OPINIóN
"Censura previa"

Bocas cerradas

La censura al programa de Viviana Canosa y el amedrentamiento del periodista Roberto Navarro configuran algunas señales de alarma que atentan directamente contra la libertad de expresión.

Luís Majul. Jhonatan Viale, y Jorge Lanata 20220818
Luís Majul. Jhonatan Viale, y Jorge Lanata | Cedoc Perfil

Fue de público conocimiento. Hace algunos días, la periodista Viviana Canosa decidió no salir al aire con su programa Viviana con Vos porque no le permitieron emitir un informe crítico al ministro Sergio Massa, que incluía imágenes de los abucheos que recibió el propio Massa en la provincia de Santa Fe. “Diferencias con el canal en cuanto a la noción de libertad de expresión” había manifestado la conductora. Más cerca de estos días, el periodista Roberto Navarro expresó que “hay que hacer algo con Viale, Majul y Leuco” dado que, según su opinión, son estos periodistas y algunos más los que están generando la violencia. Incluso el director de El Destape fue más allá y dijo: “Deberían tener miedo ellos”. Censura previa y amedrentamiento nos llevan a épocas oscuras en la historia de nuestro país.

Estos dos hechos no tienen una vinculación directa uno del otro pero indudablemente pueden servir de radiografía de la Argentina que se viene, por lo pronto, hasta las elecciones presidenciales del año próximo. La censura previa en el caso de Viviana Canosa y el amedrentamiento a los periodistas configuran dos señales de alarma que atentan directamente contra la libertad de expresión.

Con un cierto grado de abandono por la noticia (por el avance tecnológico y el fácil acceso a la información en vivo y en directo a través de los dispositivos móviles) y con el foco más puesto en el análisis, el periodismo tiene un rol esencial que es el de informar a sus respectivas audiencias sobre las cosas que suceden y nos pasan. Lo han hecho durante la pandemia cuando teníamos prohibido el derecho a circular libremente y lo deben continuar haciendo cumpliendo con sus derechos y obligaciones en el futuro.

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Hablar de censura previa por estos tiempos resulta lamentable y no puede ser aceptado de ninguna manera. La libertad de expresión y de informar son derechos esenciales de la prensa. Si se coarta esa libertad estamos perdidos como sociedad, no solo desde una perspectiva sociológica sino también desde una cuestión normativa. La censura previa configura una restricción del derecho a la libre expresión y también de la libertad de prensa. “…publicar sus ideas por la prensa sin censura previa…” sostiene el artículo 14 de nuestra Constitución Nacional. Contundente. En una mirada similar se orienta el artículo 13 de la Convención Americana de Derechos Humanos al prohibir la censura previa salvo en el caso de espectáculos públicos para “protección moral de la infancia y la adolescencia”. Más claro imposible.

Adepa condenó las expresiones de Roberto Navarro y lamentó “las amenazas contra periodistas”

Indudablemente una de las cuestiones que más preocupa por estos tiempos es la gran cantidad de periodistas que manifestaron su postura a favor de la decisión del Grupo América, argumentándose más en diferencias en los criterios profesionales de la periodista que en el hecho en sí. Que un periodista apoye una decisión de censura sienta un peligroso precedente, más intoxicado por la coyuntura actual que por un derecho tan esencial y vital en las  democracias modernas como la libertad de expresión. La falta de empatía en estos tiempos turbulentos y agrietados desnuda a los individuos. “Las malas personas no pueden ser buenos periodistas” solía decir Ryszard Kapuscinski.

Desde Roberto Navarro hasta Luis Majul, es fundamental que todos los periodistas ejerzan su libertad de opinión, así estos sean Jonathan Viale, Alfredo Leuco, Victor Hugo Morales, Gustavo Silvestre o quien ud quiera. Los ciudadanos tenemos el derecho a ejercer nuestra libertad de elegir a tal o cual a la hora de informarnos o consumir sus análisis. Pero es allí donde todos deben estar, en sus respectivos espacios de televisión, radio o medios escritos. Proteger la libertad de expresión no debería ser algo de uno u otro lado de la grieta sino que debería ser algo que todos defendamos. Si se la condiciona o se elimina esa libertad, habremos perdido demasiado.