OPINIóN
Manteca al techo

Corea del Sur repartirá el primer dividendo de la IA

Mientras Occidente teme a la inteligencia artificial, el presidente surcoreano Lee Jae-myung creó el “Fondo de respuesta al futuro”, que se alimentará de impuestos sobre ganancias, no del precio de acciones. La riqueza extraoridinaria que proviene de su “economía en forma de K” enriquece a Seúl, pero produce desigualdad. Cómo harán.

Corea del Sur se enriquece con una economía en forma de K 04082026
Corea del Sur se enriquece con una economía en forma de K. | Pixabay

El 13 de julio, en la Casa Azul, el presidente surcoreano Lee Jae-myung anunció algo que en cualquier otro país sonaría a ciencia ficción presupuestaria: la recaudación extraordinaria que genera el boom de la inteligencia artificial no se va a gastar, se va a repartir. Con método, destinatarios definidos y un nombre que parece salido de una película de Bong Joon-ho, el director de Parasite: el “Fondo de respuesta al futuro”.

Corea del Sur viene de anunciar inversiones por cerca de US$ 1,2 billones a lo largo de varios años, una cifra comparable al 60% de su PIB anual, en semiconductores y centros de datos para IA, y elevó su proyección de crecimiento al 3% gracias a las ganancias récord de Samsung y SK Hynix. Al fisco coreano le sobra plata.

Mientras medio planeta, incluidos nosotros, sigue atascado en la pregunta de si la inteligencia artificial destruye empleo, Corea ya pasó a la siguiente pantalla: asumió que la IA genera riqueza, comprobó que se concentra con eficiencia admirable, y se puso a discutir cómo distribuirla. Es el primer país que trata el auge de la IA como un problema de reparto y no como una amenaza existencial.

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Corea del Sur crece con una economía 'en forma de K'; un oficialismo que reconoce que su propio milagro fabrica desigualdad es una rareza que merece atención"

Pero el boom tiene forma, y la forma es una K. Cuando una economía crece "en K", las dos líneas se separan como los brazos de la letra. El brazo superior sube: los conglomerados, sus empleados y accionistas; el área metropolitana de Seúl. El inferior baja o se estanca: las pymes, los servicios, los jóvenes que no programan, las provincias que miran el boom por televisión.

Lo notable no es que ocurra: es que el gobierno lo admite con todas las letras: su jefe de Gabinete presentó el fondo como una herramienta para responder a la polarización de una economía "en forma de K". Un oficialismo que reconoce que su propio milagro fabrica desigualdad es una rareza que merece atención.

El fondo funciona así: la recaudación extraordinaria del auge de los semiconductores, impuestos que el Estado no esperaba cobrar, se separa del presupuesto ordinario y se destina a cuatro áreas: la economía que viene, los jóvenes, las regiones postergadas y la educación. Honestidad obliga: todavía no tiene monto y va a consulta pública; por ahora es arquitectura, no desembolso.

Dividendo de la inteligencia artificial

Lo que Corea construye, sin llamarlo así, es lo más parecido que existe a un "dividendo de la inteligencia artificial": esa idea que en Occidente circula hace años en versión teórica sin que nadie se anime a bajarla a un decreto.

Los coreanos lo hacen por pragmatismo antes que por ideología, que suele ser la manera en que las ideas grandes efectivamente ocurren. Así nacieron las pensiones de Bismarck, un invento conservador para sacarles la bandera a los socialistas, y el dividendo petrolero de Alaska, la única renta básica real de Occidente, obra de un gobernador republicano.

Pero hay un detalle incómodo y julio se encargó de subrayarlo. El fondo se financia con las ganancias de dos empresas en el mercado más cíclico del mundo, y la montaña rusa ya se dio vuelta: el KOSPI se desplomó casi 40% en cuarenta días, borró unos US$ 2 billones de capitalización, el equivalente al PIB del país.

Los argentinos conocemos de memoria la coreografía de la renta extraordinaria: llega el boom, la soja ayer, quizás el litio o Vaca Muerta mañana, se celebra y se gasta"

El matiz que casi nadie señala: colapsó la bolsa, no las ganancias. SK Hynix reportó el mejor trimestre de su historia el mismo día que su acción se hundía, y el fondo se alimenta de impuestos sobre ganancias, no de precios de acciones.

La recaudación, por ahora, sigue intacta. Pero el "por ahora" quedó en neón: financiar política social permanente con renta tecnológica transitoria es un deporte de riesgo, y Seúl acaba de recibir la advertencia. El espejo virtuoso existe: Noruega convirtió una renta petrolera finita en el fondo soberano más grande del mundo. Corea está institucionalizando la redistribución en el momento exacto en que descubre que el boom puede ser burbuja. Si acierta, habrá inventado el primer dividendo de la IA de la historia. Si falla, habrá dado la primera lección sobre qué no hacer con una renta tecnológica. En los dos casos, el experimento vale oro.

Y acá aparece el espejo propio. Los argentinos conocemos de memoria la coreografía de la renta extraordinaria: llega el boom, la soja ayer, quizás el litio o Vaca Muerta mañana, se celebra y se gasta. Con un agravante que Corea no tiene: acá la renta nunca llega a una caja vacía, llega a una caja hipotecada. Entre la deuda externa que devora las divisas apenas aparecen y los déficits crónicos que reclaman cualquier excedente, la discusión termina siempre en lo mismo: tapar agujeros.

La pregunta no es si la IA nos va a quitar el trabajo, que es la única conversación que parecemos capaces de sostener. La pregunta es otra: si algún día una renta tecnológica nos toca la puerta, ¿tenemos siquiera el vocabulario para discutir cómo repartirla? Corea, con todos sus riesgos y sus letras K, al menos ya está teniendo esa conversación. Nosotros todavía estamos discutiendo el título.

*Dra. en Ciencias Físicas, Ministra de Ciencia y Tecnología de San Luis y Rectora de la Universidad de La Punta (2015-2023), Pres. Fundación Naos.