viernes 18 de junio de 2021
OPINIóN Prensa mentirosa
21-05-2021 07:30

La genealogía tenebrosa no difundida de las fake news

La palabra germana para expresar este concepto tiene sus años. Se remonta a fines del siglo XIX y es contundente: Lügenpresse. En castellano, prensa mentirosa.

21-05-2021 07:30

El término fake news o noticia falsa, tan común en nuestros días y popularizado por el ex presidente de Estados Unidos Donald Trump, puede sonar como algo relativamente nuevo para los argentinos, pero no para los alemanes y los austríacos.

La palabra germana para expresar este concepto tiene sus años. Se remonta a fines del siglo XIX y es contundente: Lügenpresse. En castellano, prensa mentirosa.

Empezó a diseminarse en Viena en tiempos de un Imperio Austro-Húngaro en decadencia. La palabra era un ingrediente más en una confabulación mundial de corte antisemita, donde los diarios eran el instrumento para difundir un intento de dominación mundial por parte de los judíos.

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El vocablo saltó a Alemania y se volvió popular a comienzos del siglo XX. Luego de iniciada la Primera Guerra Mundial se publicó un libro titulado “La campaña de mentiras de nuestros enemigos: la prensa mentirosa” (“Der Lügenfeldzug unserer Feinde: Die Lügenpresse”) firmado por un tal Reinhold Anton. El argumento era sencillo: la prensa emitía mentiras destinadas a debilitar a Alemania frente a sus enemigos en la guerra. Actuaba como “quintacolumnista” y su finalidad era socavar la moral del ejército.

Luego de la derrota alemana en la guerra, la abdicación del Kaiser Guillermo II y la creación de la República, el término cobró más vigor. Se utilizó para calificar a la prensa que no se oponía abiertamente a las cláusulas del Tratado de Versalles, instrumento de humillación del país por parte de fuerzas extranjeras.  

A los periodistas que trabajaban para esta Lügenpresse se los trataba de “Journaille”,  una palabra que surge de la combinación de “Journalist” (periodista) y “canaille” (canalla).

En la República de Weimar los grupos de extrema derecha le sumaron nuevamente la carga antisemita: el judaísmo internacional, cuyos tentáculos eran el capitalismo financiero y el comunismo internacional, se expresaban a través de la prensa mentirosa para sojuzgar al país e impedir su destino de grandeza. Este era el núcleo ideológico del Partido Nacional Socialista Alemán de los Trabajadores cuyos seguidores eran conocidos como nazis.

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Luego de la Segunda Guerra Mundial, reapareció el término tanto en la capitalista República Federal Alemana como en la comunista República Democrática Alemana. En ambos, para denigrar a aquellos medios que hablasen bien de la otra Alemania.

En estos últimos años el vocablo Lügenpresse volvió a asomar en la Alemania unificada del siglo XXI. Lo utilizó un movimiento político y social xenófobo denominado Pegida, contrario a la inmigración de personas de religión musulmana.

Es curioso el revival de este tipo de términos cuando el campo de la información y el periodismo está atravesando transformaciones radicales. En pocos años los medios de comunicación tradicionales dejaron de gozar del monopolio de la información y la comunicación. Además de los diarios, las revistas, la televisión y la radio, la Internet, las redes sociales, los servicios de mensajería son hoy soportes que ofrecen una amplia diversidad de acceso a información sobre la cosa pública. Asoman cuando los medios centrales son inusualmente débiles.

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Hoy es significativo el nivel de actitud crítica de los públicos hacia el desempeño de los medios, los periodistas, las redes e Internet. Tener una actitud de cuestionamiento hacia las fuentes de información es saludable. El problema surge cuando los términos que se usan podrían arrastrar una carga de racismo, xenofobia y negación del sistema democrático.

Por lo tanto, usar el término fake news para cuestionar a medios y periodistas no implica ningún gran descubrimiento ni estar a la avanzada. Se funda en una genealogía conocida. Es una expresión nueva para un sentimiento viejo.  Es recomendable volver a los datos para que el debate sobre la comunicación y la información tenga bases firmes y no sea charla de café con pretensiones ilustradas. 

 

 

* Christian Schwarz. Dr. en Sociología (UCA). Docente UCA, UNTREF, UCES.

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