestabilización regional ante una caída del régimen.
El régimen es disruptivo, pero previsible. De hecho, lo que sabemos hasta hoy es que el ataque estadounidense no se produjo por un esfuerzo de lobby bastante persistente de Turquía, Arabia Saudita, Qatar, que son vecinos de Irán, que son aliados de los Estados Unidos, pero que no les gusta el ejemplo de un gobierno autoritario que cae por protestas callejeras de ninguna manera.
Ese ejemplo les parece malo, pero que además ven, por ejemplo, el potencial de los kurdos en la frontera con Siria, Turquía, Irak, lo que es en la frontera con Pakistán; el riesgo de una guerra civil que desestabilizaría la región; el riesgo de escaladas regionales con los actores aliados de Irán. Es decir, es un actor que está en un vecindario mucho más problemático, mucho más difícil para la acción estadounidense. Y basta recordar lo que fue el cambio de régimen en Irak para entenderlo, mientras que en Venezuela me parece que la posibilidad de ejercicio de poder estadounidense es mucho más palmable, mucho más patente.
RQ/DCQ