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MODO FONTEVECCHIA
DEBATE NACIONAL / HISTORIA, POLÍTICA Y PROPIEDAD

Roy Hora: "Con la Ley de Tierras chocaron dos formas de construir el país"

El rechazo en el Senado a la derogación de la Ley de Tierras expuso las tensiones profundas entre el ideario libertario y la identidad nacional. En esta entrevista, el reconocido historiador analiza los orígenes de la soberanía territorial en la Argentina, contrapone el modelo de Estado de Julio A. Roca con la visión de mercado de Javier Milei, y explica por qué la propiedad del suelo sigue siendo una fibra sensible que trasciende lo económico.

Roy Hora 07082026
Roy Hora | Net TV

El debate parlamentario y social en torno a la Ley de Tierras y la propuesta de desregular el acceso a la propiedad por parte de extranjeros volvió a encender un motor neurálgico de la cultura política argentina: el nacionalismo. A primera vista una discusión sobre inversiones y desregulación de mercados, la controversia rápidamente mutó en un reclamo identitario que involucró a la política, la calle, las redes sociales y hasta figuras del espectáculo y el deporte.

Para comprender las raíces emotivas, históricas y estructurales de este fenómeno, el historiador Roy Hora visitó Modo Fontevecchia, por +Perfil, Radio Perfil (AM 1190). A lo largo de la charla, el especialista repasa cómo la Argentina —un país moldeado por la inmigración y el arrendamiento agrícola— construyó su noción de soberanía territorial, contrapone la visión del Estado y la nación del siglo XIX con el modelo libertario actual, y analiza los descalces de un Gobierno que choca contra la representación más profunda del ser nacional.

Roy Hora es profesor de Historia por la Universidad de Buenos Aires y doctor en Historia Moderna por la Universidad de Oxford. Ejerce como profesor principal de Cátedra en la Universidad de San Andrés y como docente titular regular en la Universidad Nacional de Quilmes. Además, es investigador principal del CONICET, miembro de número de la Academia Nacional de la Historia y fue declarado Personalidad Destacada en el ámbito de la cultura por la Legislatura porteña en el año 2024. Recientemente fue distinguido con el Premio Konex 2026 en Historia Económica y Social.

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Roy, muchas gracias por estar acá hoy. Es un día especial porque lo que se llamó la Ley de Tierras y su fracaso en el Senado nos llevan a reflexionar sobre cómo se construyó la historia de la tierra en la Argentina, qué representa el nacionalismo y cuánto de lo que ayer estuvo dentro del recinto, en la calle y en las redes sociales tiene que ver con nuestra historia, con conceptos como la soberanía y la propiedad. Así que me gustaría que nos ayudaras a comprender el origen de nuestro sentimiento respecto de la tierra y de la soberanía.

Sí. Bueno, primero gracias por la invitación.

Por favor.

Hay varios planos en esa discusión. Uno muy importante, que cobró un relieve que al comienzo parecía no tener, es el sentimiento nacionalista, que finalmente se terminó imponiendo y le fijó límites muy estrictos a la iniciativa del Gobierno, que aspiraba a una liberalización del acceso de los extranjeros a la propiedad de la tierra. Yo creo que, si tuviera que comenzar a hablar sobre este tema, pondría el acento y subrayaría esa palabra: nacionalismo. El nacionalismo es una fuerza poderosísima en nuestra cultura política. A veces dormido, pero cada tanto uno rasca la superficie y emerge. Uno podría decir incluso que cuando llegó Milei al gobierno parecía que esa dimensión estaba en segundo plano, oculta, poco presente. Milei es, de nuestros presidentes de los últimos años —o quizás en términos más amplios—, el menos nacionalista.

Para él, siendo anarquista, no podría ser nacionalista de nadie.

Así arrancó. El nacionalismo estaba; la bandera celeste y blanca estaba presente en esa fórmula en la figura de su vicepresidenta, en ese nacionalismo de derecha. Él parecía el otro polo. En el momento en que se separaron, uno hubiese pensado que él no iba a jugar esa carta o que esa carta tendría un papel secundario en nuestra vida pública. Sin embargo, por un lado, Milei se fue envolviendo en la bandera; de hecho, en las últimas semanas fue uno de los que denunció la «campaña anti-Argentina». Finalmente, fue víctima del nacionalismo tal como lo entendemos nosotros. Una de las dimensiones importantes es el hecho de que nos parece fundamental la soberanía sobre la tierra, la soberanía territorial. Quizás esto tenga algo que ver con que somos un país de inmigrantes, un país que —para decirlo con las no siempre felices palabras del expresidente Alberto Fernández— «descendemos de los barcos». Argentina fue el país que más inmigrantes recibió en el mundo a fines del siglo XIX y comienzos del siglo XX en términos proporcionales (en números totales Estados Unidos recibió más). En 1900, uno de cada dos varones era extranjero, una de cada tres empresas agrarias tenía un titular extranjero y una de cada ocho empresas industriales tenía un titular extranjero.

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¿Se podría decir que los que bajaban de los barcos —siguiendo la no feliz metáfora de Alberto Fernández— lo que querían era tierra?

Algunos sí, otros no. Hay toda una discusión ahí entre los historiadores.

A ver...

Por ejemplo, la tierra fue un bien muy valioso en el siglo XIX, el único importante en este país, pero rápidamente la Argentina armó una economía basada en el arrendamiento, sobre todo el arrendamiento agrícola. Era conveniente para los propietarios porque no tenían capacidad para trabajar superficies tan grandes, pero también era conveniente para los arrendatarios; sobre todo para muchos arrendatarios extranjeros que no habían venido a la Argentina a cerrar completamente su capítulo europeo. Muchos vinieron y muchos volvieron; y muchos volvieron precisamente no porque les fue mal, sino porque les fue bien. Entonces, seguramente muchos —como ahora otros inmigrantes argentinos que van a Estados Unidos— decían: «No voy a comenzar una nueva vida completamente desligado de los lazos que me unen a mi patria, al lugar del que salí». Comprar tierra significa arraigarse. Por lo tanto, la idea del arrendamiento a veces era atractiva por esta razón y, por otro lado, porque sin la obligación de inmovilizar capital en tierra, uno podía aumentar mucho la escala de su emprendimiento: poner ese dinero en maquinaria e incrementar la escala de la empresa. Así, el arrendamiento fue atractivo para los dos, sobre todo para la primera generación. Cuando vinieron los hijos agricultores argentinos, la cosa fue cambiando. Lo cierto es que, en un país como este, hecho tan con materia extraña, con inmigrantes, y que no tiene una historia de siglos y siglos de una lengua común y demás como otras naciones europeas, la tierra terminó siendo fundamental. Una vinculación emotiva con el suelo, una visión del territorio como aquello que nos hace argentinos, diría yo, fue crucial para construir la idea de Argentina. Ya los presidentes liberales, como Roca, tenían una gran preocupación por la cuestión de la soberanía territorial; viene de ese tiempo, no es una preocupación moderna del nacionalismo. Es algo que arrancó en esos años.

¿Qué diría Roca de Milei?

Luces y sombras, supongo que diría. Luces y sombras, ¿por qué? En primer lugar, porque Roca fue un constructor del Estado. Para él, la autoridad del Estado y la capacidad del Estado para transformar la sociedad tenían una importancia superlativa. Roca era un hombre del interior, hay que recordarlo: nació en Tucumán y hizo su carrera política vinculado a una institución estatal con la que se sentía profundamente identificado, en un sentido parecido a Perón. El Ejército fue muy importante para él porque venía de una familia militar; su padre ya era militar. Como hombre del interior, le interesaba la Argentina como un todo en un momento en el que el país eran dos cosas: la riqueza de Buenos Aires y del Litoral, donde el capitalismo tenía una potencia extraordinaria que él contribuyó a incrementar, y un interior más atrasado, los «trece ranchos». Roca, durante su presidencia, fue muy enfático respecto a la necesidad de promover una suerte de desarrollismo autoritario: ferrocarriles que llegaran a todos los confines del territorio. Creo que Roca, en ese sentido, es una figura para la cual la nación y la economía nacional eran fundamentales.

Me parece todo lo contrario a Milei.

Exactamente, Milei está en otro plano. Lo que Milei dice es que hay unos núcleos dinámicos del capitalismo que ya no son los tradicionales y que están alojados a lo largo de la Ruta 40: minería, energía. Eso es una locomotora que está arrancando, y quien se quiera subir a ese tren, que lo haga por sus propios medios: que camine 1500 kilómetros hasta Neuquén y consiga ahí una nueva vida. Me parece que ese no era el razonamiento de Roca, que era más ambicioso en términos de darle un puente a las regiones atrasadas, a los perdedores de una economía o a los que están retrasados; algo importante que creo que está ausente en la reflexión de nuestro tiempo.

¿Roca hubiera estado en contra de la ley pomposamente llamada «Inviolabilidad de la Propiedad Privada», pero que popularmente se conoce como «Ley de Tierras»? Concretamente, respecto de la posibilidad inicial y sin límites de que los extranjeros comprasen tierra en la Argentina, ¿hubiera estado de acuerdo o en desacuerdo?

Supongo que hubiese estado de acuerdo, pero creo que la reacción de Roca hubiese sido: «¿Pero qué me están diciendo? Esto es irrelevante». ¿Por qué irrelevante? Porque Roca vivía en un país en el que quería que la bandera argentina estuviera en el centro y quería construir un Estado poderoso, pero al mismo tiempo esa Argentina le daba un lugar central a los extranjeros como factor de modernización en muchos planos. No solo para poblar el territorio y todas esas cosas que sabemos, sino como agentes de modernización socioeconómica.

Comparto. ¿Por qué a tu juicio algo que es irrelevante se convirtió en una batalla cultural. ¿Qué hay detrás de esto en el sentimiento argentino? ¿A qué nos referimos cuando decimos «propiedad extranjera»? ¿De qué se está hablando cuando se dice lo que se dice?

Yo creo que en estos días chocaron dos visiones de la nación, para decirlo con palabras un poco grandes. Una es de puro mercado: el mercado construye el lazo social. La sociedad la construye el mercado, con los que están adentro y con los de afuera. Esa es la tentación primera de Milei y de algunas personas que lo rodean, diría el Ministerio de Desregulación de Sturzenegger. Lo importante es que el mercado organice la vida social, y generar mejores condiciones para promover la inversión extranjera apunta en esa dirección. Es una visión, me parece a mí, muy abstracta y muy mal comunicada en un momento donde el sentimiento popular y cívico iba en otra dirección. Pero me parece que ese es el núcleo. Del otro lado, hay una visión que rápidamente se articuló en torno a estos conceptos: no son más derechos o mayores oportunidades para que vengan algunos extranjeros a mover la rueda del crecimiento, sino que —como lo describió muy bien la oposición— es la «extranjerización de la tierra»; es decir, «nos la están quitando». Me parece que ninguna de las dos visiones describe bien el problema.

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¿Puedo decir que lo que está detrás no era la extranjerización de la tierra, sino la extranjerización del alma? La tierra fue un significante, pero el significado la trascendía mucho...

Nos están quitando algo que hace a la definición misma de lo que es la nación argentina, que se puede formular... Bueno, ahí entra Malvinas, entra el agua, el paisaje.

Hasta las invasiones inglesas.

Claro. Todo eso para mucha gente es constitutivo y representa una referencia fundamental de nuestra visión de la Argentina. Es mucho más que otras cuestiones asociadas, por ejemplo, a la valoración positiva de inversiones extranjeras o a la llegada de empresas que puedan incrementar la productividad y generar más riqueza, cosas que creo que también son importantes.

Entonces, cuando Bullrich le hablaba a la sociedad desde el Senado diciendo que porque Chandon tenga no sé cuántas hectáreas en Mendoza no significa que Francia sea dueña de una parte de la provincia, ¿quizás chocaba con que no alcanzó a ver que no era de eso de lo que se estaba hablando?

Creo que ese razonamiento no tiene sentido para los que perciben la idea de nación en otros términos. La Argentina es un país muy nacionalista. En este momento, además, creo que estuvo muy mal calculado el timing de la iniciativa; quizás en otros momentos no hubiese despertado tanta resistencia. Venimos de un momento donde aquello que para mucha gente mejor representa a la nación, que es la Selección Nacional de Fútbol, concentró la atención de la ciudadanía durante un tiempo muy largo, y sobre eso se montó el episodio muy significativo de la pancarta sobre Malvinas. Se combinó y se potenció muchísimo algo que ya de por sí es potente, lo que me parece que inevitablemente iba a hacer que esta iniciativa fracasaras, naufragara.

¿Quien la vio entonces fue la vicepresidenta Villarruel?

Bueno, ella muy rápidamente... Está más cerca de su encuadre político. Para ella es más fácil comprenderlo. Sin ningún esfuerzo.

Pero asociar inmediatamente, en medio del tema de la Selección, llevar adelante la «extranjerización de la tierra» no es conveniente políticamente.

Claramente. Ella lo toca como un piano, lo maneja muy bien.

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Qué raro para una persona como Milei, que fue arquero, es decir, futbolista, carecer de eso.

Se ve que en este momento hay una falta de comprensión en el equipo de Milei —no solo en él—, una falta de empatía con el clima que la Argentina está viviendo en los últimos meses, que es de creciente desafección respecto a lo que el Gobierno puede hacer. Para simplificarlo rápido: al comienzo Milei tocó un nervio sensible, planteando que la Argentina no podía seguir funcionando con una economía alocada y de alta inflación, y vino con su respuesta. Para este momento, donde las preocupaciones de la ciudadanía se han movido en otra dirección y todos dicen que no llegan a fin de mes o hablan de la deuda —recién lo hablaban con Hernán Lacunza—, hay una nueva agenda de temas. Me parece que el Gobierno en general y Milei en particular no han hecho ningún esfuerzo, o quizás no pueden hacerlo, para sintonizar con este nuevo clima que vimos emerger con mucha fuerza en estas semanas en la discusión de la ley de tierras. Es tal que figuras del mundo del espectáculo que no están para nada politizadas y que giran en otro registro, particularmente artistas muy jóvenes, comenzaron a expresarse de una manera que hasta ahora no habían hecho. Hasta la mujer de Messi hizo algunas consideraciones sobre que la tierra y el agua argentina no se tocan.

A ver, si lo que estamos viendo es que detrás del significante «extranjerización de la tierra» lo que una parte importante de la sociedad está diciendo es «no quiero que me roben el alma» (la tierra como significante del ser nacional), en el fondo lo que hay es que el proyecto, la narrativa de Milei entró en crisis. No es simplemente una ley.

Sí, agregaría una cosa más para encuadrar esta perspectiva que traés: la Argentina es un país muy urbanizado; desde muy temprano es, entre los países medianos y grandes, uno de los más urbanizados del mundo, consecuencia —entre otras cosas— de la alta productividad agropecuaria. Poca gente trabajando en el campo puede alimentar a mucha gente viviendo en ciudades, y sobra mucho para exportar. Eso habla muy bien de nuestra agricultura, pero hace también que la mayor parte de nosotros tengamos una relación muy mediada y abstracta con lo que pasa más allá de las grandes ciudades. Como la Argentina tiene grandes urbes, es una relación muy peculiar la de los argentinos con la tierra y con el mundo rural: está muy presente en nuestra representación de lo que es el país (el campo, el caballo, la pampa, los grandes paisajes de la Patagonia, los del Norte, el mundo andino, las Cataratas), pero es muy abstracto y al mismo tiempo muy presente en aquello que valoramos especialmente. Ir contra eso no me parece políticamente inteligente. En relación con la pregunta sobre si Milei se quedó sin agenda, yo diría que en este momento lo veo desconcertado. Tiene que repensar cuál debe ser la segunda etapa de su gobierno, que no puede ser solamente la estabilización económica en un sentido amplio, sino que tiene que ofrecerle a la sociedad algo más si quiere ser un candidato competitivo hacia adelante. Por supuesto, todavía él está solo en el centro del escenario y recién están apareciendo algunas figuras que quizás lo desafíen, como Hernán Lacunza que recién estaba acá, se lanzó como candidato. El hecho mismo de que estén apareciendo esas figuras dice algo respecto del momento político y del lugar de Milei en él.

Muchísimas gracias. Ha sido un gran placer conversar con vos. Espero que se repita lo antes posible.

Cómo no. Muchas gracias.

MEG