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Caso Juan Darthés: "Podemos transformar las actitudes que transmitimos a las nuevas generaciones"

No solo importa el comportamiento individual, sino que hay que considerar la influencia del contexto social en ese comportamiento.

Juan Darthés
El actor Juan Darthés, denunciado por acoso y abuso. | Cedoc Perfil

A esta altura, solo se puede repetir lo que todo el mundo sabe. El martes, en una conferencia de prensa sin precedentes en nuestro país, la actriz Thelma Fardin denunció haber sido violada hace diez años por su compañero de elenco, Juan Darthés. En ese momento, ella tenía 16 años y él 45, y se encontraban en Nicaragua, como parte de una gira del espectáculo Patito Feo, en el que ambos participaban.

La denuncia de Fardin resulta espeluznante, pero al menos brindó una postal esperanzadora: frente a las cámaras, la acompañaron decenas de sus compañeras actrices. De igual manera, otras figuras de los medios le transmitieron su solidaridad, y, en las redes sociales, el hashtag #miracomonosponemos se transformó en una expresión de repudio, no solo a Darthes, sino a la realidad generalizada del acoso y los delitos sexuales.

Todo esto es una ¨buena noticia¨, pero también tiene un costado amargo. La condena social fue inmediata y unánime. Pero, ¿cuántos de los que aprovecharon para sumarse a ella no fueron, hasta hace unos días, cómplices de este tipo de hechos? Lógicamente, Darthés es el único responsable de sus propios actos. Pero no hay que ser ingenuos: a veces, concentrar los ataques en una sola persona son una manera de mantener intacto un sistema injusto. No solo importa el comportamiento individual, sino que hay que considerar la influencia del contexto social en ese comportamiento.

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Hoy parece que los medios apoyan sin condiciones a Thelma Fardin, horrorizados por lo ocurrido. Pero lo cierto es que precisamente ellos han sido, por décadas, quienes justificaron el destrato femenino. Se escandalizan por el abuso los mismos que hicieron y repitieron hasta hace poco un sketch en el que Francella encarnaba a un hombre de familia  “seducido” por una amiga de su hija, menor de edad. Su frase “¡Es una nena!” se convirtió en un emblema de la “picardía” nacional. Aunque parece algo “inocente”, alejado del abuso en sí, es a partir de este tipo de actitudes que se sostiene el sistema machista. La violencia parte de la distribución desigual de poder entre hombres y mujeres. Por eso, es importante incorporar en los medios nociones como la transversalidad de género (gender mainstreaming) para avanzar hacia la equidad. Esta supone realizar cualquier acción que busque garantizar la igualdad de oportunidades y planificar políticas públicas y de comunicación teniendo en cuenta las desigualdades que ya existen en la sociedad.

Arrastramos siglos de una cultura patriarcal que, desgraciadamente, no se puede erradicar de un día para el otro ni solo expresando buena voluntad. Entre todos los arrepentidos mediáticos, sorprende la presencia de Marcelo Tinelli. Desde los años noventa, su programa fue el símbolo de la televisión basura y misógina. En el viejo Videomatch, el humor se hacía a costa de las mujeres. En el Bailando, Tinelli, ahora solidarizado con Fardin, usaba una tijera para cortar las faldas de las participantes.

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Además era su productora, Ideas del Sur, la responsable de Patito Feo y de la gira en que ocurrieron los hechos denunciados por Fardin. Pero Tinelli salió a lavarse contundentemente las manos. No llama la atención; Tinelli siempre careció de convicciones y fue atrás del rating fácil, el rédito económico y las conveniencias del momento. En esta ética zigzagueante se ve más que nunca al candidato politico en formación.

¿Comprará este arrepentimiento la sociedad? Ojalá que no. La condena pública a Darthés parece suficiente para despegarse de todo el asunto, pero no alcanza con decir “yo no hice nada” y a otra cosa. Hasta que el repudio no venga acompañado por una reflexión profunda, no será más que una ilusión.

No podemos simplemente cambiar el chip que heredamos, pero podemos transformar las actitudes que transmitimos a las nuevas generaciones, para que ellos profundicen la búsqueda de un mundo más justo. Recuerdo que hace unos años, en un informe, la directora ejecutiva de ONU-mujeres, Phumzile Mlambo-Ngcuka, concluía: “No podemos cambiar el comportamiento social en comunidades donde las actitudes y la cultura no cambien”.