En Modo Fontevecchia, por Net TV y Radio Perfil (AM 1190), el consultor político Raúl Timerman analizó el escenario electoral, la caída en la imagen del Gobierno y las posibilidades de un balotaje.
Raúl Timerman es licenciado en Ciencias Exactas por la Universidad de Buenos Aires. Su trayectoria profesional se centra en la comunicación estratégica y la consultoría política. Es presidente de una agencia de publicidad, fundador de un grupo de opinión pública y director de Comunicaciones Sudamericanas S.A. Además, dirige proyectos de investigación política a través de la agencia La Sastrería.
Raúl, una de tus encuestas muestra que el 23% de quienes votaron a Milei en 2023 hoy no lo volverían a elegir. ¿Esto es reversible, es irreversible, lo coloca a Milei fuera de la posibilidad de ser reelecto en primera vuelta? Hacenos una explicación más extensa de qué indica este dato.
Nada es irreversible en la política argentina. Depende tanto de las circunstancias, algunas internas, otras externas, y las decisiones que tome el Gobierno en este caso particular. Hoy, en la situación actual, creo que no sería elegido Milei porque no le da para ganar un balotaje, es decir, tiene un rechazo, un “seguro no lo votaría” de 62 puntos. Es muy difícil enfrentar una situación electoral así, pero no hay nada más difícil que decir cómo saldrían las elecciones cuando no hay elecciones.
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¿Cuál es lo particular de este momento? Se da una combinación que es muy complicada para los gobiernos: cuando los dos primeros ítems de preocupación de la ciudadanía, planteados como principal problema del país —no personal, del país—, son la corrupción y los ingresos.
Vos fijate: para que un gobierno sea reelegido, la gente tiene que tener el siguiente sentimiento: “A mí me está yendo bien y quiero asegurarme de que me siga yendo bien”. Acá vivimos una reelección en el caso de Carlos Menem después del Pacto de Olivos; Menem fue reelegido por cuatro años. Vivimos la reelección de Cristina Fernández de Kirchner. Cristina fue reelegida, había fallecido Néstor Kirchner. Cristina gana en primera vuelta con el 54% de los votos. Podemos decir que el pasaje de Néstor Kirchner a Cristina Kirchner era una media reelección, digamos, que había una continuidad.
En los tres momentos los gobiernos estaban denunciados por corrupción. Se hablaba de que había corrupción con Menem —¿te acordás?, Robo para la corona, de Horacio Verbitsky—, que había corrupción con Kirchner, la obra pública, cosas que se están juzgando; que había corrupción con Cristina, etcétera. Pero ¿por qué fueron reelegidos en esa situación? Porque imperaba ese “a mí me está yendo bien y quiero asegurarme de que me siga yendo bien”. Entonces, ¿cuál era la consigna que aparecía, que emergía? “Roban, pero hacen”.
Ahora bien, cuando se da la corrupción con los bajos ingresos, “a mí me está yendo mal, yo no quiero que siga, no me alcanza y ellos se la llevan con pala”. Esa es una mala combinación en el pensamiento del electorado. Es lo contrario a lo que sucedió con Menem, con Néstor y con Cristina. Y esa es la situación por la cual está tan mal el Gobierno.
Su peor momento: 33 puntos de aprobación de gestión. Cuando preguntamos quién le gustaría que sea presidente en 2027, en pregunta abierta, aparece Milei con 25,2; segundo Axel Kicillof con 22,3; tercero Cristina Kirchner con 8,4; cuarta Miriam Bregman con 6,7.
Nunca estuvo tan bajo Milei. Nunca estuvo tan cerca Kicillof. Y nunca estuvo tan lejos Kicillof de Cristina. Y otro dato: la principal opositora no peronista percibida es la izquierda, Miriam Bregman. No hay un candidato opositor no peronista competitivo todavía.
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Y supongo que si sumás los votos de Kicillof, Cristina y Bregman estamos hablando de un espacio común, con distintos grados, pero opositor al Gobierno.
No creo que ese razonamiento ponga contento a Kicillof. Él parece querer construir un frente más hacia la centroderecha, buscando sectores democráticos que se puedan sumar.
Hoy, cuando planteás tres escenarios —reelección de Milei, opositor peronista y opositor no peronista— y preguntás “¿a cuál seguro no votaría?”, el 64% dice que seguro no votaría a Milei, el 44% al peronista y el 38% al no peronista.
Ahí aparece un dato interesante: hay un sector amplio del peronismo que es más antimileísta que peronista, dispuesto a votar a un no peronista para ganarle a Milei.
Entonces, para segunda vuelta es distinto el candidato que para primera.
Exactamente. El mejor candidato para ganarle a Milei en un balotaje sería un no peronista. Pero hoy quien tiene más chances de llegar es un peronista. Va a depender del escenario.
Esa es la situación y va a depender —creo yo, hoy es todo muy prematuro, por supuesto— de cómo se configure ese escenario de tercios, como fue en 2023, con Milei, Sergio Massa y Patricia Bullrich. ¿Quién termina decidiendo la elección? Los electores de Bullrich, que se volcaron a Milei.
Ahora bien, si el tercero es un no peronista y no entra al balotaje, ¿qué no peronista será?, ¿qué tipo de electores tendrá?, ¿y hacia dónde se volcarán esos votos?
Porque hay algo muy importante: en ese momento, cuando tomás la elección, Milei junta todo el antiperonismo. Pero ahora aparece un sector amplio del antiperonismo que es antimileísmo también.
Quiero hacerte una pregunta más personal. Tu análisis tiene un orden cartesiano. ¿Cuánto influye tu formación en ciencias exactas?
Uno se estructura culturalmente de una determinada manera. Yo tiendo a simplificar la realidad para poder comprenderla. Si no, te perdés en la complejidad y no llegás a ninguna conclusión.
Entonces, el desafío del peronismo es encontrar un candidato que pueda atraer al voto no peronista antimileísta.
Así es. Hay que ver si Kicillof puede representar también a ese voto o si aparece otro perfil más de centro o incluso un outsider.
¿Cómo ves la evolución del Gobierno?
Es muy prematuro, pero el Gobierno lleva cinco meses de caída en la aprobación. Ninguna de las caídas anteriores duró tanto. Y los economistas dicen que es difícil que haya una reactivación que revierta esa tendencia en el corto plazo.
GD cp