Claudio Loser, exdirector del Departamento del Hemisferio Occidental del Fondo Monetario Internacional (FMI), leyó las últimas proyecciones del organismo con una mezcla de aprobación y cautela. En diálogo con un programa de TV, sostuvo que el Fondo observa señales positivas en la macro argentina, pero remarcó que el proceso aún convive con fragilidades: una inflación que sigue en niveles elevados para estándares regionales, la persistencia de restricciones cambiarias para el sector corporativo, y un frente de reservas que, según su mirada, debió haberse atendido antes.
Loser partió de una evaluación general: “Evidentemente, el Fondo está contento”, dijo, aunque aclaró que ese entusiasmo no borra la foto inflacionaria. Recordó que Argentina continúa dentro del grupo de países con mayor inflación del continente: “La Argentina se mantiene en el grupo de los grandes inflacionarios”. Y agregó que, fuera de Venezuela, el país conserva el récord regional y se ubica “entre los cinco” con más inflación.
Proyecciones del FMI y rebote económico: crecimiento fuerte, pero desigual por región
Sobre la proyección de un PBI de 668.000 millones de dólares para el próximo año, Loser interpretó que el dato combina dos movimientos: un rebote estadístico y una mejora que podría consolidarse si se profundizan cambios. “En términos de crecimiento, esto es, en parte, un rebote después del duro período 22-24”, explicó. En su lectura, 2025 “fue bueno” y 2026 “se espera también” positivo.
El economista fue más allá y ubicó a Argentina entre los países con mejores perspectivas de la región. “Fuera de Guyana y quizá Panamá, la Argentina tiene las expectativas de crecimiento más fuertes en América Latina”, afirmó, y añadió que el desempeño sería incluso más notorio “en términos per cápita”.
Sin embargo, su advertencia central no fue técnica, sino social y territorial. “Lo que pasa es que todavía no se ve en los bolsillos de la gente”, dijo. En su diagnóstico, el crecimiento se está dando donde la actividad exportadora o de recursos naturales empuja, y eso genera una distribución geográfica asimétrica. “Es muy lento, especialmente, yo creo, el problema importante ocurre en el conurbano”, sostuvo, antes de precisar dónde ve el motor: “El crecimiento está en agricultura, el crecimiento está en minería, el crecimiento está en petróleo, y es todo del interior, más que de Buenos Aires”.
Inflación: posibilidad de bajar del 2% mensual, con disciplina fiscal y monetaria
La inflación fue uno de los ejes del intercambio, especialmente por la trayectoria reciente que mostró varios meses con registros más cerca del 3% que del 2%. Loser consideró que, con el esquema actual, existe margen para quebrar ese umbral, aunque evitó hacer promesas. “Yo creo que puede romper el 2%”, dijo, y enseguida puso los condicionantes: mantener equilibrio fiscal y una política monetaria más o menos fuerte.
En su comparación internacional, marcó un contraste que suele sorprender en Argentina: “En la Argentina estamos sufriendo 2,7 por mes y acá en Estados Unidos la gran pelea es porque llegó a 2,6, 2,7 anual”. La frase apuntó a subrayar que, aunque el proceso desinflacionario argentino sea relevante frente a su propia historia, la normalidad internacional se mide con otra vara.
En esa línea, defendió la idea de sostener el orden fiscal y profundizar reformas. Señaló que el año pasado dejó un “resultado fiscal fuerte” y lo consideró un componente central del rumbo. A la vez, insistió en que todavía falta trabajo para mejorar la situación social: “Tienen que seguir peleando en términos de mejorar la situación de los más pobres y tiene que haber más reformas estructurales”, afirmó.
Para explicar el costo político y social del ajuste, Loser apeló a una metáfora: describió al Gobierno como un “dentista”. “Duele cuando le sacan el diente, aunque es mejor en el largo plazo”, dijo, y remarcó que el proceso de acomodamiento todavía se siente “doloroso”.
Cepo, tipo de cambio y reservas: el desafío de atraer inversión y sostener competitividad
Donde Loser expresó más dudas fue en el frente cambiario y de inversión. Dijo que, como otros economistas, mantiene reparos sobre la continuidad del cepo para empresas. “Yo tengo todavía mis dudas acerca de la presencia del cepo, como otros colegas, para las empresas”, afirmó. En la misma respuesta, agregó otra definición sensible: “Pienso que el tipo de cambio está atrasado”.
Incluso lo vinculó con su experiencia reciente como visitante: comentó que en dólares los precios ya no lucen tan bajos como antes y que el país necesita ganar competitividad, no solo por tipo de cambio, sino por reformas que reduzcan costos y mejoren productividad.
Respecto de las reservas, también fue explícito. Señaló que en 2025 no hubo acumulación y lo consideró un error: “No hubo adquisición de reservas, yo creo que eso fue un error”, aunque indicó que el tema se estaría corrigiendo.
La discusión sobre levantar el cepo abrió un punto clave: el impacto inicial sobre el dólar y el incentivo a la inversión. Loser admitió que una salida total puede generar un shock. “Puede haber una reacción inicial de que el dólar se dispare”, dijo, al imaginar un primer movimiento de cobertura. Pero defendió la idea de que, luego de ese sacudón, podría mejorar el flujo de capitales: “Los inversores, tanto los argentinos como los extranjeros, están esperando que se saque el cepo para invertir”, explicó.
Su argumento se apoyó en una limitación concreta: la incertidumbre para remitir utilidades. Según Loser, mientras exista cepo para girar ganancias, un inversor grande tiende a evitar proyectos fuera de excepciones muy específicas. “En el momento que se haga, aunque haya un remesón inicial importante, a la larga va a haber una entrada de capitales importantes”, aseguró. Y agregó que Argentina aparece hoy “más amable” hacia la inversión extranjera que varios países de la región.