El 25 de abril de 1926 se escuchó por primera vez “Nessun dorma” (“Que nadie duerma”), una de las arias más bellas, conocidas e interpretadas en la historia de la ópera, reconocible hasta para quienes no son aficionados al género lírico. Hace exactamente un siglo, el Teatro alla Scala de Milán abría sus puertas para el estreno de Turandot, la obra que Giacomo Puccini no alcanzó a ver terminada.
El compositor italiano había fallecido en Bruselas en 1924, víctima de un cáncer de garganta, dejando inconclusos los últimos dos cuadros del tercer y último acto de Turandot. Fue su discípulo, Franco Alfano, quien completó la partitura basándose en los bocetos del maestro.
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En la noche del estreno en 1926 quedó marcada por un gesto histórico: el director Arturo Toscanini detuvo la orquesta en la mitad del tercer acto, justo tras la muerte de Liù. Se dio vuelta hacia el público y sentenció: "Aquí termina la obra del Maestro. Es en este punto donde murió". Recién en la segunda función se representó el final de Alfano que conocemos hoy.
Una historia de muerte, amor y redención
La trama de la ópera se sitúa en una Pekín legendaria. La princesa Turandot solo se casará con el pretendiente que pueda descifrar tres enigmas que ella propone. Si éste falla en al menos uno, muere en manos de un verdugo.
Calaf, un príncipe desconocido en el exilio, queda encandilado por el misterio de Turandot a pesar de haber visto fallar y morir a uno de los pretendientes.
Por ello se propone revelar los tres acertijos y desposar a la princesa, mientras su padre ciego y la esclava Liù -enamorada secretamete de Calaf- tratan de convencerlo de que no lo haga.

En el segundo acto, Calaf resuelve los tres acertijos, pero Turandot se resiste a cumplir con su juramento. Ante ello, el príncipe le propone un trato: si ella logra descubrir su nombre antes del alba, él aceptará la ejecución.
El aria más famosa de la ópera se canta al inicio del tercer acto. Turandot ha decretado que "nadie duerma" ("nessun dorma") en Pekín hasta que se descubra el nombre del extranjero, bajo pena de muerte para todos los ciudadanos.
Calaf, solo en los jardines del palacio, canta sobre la frialdad de la princesa y su absoluta certeza de que, antes de que salga el sol, él resultará victorioso: "¡Que nadie duerma! ¡Que nadie duerma! / "Tú también, oh Princesa, en tu fría habitación miras las estrellas que tiemblan de amor y de esperanza / Pero mi misterio está encerrado en mí / ¡mi nombre nadie lo sabrá! / No, no, sobre tu boca lo diré cuando la luz resplandezca / ¡Y mi beso fulminará el silencio que te hace mía! / ¡Disípate, oh noche! ¡Ocultaos, estrellas! ¡Ocultaos, estrellas! / ¡Al alba venceré! ¡Venceré! ¡Venceré!".
Finalmente, Liù es apresada y se suicida antes de tener que revelar el nombre de su amado en la torutura. Turandot, conmovida ante el sacrificio, entiende que el nombre de su pretendiente es “Amor” y sellan la unión ante el regocijo del pueblo chino.

Guía para escuchar "Nessun dorma"
Cinco interpretaciones imprescindibles según los críticos:
- Luciano Pavarotti: La calidez de su fraseo y su dominio del agudo final llevaron esta aria a los oídos de quienes jamás habían pisado un teatro.
- Franco Corelli: El Calaf por excelencia de los años 60. Su versión es pura potencia y magnetismo animal.
- Jussi Björling: Para quienes buscan la perfección técnica. Su voz de plata ofrece una lectura lírica y melancólica, capturando la soledad del príncipe en la noche de Pekín.
- Plácido Domingo: Destaca por su inteligencia dramática. Su interpretación bajo la dirección de Herbert von Karajan es un despliegue de matices y fuerza interpretativa.
- Jonas Kaufmann: Una visión moderna y más oscura. Kaufmann respeta los matices piano escritos por Puccini.
La ópera póstuma de Puccini se estrenó en el Teatro Colón de Buenos Aires dos meses después de haberlo hecho en Milán, el 25 de junio de 1926.
En el centenario, el teatro tendrá nueve funciones del 17 al 29 de mayo de 2026.
LM