Desde Israel, el economista Sebastián Galiani comparó el proceso de estabilización que atravesó ese país a fines de los años 90 con el programa económico que impulsa el gobierno de Javier Milei y advirtió que la baja de la inflación en la Argentina “va a ser un proceso más lento que el que el gobierno quería”. En Modo Fontevecchia, por Net TV y Radio Perfil (AM 1190), sostuvo que “la inflación tiene inercia” y recordó que en otros casos exitosos de la región “el plan de estabilización de Chile tomó ocho años y el de Colombia diez”, al tiempo que alertó sobre los riesgos de acelerar el proceso mediante el atraso cambiario: “El tipo de cambio fijo no es para siempre”.
Sebastián Galiani es licenciado en Economía por la Universidad de Buenos Aires y doctor en Economía por la Universidad de Oxford. Fue secretario de Política Económica del Ministerio de Hacienda de la Nación entre 2017 y 2018. Ha sido profesor en la Universidad Torcuato Di Tella y en la Universidad de San Andrés, en la Argentina. También ha ocupado posiciones como profesor visitante en instituciones de prestigio como Stanford y Columbia. Además, fue consultor para organismos internacionales como las Naciones Unidas, el BID y el Banco Mundial. Recibimos en Modo Fontevecchia a Sebastián Galiani.
Lo encontramos en este momento en Israel, ¿cómo se percibe allí lo que está sucediendo en Irán?
La verdad que acá la gente está muy acostumbrada a estar siempre en alerta. De hecho, yo había estado acá en junio, cuando Irán bombardeó durante diez días a Israel, y cuando llegué a la universidad la secretaria me dijo: “Siempre que vos venís nos va a atacar”. Y después dijo: “Bueno, es nuestra historia”. Como diciendo: “Esto pasa todo el tiempo, no es porque vos venís”. O sea, no siento ansiedad. Por ejemplo, en la noche, que es el día que se sale antes del Shabat, estaban todos los restaurantes llenos, la vida normal.
No sé si te ayuda a ver la Argentina mejor estar en Israel, el país que llevó adelante, a fines de los 90, un plan antiinflacionario y de estabilización, más que antiinflacionario, exitosísimo, en comparación con el plan antiinflacionario de estabilización que está llevando adelante la Argentina. Pero habrás visto que la inflación había llegado a 1,9 mensual durante cuatro meses, y luego comenzó a subir nuevamente, más cerca de tres que de dos. Y las expectativas respecto de la inflación de este año es que baje en el segundo semestre y tenga un uno delante, pero de cualquier forma todo indica que no se va a parecer más a lo que decía el gobierno, cercano a 10, sino más parecido a lo que fue este año, con un dos delante, más cerca de 30. ¿Cuál es tu reflexión respecto a por qué creés que el plan antiinflacionario del gobierno pareciera quedarse sin balas?
Creo que hay que ponerlo en perspectiva. Creo que el gobierno fue quizás muy entusiasta cuando dijo “vemos la inflación cerca de cero, incluso en el corto plazo”. Y si vos, por ejemplo, recordás, el plan de estabilización de Chile tomó ocho años en bajar la inflación. El de Colombia, diez. La inflación tiene inercia y cuando hay shocks sube, y el proceso inercial se propaga por varios meses. Y acá lo que pasó fue que la política fiscal y la política monetaria del gobierno son consistentes con una inflación más baja. Por eso las expectativas siguen viendo la inflación a la baja. Pero hubo una disparada del dólar, por motivos políticos. Argentina tiene esa característica de que cuando se espera que venga nuevamente un gobierno más kirchnerista, o cuando hay más posibilidades de que gane, se esperan peores políticas fiscales y monetarias, aun si no está gobernando, aun si es una elección de medio término.
Yo sé que enseguida me dicen: “No, siempre la culpa la tiene el kirchnerismo”. No se trata de echar culpas. Yo trato de entender. Entonces, esa es una realidad. Así como el día que Macri perdió las primarias y el dólar y la bolsa fueron un cimbronazo, cuando el kirchnerismo ganó en la provincia de Buenos Aires, en septiembre, se desató mucho nerviosismo cambiario, y eso se traslada a los precios y pone de nuevo la dinámica de puja distributiva, que lleva la inercia de que todos quieren recuperar lo que perdieron, y eso toma un tiempo. Pero, en la medida en que el gobierno mantenga su política fiscal y monetaria, coincido con la expectativa de que la inflación va a estar más alta. No es una buena noticia, pero va a volver a la baja y va a ser un proceso más lento que el que el gobierno quería.
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Ahora, el riesgo acá, y siempre el dilema, es: ¿podemos acelerar esto atrasando el tipo de cambio? ¿Vale la pena tomar ese riesgo? Yo creo que no. Porque si se lo hace no acumulando reservas y se llega a la elección de 2027 sin una ventaja importante del gobierno, va a volver a haber volatilidad cambiaria. Y no me parece que se justifique tomar ese riesgo. Me parece que hay que ser realista y se están logrando cosas. Déjame decir dos cosas importantes para cerrar la respuesta. A pesar de esta suba de cuatro meses de la inflación, todo el mundo espera que, dada la política monetaria y fiscal, el año que viene va a estar un poco más abajo de 31 y en el segundo semestre va a estar bastante más abajo, si no hay otro shock, por supuesto.
Y segundo: si bien el gobierno mandó un presupuesto con una tasa de crecimiento del 5%, nadie espera hoy el 5%; se espera 3,5 o 3,6. Pero eso es un cambio fundamental, porque desde 2012 que no se crecen dos años seguidos en la Argentina. Eso ya es un cambio muy importante, si se logra. Entonces, vayamos por eso: vayamos por una inflación de 20, 22, 23, con crecimiento de 3,6, consolidemos ahí y sigamos para adelante. Esa es mi visión.
Si yo interpreto bien, vos decís que es preferible tener un poquito más de inflación pero acumular reservas. Es preferible que la inflación sea 20 o 25 y que el dólar no se atrase y se acumule en reservas, a que la inflación sea 17 o 18, con un dólar más bajo, que luego va a generar problemas.
Sí, yo pienso eso, porque si no siempre estamos apostando a una ayuda externa ante la volatilidad electoral. Y me parece que en algún momento puede no venir, puede no estar. Es riesgoso. Por supuesto que otra persona podría decir: “Bueno, pero si no bajamos la inflación, corremos riesgo de perder las elecciones”. Está claro que es un dilema. Si no fuese un dilema, no lo viviríamos gobierno tras gobierno. Siempre está este debate en la política pública. Entonces, es un dilema. Yo lo que digo es: tengamos una posición no superconservadora, pero un poco conservadora, que vaya consolidando mayor bienestar, porque bajar la inflación y crecer son dos cosas muy importantes para la Argentina que no logra sostener.
Pusiste el caso de Chile y el caso de Colombia. Bajar inflaciones que no eran del 150%, eran inflaciones del 30%. Pero tenemos el caso de Brasil, donde logró bajar la inflación rápidamente y colocarla en niveles de un dígito de manera permanente durante casi tres décadas. Eso que fue posible en Brasil con el Plan Real, que de alguna manera tenía algún punto de contacto con nuestra convertibilidad y que tuvo su costo con una devaluación, en un momento, del 80% del real, ¿era posible para la economía brasileña en aquel momento y ya no es más posible? ¿Por qué Argentina no pudo haber llevado adelante un plan de estabilización como el del Real, que al mismo tiempo de bajar la inflación en un año produjo crecimiento sostenido?
Acá el trade off es claro. Vos podés pegar el tipo de cambio, atrasarlo un poco más y bajar más rápido la inflación, como lo hizo la convertibilidad, como lo hizo el Real. Si te va bien y tenés buenos precios internacionales, lo podés sostener un tiempo. Pero lo vimos con la convertibilidad: hay un momento en que no se puede. El tipo de cambio fijo no es para siempre. Entonces, vos comprás seguro con la posibilidad de flotar. Ahora, la flotación, en un país con la volatilidad política que tiene Argentina, tiene un costo más alto que en Brasil. Argentina es más compleja. Yo creo que Argentina es más compleja que Chile, más compleja que Brasil.
Fijate lo que ha sido el gobierno de Boric: en mi opinión, malo, pero no dejó al país con déficit fiscal, sin reservas, con el futuro vendido. No es esto. Entonces, acá vos oscilás entre una extrema izquierda y después la necesidad de hacer reformas muy rápidas porque, si no lo lográs, no te votan y vuelve lo otro. Yo ahora lo veo al contrario. Quizás otra gente no, pero yo estoy muy optimista porque digo: “Mirá, si logramos crecer este año 3,5 y bajar la inflación de 31 a 22, es un buen año”.
¿Y cómo seguiría en esa perspectiva? O sea, bajaste de 30 a 20 o 22, ¿vos imaginás que en 2027 a lo mejor se pueda llegar a algo más cercano a 12 y tener un dígito en 2028?
O no, o en 2029, no es tan importante para mí. Yo no me pondría la meta. Ya pasamos por las metas. Yo estaba en el gobierno, o sea, no pongamos metas. Digamos: “Mirá, este es el camino”. El camino es claro. No queremos tener déficit fiscal, no queremos emitir dinero para financiar al Tesoro, tenemos que tener una acumulación de reservas razonable, tampoco una cosa que nos haga tener una inflación más alta por capricho, por tener más reservas. Un balance. Un poco de esto, un poco de aquello. Como nuestras dietas. Si vos solo comés proteínas, sacás músculo, pero te enfermás. Si combinás, estás mejor. Y acá es lo mismo.
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¿Qué le aconsejarías a inversores extranjeros respecto del futuro de la Argentina? Vos marcabas un crecimiento de dos años seguidos de 3%. Ahora, cuando uno analiza ese crecimiento, está basado en un puñado de sectores, cuando el resto está en una situación de caída de consumo. ¿Cómo te imaginás la sociedad argentina en ese proceso que progresivamente se va manteniendo un crecimiento razonable y una baja de la inflación, pero el crecimiento se da en sectores económicos orientados a la exportación?
Creo que eso es buenísimo. Creo que eso es lo que necesita Argentina: integrarse al mundo, exportar más, importar más, especializarse y ser más rica. Y, de última, cuando todo eso se realice, si la situación social es más desfavorable, tener políticas redistributivas. No distorsionaría el sistema productivo para distribuir ingreso, porque eso no es una buena política, que es lo que ha hecho el peronismo desde siempre: distorsionar la producción para tener una distribución del ingreso mejor. Eso no funcionó, terminó en un cuello de botella, en el stop and go y siempre en la falta de divisas.
Entonces, lo que ahora tenemos que lograr, en un mundo complejo -y eso además justifica tener un tipo de cambio flotante, porque en ese mundo hay shocks todo el tiempo y no te querés atar las manos- es maximizar la riqueza. Explotar Vaca Muerta, explotar los minerales, explotar nuestra tradicional ventaja comparativa en el sector agropecuario y ganadero, los nichos que tenga Argentina, producir servicios de calidad. Y después hay que reformar la educación, la justicia. El Presidente siempre habló de esto y a mí me parece que es lo que Argentina necesita: una primera etapa de estabilización, una segunda etapa de reformas estructurales más tradicionales, y luego reformas más profundas.
Con la capacidad ahora de la IA de ser un jugador, porque hoy día, si vos tenés gente educada, tenés mucha posibilidad de producir, de construir cosas, porque todos somos potenciales entrepreneurs con la IA. No digo fantasías. No digo que vamos a ser Israel, obviamente, es un país distinto, con distintas ventajas comparativas. Pero no hay que decir que Argentina solo va a ser agro y minería.
LT