“Nunca fui un conductor que quisiera hacer una bajada política o un editorial. No es lo mío”, sostuvo Santiago del Moro, al recordar su paso por Intratables y el momento en que decidió correrse. En Modo Fontevecchia, por Net TV y Radio Perfil (AM 1190), el conductor reivindica su rol ligado al espectáculo y a la televisión como espacio de observación social: “Siempre me pongo del lado del espectador para ver por dónde viene la cosa”, afirma.
Santiago del Moro es conductor de radio y televisión, el líder de éxitos como Infama, Intratables, MasterChef Celebrity y actualmente conduce la nueva temporada de Gran Hermano Generación Dorada en Telefe. También está al frente del programa El Club del Moro en La 100 FM 99.9, ciclo que se mantiene como líder indiscutido de audiencia en la franja de la mañana. En junio del año 2024 recibió el Martín de Fierro de Oro otorgado por APTRA por su labor en FM.
Me da la sensación de que una figura como Milei también es, en gran medida, producto de un cambio en la subjetividad social que vos supiste detectar antes que muchos. Y, al mismo tiempo, Gran Hermano funciona casi como un laboratorio donde se ponen en escena esos movimientos de la sociedad argentina. ¿Por qué creés que te toca estar, una y otra vez, en esos espacios donde se vuelven visibles esos cambios? ¿Lo atribuís a la intuición, a la experiencia, a la suerte o a algo que, de alguna manera, te excede?
Para mí tiene que ver mucho también con la percepción y con saber leer un poco el momento y, de alguna manera u otra estar como hábil de lo que se viene, con las antenas paradas. Siempre me pongo del lado del espectador o del oyente para ver un poco por dónde viene la cosa. Para mí Intratables lo que tuvo en su momento fue que fue el primer lugar donde se empezaron a cruzar las distintas voces. No es que solamente iba Milei, Milei iba los viernes en un momento, me acuerdo, pero fueron de todo el arco político.
En su momento fue un programa rupturista, un programa que marcó obviamente una intención después, un programa que después fue muy copiado, pero fue como el primer lugar donde se empezaron a mezclar, porque hasta ese momento era todo muy de un lado o todo muy del otro, no se mezclaban nunca. Y ahí, en ese foro que se dio con la brillante Liliana Parodi un poco a la cabeza de todo, y José Núñez, y la libertad que nos dio el canal, empezamos a hacer un programa que en su momento empezó siendo las cinco noticias del día y después la actualidad política copó todo.
Y después con Gran Hermano, es un programa que tenía mucho tiempo, que yo tenía ganas de lanzarlo, era un programa que estaba como fuera de carpeta, porque era un programa que ya los auspiciantes no querían estar, era un programa que había quedado como viejo para nuestra televisión, por un montón de cosas, y que supimos buscar la vuelta y aggiornarlo a las redes.
Y hoy en día, por ejemplo, es el programa número uno en stream, es el programa número uno en reacciones, más allá del rating televisivo, es un programa que logra justamente hacer 360 y es porque se logra toda esa sinergia. Y a mí me interesan hoy en día un poco esos proyectos, que incluyan todo lo que pasa en el mundo virtual, en la realidad, programas que generen debate. Es lo que me divierte hoy.
Hace 20 años que vos te dedicás, a llevar adelante programas que son un reflejo de la subjetividad argentina, digo. Parece que los antropólogos lo que tendrían que estar mirando en 2013 era Intratables, en 2015 era Intratables y en 2025 Gran Hermano. Te vuelvo con si eso te motiva a vos y si vos evidentemente ves totalmente que tenés una sensibilidad para eso. ¿A qué la atribuís?
Es que toda la vida fui como un perro verde. Vengo de un pueblito muy chico y nunca me sentí de pueblo y tampoco era de la ciudad. Un día Norberto me dijo eso: “Vos no sos ni de acá ni de allá, sos cosmopolita”, me dijo. Y un poco fue mi búsqueda personal, esta necesidad todo el tiempo de contar algo, de que me atraviese el programa que estoy haciendo, de que genere, que te guste o no, pero que no te pase desapercibido, y de tratar de desmarcarme del resto, no copiar a nadie.
No sé si consciente o inconscientemente, pero de alguna manera también ser actor de la construcción de subjetividad, porque siempre intervenís en programas que terminan atravesando y reflejando el humor de época. Entonces podés ser un agente de ese humor de época también.
Sí, pero siempre desde la honestidad. No simplemente en la comodidad del término en sí, sino desde hacerlo desde un lugar totalmente de la libertad absoluta. Por ejemplo, Intratables fue un programa muy áspero para hacer y en un momento se volvió, cuando empezó a tomar tanto poder, no era lo que yo había querido hacer en toda mi vida. Nunca quise Longobardi. Por eso llegó un día que senté a las autoridades del canal y dije: “Hasta acá está lo mío”, porque me di cuenta que no era ese mi camino. Yo nunca fui un conductor que separara y quisiera hacer una bajada política o hacer un editorial. No es lo mío.
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Lo único que nosotros tenemos los periodistas es el lenguaje verista, pero nada más que eso, porque luego en la construcción de la subjetividad, los artistas son mucho más importantes. Los cantantes son mucho más importantes y en la intervención en la opinión pública, en la construcción de cultura, en lo que termina siendo evaluado por la sociedad como verdadero, como útil, los artistas y las personas que se dedican a lo que no tiene que ver necesariamente con el lenguaje verista tienen mucha más influencia que los Longobardi.
Lo que pasa en los últimos años, o por lo menos en esa era Intratables, el periodismo tomó como un nivel que no lo había tenido antes, y fueron estrellas. Yo en un momento llegué a hacer tapa de Rolling Stone con Intratables y me daba cuenta que mucha gente que trabajaba conmigo se pensaba que eso era en serio, como que compraban lo que vendían. Y a muchos esto les puede partir la cabeza, ese exceso como de fama, popularidad y todo eso es peligroso. Pero yo creo que venimos de una época en que los periodistas fueron moda.
De hecho, el que trascendió todo fue Jorge Lanata. Pero de ahí para abajo tenés de todos los colores. Yo creo que en Argentina tenemos grandes periodistas muy importantes, pero yo nunca fui eso. Entonces me daba cuenta que era un programa que tenía mucha incidencia política. Un día me acuerdo que vi el ranking de las personas más influyentes y yo estaba en un nivel altísimo, y dije: “No era yo, no era mi camino”.
Yo hacía un show televisivo que trataba de juntar e invitar a toda la gente que venía de diferentes lados, y yo pensaba en televisión, siempre pensé en televisión, nunca en algo más. Y por ahí pasaron todos. Pensá que yo he llegado a tener en Intratables 40 micrófonos abiertos, es una locura. Era un foro y yo tenía que ordenar ese caos.
Hay un clásico de las ciencias políticas que tiene que ver con la idea de la espectacularización de la política, ¿por qué llegan personas así a puestos tan importantes?
Para mí es al revés. La autocrítica la tiene que hacer la política. La gente ya no cree más en la política. Las discusiones siempre son las mismas. Vos ves un video de Tato Bores y son los mismos temas. Gobierne quien gobierne, ya no es tan importante. Me parece que la gente le sacó el peso a la política. Dijo: “Que venga este, a ver qué hace”.