El sociólogo y dirigente político peruano, Jorge Nieto Montesinos, analizó en Modo Fontevecchia, por +Perfil, Radio Perfil (AM 1190), el escenario político de Perú tras las últimas elecciones, en las que fue candidato a presidente por el Partido del Buen Gobierno, y explicó las profundas diferencias que mantiene con Keiko Fujimori, a quien responsabilizó por buena parte de la crisis institucional de los últimos diez años. El exministro de Cultura y de Defensa también se refirió al legado de Alberto Fujimori, al vínculo con su tío, Vladimiro Montesinos, y al nuevo equilibrio de poderes que deberá enfrentar el país.
Durante la entrevista con Jorge Fontevecchia, Nieto Montesinos planteó que Perú atraviesa una paradoja: una economía que mantiene un crecimiento sostenido, pero una política marcada por la inestabilidad y una sociedad profundamente desigual. En ese sentido, advirtió que el principal desafío ya no pasa por la inflación o el crecimiento, sino por transformar el crecimiento en desarrollo, integrar a las poblaciones del interior y evitar que la estabilidad económica termine reproduciendo una sociedad fragmentada.
Jorge Nieto Montesinos es sociólogo y dirigente político peruano, sobrino de Vladimir Montesinos, exasesor presidencial de Alberto Fujimori. Durante el gobierno de Pedro Pablo Kuczynski, creció como ministro de Cultura y también estuvo al frente del Ministerio de Defensa. Además, trabajó como consultor político y se desempeñó como director de la Unidad Mundial de Gobernabilidad y representante de la UNESCO en México. Se postuló a la presidencia de Perú en las pasadas elecciones liderando el Partido del Buen Gobierno, quedando en el cuarto lugar de la primera vuelta electoral.
Hola, lo saludo. Jorge Fontevecchia es mi nombre. ¿Qué pasa con la elección de Perú? Muy buenos días, Jorge Nieto Montesinos. Contábamos que la elección en Perú había sido muy fragmentada, con varias decenas de candidatos y muchos de ellos con apenas un dígito del porcentaje total de los votos, pero que en su caso usted acumuló 26 representantes entre diputados y senadores compitiendo contra Keiko Fujimori, cuando su tío, si no entendemos mal, había sido uno de los principales funcionarios del padre de Keiko. Obviamente, a la distancia, a los argentinos nos cuesta comprender la política peruana, como le debe pasar a usted con la Argentina. Pero, lo estamos llamando para que nos ayude a entender un poquito mejor ¿qué diferencias tiene usted con Keiko Fujimori y qué diferencias hay hoy entre Keiko Fujimori y su padre, Alberto Fujimori, presidente de los años 90, así como la suya con su tío? Lo escuchamos con atención, Jorge.
Bueno, buenos días. Mire, mis diferencias con la señora Fujimori han sido expuestas a lo largo de toda la campaña electoral. Yo he señalado que el último tramo peruano, los últimos diez años en donde hemos tenido ocho presidentes y sucesivas crisis políticas, fue responsabilidad de la señora Fujimori. Porque ella decidió en julio de 2016, en el primer discurso político importante que tuvo después de la derrota ante el presidente Pedro Pablo Kuczynski, dijo así: "Voy a gobernar desde el Congreso". La declaración era casi golpista, porque en el diseño constitucional peruano no se gobierna desde el Congreso, se gobierna desde el Ejecutivo. Ella intentó gobernar desde el Congreso y eso generó una sucesiva crisis de presidentes vacados o sacados de la presidencia uno tras otro. De modo que esta crisis institucional de los últimos diez años es resultado de esa decisión. Y hay que decir las cosas completas: ella terminó gobernando desde el Congreso. Hizo modificaciones constitucionales con la mayoría que construyó en el Congreso que acaba de fenecer para transformar el régimen peruano, que era de equilibrio de poderes. El Ejecutivo tenía ciertos instrumentos para observar acciones del Congreso, y el Congreso tenía ciertos otros para observar acciones del Ejecutivo. Esos los eliminó y construyó un superSenado, que es donde están hoy día concentradas todas las capacidades. Parte del problema que tenemos que enfrentar en el próximo tiempo es restablecer el equilibrio de poderes en el Perú, regresar al régimen político anterior en donde el Ejecutivo tenía ciertos instrumentos y el Parlamento otros para producir un contrapeso. Y es con este razonamiento que nuestro primer comportamiento en el seno del Congreso de la República ha sido constituir una coalición, un acuerdo con los grupos de oposición al gobierno para tratar de que haya cierto equilibrio de poderes. El fujimorismo, la señora Fujimori, controla el Ejecutivo, pero también controla o tiene una influencia muy importante en el Tribunal Constitucional, en la Fiscalía de la Nación, en la Defensoría del Pueblo y en la Junta Nacional de Justicia, que nombra jueces y fiscales. De modo que queremos que el Congreso sea, cuando menos la Cámara de Diputados, una instancia que produzca un esfuerzo para no monopolizar todo el poder del Estado en el gobierno.
En ese sentido, intuyo que el cambio de pasar de un sistema legislativo unicameral a uno bicameral genera esos contrapesos dentro del propio Legislativo, dividiendo el poder para que no se pueda hacer caer a los presidentes uno tras otro. Ahora, supongo también que si era Keiko Fujimori la que desde el Congreso producía la caída del Ejecutivo y ahora ya está en el Ejecutivo, la solución parecería estar dada. Es decir, parecería indicar que ahora naturalmente va a haber más equilibrio entre el Ejecutivo y el Legislativo. ¿Lo entiendo mal?
Es correcto, es correcto. Ahora tenemos un poco más de presencia en el Legislativo. Hemos ganado la presidencia de la Cámara de Diputados, que es la instancia donde se incoan los proyectos y las leyes. Estas pasan luego al Senado; el Senado tiene capacidades excesivas y está en manos de la mayoría del gobierno. Pero las fuerzas de oposición tenemos un mayor juego para poder producir este cambio y modificar un conjunto de iniciativas y de leyes que se han dado en el último tiempo que son nocivas para la democracia y para el combate a la criminalidad, que es uno de los problemas que asola la realidad peruana.
Jorge, ¿nos podría explicar las diferencias entre Keiko y su padre, y las diferencias suyas con su tío?
Bueno, mire. Mi tío es un tío de sangre, es el primo hermano de mi madre. Lo vi una vez cuando tenía 12 o 13 años y no lo he vuelto a ver más. Su vida política es su vida política y la mía es la mía; no tenemos ningún punto de contacto desde el punto de vista de la vida política. De modo que tenemos un vínculo de sangre que está estacionado en el tiempo hace muchas décadas. Ahí no hay mucho que señalar: él está detenido, cometió un delito, está bien detenido, de modo que tiene que pagar sus responsabilidades penales en la carcelería que está manteniendo. En cuanto a la señora Fujimori y su padre, ahí sí es más complejo, porque el contexto es muy diferente. En 1990, la sociedad peruana estaba agobiada por dos problemas graves. Uno, la ofensiva del terror: Sendero Luminoso asesinaba, volaba torres, tenía a maltraer la vida peruana. Había una sociedad desesperada por salir de esa situación, en donde una madre de un barrio popular no sabía si su hijo de 14 o 15 años, que se iba a estudiar al centro de Lima a alguna academia, regresaba a la noche, quedaba detenido en una redada o eventualmente moría por una bala perdida o por una bomba en algún transporte público. El nivel de zozobra era muy grande y la gente estaba en una situación de incertidumbre tal que estaba dispuesta a aceptar un liderazgo que le prometiera una solución rápida a esos problemas, aunque el costo en derechos humanos, como después se supo y se vio, fue altísimo. Y por otra parte, se padecía el mal de la hiperinflación. El gobierno anterior había llegado a una hiperinflación que en el Perú no se había vivido nunca; fue de las hiperinflaciones más grandes que han existido en la historia de la economía mundial. De modo que, por la vía de la amenaza a la vida o por la vía de la amenaza a la estabilidad —aunque fuera la estabilidad de la pobreza, para que no fuera produciéndose mayor pobreza todos los días—, la sociedad peruana estuvo dispuesta a entregarse. Y se entregó, hay que decirlo con toda claridad, a un líder que prometió solución pronta y que con las Fuerzas Armadas enfrentó la situación. Hoy día la situación es completamente diferente. Sí es verdad que tenemos una ofensiva de la criminalidad muy fuerte en el Perú. La tasa de homicidios está creciendo permanentemente en los últimos meses. Desde el gobierno anterior y los dos anteriores —que en realidad fueron cogobiernos con la señora Fujimori— no han logrado encontrar una solución. Van por una ruta equivocada; repiten la receta de que las Fuerzas Armadas van a salir a las calles y van a resolver el problema. Creo que es una ruta de fracaso. Lo hemos visto en el Ecuador, lo hemos visto con creces en México: ahí llevan desde 2007 una guerra con los cárteles de la droga con las Fuerzas Armadas en la calle, y lo que tienen es medio millón de mexicanos muertos, 120 mil o más de 120 mil desaparecidos, y el poder de los cárteles sigue más o menos intacto. Algunos capos han sido detenidos, pero el poder de operación sigue intacto. De modo que esa ruta no es la adecuada, creo yo. Pero se van a internar en esa dirección, y al mismo tiempo hay dos elementos que se ciernen sobre la vida social peruana: uno es el fenómeno de El Niño costero y El Niño global, y el otro es el fenómeno de la violencia. Todos los indicadores parecen señalar que será una cosa muy fuerte, muy intensa, muy inusual para nuestra vida económica y social, y eso va a generar problemas si no se enfrenta adecuadamente. Por razones del cargo que ocupé en su momento como ministro de Defensa en el gobierno de Pedro Pablo Kuczynski, me tocó enfrentar la crisis de El Niño costero del verano del 2017. Yo le he señalado a la señora Fujimori que hay cosas que creo que hay que hacer, y espero que vayan en esa dirección, porque si no se hace así, a fines del verano del próximo año tendremos una crisis social de proporciones. Y la otra cuestión es el tema de la criminalidad que le acabo de mencionar, en el que tampoco veo que estén dando los primeros pasos. Pero prefiero esperar con cautela a que finalmente el gobierno desperece su acción y pueda mostrar su verdadera capacidad de ejecución.
Jorge, escuchándolo, por momentos parece transmitir cierta envidia para los argentinos. Ya no hay más problema económico en Perú, el país crece, y los problemas ambientales que usted plantea son universales, no son propios del Perú, lo cual no quiere decir que no merezcan toda la atención por parte del gobierno. Pero ¿cuál es el problema entonces del Perú? El tema del crecimiento de la violencia también es un tema que trasciende al Perú y es generalizado. Sin embargo, Perú tiene una economía que resulta exitosa vista desde los países vecinos. Entonces, ¿cuál es el problema del Perú? ¿Por qué esa inestabilidad de un presidente por año? ¿Eso se va a modificar ahora? ¿Por qué todo el problema era Keiko Fujimori, o cuál es el malestar de la sociedad peruana que hacía que fuera tolerable cambiar un presidente por año?
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Mire, eso tiene que ver básicamente con el juego político. Aquí hemos tenido una especie de distancia entre el proceso económico y el proceso político; es lo que llaman la paradoja del caso peruano. Nuestra política funciona muy mal, pero la economía sigue caminando. Por supuesto que si tuviéramos una política que funcionara mejor y acompañara o fijara metas para ese proceso económico, estaríamos creciendo no a tasas de 3% o 4%, sino a tasas de 6% o 7%. No es poco lo que perdemos por esta baja calidad o pobre calidad de la política. Pero la inestabilidad tiene que ver con un arreglo institucional y con un conjunto de fuerzas que están pugnando desde hace tiempo. Y ahí sí entramos al tema de fondo. El tema de fondo es que si usted mira el mapa electoral de 1980 y el mapa electoral de la última elección, va a ver la misma fotografía: el país se divide exactamente igual. El ande peruano, la sierra peruana, la población de estas zonas vota permanentemente protesta. Protesta a veces significa izquierda y a veces no, pero vota protesta. Y la población de la costa, que es una zona que está más integrada al comercio internacional y a la exportación, vota permanentemente estabilidad. Por tanto, esta es la escisión de fondo. Esa fotografía de la que le hablo —ese mapa electoral en donde la sierra de norte a sur vota, digamos, rojo, y la costa casi de norte a sur vota, por decir, amarillo— es la muestra de nuestro fracaso para integrar a la población del interior del país a los beneficios del crecimiento y del desarrollo. Yo digo, medio en serio y medio en broma, que en el Perú para viajar en el tiempo no se necesita una máquina prodigiosa: basta con trasladarse de la capital de la República a cualquier pueblo de la sierra andina o de la Amazonía nuestra para descender tres o cuatro siglos en el tiempo. Esa es la escisión que tenemos que resolver: la escisión de la desigualdad, la escisión de la discriminación, la escisión del desprecio. Eso es lo que está en el fondo de nuestras votaciones. Todo lo demás son artilugios de la política coyuntural, pero que en el fondo están expresando esa otra escisión larga que tenemos que resolver como país. Creo que en eso somos bastante parecidos al conjunto de América Latina.
O sea, Jorge, el planteo es que Perú es un modelo de crecimiento, pero no de desarrollo. El verdadero problema actual ya no es la inflación, la falta de crecimiento ni la guerrilla, sino cómo producir un nuevo arreglo social para que el crecimiento derrame en desarrollo.
¿Cómo producimos un nuevo arreglo social para que lo que producimos sea para todos y no solamente para el sector que permanentemente gana? Y ese sector que permanentemente gana no solamente son las clases propietarias, sino también segmentos importantes de las ciudades de la costa de nuestro país, en donde hay población integrada a ese crecimiento y a ese flujo económico. Mucha de esa población lo hace no a través de vínculos con grandes empleos o empresas consolidadas, sino a través de actividades como las que tenemos en el Perú: el 80% de nuestra economía es informal, es decir, ocurre por fuera de la legalidad estatal. Es iniciativa de millones de peruanos que buscan de mil maneras hacerse del salario diario para llevar un pan a la casa. De modo que, en ese complejo elemento, la inestabilidad fluye. Nuestra sociedad no es una sociedad industrial como podrían ser las europeas de hace unas décadas atrás, en donde hay un estamento obrero del cual fluyen partidos socialdemócratas o de izquierda, y un estamento empresarial de empleocracia del cual fluyen partidos de centro-derecha o de derecha. No, aquí tenemos millones de estrategias individuales y lo que fluye no es cohesión, sino millones de estrategias. Por tanto, más bien la novedad es por qué la incertidumbre política no es mayor de lo que hoy día es, dada la composición de la sociedad. Eso es lo que tenemos que arreglar: una sociedad que incorpore a la mayoría de la población a los frutos del crecimiento y que, como ha resumido muy bien usted, pase del crecimiento al desarrollo.
Jorge, muchísimas gracias. Porque además es un gran mensaje para un país como la Argentina, sobre el eventual riesgo de repetir la receta peruana y conseguir el mismo éxito económico de una estabilidad monetaria con un crecimiento sostenido del 3% anual, si este no genera inclusión social y eventualmente termina siendo un fracaso político. Muchas, muchas gracias.
Nosotros somos su futuro, conocemos ya eso. Nosotros hemos tenido en una sola persona al señor Bukele con una política de hierro en relación a los problemas de la delincuencia —eso fue Fujimori para el terror— y hemos tenido al señor Milei con una política ultraliberal —eso fue Fujimori en los años 90—, lo que generó finalmente el despliegue del crecimiento para un sector de la sociedad, pero excluyó y dejó por fuera del desarrollo a más sectores. No somos un buen futuro en ese sentido.
Jorge Nieto Montesinos, muchísimas gracias. Valoramos mucho su aporte; fue muy enriquecedor para nosotros.
Muchas gracias.
MEG