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MODO FONTEVECCHIA
EL REFLEJO DE LA REALIDAD

Roberto Piazza: “Le recomendé a Milei que se cortara el pelo”

El reconocido diseñador aborda la psicología de la imagen aplicada a figuras políticas actuales y destaca su compromiso social a través de su fundación, repasando su rol fundamental en la creación de la ley contra el abuso infantil y promocionando su próximo desfile como un reflejo de la realidad cultural del país.

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Roberto Piazza: Roberto Piazza se refirió a las dificultades del sector textil: “Venimos arrastrando una gran carga impositiva casi del 50%” | Cedoc Perfil

La industria textil y de la alta costura en la Argentina enfrenta una compleja realidad económica que obliga a los referentes del sector a reinventar sus oficios tradicionales, analizando la indumentaria como un lenguaje cultural que inevitablemente refleja la coyuntura y las estéticas del poder. Ante este escenario, en Modo Fontevecchia, por Net TV, Radio Perfil (AM 1190), el prestigioso diseñador y activista Roberto Piazza repasó sus 51 años de trayectoria, detalló el impacto social de su fundación contra el abuso infantil y profundizó en la psicología de la imagen de los mandatarios actuales al revelar: “Le recomendé a Milei que se cortara el pelo”.

El reconocido diseñador de alta costura, director teatral y cantante argentino, Roberto Piazza, es considerado uno de los referentes más influyentes y transgresores de la moda en el país. A lo largo de su extensa trayectoria, ha destacado por sus impactantes desfiles temáticos, sus colecciones de vestidos de novia y de noche gala, y por vestir a numerosas personalidades del espectáculo y la política local. Además de su faceta artística en el diseño y los escenarios, adquirió una gran relevancia pública por su rol como activista social tras fundar la Fundación Roberto Piazza contra el abuso infantil.

Independientemente de que muchas veces el arte refleja mejor la realidad, la anticipa mejor que el periodismo y construye subjetividad. Lo primero que quiero preguntarle es: ¿cómo está la industria de la moda? ¿Cómo está la industria textil? Usted está presentando “Sofisticación” ahora, en 2026, cuando al mismo tiempo escuchamos que la industria textil está pasando el peor momento de su historia.

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La moda se divide en varias partes. Pero especialmente en dos: la moda urbana, que es la que consumimos cotidianamente y consumen las clases A, B y C; y la moda de alta costura, que ya pertenece a una elite. Eso no está en discusión en este momento.

Sí estamos pasando, no sé si por el peor momento. Yo ahora estoy cumpliendo este mes 51 años de trayectoria en la moda. A mis 15 años fue mi primer desfile con mi mamá, en Santa Fe, con mi madre. Y de ahí me vine en el ‘81 para Buenos Aires. He pasado por momentos muy, muy complicados.

Pero estamos pasando por una etapa en la cual la gente no tiene plata. Es simple. No tiene plata. Los impuestos son muy altos en lo textil y, en vez de comprarse, por ejemplo, para un casamiento, antes yo vestía a la madre, a la abuela, a la novia y a la hermana. Ahora viene la novia sola o la quinceañera sola.

Entonces, claro, eso achica muchísimo lo que es la industria.

¿Eso desde cuándo es? ¿Es algo que tiene que ver con la pospandemia o se aceleró en los últimos dos años?

No, esto es de antes de la pandemia. Viene desde hace ya unos ocho años. Fue un bajón fuerte y se acrecentó en estos últimos tiempos. La pandemia ni hablar, porque fue una cosa que no entra dentro de lo normal.

Usted tiene otro termómetro ahí, que son estas escuelas de diseño que me contaba en la tanda que llegaron a tener 30 sucursales y bajaron a 10, supongo que durante la pandemia. Y ahora están en 20. ¿Y qué encuentra allí con los egresados? ¿Cuál es la vida de esos egresados? No sé si hay algún espejo para mirar allí sobre el desarrollo de la economía y la cultura de la Argentina.

Los chicos jóvenes, el promedio del alumnado es de 20 años. Ya no son solamente mujeres, porque hay 14 carreras, desde modista, modelista, la clásica.

Los oficios que se están perdiendo. Saber bordar, saber drapear, que parecen frivolidades, pero no lo son. Drapear, cortar un traje, sastrería, que es tan difícil. Quedan muy pocos buenos sastres en Argentina.

Y yo creé, inventé eso paralelamente a la UBA. Justo cuando estaba la UBA, yo inventé la escuela de alta costura. A los jóvenes les gusta la moda. La moda está de moda en el mundo entero. No por nada salió ahora esta película que causó ese furor y todo el mundo está enloquecido. Les encanta.

Ven reflejado en mí quizás algo que les gusta y estudian. Yo les doy todo el ánimo del mundo, les enseño todos los secretos de la alta costura, que no es nada fácil, y están muy entusiasmados. Yo estoy asombrado porque, por ejemplo, inauguramos en Bahía Blanca justo en el momento de la inundación. Se inauguró Córdoba y ahora estamos por inaugurar en el norte. Tengo desde Salta hasta Bahía Blanca.

¿Qué pasa con esos egresados?

Algunos ya están trabajando, son emergentes. Yo les digo a todos los chicos: empiecen desde abajo. No deliren. No estudien para la fama porque enseguida quieren vestir actrices o ir a los Martín Fierro y cosas así.

Empiecen a vender, a hacer ropa buena, de muy buena calidad, con costos que no sean muy altos, y apunten a un público que les consuma, que les compre un traje o un vestido o lo que sea. Pero no deliren con la alta costura, los desfiles y todo eso. Eso llega con el tiempo.

Fijate vos que yo llevo 51 años de trabajo y todavía la sigo remando.

51 años. ¿A qué edad comenzó?

A los 15 años. Mayo de 1975.

En ese recorrido del último medio siglo de la Argentina, ¿qué dice la moda de los procesos políticos y culturales? ¿Cuál es la estética que caracterizó a los distintos gobiernos y qué representan esas elecciones estéticas?

La moda es un lenguaje que habla del estado de las cosas.

Lo que pasa es que nosotros estamos en Argentina, en el país más austral del mundo. Recién ahora nos están mirando como si fuésemos importantes, como en otra época, en la época de mi madre, cuando se decía que la mujer argentina era la más elegante del mundo. Y era verdad.

Mi vieja, por ejemplo, era de Milán y se vino para acá chiquitita con mi abuelo. Era una mujer que murió con taco alto y collares puestos. Después se fue desdibujando esa imagen de la mujer tan elegante y tan vestida cotidianamente, en todas las clases sociales.

Los ‘70 fueron años muy lindos, muy alocados en todo el mundo. Acá se reflejaba mucho eso, sobre todo culturalmente, con el glitter y toda esa historia. Después, cuando yo empecé, los ‘80 fueron años de gran algarabía, joda, moda disco. Fueron muy buenos para mí.

Los ‘90 fueron años de espanto. Para mí fueron un caos. Fueron 10 años de convocatoria de acreedores, de estar inhibido total y absolutamente por la pésima ley laboral que rige en la Argentina. Salí de eso, pagué todo lo que debía. Igual seguí trabajando. Laburaba desde el taller con mi gente. Todos me ayudaban.

Y después vino una etapa bastante compleja, muy confusa. La gente de mucha plata la sigue teniendo y sigue comprando, pero empezó a verse una picada de a poquito. Yo llegué a tener entre 16 y 20 casamientos por fin de semana y ahora, primero, la gente casi no se casa.

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No sé si está bien o mal, pero hay muchos más cumpleaños de 15.

Hay más fiestas de 15 y menos casamientos.

La chica quiere el vestido y quiere el viaje. Y el padre, o la madre o la familia, se lo dan. Pero yo prefiero vestir quinceañeras porque me da mucho más placer.

Y siguiendo con este siglo, habíamos llegado a los ‘90. Comienza un declive que podríamos asociar también con el declive económico de la Argentina. ¿Qué caracterizó la primera década y esta segunda que estamos transcurriendo?

La primera década, con el gobierno anterior, fue rara. Había vaivenes, subía y bajaba, pero venía bajando. No fue buena comercialmente.

Después, la primera parte del kirchnerismo fue bastante bien, porque la gente confiaba mucho. Y después empezaron los problemas: mucho odio, mucha bronca, muchas peleas. Ahí empezó la famosa grieta, que igual siempre estuvo.

¿Cómo se manifiesta eso en la moda? ¿Hay una moda que pueda caracterizar a Milei, a Macri o a Cristina Kirchner? En el caso de Cristina Kirchner, quedó marcada por el luto tras la muerte de su marido. En el caso de Macri, me imagino el hecho de sacarse la corbata siendo presidente.

Muy buena pregunta. Porque en otros países las primeras damas marcan moda. Cristina no marcó nada en la moda. Ninguna mujer copió ni el peinado ni los looks. Fijate que el estilo Jackie Kennedy existe hasta el día de hoy.

Después, Juliana Awada sí: muy elegante, hermosa mujer. Pero tampoco marcó una tendencia. Se ponderaba su elegancia y su belleza.

Y cuando subió Milei, lo que menos le interesa es la moda.

Él mismo me lo dijo: “A mí no me interesa la ropa”. Se pone lo que le dan y sale con la campera. Es muy criticado por eso, por el pelo y demás, pero no marca algo importante en la moda. A lo mejor, sigue más las tendencias internacionales que a las figuras del Gobierno.

¿El uso del chaleco?

El chaleco se usa mucho. Y vuelve para la gente joven. Para mí es la prenda más elegante que existe.

Ahora se usa con jeans, chaleco y corbata. Eso se llama “rockers”, pero no es por ningún presidente. Viene de Londres.

El Presidente también tiene un look rockero con su campera negra.

Sí. Milei se dice rockero y le gusta eso.

Usted fue una figura cercana en sus comienzos.

Sí, soy conocido de él.

¿Qué reflexión puede aportar sobre el Milei que usted conoce? ¿Qué representa su estética?

Si fuese por él, en realidad no le importa. Yo traté de asesorarlo, de cambiarle la sastrería, mandándole sastres argentinos buenísimos. Y él decía: “No tengo tiempo, Roberto. Duermo cuatro horas. Agarro los trajes que me mandan, todo negro en lo posible”.

Algo me dio bola. Cambió algunas camisas, algunas corbatas, empezó a usar colores más fuertes. Pero el pelo no se lo quiere cortar.

¿Usted le recomendaba que se cortara el pelo?

Sí. Yo le decía que se cortara un poco el pelo.

Pero, si le cambiás el pelo a Milei, le cambiás la imagen. Cambia el león, se cae el león. ¿Y por qué? ¿Por qué creía que tenía que cortarse el pelo?

Porque creo que la estética marca mucho.

Porque la estética marca mucho para la gente que lo ve del otro lado de la pantalla. Verte de traje da una imagen más seria, más respetable. Por eso él se viste con una marca extranjera, pero fabricada en Argentina. No me acuerdo exactamente el nombre. Francesa debe ser.

Y después, las camperas que tiene son todas de un amigo mío que hace ropa para rockers. Yo tengo un montón y él se las hace ahí.

Yo creo que a él le gusta el pelo largo. Yo creo que siempre tuvo el pelo así, revoltijado. Se lo cortó un poco, cambió algunas camisas, cambió algunas corbatas, dio un poquito más de color con corbatas azul Francia fuertes.

¿Y el pelo más corto qué representa? O sea, ¿qué le representa a usted? Viene una persona con el pelo largo y otra con el pelo corto.

El pelo largo, en la psicología de la moda, significa poder. Cuando entrás a la colimba, ¿qué hacen? Lo primero: cortarte el pelo. A Sansón le cortan el pelo, le cortan la fuerza. Entonces, a los presos también les cortan el pelo. Es un símbolo de cortar el poder que uno puede llegar a tener.

Entonces, ¿por qué le recomendaba cortarse el pelo?

Claro, pero era una cuestión mía nada más, no porque yo sea asesor de él.

¿Porque representa algo más moderno?

Claro, para hacerlo más elegante, más distinguido. Porque, en realidad, el pelo largo no se usa tanto como antes, si fuesen los 70 u 80 más o menos. Representa algo de una época que ya pasó. Pero, de igual modo, como la moda se ha democratizado, eso significa que cada uno puede optar por usar lo que quiere. El Gordo Lanata, que ya no está más, se vestía con colores estridentes que no iban con el cuerpo de él y no le importaba. Y mucha gente, de repente, se viste con cosas llamativas y diferentes que le quedan bien, y está permitido. Ya no está más el dictamen de la moda.

No hay una moda única y uniforme.

¿Por qué “Sofisticación”? ¿Y cómo va a ser este desfile?

“Sofisticación” tiene que ver con una pospandemia de la que todavía estamos con la cola de novia. Inclusive dejó secuelas psíquicas y físicas muy fuertes.

Yo tengo dos stents. Bueno, me pasó de todo, menos COVID-19 tuve todo.

¿Durante el COVID?

Durante el COVID y después del COVID. Y normalmente, en el mundo entero, después de una tragedia muy grande, como una guerra o, en este caso, la pandemia, todos los diseñadores apostamos al lujo extremo.

Como los teléfonos blancos después de la crisis de la Primera Guerra Mundial o de la crisis del 29.

Siempre se apunta a que, por ejemplo, una mujer va a mi casa a buscar un vestido y me dice: “Mostrame cualquier cosa menos negro”. Me lo dicen así, inconscientemente. “¿Por qué no te gusta el negro? Es maravilloso. A mí me encanta la ropa negra”.

“No, me da tristeza. Quiero azul, quiero violeta, quiero rojo, quiero algo”. Y ahí te das cuenta de que la mujer está en búsqueda de otra cosa: algo más alegre, más divertido, más sensual, más sexy, para salir de todo lo que pasamos. Y eso es muy interesante.

Por eso yo casi no hago ropa negra, muy poca. Y si hago ropa negra, es para gente muy joven, muy escotada, muy sexy, pero no para señoras.

¿Es una demanda de dar vuelta una página de tristeza?

Es olvidar lo que pasamos con tanta tristeza y tanta angustia. El negro es luto. Entonces, vestirse de negro es para alguien muy joven y maravilloso que pueda lucir un vestido con dos tiritas y estar casi desnuda, o directamente nos vamos al color. El color es más vida: el violeta, el lila, el azul, el rosa, todos tienen diferentes símbolos.

¿Qué lo motivó a todo su activismo social? Mencionaba el locutor, cuando lo presentó, la llamada Ley Piazza, sobre la imprescriptibilidad de los casos de abuso sexual hasta que los menores que lo hayan padecido sean mayores. ¿De dónde viene ese impulso social y de participación social?

Sabés que yo fui abusado desde los 6 años hasta los 17. Tuve 11 años de abuso sexual infantil por parte de mi hermano mayor.

Y no solamente fui abusado, sino que tuve una familia donde mi pobre madre murió de un derrame cerebral justamente por callar, por el problema de callar. Un día le dio un derrame. Y había mucho bullying en las escuelas. Fue una etapa muy complicada de mi vida.

Cuando crecí, tuve 35 años de terapia analítica con Horacio Helú, que en paz descanse, uno de los mejores discípulos de Pichon-Rivière acá en Argentina. Hice mucha terapia para poder salir yo solito de ese pozo donde me hundía cotidianamente.

Y un día les dije a mis abogados, hace mucho tiempo: “Yo quiero hacer una fundación porque conozco mucho de este tema”.

Mi psiquiatra me recomendaba que no lo haga porque removía cosas que dan mal olor. Y yo le dije: “Pero yo necesito hacerlo porque Dios me está mandando a hacer esto, la Virgen me está diciendo que sí, que puedo ayudar a la gente”.

Cuando un día lo conté a Chiche Gelblung, hace mucho tiempo, se lo dije en cámara y fue un escándalo. Me llamó media Argentina para contarme lo que le pasaba, lo que le había pasado a ella, a la hija, a la mujer. Y yo dije: “Wow, explotó la cantidad”. Hay más de 200 denuncias por hora de abuso infantil, abuso, crimen, violación, robo de niños. Dije: “Bueno, vamos a hacer una fundación”.

Costó muchísimo hacerla. Porque no la querían hacer, que sí, que no, que vueltas, que me la querían robar.

Después salió la fundación. Vos sabés que una fundación es como una sociedad anónima, hay que pagar todo. Yo no tengo subsidios, nunca tuve, ni quiero. No quiero ser político, no quiero ser nada. Simplemente un artista que presentó una ley y fue aprobada gracias a María Eugenia Talerico, una gran dama.

Y demoró seis años en salir la ley. Fijate vos qué locura.

Ahora con Patricia Bullrich estamos trabajando en una extensión de la ley, que el 9 de junio, en “Sofisticación”.

¿Patricia Bullrich?

Sí, con Patricia Bullrich. La conozco hace tanto tiempo, es como mi hermana. Ella recuperó la ley, que estaba fondeadísima, la presentó y ahora estamos esperando. Ayer justamente me mandó todo el dictamen para ver si podemos extenderla, con mayores condenas, condena efectiva y un montón de otras cosas.

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Porque ahora cualquier psicópata tiene buena conducta, entonces le bajan el martillo y sale. Y el psicópata sigue haciendo cosas peores que antes.

Pero bueno, eso fue lo que me llevó a hacerlo. Me cuesta mucho porque recibo cosas tremendas, pero las derivo al Ministerio de Seguridad de la Nación, de diferentes lugares del país, porque Argentina es muy grande y hay lugares donde no te dan pelota.

MV